Un gobierno forajido y terrorista

por Antonio Sánchez García

jueves, 15 mayo 2008

Las declaraciones de Robert Knoble, Jefe máximo de la INTERPOL, no dejan lugar a la más mínima duda: los 983 archivos sometidos a la experticia de la más importante agencia policial del planeta pertenecen a Raúl Reyes y no han sido manipulados. La palabra allí firmada por Reyes o por los otros miembros del secretariado de las FARC, Manuel Marulanda e Iván Márquez entre otros, es santa palabra. Que ellos suscribieron lo que en dichos documentos se afirma, está fuera de toda sospecha. Y que el contenido de tales documentos no ha sido manipulado, es cosa juzgada.

Del estudio de ese cúmulo de documentos, pruebas eventuales en un juicio por traición a la patria y otros de lesa humanidad, cometidos por el presidente de la república y alguno de sus colaboradores, entre ellos un ministro de interior y justicia y varios generales de su Fuerza Armada Nacional, se derivan crímenes de gran envergadura, sometidos hoy a la penalización de la justicia internacional que, desde el juicio al general Augusto Pinochet, a Milosevich y Sadam Hussein, entre otros, se ha venido imponiendo en la jurisprudencia internacional. Sus delitos pueden ser sujeto de inculpación de parte de cualquier ciudadano de cualquier país del mundo. Y no prescriben.

De entre todos los delitos cometidos por el presidente de la república en connivencia con altos funcionarios civiles y militares, el más grave a nivel de la comunidad internacional es, sin duda, el de agavillamiento y colaboración con grupos narcoguerrilleros y terroristas. Sobran los antecedentes como para declarar al gobierno del teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías un gobierno forajido y terrorista. A lo que habría que agregar el calificativo juridico-político de gobierno de facto, como lo señalara el documento fundacional del movimiento 2 de Diciembre, Democracia y Libertad, debida a su continua y sistemática violación al orden constitucional y a la decisión soberana del 2 de diciembre de 2007.

Habrá que esperar a las reacciones de la comunidad internacional, algunos de cuyos miembros ya han insinuado severas advertencias. Así, el presidente de la Comunidad Europea y la canciller de Alemania, Ángela Merkel. Hay, sin embargo, muy serias y fundadas dudas de que la OEA y su Secretario General, José Miguel Insulza, muestren la más mínima consternación y asuman su responsabilidad ante la historia. Lula ha tenido el tupé de considerar que este presidente, cómplice de la criminalidad terrorista de las FARC y del ELN, es “el mejor presidente de Venezuela en los últimos cien años”. Una declaración que deja en evidencia su cinismo, su crasa ignorancia y su irresponsabilidad. Y lo muestra de cuerpo entero, desnudando de paso la falacia de la llamada “izquierda democrática”. Queda en claro que si en América Latina es democrática, lo es por la fuerza de las cosas. No por su dialéctica inmanente.

La situación es hoy tan grave como lo fuera para los políticos europeos que enfrentaban a Hitler y aseguraban estar ante un demócrata ejemplar, desde Lord Halifax hasta Neville Chamberlain. Quienes creían poder domesticar al Führer con gestos amistosos. Tuvo que aparecer en escena un hombre de la grandeza, la integridad, la lucidez y el coraje de Winston Churchill para echar a andar la maquinaria de guerra que terminó por empujarlo al abismo. Y al suicidio.

Chávez debe ser enjuiciado internacionalmente por sus delitos. Si el mundo prefiere mirar de soslayo y perdonarle lo que no le han perdonado a Milosevich, a Sadam Hussein y a Pinochet, no hay justificación alguna para que la oposición venezolana cometa el mismo grave delito de ocultamiento y complicidad. Es ahora que se verá cuán demócrata y cuán opositor es el Señor Manuel Rosales y la restante dirigencia de la oposición partidista. ¿O seguirán escondiendo la cabeza en la arena?

sanchez2000@cantv.net

 
El socialismo como coartada
por Antonio Sánchez García
viernes, 26 enero 2007

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A Margarita López Maya


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En mayo de 1955, el congresista Rafael Díaz-Balart leyó en el Capitolio cubano un encendido discurso de protesta contra la moción que pretendía – e impuso – dictar una amnistía favorable a los participantes en el asalto al Cuartel Moncada, efectuado el 26 de julio de 1953, y en particular al responsable por la sangrienta aventura, el esposo de su hermana Mirta Díaz-Balart y abogado Fidel Castro. El argumento con que el cuñado en ejercicio y lider del Capitolio rechazó cualquier amago de amnistía fue categórico. Dijo entonces textualmente: “Fidel Castro y su grupo solamente quieren una cosa: el poder, pero el poder total, que les permita destruir definitivamente todo vestigio de Constitución y de ley en Cuba, para instaurar la más cruel, la más bárbara tiranía, una tiranía que enseñará al pueblo el verdadero significado de lo que es la tiranía, un régimen totalitario inescrupuloso, ladrón y asesino que sería muy difícil de derrocar por lo menos en veinte años.”

Díaz-Balart sabía perfectamente de qué hablaba. De allí el carácter premonitorio de su discurso. Conocía íntimamente al sujeto, con el que conviviera algunos meses recién casados Fidel y Mirta y a quienes recibiera en su apartamento de Manhattan. Habían viajado juntos por los Estados Unidos y se habían confesado sus mutuas aspiraciones. Conocía al dedillo sus tropelías facinerosas como pistolero en el ambiente gangsteril que imperaba en la Universidad de La Habana a fines de los 40’s, el muerto que se había echado a su espalda en una heladería solamente para complacer y agradar a Manolo Castro, presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios, a quien pretendía sumarse. Castro, Fidel, era un pistolero dispuesto a matar a su madre por alcanzar fama y gloria. Pero además de todo ello, era el perfecto prototipo del fascista tropical: “Porque Fidel Castro no es más que un psicópata fascista, que solamente podría pactar desde el poder con las fuerzas del comunismo internacional, porque ya el fascismo fue derrotado en la Segunda Guerra Mundial, y solamente el comunismo le daría a Fidel el ropaje seudoideológico para asesinar, robar, violar impunemente todos los derechos y para destruir en forma definitiva todo el acervo espiritual, histórico, moral y jurídico de nuestra República”. Estas palabras no fueron escritas post festum: fueron redactadas y leídas en mayo de 1955, dos años después del frustrado asalto al Moncada y cuatro antes del exitoso asalto y conquista del Poder por Fidel Castro. Mayor, más exacta y más estremecedora premonición, imposible.

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Ambos elementos constitutivos de la personalidad de Castro: su ilimitada crueldad y su talento para situarse del lado que permitiera la legitimación de su pleno y totalitario ejercicio del Poder, han sido destacados en la más acabada y certera biografía escrita sobre el personaje, la de Norberto Fuentes, que bajo el título “Autobiografía de Fidel Castro”, apareciera publicada en Barcelona, España por las Ediciones Destino en 2004. Conocedor íntimo y profundo de los hermanos Castro y del entorno que gobierna la isla desde el triunfo de la revolución y el asalto al Poder por Fidel, hace cuarenta y ocho años, quien fuera cortesano favorito y ghostwitter de Raúl Castro, así como consentido de la nomenclatura militar y policíaca del aparato, Norberto Fuentes puede dar fe de la auténtica coartada que ha significado el socialismo marxista-leninista para legitimar el más despótico, atrabiliario y siniestro ejercicio de poder vitalicio nunca antes conocido en la desgraciada isla del Dr. Castro en toda su historia.

Pienso en las palabras de Rafael Días Balart y el cumplimiento aterrador de su siniestra profecía – ya no son veinte sino cincuenta años los que tiene la tiranía que consideraba inminente - mientras Venezuela se despeña por las laderas del totalitarismo en el mejor estilo de los fascismos autocráticos de todo signo y condición, mientras se esgrime, como entonces en Cuba, la coartada del socialismo utópico. Esta vez, y dado el fracaso estrepitoso de los llamados socialismos reales – la URSS y sus satélites del Este europeo, en un extremo, la China maoísta, en el otro – durante el sangriento y belicoso siglo XX, rebautizado genérica y ambiguamente para engatusar incautos y revivir las alicaídas y escuálidas huestes del comunismo internacional bajo el señuelo de socialismo del siglo XXI. Pero contrariamente a lo que pretenden los amanuenses criollos del teniente coronel y sus ideólogos internacionales orquestados por el G-2 cubano, el totalitarismo castrista y el que ahora remozado por los ingresos petroleros se pretende imponernos por la violencia autocrática de una ley habilitante, no se encuentra programado en los escritos del socialismo científico, cuya intención inmediata, como anticipado en el Manifiesto Comunista, escrito en 1848 por Marx y Engels, era avanzar ciertamente hacia una transformación radical y sistémica de la sociedad. Pero no de cualquier sociedad y muchísimo menos de una carente de capitalismo industrial y un proletariado desarrollado social, política y culturalmente, sino precisamente en aquellas que hubieran alcanzado un capitalismo industrial en pleno desarrollo de sus fuerzas productivas y tecnológicas. Sólo así el poder proletario podría avanzar hacia una auténtica democratización de la sociedad, la aniquilación total del Estado – boa constrictor, lo llamaba Marx en La Guerra Civil en Francia - y la entrega del poder a los productores. Sin dichas condiciones, la utopía no era sino una coartada, un modelo para armar regímenes totalitarios. Incluso para permitir el desarrollo de sus retrasadas fuerzas productivas hacia el capitalismo mediante la expoliación inhumana de millones y millones de ciudadanos - como sucediera en la Unión Soviética y sus satélites, que desembocan tras espantosos setenta años de dictadura proletaria en el más descarnado y salvaje de los capitalismos. Una utopía que sin Lenin y Stalin, los creadores del bolchevismo, el socialismo en un solo país, su conversión en religión de Estado y la erección del más totalitario de los sistemas jamás vería la luz. Lo que vio la luz no fue la mojiganga paradisíaca de la engañosa consigna marxiana “de todos según sus capacidades a todos según sus necesidades”, de pronto expurgado del evangelio por los asesores del nuevo Mesías, sino el más espantoso y despótico ejercicio del poder en manos de un psicópata como Stalin, mucho más cercano a la tradición imperial rusa de Pedro el Grande que a la emancipada y liberadora de Carlos Marx y Federico Engels. Por ello, y en esa aterradora tradición despótica zarista, establecen el totalitarismo soviético, suficientemente adobado de progroms, purgas, asesinatos masivos, etnocidios, campos de concentración, hambrunas y la mortandad más espantosa inducida por régimen alguno en la historia. Ante el cual incluso el nazismo hitleriano y el holocausto se quedan cortos.


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Los herederos del socialismo científico establecido por Marx-Engels y organizado en la llamada Primera Internacional – fundada en Londres en 1864 y disuelta en Nueva York en 1876 – se dividieron en dos grandes corrientes a partir de la fundación de la llamada Segunda Internacional, fundada en 1889 y establecida en Bruselas. La que se afincaría en el socialismo democrático y daría lugar a los partidos socialdemócratas, por una parte; y la que encontraría expresión en el leninismo ruso dando lugar a la Revolución Soviética de Octubre de 1917 y la fundación de la llamada Tercera Internacional por Lenin en 1919, como escisión de la anterior. Desde entonces la palabra socialismo encubrió dos realidades diametralmente antagónicas y contrapuestas: el socialismo de la socialdemocracia, inmanente a los sistemas capitalistas y democráticos, por una parte; y el socialismo revolucionario, que propagaría la necesidad de fundar partidos comunistas para tomarse el poder y establecer la dictadura del proletariado por cualquier medio, armado o electoral, violento o pacífico, por la otra. La capacidad de manipular los términos y pasar lo negro por blanco y lo blanco por negro quedó de manifiesto cuando Lenin, absolutamente minoritario en el partido socialista ruso, se aprovechara de una muy circunstancial mayoría en uno de los congresos del partido par apropiarse del término “bolchevique” – mayoría, en ruso – y llamara “menchevique” – minoría – a la mayoría aplastante de los sectores reformistas de su partido. El escuálido era Lenin: mediante el birlibirloque lingüístico realizó su primera expropiación semántica para asaltar el Poder y establecer la feroz dictadura del partido en nombre de una supuesta mayoría. Que también, por vía del contrabando semántico, convirtió en “dictadura del pueblo”. Como puede verse, la manipulación de los términos y la prestidigitación fraudulenta que convierte intentos de golpes de estado en actos eminentemente democráticos y actos eminentemente democráticos en golpes de estado - hoy tan en boga en esta “revolución rojo-rojita” - tiene antecedentes más que centenarios.

