| Alejandro Peña Esclusa
Noticiero Digital
Pérez Esquivel trabaja para el Foro de Sao Paulo En una carta hecha pública el 12 de mayo, el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel, criticó duramente al cardenal boliviano Julio Terrazas, por haber votado en el referendo autonómico realizado en Santa Cruz. En la misiva, Pérez Esquivel acusa de “nazi” al Comité Cívico Santa Cruz y alega que el objetivo de los referendos es derrocar a Evo Morales y desmembrar a Bolivia; a la vez que defiende el apoyo de Cuba y de Venezuela al gobierno boliviano. Al expresarse de esta manera, Pérez Esquivel no actúa en su condición de intelectual o de Premio Nobel, sino como agente del Foro de Sao Paulo, organización que está desplegando todas sus fuerzas para cercar internacionalmente a Santa Cruz, a fin de revertir la gesta democrática del pasado 4 de mayo. El 22 de abril, Pérez Esquivel firmó un documento elaborado por decenas de intelectuales, titulado “Denunciemos la conspiración para dividir Bolivia”. Lo que el documento no dice es que quienes lo firman son todos simpatizantes de Fidel Castro; entre ellos Rigoberta Menchú y Miguel D´Escoto, miembros ambos del Foro de Sao Paulo. El documento tampoco explica que el 6 de diciembre de 2006, Pérez Esquivel presentó oficialmente la candidatura de Evo Morales para Premio Nóbel de la Paz 2007. Basta colocar el nombre del Pérez Esquivel en cualquier buscador de Internet, para darse cuenta de su abierta trayectoria castrista: Participó en el Segundo Foro Social Mundial de Porto Alegre. Es admirador de los más conspicuos voceros de la teología de la liberación, como Pedro Casaldáliga. En un discurso pronunciado el 15 de febrero de 2002, Fidel Castro manifestó su admiración y aprecio por Pérez Esquivel. Por mencionar apenas tres notas de las muchas que aparecen. Es de esperar que durante las próximas semanas, muchas voces internacionales se sumen a la campaña de desprestigio contra los referendos autonómicos en Bolivia, pero todas ellas tendrán un factor común: su vinculación con el Foro de Sao Paulo. |
Relato inédito sobre Gustavo Cisneros
Por: Alejandro Peña Esclusa (plv@internet.ve)
El miércoles en la noche, en una alocución televisada, el dueño de Venevisión, Gustavo Cisneros, intentó –infructuosamente– rescatar su imagen, severamente golpeada por su apoyo al régimen de Chávez. Cisneros argumentó que Venevisión no debía intervenir en la política, sino mantener una posición “imparcial y equilibrada”, dando cobertura a todos los puntos de vista. Pero desde junio de 2004, fecha en que Cisneros llegó a un arreglo con Chávez, por mediación de Jimmy Carter, Venevisión no divulga la realidad, sino que diariamente la encubre grosera y descaradamente para favorecer al Régimen. Este comportamiento fue evidente durante el cierre de RCTV; al punto que muchos televidentes acusaron Cisneros, a través de las redes de Internet, de ser cómplice y principal beneficiario del cierre. Son tantas las críticas y las acusaciones en su contra, que Cisneros se vio obligado a salir públicamente a defenderse. Considero este momento propicio para relatar una experiencia personal –hasta ahora inédita– que mostrará quién es Cisneros y por qué apoya a Chávez. El relato comienza en Caracas, en febrero de 1985, cuando un comando armado de la DISIP allanó mi oficina, en ese entonces ubicada en el piso 10 del Edificio Nuevo Centro (Chacao). Horas después me encontraba en un calabozo oscuro, preguntándome qué misterioso crimen habría yo cometido, que ameritaba ese enorme despliegue policial. A medida que fueron pasando las horas y los días, supe por los medios de comunicación que mi “delito” había sido colaborar en la distribución de un libro titulado “Narcotráfico S.A.”, que mencionaba a Gustavo Cisneros. No hubo explicación, no hubo acusación formal, no hubo juicio. El fiscal del caso, Luis Gregorio Gandica, era hermano de la jueza que ordenó el allanamiento, Ana Luisa Gandica, quien paralelamente trabajaba en una empresa de Cisneros. Posteriormente, el libro fue prohibido. Pero lo más impresionante fue la masiva campaña de difamación que Venevisión inició en mi contra. El Informador me acusó durante días, a través de extras y en el noticiero estelar, de ser el dirigente de una “secta que intentó