La mejor herencia del socialismo científico fue asumida por la socialdemocracia alemana ya a fines del siglo XIX. Sus ideas pernearían los movimientos obreros y reivindicativos en todo el mundo, particularmente en las sociedades capitalistas más avanzadas. Luego de la derrota nazi-fascista y expurgada del espantoso lastre del zarismo leninista y estaliniano, sería irradiada a toda Europa y los Estados Unidos. Ninguna de las sociedades desarrolladas del mundo de hoy es comprensible sin ese fundamental ingrediente democrático y social. Forma parte constitutiva de las sociedades democráticas modernas. Ha sido un correctivo al capitalismo salvaje criticado en el Manifiesto Comunista y en El Capital. El lastre totalitario del zarismo bolchevique en cambio conduciría a la hecatombe de la implosión de los socialismos reales después de cruentos e interminables setenta años de pesadillas. Hoy sólo vegeta en Corea del Norte y en Cuba, con sus regímenes dictatoriales, totalitarios, neomonárquicos y fascistas. Sumidos en la miseria y la pobreza, su socialismo verbal demostró no ser más que la coartada de siniestros dictadores vitalicios.

¿Será la coartada del caudillo?



 
 
 SE DERRUMBA EL MITO


Han bastado las dos últimas intervenciones de Hugo Chávez para que el mundo descubra escandalizado lo que la oposición venezolana carga en el corazón desde hace ocho años: que el teniente coronel es un autócrata que desprecia la democracia, pretende entronizarse de por vida en el Poder y para hacerlo no trepida en flamear las banderas de un viejo y trasnochado socialismo. En el que no cree nadie, salvo las viudas de la Unión Soviética. Y la nomenklatura cubana.



Ya era hora. Una campaña internacional orquestada desde Miraflores y los centros mediáticos multinacionales manejados desde La Habana establecieron una matriz de opinión que le permitió avanzar tanto como quiso en el escenario nacional: liquidar a la oposición, manipular los registros y dominar sobre procesos electorales trucados, ante el aplauso de las buenas conciencias del mundo. Para quienes basta con exhibir un 50, 01 por ciento de votos - no importa de dónde ni cómo - para obtener un pase libre a todo tipo de tropelías. Sin preguntarse jamás por los entretelones de tales procesos ni darle crédito a una oposición desacreditada por esos mismos gestores mediáticos.



De pronto Hugo Chávez deja caer la máscara, decide cerrar RCTV, haciendo uso de su característico lenguaje procaz e irrespetuoso las emprende contra el Secretario de la OEA y suelta la verdad “revolucionaria” de su proyecto, para que todas las alarmas se enciendan y caiga el velo acomodaticio que contentaba a los centros mundiales de la moral pública. Para The Economist brilla de pronto la verdad como un diamante: Chávez se escora hacia viejos y desfasados modelos autocráticos. El País, de España, arquetipo de la conciencia española de izquierdas, reconoce asombrada que Chávez revela su naturaleza dictatorial y autoritaria. Le Monde se entera de la orgía corruptora que ha permitido el avance del régimen sobre los hombres y las instituciones. Ni un solo medio ha dejado de marcar distancia y advertir el grave peligro que se cierne sobre Venezuela. El viejo y estúpido grito de “socialismo o muerte” muestra las vísceras del autócrata. ¿Quién no le tiene miedo al lobo?



Y hete aquí que saltan las válvulas de seguridad de la Izquierda bienpensante mundial y se acaban las vacaciones del autócrata, precisamente cuando se aprestaba a halar de la cuerda que ahorcará a la precaria y ya desfallecida democracia venezolana: Kirchner asegura no tener nada que ver con el modelo de socialismo que auspicia el teniente coronel y Lula, quien apenas hace un suspiro viniera a darle su bendición se espanta ante tanta sorpresa: “Chávez coquetea con el autoritarismo”.



Escuchemos las afirmaciones de la prestigiosa Fohla de Sao Paulo, tan cercana a los círculos de Itamarati: “El presidente Luiz Inácio Lula da Silva considera que su colega venezolano, Hugo Chávez comete errores políticos y económicos al anunciar su plan de estatizaciones y también al patrocinar una enmienda constitucional que le permitirá la reelección ilimitada”. Para Lula “Chávez está ultrapasando los límites de la democracia y perderá el apoyo de los sectores moderados de la izquierda mundial. Coquetea peligrosamente con el autoritarismo”.



En pocos días se derrumba el mito y nace el monstruo. Ya era hora.



 

 
Hugo Chávez o jugando a la política
en el Parque Jurásico (segunda parte)
por Antonio Sánchez García
domingo, 7 enero 2006

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En 1958, cuando se le pone fin a la dictadura de Pérez Jiménez y se da inicio al período más pacífico, próspero, homogéneo y coherente de la historia venezolana - si bien con graves dificultades, tropiezos y desviaciones -, el conocido como de la Democracia de Punto Fijo o, según la nomenclatura al uso, Cuarta República, se vive el meridiano histórico del siglo. En Cuba, que también salía de una dictadura y vivía una situación en muchos aspectos semejante a la venezolana, los acontecimientos conducen a la revolución socialista, arrastrando tras suyo a un continente entero. Los costos de esa opción asumida entonces por Fidel Castro para Cuba y varias generaciones en América Latina están a la vista: una espantosa tiranía que ya se prolonga por casi medio siglo, decenas de miles de muertos y la ruindad causados por la radicalización, las reacciones dictatoriales y ese medio siglo perdido para un continente extraviado. En Venezuela, se optó en cambio por la antípoda: la construcción de la democracia. Según lo señala el historiador inglés Hugh Thomas en su enjundiosa introducción a la tercera edición de Venezuela: Política y Petróleo, de Rómulo Betancourt,* tales opciones fueron absolutamente contrarias al sentido que las circunstancias históricas permitían presagiar. Antes que Venezuela, era Cuba la que parecía predestinada a culminar su periplo histórico desembocando en una democracia capitalista:

“En ese momento parecía que, de los dos países, Cuba tenía mayores posibilidades de establecer una democracia…Pero dentro de poco más de un año estaría sufriendo una nueva tiranía mil veces más dura que la de Batista. Por otra lado, Venezuela, que tenía una infraestructura económica mucho menos desarrollada, logró establecer un sistema democrático, que desde entonces ha soportado dos cambios completos de gobierno por vías pacíficas y parlamentarias y también una ofensiva bien organizada de la Izquierda Castrista.”

Culpables por esta escritura política a redropelo de las propias determinaciones históricas fueron las dos más notables figuras políticas del siglo: Fidel Castro y Rómulo Betancourt. Desmintieron al materialismo histórico, para el cual los sistemas políticos han de ser la necesaria e inevitable expresión de las determinaciones socio-económicas. Reivindicando en cambio el valor de las personalidades en el curso de los procesos históricos, como lo querían los dos grandes pensadores de la historiografía anglosajona: R. W. Emerson o Thomas Carlyle. “No hay propiamente historia, hay biografías” había enseñado aquel, mientras para éste “la historia es la ciencia de innumerables biografías”. Aunque no está demás mantener la advertencia de este quid pro quo como telón de fondo de los acontecimientos que ahora mismo se están sucediendo en Cuba y en Venezuela, cuando aquella por efecto de la agonía de Fidel Castro podría estar buscando cambios democratizadores mientras la Venezuela de Hugo Chávez parece anhelar el retorno al delirio castrista de los años sesenta. Para nuestros efectos, valga señalar que Fidel Castro y Rómulo Betancourt se convertirían en referencias esenciales para la región y en mortales y recíprocos enemigos. Tanto, que para poder implementar su proyecto histórico de una democracia moderna para Venezuela, Betancourt debe enfrentar a Castro en el terreno político interno, en el diplomático regional y en el directamente militar. Lo vence en todos los frentes: luego de erigir la doctrina Betancourt en eje central de su política exterior – romper relaciones con todos los regímenes dictatoriales de la región, lo que provoca un atentado en contra suya del dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo que por poco le cuesta la vida - logra la expulsión de la Cuba castrista de la OEA, derrota políticamente a la izquierda castrista en Venezuela y aplasta militarmente a la avanzada cubana que invade territorio venezolano para desarrollar una guerra de guerrillas a mediados de los 60, dirigidos por el famoso comandante Arnaldo Ochoa Sánchez, héroe de Ogaden, a la cabeza de algunos próceres de la actual oposición venezolana, como Teodoro Petkoff, Héctor Pérez Marcano, Pompeyo Márquez y Américo Martín, entre otros. A pesar de esa tremenda ofensiva castrista, el país se hace a su andadura democrática construyendo el régimen político más estable de América Latina en medio de las turbulencias que sacuden al continente. Si bien queda una profunda y rencorosa huella no saldada en Fidel Castro, quien jamás olvida la humillación. Esperará paciente y tozudamente por el momento de la venganza, siempre a la búsqueda de hacerse con el petróleo venezolano, seguro que de caer en sus manos, le permitiría el control de América Latina y un papel estelar en los destinos del mundo. Ya volveremos al tema.

2

Es el comienzo de la Venezuela petrolera y democrática. Una primera visión crítica nos obliga a dividir esa etapa de nuestra historia en dos sub períodos: el primero que incluye desde Betancourt hasta Rafael Caldera y abarca los primeros quince años de gobierno democrático (1959-1974); y un segundo sub período, que comienza con Carlos Andrés Pérez (1974- 1979), continúa con Luis Herrera Campins (1979 – 1984) y Jaime Lusinchi (1984-1989) para terminar con el turbulenta y accidentado segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez (1989 – 1993). Tal diferenciación tiene más que ver con las grandes tendencias que caracterizan a los respectivos gobiernos que a la naturaleza de los mismos. El primero de esos períodos, si bien en lo político y social completamente rupturista con el pasado fundado por Gómez y continuado por Pérez Jiménez, en el ámbito del desarrollo económico se muestra mucho más integrado y cónsono con las grandes tendencias del crecimiento generado en las décadas anteriores. Se verifica una continuidad en el esfuerzo hacia el desarrollo dentro de una ruptura política e institucional. No obstante, los cambios introducidos en dicho sistema luego de la nacionalización del petróleo y el alza de sus precios a partir de la crisis energética de 1973 son tan notables, que modifican sustancialmente y en profundidad el sentido impreso hasta entonces al curso del país. Es entonces cuando en el ámbito económico y social se verifica un auténtico “punto de quiebre” que le imprime otra dirección a la sociedad venezolana: es el inicio de la debacle. Finalmente, y luego de la caída, enjuiciamiento y prisión de Carlos Andrés Pérez, que culmina el período, se abre una fase de transición a cargo de Ramón J. Velásquez y Rafael Caldera. Si para los efectos estrictamente descriptivos esta fase de transición es asumida conceptualmente como parte de la llamada Democracia de Punto Fijo, lo cierto es que strictu sensu no corresponde a tal etapa. Es importante destacar entonces que según nuestra percepción, dicho período democrático no se extiende más que hasta el segundo gobierno de Carlos Andrés Pérez, profundamente perturbado por el Caracazo del 27 de febrero de 1989 y los golpes de Estado del 4 de febrero y el 27 de noviembre de 1992. Que lo hieren de muerte. No deja de ser relevante el hecho de que de esos cuarenta años de vida democrática, veinte años son dominados por las figuras de Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera, suerte de caudillos democráticos que arrastrarían a la ruina a sus respectivos partidos.

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Para los efectos nacionales e internacionales, este período de nuestra historia es el de la Venezuela democrática convertida en refugio para los desterrados de Centro y Suramérica en medio de los graves desajustes políticos que le son contemporáneos. Sin contar con el exilio anti franquista que allí echara raíces en los años cuarenta y cincuenta. Durante esos años terribles vivieron en Venezuela como refugiados políticos algunos de los más importantes dirigentes de la Unidad Popular y la DC chilena, tales como Aniceto Rodríguez, Sergio Bitar, Claudio Huepe, Esteban Tomic, Enrique Silva Cimma, Renán Fuentealba, Anselmo Sule, Carlos Morales Abarzúa y decenas de miles de chilenos de a pie. Algunos de esos altos dirigentes protegidos y respaldados espiritual y materialmente por sus partidos hermanos. La inmensa mayoría, con puertas abiertas y trabajos estables. Venezuela y sus dos partidos democráticos – AD, socialdemócrata, y COPEI, socialcristiano - se convierten en faro de orientación política para los grupos de presión política que luchan por instaurar regímenes democráticos en sus respectivos países. Así es como bajo el influjo de “adecos” y “copeyanos” nace el embrión de la Concertación chilena en junio de 1975, cuando líderes como Renán Fuentealba, Aniceto Rodríguez, Anselmo Sule y una docena de otros dirigentes chilenos se encuentran en Colonia Tovar, a las afueras de Caracas para concertar un acuerdo que tardará otros 13 años en convertirse en realidad. Es la Venezuela que promueve la paz y la democracia en Nicaragua y El Salvador. El Comandante Cero, Napoleón Duarte y Violeta Chamorro se convierten en personajes respaldados por sus congéneres venezolanos. Tanto, que el apoyo financiero que le brindara Carlos Andrés Pérez a la recién electa presidenta nicaragüense le costaría el cargo y lanzaría a Venezuela por el despeñadero. Por cierto, un apoyo absolutamente insignificante - diecisiete millones de dólares - en comparación con los miles y miles de millones de dólares con los que Hugo Chávez compra el respaldo de sus aliados o financia las elecciones de sus pupilos. En esa Venezuela también encontró respaldo político y financiero el sevillano Felipe González, de quien se cuenta que entró clandestinamente a España en el avión del vicepresidente de la Internacional Socialista, el entonces presidente venezolano Carlos Andrés Pérez. Ni qué decir de la colonia de exiliados cubanos, integrados a la comunidad democrática venezolana para siempre. No está demás recordar aquí también – la moneda tiene dos caras - la fraternidad venezolana hacia el exilio voluntario provocado por el allendismo: Hernán Briones o Carlos Cáceres, por ejemplo, ingenieros vinculados a la clase empresarial chilena recibidos con los brazos abiertos por generosos y solidarios empresarios venezolanos. Hubo muchos otros de sus congéneres que la usaron como trampolín, para terminar residiendo en los Estados Unidos o en Europa. Sirvieron luego de importantes fichas tecnocráticas y políticas en el gobierno del general Augusto Pinochet. Para no hablar del exilio argentino y uruguayo, que también encontró en Venezuela el refugio en espera de mejores tiempos. Son cientos de miles los desterrados de las dictaduras del Cono Sur que sobrevivieron gracias a la solidaridad venezolana. ¿Lo habrán olvidado?

Una constitución, la de 1961, ocho gobiernos de cinco años cada uno, de los cuales dos presidentes reelectos – Carlos Andrés Pérez y Rafael Caldera -, además de la más ingente obra de desarrollo de infraestructura, educación, economía y cultura hicieron de Venezuela la sociedad más dinámica, democrática, próspera y estable de América Latina. De tres universidades con que contaba la Venezuela perezjimenista, Hugo Chávez se encuentra cuarenta años después y habiendo sido electo por los mismos votos que respaldaran en el pasado a AD y COPEI y gracias a elecciones pulcras y decentes, como no las habría nunca más en su régimen bolivariano, un país con más cien institutos de altos estudios y una élite profesional y académica de primera línea. Con el más alto índice de post graduados en universidades norteamericanas y europeas becados por el Estado y su Fundación Gran Mariscal de Ayacucho. No se necesitaba ser rico para doctorarse en Harvard o en Cambridge. Es una democracia ejemplar para los estándares de América Latina, entonces arrasada por las dictaduras militares, si bien asentada sobre un terrible talón de Aquiles: la dependencia petrolera, expresada en el reparto de los ingresos fiscales como fuente de legitimación política. Y un saldo no resuelto en diferencias sociales. Lo que se hizo dramáticamente manifiesto y se aceleró a partir de la estatización del petróleo y la fundación de PDVSA en 1975, con el primer gobierno de Carlos Andrés Pérez, cuando se triplican los precios del petróleo, se triplica el presupuesto y se multiplica exponencialmente la deuda externa, la estatolatría y la megalomanía tercermundista de la Venezuela Saudita. Es el punto de quiebre que rompe con la tendencia al sólido crecimiento de la economía venezolana y empuja hacia la crisis en todos los ordenes de la vida nacional.

Es interesante recordar el catálogo de deudas pendientes con el desarrollo de una democracia moderna que, según el mismo Hugh Thomas, acechaban a la recién estrenada democracia venezolana: “Por supuesto, Venezuela es un país que todavía tiene muchos problemas. Entre los problemas a resolver están: la tasa de natalidad muy alta, la distribución de riqueza muy dispareja, el desequilibrio grave entre las ciudades (especialmente Caracas) y el campo, y la incertidumbre de lo que pudiera pasar al término de su actual etapa petrolera.” Lo escribe mirando al futuro en un presente – 1977 - que ya estaba decidiendo en el sentido contrario al que el mismo Thomas recomendaba y que, en lugar de continuar la senda de la resolución paulatina y más bien previsora y hasta conservadora de sus predecesores, se lanza al abismo del delirio de la Gran Venezuela y la megalomanía tercermundista de Carlos Andrés Pérez. Atrás quedaba el crecimiento económico sostenido, la extraordinaria estabilidad de la moneda, una cierta continencia moral y un sentido del servicio público y decencia política que fueran ejemplares con los gobiernos de Betancourt, Raúl Leoni y el primer Caldera. Incluso de disciplina fiscal y control social bajo la dictadura de Pérez Jiménez, que erradica los cinturones de miseria que luego, con la democracia, el boom petrolero y la abundante oferta de trabajo para mano de obra no calificada de los países limítrofes, crecen exponencialmente. Sumándose al ingente problema de la alta tasa de natalidad reseñado por Thomas. Es el resultado residual de la prosperidad petrolera y la mano abierta de un país que no conoce de chovinismos ni de xenofobias atrayendo a cientos de miles de “desterrados de la pobreza”: sobre todo desde los países andinos y caribeños. Ante la carencia de una política económica orientada al crecimiento de la economía privada, la generación de puestos de trabajo y el desarrollo industrial, quedarían sujetos a la asistencia estatal. Pronto constituirán un grave problema político y social. Y servirán de carne de cañón electoral del caudillismo redivivo en todas sus vertientes.

CONTINUARÁ




 
 
Jugando a la política en
el parque jurásico - primera parte
por Antonio Sánchez García
viernes, 22 diciembre 2006

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“La mayoría de los pueblos del mundo han vivido siempre bajo tiranías.

La mayoría todavía vive en esas condiciones”

Hugh Thomas, 1977.




Es difícil si no directamente imposible explicar la extravagante y jurásica figura del teniente coronel Hugo Rafael Chávez Frías en un escenario político tan sofisticado como el que viven algunas sociedades latinoamericanas modernas, tal como lo van siendo el Chile de la Concertación o el México del post priismo. Incluso el Brasil de esta neo socialdemocracia lulista y la Argentina de posibles y emancipadas primeras damas convertidas en presidentas de la república. Para todos ellos, cualquier racionalización resultaría inútil. Han de verlo como un fenómeno estrictamente caribeño, venezolano, petro-bananero al cual no encuentran explicación suficiente que no sean las desgastadas etiquetas del populismo, la demagogia, el estatismo autocrático. Imaginando siempre que Venezuela corresponde fielmente a la imagen del folklore hollywoodense: un país de palmeras y ríos turbulentos gobernado por un grupete de multimillonarios rodeados por una marea aterradora de pobres de misericordia. Ha de resultarles inútil incluso el recurso al concepto de gendarme necesario, puesto de moda por el historiador positivista venezolano Laureano Vallenilla Lanz a fines del siglo XIX para explicar cuán necesario era entonces un dictador de modo a controlar al levantisco y alebrestado país de montoneras que era la Venezuela surgida de las guerras civiles de la Independencia y viera emerger de las alturas andinas la figura menuda y cabezona del revoltoso, hablachento e hiperkinético Cipriano Castro. El que osó enfrentar a las grandes potencias y se convirtiera en el hazmerreir de caricaturistas europeos que vieron en él la prefiguración del coronel Tapioca. Tras suyo la del verdadero y auténtico deus ex machina del despotismo del siglo XX, el hacendado tachirense Juan Vicente Gómez, un latifundista parco e introvertido que le arrebatara el Poder a su compadre, en ausencia berlinesa por razones renales, manteniéndolo férreamente en sus manos durante 27 años. Era Venezuela por entonces un pobre archipiélago de caudillos que Gómez - el Benemérito para sus seguidores y adulantes o “el paranoico, el monstruo, la ignominia de los Andes occidentales” para sus detractores -, tuvo a bien amansar con una de las tiranías más feroces de nuestra historia. El petróleo había reventado la dura corteza de ese “cuero seco” irreductible que era la Venezuela rural, despoblada y semi analfabeta hacía poco más de una década, pero el país siguió sumido hasta diciembre de 1935 en las brumas del caudillismo autocrático del siglo XIX. Esa era la imagen perfecta de la modernidad para Gómez: un país definitivamente pacificado a punto de grilletes, sable y machete. Y eso – no es malo tenerlo presente - sucedió tan sólo ayer, en 1935, mientras en Chile el joven médico Salvador Allende fundaba la seccional del Partido Socialista en Valparaíso, su ciudad natal. Ni Hugo Chávez ni la Sra. Bachelet han caído del cielo. Son productos muy auténtica, muy genuinamente nacionales.



No es malo situar al caudillo llanero que hoy pretende llevar adelante un proyecto estrafalario y confuso llamado Socialismo del Siglo XXI en el contexto de esa historia de montoneras y teniendo como antecedente directo a Castro – no Fidel el habanero, sino Cipriano el tachirense. Previo a la emergencia de Cipriano Castro, quien pasara al anecdotario nacional como un bailarín lascivo y sexualmente insaciable, Venezuela pierde un tercio de su población – alrededor de 250 mil almas – en la espantosa guerra a muerte con que se librara su independencia. Y otras cien mil en la llamada Guerra Federal o Guerra Larga que continúa esas guerras y vuelve a desangrar e incendiar el país entre 1858 y 1863, cuando otro caudillo llamado Ezequiel Zamora y que Chávez reclama como su directo antecesor incendiara la república por sus cuatro costados tras la bandera del federalismo y el reparto de tierras. Entonces desaparece su aristocracia y el país queda en manos de la llamada “pardocracia”, gobierno de los pardos o mulatos, que han constituido el factor socio-cultural predominante en la historia de un país carente de homogeneidad racial. La Venezuela independiente se arruina, se despuebla, se desertiza y vegeta, en condiciones inferiores a las alcanzadas tras los tres siglos de vida colonial. Sin un Estado centralizado ni un ejército nacional la vida política queda en manos de caudillos regionales en el mejor estilo de la herencia caudillesca hispánica, heredada de la conquista. Así lo vio Mariano Picón Salas: “sociológicamente, Venezuela, después de las guerras civiles de la segunda mitad del siglo XIX, es como una gran montonera – sin ejército, sin administración pública digna de ese nombre – donde el caudillo más guapo, más inteligente o astuto se impone sobre los otros caudillos provinciales”. Ya entonces se perfila el rasgo esencial que, al parecer y según los resultados oficiales de estas últimas elecciones presidenciales, no ha terminado por ser extirpado del imaginario político de las masas venezolanas: “Es el valor del ‘guapo’ o la audacia arbitraria del ‘cacique’, la más alta medida humana en ese largo período histórico (1864-1935), que se prolonga hasta el final de la dictadura de Gómez”. A pesar de ingentes esfuerzos liberalizadores, como los de Antonio Guzmán Blanco, el ilustre americano. O de cuarenta años de democracia puntofijista, agregaríamos hoy en día. Como diría Cohélet, el redactor del Eclesiastés: "nada nuevo brilla bajo el sol". O mucho más directamente referido a Venezuela y sus tribulaciones: "lo que nace torcido, nada lo endereza".