matar al Papa Juan Pablo II en Venezuela”, Tradición, Familia y Propiedad (TFP). De ser un connotado deportista y exitoso ingeniero, graduado en la USB, que había decidido ese mismo año incursionar en la política, me convertí en pocas horas, por obra de Venevisión, en un terrorista internacional, asesino de Papas y jefe de la TFP. A los pocos días, fui llamado por el Director de Política del Ministerio de Relaciones Interiores, quien amenazó con matarme, si no abandonaba mi actividad política. Desconcertado, pero molesto, no hice caso a la amenaza. Meses después, me contactó un magistrado de la Corte Suprema de Justicia, en nombre de Carlos Bardasano, para proponerme un jugoso “arreglo” con Cisneros, si suavizaba mi línea política. Paralelamente, Cisneros ordenó a su bufete de confianza investigar cada detalle de mi vida privada. Al no conseguir ninguna irregularidad que sirviera para chantajearme, y dado que la amenaza y el soborno habían fracasado, Cisneros intentó otra estrategia, basada en la calumnia y en el veto. Edgardo de Castro, de la Organización Cisneros, se dedicó a enviar gruesas carpetas a todas las fuerzas vivas del país (funcionarios gubernamentales, Fuerzas Armadas, Iglesia, gobernadores, medios de comunicación, gremios, etcétera) en donde se decían las cosas más horrendas sobre Peña Esclusa, sin presentar prueba alguna: nazi, antisemita, ultraderechista, terrorista, la supuesta militancia en la TFP y, por supuesto, el atentado –que nunca existió– contra el Papa Juan Pablo II. Además, Cisneros ordenó un riguroso veto en mi contra, extensivo a los principales medios de comunicación nacionales; veto que –increíblemente– prevalece hasta la fecha en muchos medios. Cuando Chávez llegó al poder, no tuvo que inventar nada; recogió las calumnias inventadas por Cisneros, amplificándolas al máximo, y añadió lo de “fascista” y “agente de la CIA”. Es decir, las calumnias de Cisneros sirvieron a los intereses del castro-comunismo, al impedirme realizar una labor más efectiva contra Chávez. Como puede deducirse, Cisneros nunca ha sido equilibrado, ni imparcial, ni demócrata; está al lado de quien lo beneficie económicamente y, para alcanzar sus objetivos, es capaz destruir a quien sea, utilizando cualquier medio, legítimo o no. Ahora intenta, una vez más, brincar la talanquera, cuando ve que Chávez se derrumba y, junto con él, el propio Cisneros. No escribo este relato para desquitarme, aprovechando que Cisneros está desprestigiado, puesto que no le guardo rencor. Paradójicamente, enfrentarme al poder, cuando aún era un joven inexperto, sirvió para fortalecer mi compromiso con el país, con la libertad y con la justicia, sin esperar nada a cambio, ni subordinarme a ningún grupo que pretenda comprarme o amenazarme, incluido Chávez. Lo escribo, en primer lugar, para desenmascarar al principal empresario aliado de Chávez; y en segundo lugar, porque aclarar la verdad me ayudará a ser más útil al país, en la difícil coyuntura que se avecina. |
| Chávez, técnicamente
caído Alejandro Peña Esclusa* Caracas.- Un descontento creciente y generalizado se apodera de la sociedad venezolana. No se ubica en un sector o gremio en particular, sino en todos ellos; no existe sólo en Caracas, sino en todas las ciudades; no está dirigido, es espontáneo. Ahora se suman los estudiantes y quienes rechazan el cierre del canal RCTV. Las esperanzas que suscitó Chávez en 1998 desaparecieron. Las promesas se convirtieron en fracasos y en mentiras. Con más de ocho años en el poder –y el triple de los ingresos de sus predecesores– no resolvió los problemas de pobreza, inseguridad y corrupción; al contrario, los empeoró. En lugar de proporcionar empleo y desarrollo, ofrece división y guerra. Ya Chávez no se atreve a aparecer en actos públicos, a menos que la asistencia esté controlada, o comprada. Tiene miedo a la traición de sus colaboradores, que se mantienen a su lado sólo por el poder y el dinero que les otorga. La poca popularidad que le queda se encuentra fuera de Venezuela, porque dentro ya no existe. Se mantiene en el poder a punta de represión, amenazas, compra de conciencias, cierre de medios de comunicación y, sobre todo, el fraude electoral. En pocas palabras, Chávez está técnicamente caído, al igual que lo estuvo