Gómez (1908-1935) termina por controlar al país, liquidar los caudillismos, levantar un Estado relativamente moderno, poner en pie un ejército profesional y crear una Hacienda Pública, dotando al territorio de una elemental red vial, en gran medida construida por presos políticos. Siempre bajo la sombra del petróleo, el gran protagonista de la Venezuela contemporánea. Norteamericanos e ingleses comienzan a luchar por hacerse con las concesiones, intuyendo primero y comprobando científicamente luego que bajo ese cuero seco bullía una de las riquezas energéticas más fastuosas del mundo. Revienta en 14 de diciembre de 1922 el pozo Los Barrosos Nº 2, cerca de la ciudad de Cabimas en la costa oriental del Lago de Maracaibo desde una profundidad de medio kilómetro, fluyendo descontroladamente a razón de 16 mil metros cúbicos diarios. El New York Times tituló el evento en primera página como el reventón del pozo petrolero más grande del mundo.



Desde entonces, política y petróleo se convertirían en una sola realidad. Como lo advirtiera con su genial premonición el gran líder de la democracia venezolana, Rómulo Betancourt. El país, que hasta entonces malvivía del cacao, el café y una miserable ganadería se convertiría en un apetecido botín para las grandes empresas petroleras de ingleses, holandeses, franceses y norteamericanos. Y la dictadura de Gómez en un astuto administrador de las burusas del botín, cuya parte del león se extraviaría en manos extranjeras. Se iría modernizando a trancas y barrancas y a la muerte del tirano intentaría torcer su rumbo girando hacia la modernidad. Vive una suerte de madrugada hacia la democratización entre 1935 y 1945 en manos de dos delfines de Gómez – los también generales andinos López Contreras y Medina Angarita - , hasta que el 18 de octubre de 1945 una insólita alianza de coroneles desarrollistas y políticos de la nueva hornada provoca el primer estremecimiento pot gomecista con el gobierno revolucionario de Rómulo Betancourt, un líder socialdemócrata de origen marxista que da un golpe de Estado y asalta el Poder a los 37 años. Había vivido algunos años de su exilio en Chile a fines de los años 30, cuando estableciera profundos vínculos de amistad con Salvador Allende y toda la élite de la izquierda chilena. Desde entonces, el establecimiento político pecaría de una falencia jamás resuelta: carecería de referentes culturales y políticos de sesgo liberal. Los que sobrevivirían, como Arturo Uslar Pietri, serían marginales y decorativos. En manos de Rómulo y Caldera, de Jóvito Villalba y los próceres de la generación del 28 Venezuela sería un país medular, estructuralmente izquierdista, socialdemócrata, incluso cuando gobernado por la democracia cristiana, en rigor más populista, más izquierdizante y más pre conciliar que la misma socialdemocracia adeca. Y estatólatra hasta sus últimas consecuencias. Para tener una referencia regional: en 1946 Chile elige presidente de la república a Gabriel González Videla, un líder del radicalismo chileno y del Frente Popular que incorporaría a su gabinete a tres ministros comunistas, que ocuparían las carteras de Trabajo, Agricultura y Tierras y Colonización. Era la aurora de la globalización en los albores de la Guerra Fría.



Tres años después y tras un acelerado proceso de democratización social, la Junta de Gobierno presidida por Rómulo Betancourt cede el Poder al novelista Rómulo Gallegos, electo en las primeras elecciones directas, universales y secretas vividas por el país en sus ciento cincuenta años de vida republicana. Sería depuesto a los pocos meses por uno de los compañeros juntistas de Betancourt, el coronel de ejército Marcos Pérez Jiménez, quien gobierna desde entonces hasta 1958. Es la década que la historiadora Ocarina Castillo llamaría “los años del buldózer”: Venezuela cambia dramáticamente su faz con la construcción de autopistas, carreteras, urbanizaciones. Se alzan los primeros rascacielos de Caracas, se construye la Ciudad Universitaria, hoy patrimonio arquitectónico de la humanidad, surgen centros vacacionales y grandes urbanizaciones para los sectores populares. Es la época del furor petrolero, la vida fácil, los carnavales febrerinos y la inmigración masiva: llegan cientos de miles de italianos, portugueses y españoles huyendo de las miserias causadas por la guerra, enriqueciendo la nacionalidad y proveyendo de mano de obra disciplinada y especializada a un país sediento de desarrollo. Sentarían las bases para la emergencia de una pujante clase media. Así, se crean las condiciones para el arribo de la democracia, que revienta todos los diques dictatoriales y se hace sentir a partir del 23 de enero de 1958, cuando cae Pérez Jiménez y se establece la democracia en Venezuela. Luego de dos docenas de constituciones, innumerables revoluciones, tiranías, montoneras, golpes de Estados y movimientos facciosos. Era una señal promisoria del esfuerzo de los mejores por saldar la vieja, la centenaria deuda pendiente con la libertad.



* Advertencia: este artículo ha sido escrito para quienes desconocen la “historia patria”. Se pide indulgencia para aquellos de mis lectores venezolanos que estando enterados muy posiblemente me acusen de exagerada simplificación. Si no de incurrir en garrafales errores. Todo sea en aras de comprender algo del incomprensible galimatías en que chapoteamos. ASG



CONTINUARÁ


 
 
El 3D: Nada será como antes
por Antonio Sánchez García
lunes, 27 noviembre 2006


1



La grandeza de un político no se mide en las victorias, sino en las derrotas. También y sobre todo si el político es un militar. Ya decía Pablo Morillo, el gran militar español que junto a Sucre representó las cumbres del arte de la guerra durante nuestra conflagración independentista, que Bolívar era más temible derrotado que victorioso. Fue en esos momentos en que la adversidad se cebó en sus fracasos que salió a la superficie la grandeza de su genio. De él como de muy pocos políticos venezolanos se puede afirmar que dominaba como nadie esa particular parcela del arte de la política, que consiste en luchar contra la adversidad.



Nos habíamos habituado a jugar el rol de los perdedores en el conflicto político venezolano. Creyendo que por las buenas o por las malas, Chávez terminaría triunfando en todas sus batallas, aún en aquellas que perdiera de manera ominosa, como la de Miraflores y La Casona la madrugada del 4 de febrero de 1992. O la del 11 de abril, cuando sacado de Miraflores por una marea humana se vio en la obligación de pedirle auxilio a Baltasar Porras y a monseñor Velasco para que le salvaran una vida que nadie había puesto en peligro. Pero si bien es lógico esperar que pueda vencer una vez más este próximo 3 de diciembre – por las buenas, que por las malas sufriría la más pírrica de sus victorias y el seguro sendero a su inmediata perdición – también lo es, sobre todo a estas alturas, que pierda y de manera contundente. Y que deba asumir, por lo pronto, el liderazgo de la oposición. Un papel absolutamente inédito en su trayectoria. Que también requiere aprendizaje, si se trata de una oposición democrática. Y sobre todo de grandeza. ¿Está en capacidad? Sólo el tiempo lo dirá. No es malo que desde ya se vaya haciendo a la idea, so peligro de desaparecer del escenario político venezolano.



2



Hay demasiados indicios como para pensar que Rosales podría vencerlo por un amplio margen. El país no vivía una sensación de encontrarse ante una conmoción política de grandes proporciones con trascendentales consecuencias para el futuro, desde las elecciones de 1998. No sólo ni principalmente a juzgar por las encuestas, objetivamente incapaces de fotografiar este panorama de extremos prebélicos, como lo demostraran en su momento otros casos semejantes, como el de Nicaragua en 1990, cuando se enfrentara un todopoderoso Daniel Ortega dueño y señor de las instituciones del Estado bajo las banderas de la revolución sandinista, contra una modesta dueña de casa, la viuda del propietario de La Prensa, de Managua, Pedro Chamorro, asesinado por la dictadura: la Sra. Violeta de Chamorro.



No es mal ejemplo traer ese caso a colación, pues en muchos aspectos se trata de situaciones insólitamente semejantes. Las encuestas no dejaban de darle a Ortega un mínimo de 20 puntos porcentuales por sobre las preferencias de la Sra. Chamorro. Tal como ahora, todos los periodistas internacionales se dedicaron a tocar las campanas del triunfalismo sandinista en los grandes medios impresos del planeta. Ortega era invencible. Había triunfado en una guerra y era el jefe indiscutido de la revolución en el Poder. Cuando los nicaragüenses decidieron resolver la incógnita, le dieron la victoria a la dueña de casa con 17 puntos de ventaja. Las encuestadoras y los corresponsales de El País, de Madrid, del norteamericano New York Times y del germano Frankfurter Allegemeine se quedaron con los crespos hechos. El país estaba harto de extremismo, de violencia, de abusos, de atropellos y amenazas. De la utopía socialista tan grata a los fablistanes europeos, cuando no golpea a las puertas de sus propias casas. Se había inclinado por la paz, la seguridad, el entendimiento. Aunque se lo ocultó cuidadosamente y hasta el último momento a los encuestadores profesionales y al propio Ortega y su régimen. Hasta que se lo reventó en el rostro con el clamoroso triunfo electoral de Violeta de Chamorro.



No tiendo a medir los sentimientos y anhelos políticos de la gente por unas láminas y un listado de preguntas. Creo que la política, aún y a pesar de los pesares, sigue y seguirá siendo asunto del corazón, de los sentimientos, de los profundos deseos de felicidad que laten en lo más hondo de los pueblos. Y, más importante aún, de las necesidades y exigencias que la historia universal, en la que todas las sociedades contemporáneas – quiéranlo o no – están insertas pone a la orden del día. En este sentido y más allá de las menudencias demoscópicas, Venezuela enfrenta un desafío crucial que debe resolver exitosamente si quiere sobrevivir: modernizarse o perecer. Dar un salto hacia el futuro de la globalización y democratizarse o regresar a las tinieblas del siglo XIX tras un trasnochado proyecto autocrático, militarista y represivo. Rosales o Chávez. Todas las encuestas, aún las más favorables y socorridas por el chavismo, lo señalan de manera categórica: más del 80% de los venezolanos repugna del castro-comunismo, siente animadversión por el régimen cubano y anhela un régimen de libertades democráticas. Esa es la única y valedera verdad. Todo lo demás es cuento.



3



Comprendidas como meros instrumentos auxiliares, también nosotros consultamos las encuestas, sin darles más importancia que la que realmente poseen. Conscientes de que la política no es subsumible al universo mercantil, al mercadeo de productos de consumo. Imposible dejar la resolución de las líneas estratégicas de la política a quienes realizan estudios de mercado, como si los anhelos de felicidad de un pueblo pudieran medirse y satisfacerse como se mercadea una fábrica de alpargatas, una nueva línea de cosméticos o un producto lácteo recién lanzado al mercado.



Hemos tenido a mano tres encuestas realizadas por el Grupo Gaither de Venezuela, bajo la dirección de Luis Enrique Vásquez, sobre un universo de 1500 encuestados en todo el país, tanto en las zonas urbanas como rurales. La primera de ellas fue ordenada por un pequeño grupo de modestos empresarios en agosto de este año. Fue tan exitosa, que el mismo grupo financió otras dos encuestas para los meses de Septiembre y Octubre. Y este mismo fin de semana está realizando un sondeo relámpago de las preferencias electorales medidas inmediatamente después de los actos de cierre de campaña de los dos candidatos. Los resultados los tendremos mañana mismo.



A grandes rasgos, visto en perspectiva, las tres encuestas demostraron un proceso extraordinariamente interesante caracterizado por el sistemático ascenso de Rosales y su contrapartida evidente: una tendencia indetenible hacia la baja del presidente de la república. Si en Agosto, Chávez lo aventajaba por 16 puntos, en septiembre tal diferencia se dedujo a 12 y a fines de Octubre a 6 puntos. Medido en un ambiente de amedrentamiento y terror como el puesto en práctica por el discurso rojo-rojito tales tendencias auguraban ya entonces un muy posible triunfo electoral de Manuel Rosales. Proyectando tal tendencia, idéntica por cierto a la verificada por Penn & Schoen, el resultado más evidente conduce a lo que los técnicos electorales llaman un empate técnico en estos momentos. Lo cual, proyectado hacia el 3 de diciembre y considerando los factores que ocultan la auténtica voluntad del votante debe convertirse en un triunfo incuestionable del candidato opositor. Supuesto que dichas elecciones sean verdaderas elecciones, y no escaramuzas fraudulentas de quien sólo las usa para su propia legitimación. Lo cual dependerá en gran medida de la avalancha opositora el mismo 3 de Diciembre.



Son muchas las otras tendencias reveladas por Gaither que indican que algo muy profundo e irreversible tiene lugar en las profundidades de nuestro país: en mujeres, Rosales aventaja por una considerable diferencia al candidato a la reelección. Señal inequívoca de que a ellas les afecta en primer lugar el peligro de la disolución de la familia que late en el proyecto del mal llamado socialismo del siglo XXI. Y la difícil situación económica que vive la familia venezolana. En hombres, hasta hace una semana, Chávez aventajaba por uno o dos puntos a Rosales. Pero también esa tendencia se ha evaporado. En las zonas de gran densidad urbana, como el Zulia, la zona centro-occidental y Caracas, Rosales se le ha adelantado al teniente coronel. Coincidente con dichos datos, las últimas revelaciones de investigaciones de campo realizadas en el Zulia luego de la celebración de la Feria de la Chinita, capitalizada absolutamente por el gobernador zuliano, le dan a Rosales una ventaja de 23 puntos por sobre Chávez. Lo que hace presagiar allí una auténtica paliza electoral, capaz de compensar zonas menos favorables pero con muchísima menor densidad electoral.



Pero aún cuando todo apunta a un sorpresivo avance del candidato unitario y a un muy probable triunfo opositor, descansar el trabajo político en el airamiento de resultados demoscópicos demuestra, cuando menos, una miserable conciencia de la política, esa hermosa, esa insustituible rama del saber y el quehacer humanos. Basta abrir los ojos al sonido de la ira y la furia para convencerse de las grandes oportunidades históricas que hoy vive el país. Más allá de esta sucia guerra de encuestas, podemos afirmar sin lugar a dudas de que el país ha sufrido un vuelco espectacular. Ya nada, absolutamente nada será como antes.




 
 

Antonio Sánchez García:
La verdadera encuesta
Fraude y encuestas vs. votos, verdad y democracia

La deducción es elemental: Chávez juega al fraude. Nosotros a los
votos. Él apuesta a las encuestas. Nosotros a la verdad. Habrá que
exigir lo que por ley nos pertenece. El 3D nos jugamos nuestra
democracia. No permitamos otro 15 de agosto. A preparar desde ahora
mismo el plan V.

Los hechos son tan evidentes que el régimen no tiene más remedio que
reprimirlos, tratar de borrarlos de las pantallas, impedir que
lleguen a la conciencia de los venezolanos. Hace como el niño o el
estúpido: se lleva el dedo al ojo a ver si logra tapar al sol con un
dedo. Queriendo, de paso, convertirnos a nosotros, los electores, en
niños o en estúpidos.


Esta vez la sorpresa – aparente, porque de sorpresivo no tiene nada –
se la llevó Hugo Chávez al tener noticia de lo que sucediera
anteanoche en el estadio de béisbol de la UCV donde se escenificaba
el clásico Caracas-Magallanes. Las gradas a reventar y el ánimo
caldeado a la máxima temperatura beisbolera. Y allí nadie come
cuentos: gusta, se admira y se aplaude lo que gusta. Y punto. Lo
otro, lo feo, lo repudiable, lo mezquino, lo negativo recibe la más
ensordecedora rechifla.

Bastó con que apareciera en las gradas el gobernador zuliano y
candidato unitario Manuel Rosales para que la fanaticada reventara en
aclamaciones a su favor. De los aficionados del Caracas y de los
aficionados del Magallanes, hombres y mujeres, jóvenes, niños y
viejos: la Venezuela beisbolera lo aclamó como el candidato del
pueblo.

Durante interminables minutos la algarabía reventó los estrechos
límites del estadio para escucharse en la ciudad entera. Hasta los
mismos despachos de Miraflores. Y como Chávez lo temía, y temía con
horror que fuera transmitido en vivo y en directo, dio órdenes a la
Guardia Nacional de impedir el uso de las antenas parabólicas
impidiendo el acceso a sus antenas centrales.

Esa es la única, la verdadera, la temible encuesta. Que vaya y se
asome a cualquiera de estos clásicos y verá con cuánto respaldo
cuenta entre esa misma fanaticada. Tendría que comprar el estadio con
los dineros de PDVSA y llenar sus gradas con funcionarios para no
encontrarse con la más tremenda de las rechiflas de nuestra historia.
Porque la fanaticada beisbolera venezolana, el pueblo llano, ha
comenzado a odiarlo. Y ese odio no tiene vuelta. Es irreversible.

Tres hechos conmovedores en pocos días: una marcha apoteósica de 26 kilómetros en Caracas, uniendo el Oeste y el Este de nuestras
barriadas populares. Una monumental concentración en Barquisimeto,
como jamás visto. Y un estado de béisbol repleto hasta las banderas
de fanáticos venezolanos aclamando a Rosales como el candidato
victorioso. Con los debidos castigos: cierre de las puertas de los
metros para impedir su uso por los manifestantes en Caracas; corte de
luz en Barquisimeto; clausura de las torres de transmisión de los
canales para que nadie sepa lo que todos sabemos.

¿Qué hace entre tanto el régimen? Paga encuestas y encuestadores,
inventa la realidad virtual que lo da por ganador en contra de todos
los hechos sensibles. La realidad va por un lado, los pronósticos de
las empresas encuestadoras por otro.

La deducción es elemental: Chávez juega al fraude. Nosotros a los
votos. Él apuesta a las encuestas. Nosotros a la verdad. Habrá que
exigir lo que en la ley nos pertenece. El 3D nos jugamos nuestra
democracia. No permitamos otro 15 de agosto. A preparar desde ahora
mismo el planV.
 
 
La voz odiosa e histérica de la barbarie
por Antonio Sánchez García
martes, 17 octubre 2006


Hemos venido sosteniendo desde hace dos años que el embate de las izquierdas en América Latina había topado techo y que el reflujo sería inevitable. El triunfo de Evo Morales, resultado de un auténtico golpe de Estado constitucional celebrado en tres etapas y orquestado desde La Habana y Caracas sería el punto de no retorno de las izquierdas en la región. Señalamos incluso que la pronosticada e inevitable caída de los presidentes bolivianos y el asalto al Poder por parte del líder cocalero, financiado sin ningún disimulo por la chequera bolivariana, se convertiría en un boomerang para Morales y para Chávez mismo. Quien llegara al Poder en andas de la desestabilización recibiría la misma moneda y hasta podría caer víctima de otro golpe de Estado. El que a hierro mata no espere dejar el poder a sombrerazos. Así haya asaltado el Poder por la puerta ancha de la seudo constitucionalidad y las salidas democráticas sean las menos costosas de las fórmulas de recambio.



Los resultados están a la vista: la izquierda ha encontrado un bastión inexpugnable en Colombia, en Perú, en México y ahora en Ecuador. El candidato de López Obrador acaba de ser derrotado en su propio estado natal, Tabasco. Lula se debate ante la segunda vuelta entre la derrota y una victoria pírrica. Por ahora ya cayó en las redes de la oposición socialdemócrata. En Ecuador el candidato del chavismo se ha derrumbado más que estrepitosamente. Y Michelle Bachelet ha debido rendirse a la evidencia del repudio que el motor de ese primer embate izquierdista despierta entre los electores chilenos: Chávez es odiado allí como en todo el resto del continente. Y del mundo. Va palo abajo. Así el Hezbolá lo tenga entre sus ídolos, jamás entre sus mártires. Los financistas no van al matadero.

Si la izquierda topó techo, el chavismo va cuesta abajo. La aplastante derrota de su porfiada y cacareada postulación a un puesto en el Consejo de Seguridad es prueba más que evidente de que el mundo terminó por verle su verdadero rostro. El de un payaso, es cierto, pero de esos de películas de terror. Daniel Gallagher, un importante columnista chileno, lo retrató de cuerpo entero en un artículo publicado en El Mercurio, de Santiago y reproducido este domingo 15 de octubre en El Nacional: “Es un gran showman Chávez, una mezcla de déspota y payaso que hace reír y obtiene aplausos. Pero es un payaso muy peligroso, un payaso rico, que compra y compra armas “. No sólo su imagen: el mundo también escuchó por primera vez su voz: “la voz odiosa e histérica de la barbarie”.

Este amenaza con convertirse en su annus horribilis. Castro agoniza y su deceso parece cuestión de meses. No habrá dinero con qué resucitarlo. Traerlo a cada instante hasta el despacho de Miraflores, como hasta hace algunos meses, ya es asunto imposible. Visitarlo cuando le de la gana, tampoco. Se acabó la dorada asesoría. Y lo peor podría sobrevenirle el 3 de diciembre, si la oposición venezolana, el candidato unitario Manuel Rosales y su comando de campaña hacen las cosas como es debido.

Unidad, fortaleza, temple y grandeza. Son los atributos de que deberá hacer gala la oposición venezolana. A ellos deberá recurrir quien se ha ganado el derecho a liderar el tránsito hacia el post chavismo. Conducirnos por el proceloso mar de la democracia en medio de los peores augurios. Habrá que aferrarse al timón.


 
 
Demasiado tarde, demasiado falso, demasiado inocuo
por Antonio Sánchez García
domingo, 15 octubre 2006


1



Demasiado tardó Hugo Chávez en atinar a dar una respuesta política a la ofensiva de su contendiente Manuel Rosales. Mientras el gobernador zuliano recorría las barriadas emblemáticas de Caracas, territorio comanche al que un presidente elevado a la estratosfera de la política mundial no puede descender a no ser montado en su carroza, blindado de los pies a la cabeza y cubierto por varios anillos de seguridad del G-2 cubano, un Hugo Chávez atolondrado, desconcertado y seguramente angustiado se mostraba paralizado y condenado a la inacción. La pregunta que recorría los corrillos políticos era más que obvia: ¿cuándo, dónde y cómo reaccionará Hugo Chávez a un ataque tan inclemente como el que dirige su exitoso contendiente? Y contando con el agravante de tan poco tiempo para desplegar las estrategias de combate.



No se trataba tan solo de la audacia de un fajador nato como el joven gobernador zuliano, dispuesto a patear cerro y entrar en un cuerpo a cuerpo con el elector de las clases aparentemente más distantes de las políticas opositoras. Lo hizo además con las manos llenas de suculentas promesas y provisto de un temible artilugio bélico: Mi Negra. Como si con eso no bastara, adelantó sus propuestas en materia de seguridad, educación y salud, empinándose como la espuma, desde el absoluto anonimato hasta superar la primera barrera de un 35 o un 40% en poco más de dos semanas. Un fenómeno.