Hitler en 1944, mucho antes de que finalizara la guerra. Pero, como ocurrió en Alemania, existe un largo y doloroso trecho entre la caída técnica y la caída real, porque la obsesión de mantenerse en el poder eternamente y a toda costa, lleva a cometer atropellos y a ejercer la violencia. Pero el final es inevitable. Queda un asunto por resolver y es éste: A pesar de las numerosas experiencias de gobiernos que cayeron sin grandes traumas por protestas de calle –Color de Mello, De la Rúa, Fujimori, Bucaram, Lucio Gutiérrez, Sánchez de Lozada, Raúl Cubas, etcétera– todavía prevalece un tabú mundial respecto a salidas no electorales. Se considera "políticamente incorrecto" –o incluso "golpista"– hablar abiertamente de cambios de gobierno a través de acciones pacíficas de desobediencia civil. En el caso venezolano, dado que el régimen domina todos los poderes públicos, controla el sistema electoral y comete fraude, no existe ninguna otra solución a la crisis que la desobediencia generalizada, la cual –además– está contemplada en el Artículo 350 de la Constitución. "¿Quién convocará a la desobediencia?", podría preguntarse el lector; ¡Pues el propio Hugo Chávez!, quien, al imponer por la fuerza un modelo totalitario, provocará, como está ocurriendo ya, una reacción incontrolable. Aceptada –dentro y fuera del país– la cruda realidad de la salida no electoral, entonces sólo queda llenar el vacío político, dejado por partidos que desaparecieron, por participar en elecciones fraudulentas y reconocer los falsos resultados. El vacío lo llenará una nueva clase política, conformada por dirigentes de la sociedad civil, ésa que se ha resistido con valentía al modelo totalitario. Afortunadamente, cincuenta años de bonanza petrolera facilitaron el surgimiento de una generación de profesionales altamente capacitados, cuyos hijos están ahora luchando en la calle. |
La importancia de lo intangible Por: Alejandro Peña Esclusa
En esta hora difícil que vive Venezuela, cuando está en juego la supervivencia misma de la nación, es hora de hablar de asuntos trascendentes, de temas intangibles, pero de gran valor moral; justamente los que se requieren para enfrentar los duros momentos que se avecinan. Tengo la obligación de decirle a los venezolanos, como muchos ya se han percatado, que no existe salida electoral a la crisis; que Chávez jamás entregará el poder pacíficamente; y que –más triste todavía– la oposición no se pondrá de acuerdo en una estrategia común, porque, lamentablemente, los intereses personales privan sobre los de la nación. Sin embargo, como expliqué en un reciente artículo, Chávez caerá inexorablemente, por el fracaso moral e ideológico de su proyecto, plagado de ineficiencia, corrupción, enfrentamientos internos y el rechazo nacional e internacional. Esta caída no será el resultado de una estrategia electoral, sino de una rebelión generalizada del pueblo venezolano, cansado de tener como gobernante a un hombre que no le interesa el país, sino exportar la revolución cubana al resto del continente. Cuando eso ocurra, Chávez intentará reprimir a la población con el uso cruel y desmedido de la violencia. Para entonces, los venezolanos deben estar preparados anímicamente para resistir, defender sus derechos y salvar la democracia. Y esa preparación psicológica, de vital importancia para obtener la victoria, no se logra, hablando de primarias, de candidato único, de tácticas electorales y de otros temas parecidos. Se logra hablando de asuntos trascendentes, como por ejemplo, el sentido de la vida, el amor a Dios y la patria, la misión de Venezuela como nación, la importancia de luchar por las futuras generaciones, aún a costa de arriesgar la propia vida; es decir, de temas que transmitan un sentido de grandeza y de victoria, de temas que levanten la moral de los venezolanos. Querido compatriota: se avecina un desenlace, pero ten fe en tu patria, en las tradiciones de los venezolanos, en las virtudes que siempre nos han adornado como nación; te fe en que, a pesar de los errores cometidos, tenemos un corazón grande; ten fe en que merecemos algo mejor. Son estas reflexiones –de carácter intangible, pero de una fuerza enorme– las que te darán las herramientas para defender a Venezuela y para construir un futuro mejor |