Entretanto, Chávez cataléptico, como si no pasara nada. Hasta el 7 de octubre, día en que se librara una auténtica batalla mayor con la presencia en Caracas de un cuarto de millón de almas en la más descomunal de las movilizaciones nacionales desde los tiempos del RR. Cuadruplicando las más altas cotas de movilización lograda por el pesado aparato de gobierno, un comando de campaña huérfano de medios y sin más auxilio que la imaginación y el entusiasmo de un voluntariado verdaderamente inspirado y batallador, logró enviarle un mensaje tremendamente contundente y vibrante al país: la avalancha demostró que la candidatura de Rosales va en serio, que sus aspiraciones son legítimas y que ha logrado en poco más de un mes posesionarse de un liderazgo envidiable al frente de un poder que bien conducido y motivado podría llegar a ser demoledor.



Hugo Chávez, sentado cómodo en los laureles de un poder que considera inamovible y como forjado por los dioses, sintió de pronto que le aserruchaban el piso y le quitaban la alfombra. Mandó a sus espías montados en el famoso helicóptero rojo, provistos de suficientes cámaras, para verificar in situ la estampida que le amenazaba. Y debe haber respirado profundo y hasta haberse alegrado de que los organizadores de la avalancha no cogieran el guante del estulto José Vicente Rangel asumiendo el reto de allegarse hasta la Avda. Bolívar: la hubieran arrasado como por un deslave.



Entonces le habrá entrado tremendo culillo – a él, no precisamente el Mio Cid Campeador de Sabaneta -, habrá reaccionado con la procaz histeria que lo caracteriza, habrá mandado a llamar al atajo de ineficientes vasallos que lo rodean y habrá puesto el grito en el cielo exigiendo medidas inmediatas para frenar a Rosales e intentar alguna respuesta. Posiblemente demasiado tarde, cuando ya no es posible montar una estrategia ofensiva con todas las de la ley, como hiciera bajo las órdenes de Fidel Castro durante meses y meses antes del 15 de Agosto. Ahora el agua comenzaba a llegarle al cuello. Una situación absolutamente inesperada y de alto riesgo. Era hora de hacer algo.



2



Ese algo no ha podido ser una respuesta digna del enfrentamiento que se libra entre una oposición en ascenso y un régimen asediado: propuestas concretas y tangibles de nuevas políticas públicas, respuestas creíbles, claras y directas a los tremendos desbarajustes causados por su horrible desgobierno, medidas implementables en el campo de la seguridad, el empleo, la vivienda, los túneles negros de la peor gestión de gobierno de la historia de la república desde los tiempos fundacionales. Las misiones, caballo de Troya inventado por los expertos cubanos para sacarlo del hueco en que se encontraba a fines del 2003, ya agotaron su efecto de demostración. Lucen desvaídas, esquilmadas y al borde del abismo. ¿Política de seguridad mientras se arma hasta los dientes y provoca guerras y conflictos en donde llega con su alfombra mágica?



Y para hacerle aún más negro el panorama, su salida de madre en la ONU convenció al país y al mundo de que un sujeto tan impresentable no tiene derecho a pretender eternizarse a la cabeza del país que posee las más importantes reservas energéticas de esta parte del planeta. Empujado por la divina irresponsabilidad del agonizante Fidel Castro y apurado por la necesidad de heredar su mortaja y aparecer ante el mundo como su legítimo heredero ante su eventual deceso, llevó las cosas demasiado lejos. Se arrimó tanto como pudo a la candela nuclear de Irán y Corea del Norte, hundió el cuchillo en el corazón del Medio Oriente sellando un incomprensible pacto de entendimiento con el terrorismo talibán y tiró por la borda cuantas alianzas le eran presentadas desde nuestros países amigos.



Quemó las naves, antes de tiempo y creyendo que tenía asegurado el control de las elecciones del 3D. Vaya baño de agua fría la que le diéramos con la avalancha del 7 de Octubre. Pues si alguien sabe en el país con absoluta exactitud cuántos venezolanos – de toda edad, suerte y condición – respondieron con entusiasmo y alborozo al llamado de Manuel Rosales, es él. Son sus aparatos de información. Son los cubanos. Es su sala situacional. ¿O es que el helicóptero rojo andaba cazando mariposas?



El ambiente palaciego no debe haber podido ser más funerario. La reacción del áulico mayor, más desafortunada. El cabreo, la roncha y la indignación deben haberse puesto a la orden del día. Los rostros de los bufones de la corte no pudieron estar más largos y negros. ¿No vio usted, querido lector, el rostro del señor aquel que administra la letrina nocturna del canal del gobierno? Han pasado desde entonces ocho días. No ha hecho más que hablar y hablar y hablar de la avalancha. Les llegó al bofe. Un golpe duro. Un golpe noble.



3



De manera que la orden habrá sido perentoria: ¡hacer algo! Y lo que ha salido de los cacúmenes palaciegos ha sido verdaderamente patético: Chávez de azul, pintado de azul. Convertido en víctima de Cupido, amoroso hasta las náuseas. Una pieza de hipocresía, inverosimilitud, inescrupulosidad y falsía verdaderamente vomitiva. Lo cual ni siquiera importaría mucho si pudiera tener el efecto que persigue, que a Chávez la verdad, la sinceridad y la autenticidad le saben a ñoña. Con lo cual acometían el sexto giro de imagen en esta campaña, según informes de Alfredo Keller.



El problema es que al Chávez amoroso no le cree ni Rosinés. Mucho menos auxiliado por una mujer sacada como por arte de magia de las mazmorras de la nada para dizque ejercer de primera dama. ¿Chávez movido por el amor? Cuenten una de vaqueros.



Obras son amores y no buenas razones. El problema es que Chávez ya es víctima de sus obras, todas a años luz del amor: un país ensangrentado bajo la férula de su irresponsabilidad, con presos políticos, jueces corruptos, desempleados por doquier, violaciones sistemáticas a los derechos humanos, secuestros y asesinatos rompiendo todos los record conocidos.



Monseñor Lückert adelantó una muy sabia propuesta: tomarle la palabra al presidente, si es que la tiene, y exigirle corrija con ese amor que hoy predica las cruentas obras de su odio. Puede hacerlo de inmediato y sin mediar decretos: reenganchar a los 19 mil despedidos de PDVSA, pagarles hasta el último centavo de sus secuestradas prestaciones, devolver sus familias a los hogares de que fueran expulsados, liberar a todos los presos políticos, indemnizar a los familiares de los asesinados por acciones policiales y militares, encarcelar a los pistoleros que ensangrentaran la patria durante esas nefastas acciones del 11 de abril, permitirle a Carlos Ortega vuelva a dirigir la principal central obrera del país sin temor a ser perseguido y encarcelado. Convocar a los desterrados, ponerle fin a la persecución, a la tortura, al asesinato. Abrirle las puertas de Venezuela a sus mejores hijas e hijos, periodistas, uniformados, académicos, estudiantes y trabajadores que han debido dejar la patria por las razones de fuerza mayor que imperan en Miraflores.



Pero todos, usted y yo, queridos lectores, sabemos que tales medidas son incumplibles. Que el amor pintado de azul del primer mandatario no es más que odio travestido de sonrisas. Mera pantomima electorera de patas tan cortas como las de la mentira. No resistirá la próxima caminata.




EL PATÉTICO Y DESALMADO AMOR DEL TENIENTE CORONEL



“No me engañáis, aunque de rojo vistáis” – le decía el mosquetero Cantinflas al Cardenal Richelieu en su maravillosa sátira de la obra de Alejandro Dumas. Lo he recordado al ver al caudillo granate pintado de azul cupido, esgrimiendo una ramita de olivo en una mano y sosteniendo una blanca palomita amaestrada en la otra. Bien podríamos parafrasear a Mario Moreno diciéndole: “Yo te conozco mosco y aunque de azul vistáis, no me pitáis”.



Es tarde para remendar el entuerto de ocho años de delirios revolucionarios, de extremismo visceral, de entreguismo fidelista y guerrillas continentales. Ha destilado demasiado odio, ha hecho verter demasiada sangre, ha regalado demasiado dinero ajeno, ha provocado demasiadas ruinas y demasiados sufrimientos como para creer que volveremos a caer seducidos por los cantos de sirena de sus alitas en los hombros, su arpa, su arco y su carcaj y sus laureles plateados en las sienes. A Chávez se le ven las pezuñas debajo de su azulada piel de cordero. Y la sangre inocente debajo de sus guantes de terciopelo.



¿Por qué este violento giro al centro de quien ha hecho de la izquierda mundial su guarida? ¿Por qué este súbito pacifismo en Nicolás Maduro, el mismo que hace unos días armaba una gigantesca alharaca en Nueva York culpando al imperialismo norteamericano de todos nuestros males y hoy se rasga las vestiduras criticando a sus socios norcoreanos por haber hecho explotar una bomba nuclear?



La razón es clara como el agua: Chávez está aterrado. Y da un paso atrás y hacia la derecha como lo ha hecho antes de cada proceso electoral. A ver si emborracha a la clase media y la lleva a bajar la guardia. A ver si abre las válvulas de seguridad y deja escapar la presión insoportable de una mayoría que no se lo cala más. Pero esta vez con un inevitable agravante: la oposición está unida, tiene un rostro popular, está blindada contra la demagogia cursi y telenovelera del caudillo y está dispuesta a cobrarle muy caro el desastre de esta pesadilla.



La jugada sigue un guión como dictado en La Habana por Fidel Castro: “pide perdón Hugo, arrodíllate, que ese pueblo es bolsa y todo lo olvida”. Pero precisamente por seguir al consejero: ha ido demasiado lejos. No hay vuelta atrás. Peor aún: vistiendo de azul descuida a sus franelas rojas, sometidos al asalto de Mi Negra. De modo que la movida puede salirle al revés.



Va palo abajo. Lo esperaremos en la bajadita.


 
 
Tres sabios consejos


Tres cosas deben recordar Manuel Rosales y su equipo de colaboradores para asegurar el éxito en esta campaña electoral: evitar las necedades del triunfalismo, tener siempre presentes las condiciones institucionales en que vivimos y prestarle mayor atención al "cobro".
Ramón Piñango, El Nacional, 5 de octubre de 2006.



1
Un necio triunfalismo

Pecaría de necedad quien negara la resurrección que la conciencia opositora está viviendo en estos días, y de la cual la majestuosa manifestación de respaldo al candidato unitario Manuel Rosales vivida este mediodía fue prueba categórica y concluyente. Caracas no vivía una alegría tan desbordante, un entusiasmo tan contagioso y una voluntad de combate tan manifiesta como “la avalancha” que se expresara hoy en la Avda. Libertador, lugar de confluencia de los cuatro puntos cardinales de Caracas.

La oposición ha vuelto a tomar las calles. Por cierto: como en los mejores tiempos del pasado. Sin acarreo, sin abusos de las autoridades, sin imposiciones de nómina y asistencia, sin poner en el fiel de la balanza la prepotencia totalitaria y los inconmensurables medios crematísticos de un régimen inescrupuloso y corruptor como el que esta candidatura pretende enterrar.

El hecho ya había sido constatado en las múltiples caravanas, caminatas, marchas y concentraciones celebradas por Manuel Rosales en los barrios, caseríos, aldeas y ciudades de todo el país. Donde la oposición se abstenía y Chávez se ha ausentado, ha penetrado como una avalancha el candidato unitario. Un encuentro cuerpo a cuerpo de un líder con sus seguidores, sin la mediación de anillos de seguridad, aparatos uniformados, chalecos antibalas, matones de aparato ni mucho menos becas, misiones, almuerzos y salarios. A pecho descubierto y con puro corazón, algo absolutamente imposible para un régimen que no apuesta al corazón.

Pues Chávez se alienó el apoyo popular, se encumbró a las alturas siderales de su ambición y no puede liberarse de esa pesada parafernalia que le medio protege sus miedos y terrores. A él, no precisamente un ejemplo de coraje y entereza.

Pero ojo: de allí a imaginar que el mandado está hecho media una eternidad. Sin duda: la oposición es virtualmente mayoritaria en Venezuela. Pero para que esa mayoría virtual se convierta en real, para que esa mayoría en sí se convierta en una mayoría para sí materializándose en fuerza activa deben comprometerse los amarres orgánicos, derrotarse los temores, derribarse las atalayas de la persecución, el amedrentamiento y los favores sobre los que descansa el Poder de un caudillo que no posee una pizca de grandeza ni un adarme de razón: un autócrata aferrado al Poder como una garrapata a las ubres de la nación. Apertrechado tras unas fuerzas armadas comprometidas con un bando y un proyecto, rodeado de un entorno delictivo, montado sobre unas instituciones humilladas y ofendidas, que le proveen del foso de seguridad que fortalece un poder vacío de auténtica legitimidad, fundado en la represión, el cohecho, la persecución y la coima.

De allí la necedad de dar el triunfo por garantizado y proclamarlo a voz en cuello, siguiendo el pésimo ejemplo de aquellos tiempos de la CD y el RR, cuando jurábamos que aplastaríamos a Chávez en las urnas. Nos aplastó en cambio con el fraude y el engaño. Y nadie dijo nada. Que no se repita ese necio triunfalismo, preparando el camino al silencio y la apatía: he allí la primera recomendación.

2
La gravedad de la situación

La razón para sofrenar nuestros ímpetus triunfalistas y bajarnos al crudo terreno de la realidad está a la vista: el 3 de diciembre no se enfrentan dos candidatos en igualdad de condiciones y hermanados por una común comprensión de la sociedad, la nación y el estado que persiguen. Se enfrenta un demócrata a carta cabal, sin más medios que sus ideales y el pueblo que lo respalda, contra un régimen autocrático que ha concentrado en manos del caudillo todos los medios habidos y por haber: el Estado todopoderoso, las instituciones arrodilladas al pie de sus caprichos, el poder de las armas, de la policía, de la justicia, del petróleo.

Se trata de una auténtica guerra asimétrica en que Goliat, cabalgando el leviatán todopoderoso del estado petrolero, se ve desafiado por David sin otra arma que la honda de las ideas, los anhelos, el sueño libertario. Chávez lo tiene casi todo. Rosales tiene casi nada. La diferencia, sin embargo, es descomunal: es el casi del corazón del pueblo, del sentimiento libertario de un pueblo que está harto de tanto estupro, tanto abuso, tanto robo, tanta estupidez.

Chávez es un cascarón vacío, pero truena omnipotente sobre unas instituciones secuestradas, humilladas, pisoteadas y reducidas al papel de comparsas de los afanes y ambiciones más descomunales de que tenga memoria la república. Descomunales no sólo por su tamaño, sino por su impostura. Un teniente coronel analfabeta y agalludo que perdiendo todo sentido de la realidad y del ridículo pretende dominar el mundo.

Por eso mismo, porque el candidato oficialista no representa nada positivo, creador y novedoso y sólo se sustenta en la ignorancia, la represión, la corrupción y el miedo, es que el candidato unitario y su comando de campaña deben afincarse en el suelo de la cruda realidad y conducir la campaña y el enfrentamiento político con la mayor sangre fría y el más acerado realismo, conscientes de que no están ante una santa criatura. Chávez no es un demócrata, no entregará el Poder de manera pacífica y civilizada, hará cuanto esté a su alcance por impedir el triunfo de su opositor, hará uso de los instrumentos de control y manipulación electoral de que dispone en absoluta libertad para falsear y pervertir los resultados.

E incluso, así la avalancha electoral del 3D sea la más pura y flagrante evidencia, es capaz de mover cielo y tierra para atornillarse en el cargo.

Tener conciencia de este hecho incontrovertible y de su escandalosa certidumbre es una obligación de alta político para quien conduce hoy a la oposición democrática venezolana. Es el segundo de los consejos.

3
Nada será como antes

De allí la imperiosa y urgente necesidad de alertar a la ciudadanía, a los millones y millones de electores que están dispuestos a dar su vida por su candidato y defender el voto del secuestro inmisericorde de las tropas de asalto chavistas, acerca de la gravedad histórica del combate que estamos librando en el terreno electoral. No iremos a las elecciones del mismo con que acaban de hacerlo chilenos y bolivianos, argentinos y uruguayos, brasileños, mexicanos y colombianos: simplemente a depositar nuestro voto, seguros de que basta con depositar la papeleta u oprimir una tecla para que nuestra voluntad defina el curso de nuestra vida, de nuestra historia política.

Debemos tener conciencia de que no basta con ese sencillo y maravilloso gesto de votar, ritual de las democracias que algún día tuviéramos. No. Además de votar el 3D tenemos que permanecer en nuestros centros de votación, en nuestros hogares, en nuestros sitios de reunión, en nuestros barrios, en nuestros vecindarios atentos al curso de los acontecimientos, vigilantes y garantes de que nuestro voto no será traicionado, vendido, robado, menospreciado, usurpado.

Pues si Chávez ganara en buena lid: bienvenido fuera. Aunque tendría que aceptar un hecho trascendental sobre el que no trepida en excretar: ningún presidente electo democráticamente puede malversar ese triunfo para destruir la democracia, como él lo hiciero durante estos ocho años. Ningún presidente electo democráticamente puede hacer tabula rasa del cincuenta por ciento contrario aplastándolo en las mazmorras del totalitarismo, como intenta hacerlo. Ningún presidente electo democráticamente puede imponer una autocracia antidemocrática. Como lo quisiera secuestrando el 3D.

No es ese sin embargo el quid del asunto. Mucho más importante es que el candidato opositor se convierta en el general de las tropas de sus electores y las conduzca a la victoria. Dando su vida por luchar contra el fraude, el robo, el estupro electoral. Vigilando día y noche, minuto a minuto los pasos de las autoridades electorales, exigiendo las condiciones que la constitución le garantiza, denunciando urbi et orbe cualquier abuso, trampa o degüello que se le infrinja.

Más importante aún: en el supuesto negado de una estrecha derrota electoral, si comprobadamente limpia y democrática, ese candidato ha dejado de serlo para convertirse en el líder de la democracia venezolana. No debe permitir un segundo más allá de ese 3D el lamentable estado de cosas que sufrimos los demócratas venezolanos. Debe exigir la inmediata liberación de todos los presos políticos, la separación de los poderes, la libertad de expresión, la libertad de enseñanza, el reintegro a sus puestos de trabajo de todos quienes han sido echados a la calle por sus convicciones políticas, el respeto a la propiedad privada, seguridad ciudadana, política de pleno empleo, viviendas, salud y trabajo para todos. Pero deseamos de todo corazón que triunfe y reconstruya la patria, la única y verdadera tarea que la historia nos plantea.

El 3D es una fecha imborrable en nuestro calendario. Después del 3D nada debiera ser como antes. Esperemos que Manuel Rosales selle con todo nuestro pueblo ese compromiso de honor. Venezuela no se negocia. Es el imperativo de la historia.


Por fin una primera dama

La aparición de la esposa del gobernador Manuel Rosales en la contienda electoral ha introducido una andanada de frescura, belleza, espontaneidad y emoción en una lucha política dura y fragorosa que amenazaba con encasillarnos en los viejos esquemas candidaturales.

Entre los puntos negros de esta época de tinieblas quedará como una mácula la desaparición de la familia presidencial en el imaginario nacional. Diera la impresión que el ego presidencial alcanza tales cotas de inflación, que no deja espacio para nadie que pueda hacerle una gota de sombra. Así sea una esposa.

Todos sabemos qué ha sucedido con las suyas, así se trate de asuntos íntimos que no tienen por qué ser ventilados en público. Pero el país no puede olvidar el papel descollante que han tenido las primeras damas en la historia de la república. Incluso cuando escapaban a las leyes del buen uso y nos remitían al universo venturoso de encuentros de otra naturaleza. Manuelita Saenz fue el máximo ejemplo de entereza, perspicacia, entrega y grandeza. Hasta el extremo de salvarle la vida al Libertador. Antes de la democracia hubo brillantes mujeres en la cercanía del trono presidencial. También las hubo en tiempos de la modernidad, que dejaron una huella imborrable en la conciencia histórica nacional. Entre ellas Menca de Leoni, Alicia Pietri de Caldera y Blanquita Rodríguez de Pérez, para sólo mencionar a algunas. Que todas ellas estuvieron a la altura de sus responsabilidades.

Con excepción de estos ocho años huérfanos de primera dama. No tiene Hugo Chávez una figura femenina que le acompañe en esta campaña. Como sí lo tiene Manuel Rosales en la hermosa, inteligente y carismática figura de Evelyn de Rosales, su esposa.

Pueda que a la final, ella ponga el plus que hace falta para que Rosales llegue a lo hondo del corazón de nuestro pueblo y permita el renacimiento de la ilusión y la esperanza de un país abatido por la desgracia. Que falta que le hace.

Bienvenida Evelyn. Dios permita que se convierta en nuestra Primera Dama.[/code]
 
Una historia común,
pero con los demócratas
por Antonio Sánchez García
martes, 3 octubre 2006


A Nicolás Maduro, canciller



"Tenemos una historia común, en los últimos 30 años, miles de chilenos estuvieron con el pueblo venezolano trabajando y estudiando en la década del 70 y el 80".





Esas palabras no las dijo Rafael Caldera, que fuera quien abriera las puertas de la embajada de Venezuela en Santiago nada más desatarse el feroz golpe de Estado de las fuerzas armadas chilenas contra su gobierno legalmente constituido aquel aciago 11 de septiembre de 1973. Tampoco las dijo Carlos Andrés Pérez, quien continuara la obra solidaria de su antecesor permitiendo la entrada de decenas de miles de chilenos, a quienes no sólo se les asiló: se les dio trabajo, afecto, protección. Fue su gobernador en Caracas, Diego Arria, quien adelantara todas las gestiones que permitieron la liberación de algunos presos políticos que se encontraban en la isla de Dawson, en el extremo sur de la Patagonia. De entre ellos, su amigo Orlando Letelier, al que acompañara en su vida y en su muerte.



Pudieron haberlas dicho Luis Herrera Campins y Jaime Lusinchi, que sin desmerecer la obra de los anteriores continuaron cuidando de sus refugiados chilenos con la misma fraternidad. Ambos conocían Chile y mantenían los más profundos lazos de camaradería con sus partidos hermanos. Lusinchi había pasado años de exilio bajo la protección de democratacristianos, radicales y socialistas chilenos. Como Rómulo, por cierto, amigo entrañable de Salvador Allende y de Eduardo Frei desde finales de los años treinta, cuando el joven Betancourt viviera en Santiago como en su propio país.



Pudo haberlo dicho incluso Ramón J. Velásquez, aunque su gobierno tuvo la fortuna de compartir democracia y solidaridad con un pueblo que, gracias a su tenacidad y sentido de la responsabilidad histórica, había terminado por sacudirse la pesadilla pinochetista bajo las banderas de la concertación y el entendimiento entre democristianos y socialistas, de la que quedaron fuera las fuerzas del extremismo político chileno: el Partido Comunista, el MIR.



Quien no tiene derecho a ponerlas en su boca es el canciller Nicolás Maduro, que sin embargo fue quien, en un lapsus, las emitiera. Pues para él y su jefe, el teniente coronel Hugo Chávez, esos gobiernos y esos gobernantes son la vergüenza del puntofijismo. Las dijo quien representa a quienes no movieron un dedo por esas decenas de miles de chilenos que escapaban de una dictadura. Porque ya conspiraban en la sombra para estrangular la democracia venezolana que acogía a esos desterrados y preparaban las condiciones para asaltar el Poder y establecer entre nosotros la misma dictadura, acaso peor, que la del pinochetismo.



Las fuerzas de la concertación chilena que hoy gobiernan esa ejemplar democracia no encuentran interlocutores naturales entre emeverristas, comunistas, pepetistas, tupamaros y otros grupos que siguen al caudillo. La encuentran entre social cristianos y socialdemócratas. Entre masistas como Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez que fueron desde siempre y para siempre solidarios con el pueblo chileno. La tienen entre artistas plásticos como Zapata y cantantes, como Soledad Bravo, que llevó su denuncia en contra de la dictadura de Pinochet por todos los escenarios del mundo. Al extremo que en muchos de esos países la tomaban por chilena.



Si el canciller asumiera sus palabras y significaran algo más que una mera declamación oportunista, ya le habría corregido a su jefe, que culpa a la CIA de un crimen cometido por Pinochet y su secuaz, Manuel Contreras. Reconocería con hidalguía que a Orlando Letelier no podía asesinarlo quien enviara a su hombre de confianza a rescatarlo de las garras del militarismo chileno: Carlos Andrés Pérez. Y tendría que caer en la insoportable evidencia de que la cuarta república fue el hogar solidario en que encontraron refugio los perseguidos de América. Entonces, una democracia ejemplar que los demócratas venezolanos no olvidamos ni traicionaremos.



¿Podría hacerlo? Tengo muy serias dudas al respecto.

 
 
EL LINGÜISTA, EL COMANDANTE Y SU CORONEL

CARTA ABIERTA A NOAM CHOMSKY


Estimado Noam:


Guardando las debidas distancias, ha tenido usted con el teniente coronel Hugo Chávez más suerte que Platón, siempre ansioso por convencer al tirano de Siracusa, Dionisio el Joven, de la necesidad de convertirse en pensador y fundar una república de filósofos.

Usted ha suscitado su atención. Pero ha corrido con menos suerte que el filósofo ateniense: ha encontrado la muerte, así sea simbólicamente. Su admirado teniente coronel lo declaró urbi et orbe fallecido, en plena sala plenaria de la ONU. Piensa que alguien de tanta nombradía, icono de la contestación anti norteamericana y para mayor INRI norteamericano él mismo, no puede estar vivo. Y lo da por muerto.

Es el riesgo que pueden llegar a correr las almas aparentemente ingenuas que adquieren el mal hábito de moverse en las cercanías de déspotas, autócratas y dictadores, debilidad no ajena a quienes, condenados al complejo de ser meros hombres de ideas cono usted, se babean ante un hombre de acción. Muchísimo más si está uniformado de verde oliva. También Sartre y Simone de Beauvoir – no faltaba más - tuvieron su Hugo Chávez Frías.

Hoy agoniza y sigue aferrado al Poder, pretendiendo gobernar desde su tumba. Lectores ocasionales de anuarios, solapas y reseñas baratas no saben de los intelectuales como usted otra cosa que no sea lo que les conviene para sus fines inmediatamente políticos: hacerse con el Poder y aferrarse a él de por vida, como está sucediendo con Fidel el viejo.

Mientras los intelectuales de toda calaña permanezcan inofensivos y sólo canten loas al tirano o guarden silencio, les son útiles: permiten un barniz enciclopédico y proveen máscaras ideológicas para sus brutales y desnudos afanes totalitarios.

Y si de izquierdistas se trata, como usted, tanto mejor. No se diga si de su pensamiento se deriva necesariamente el repudio a las democracias y la exaltación de las tiranías, sin otro fundamento que el irracional odio que usted le profesa a la ejemplar democracia de su propio país. Cosa que no sucedía, seamos objetivos, ni con Sartre ni con Simone de Beauvoir, seducidos por tiranos por razones sentimentales de otra índole. Aún así, poco importa.

En el fondo, como lo establecieran Göring y Goebbels de manera arquetípica, déspotas como el teniente coronel Hugo Chávez los desprecian. Y no desperdician la ocasión – que esperan no sin cierta ansiedad - para arrodillarlos y someterlos al escarnio de esas humillantes autocríticas públicas tipo Heberto Padilla. O simplemente asesinarlos o desterrarlos, como hicieran Hitler y Stalin, sus ancestros.

Es lo que a usted ya le hubiera sucedido de ser ciudadano cubano, o iraní, por poner un par de ejemplos. Como le sucediera y sucede a tantos intelectuales perseguidos por el totalitarismo con los cuales no muestra usted la menor solidaridad. Ya escogió de qué lado sentarse: del lado risueño del despotismo.

Como tiene la inmensa, la inconmensurable fortuna de ser ciudadano de una nación ejemplarmente democrática, sólo encuentra esta muerte simbólica en manos de un mercenario caribeño que pretende exaltarlo dándolo por muerto. Extraño lapsus que debiera darle que pensar.

Puedo apostar mis escasos bienes a que el teniente coronel golpista Hugo Rafael Chávez Frías – del que usted no conoce otra cosa que su odio visceral por los Estados Unidos, que comparte - jamás ha leído una página suya. Pero histriónico y desvergonzado, como todos los déspotas caribeños, y consciente de que comparten las mismas fobias, habrá mandado a su embajador ante las Naciones Unidas, otro coronel golpista y compañero de andanzas de su misma estofa, a adquirir la más voluminosa de sus obras.

Ojala de portada atrayente y desafiante, útil a sus propósitos de ofender al pueblo norteamericano en su propia casa, protegido por sus tradicionales buenas maneras y el pasaporte de un intelectual de postín como usted. Una estudiada jugada mediática de alto vuelo, seguramente convenida con Fidel Castro, su maestro y amigo.

Suficiente antecedente para que usted, un extraño hijo de ese pueblo admirable al que sin embargo desprecia como si fuera uno de sus bastardos, se sienta con ellos en la misma mesa en la mejor de las compañías. ¿Se imagina a un presidente democrático infiriéndole a Castro desde el Salón de Convenciones de La Habana el mismo trato que Chávez a Bush desde la ONU escudándose en un intelectual de la disidencia? Un caso absolutamente imposible pero digno de ser imaginado, aunque a usted, tan preocupado por el metalenguaje, no parece despertarle el menor interés.

En su caso, puede ahorrarse el temor al desprecio por parte del homme d’action. Siendo usted un norteamericano anti norteamericano, le viene como anillo al dedo. Cuanto más, podría verse usted sometido al menosprecio de quien se crió en polvorientos cuarteles de la provincia venezolana y no tiene otras ideas que las que pueden incubarse en esos viveros de tiranos que hasta no hace mucho tiempo fueran las fuerzas armadas de un país del tercer mundo.

Del cual Venezuela, luego de esta pasantía por los infiernos que amenaza con eternizarse, ha llegado a convertirse en epitome. Cosa que usted, encumbrado a problemas de naturaleza lingüística, no tiene por qué saber. Por ejemplo: desde un helicóptero, tropas de elite del ejército venezolano acaban de ametrallar un reducto minero situado en las selvas del estado Bolívar, con saldo de diez muertos.

No es un caso aislado ni es un hecho inédito: las relaciones entre las fuerzas de orden y seguridad – un descarado eufemismo en un país sometido al más caótico desorden y a la más espantosa inseguridad, ambos propiciados consciente y sistemáticamente por su admirado teniente coronel – han estado marcadas desde siempre por el abuso, el desprecio, el atropello y el terror.

En nuestros países, y en Venezuela muy en particular, el odio a la civilidad constituye parte del genoma uniformado. Con razón algunos historiadores siguen refiriéndose a nuestros países como “repúblicas en armas”. Pues para nuestra infinita desgracia no fuimos paridos sino con la violencia de las armas: descubiertos y fundados con el arcabuz y la espada por quienes venían de una cruzada de siglos contra el invasor sarraceno – la historia vuelve a repetirse – e independizados por caudillos militares de a caballo. ¿Casual un teniente coronel zafio y brutal como Hugo Chávez en la presidencia de una república independizada al costo de la sangría de un tercio de su población?

¿Por qué habría de saber usted que desde el ascenso del teniente coronel Hugo Chávez al Poder la cantidad de homicidios, especialmente entre jóvenes de las clases más depauperadas, supera en Venezuela los cien mil asesinados? Muchísimos más fallecimientos brutales que las muertes provocadas por los conflictos bélicos de Irak y Afganistán. Sin que aquí se haya disparado una sola bomba.

Un cuarto de esa cifra se calcula es responsabilidad de los cuerpos policiales. ¿No le pesan las muertes de aquellos que no pueden darle réditos literarios? Y a Chávez, responsable directo de este siniestro estado de cosas y quien tiene las manos manchadas de sangre pues ha participado directamente en acciones de combate contra nuestro pueblo inerme en un sangriento golpe de estado, no le tiembla la voz a la hora de condenar “al imperialismo yankee”.

¿No le avergüenza verse asociado con sujetos de esta calaña? ¿No le inquieta servir de peón en una estrategia que ataca el corazón de la civilidad que a usted le diera vida, le educara y le permitiera enseñar en sus universidades, publicar en sus editoriales, escribir en sus periódicos, sin recibir una sola reprimenda?

El amor a la humanidad que usted parece profesar, buen intelectual de izquierdas al fin y al cabo, le permiten barrer bajo la alfombra de su conciencia la crasa ignorancia que posee sobre el país cuyo autócrata enaltece. ¿Sabía usted, por ejemplo, que a pesar de los más fastuosos ingresos jamás recibidos por gobierno venezolano alguno la pobreza se ha incrementado?

Los hospitales se encuentran en estado tan calamitoso, que los humildes ciudadanos que se ven en la obligación de recurrir a ellos deben llegar con los correspondientes guantes de goma, algodón, gasa, jeringas y otros implementos de primeros auxilios. Pues sus instalaciones, insalubres y terriblemente deterioradas, se encuentran en el más completo abandono.

Lo mismo sucede con las escuelas públicas, convertidas en antros. En lugar de utilizar esos fastuosos ingresos en ponerlos en el estado en que algún día estuvieran y dotar a nuestros excelentes médicos y maestros de los debidos insumos, se trae a miles y miles de médicos, paramédicos, maestros y promotores deportivos cubanos – agentes encubiertos de una gigantesca operación de ocupación colonial – para adoctrinar, por ahora, y someter posiblemente por las fuerza de las armas, mañana, a nuestra población.

Venezuela se encuentra literalmente ocupada por decenas y decenas de miles de soldados y oficiales cubanos. Algunos, de uniforme, copan altos mandos en el interior de nuestras fuerzas armadas y controlan su funcionamiento. Los más, de civil, ocupan lugares estratégicos entre la población eventualmente susceptible a un levantamiento popular. No contento con ello, Venezuela sostiene al régimen castrista con suculentos envíos petroleros y la hace partícipe de los negocios de su comercialización internacional.

En ningún país del mundo mantienen los Estados Unidos, proporcionalmente a su población e importancia estratégica, una cantidad tal de hombres de guerra como la Cuba castrista en la Venezuela chavista. Dicha penetración alcanza tales niveles, que las oficinas públicas de identificación de nacionales y extranjeros son gerenciadas, administradas y servidas por funcionarios cubanos. Quienes disponen de la identificación política y las preferencias electorales de todos los ciudadanos, gracias a listas elaboradas por funcionarios del régimen. Obtener, por lo tanto, un simple título de identidad o un pasaporte siendo un venezolano opositor es no sólo una faena épica.

Puede costarle una fortuna. Pues además, la corrupción campea como en ningún país del mundo. Es, junto al petróleo, el gran aporte de la revolución bolivariana a la revolución castrista. ¿Elecciones libres bajo tales condiciones? Hay suficientes razones como para dudarlo muy seriamente. Así a usted, habituado congénitamente a elegir nuevos mandatarios cada cuatro años, las elecciones en un pobre país desalmado como Venezuela le importen un bledo.

Debo señalarle sinceramente que no comparto sus apreciaciones sobre la política norteamericana. Siento por los Estados Unidos el mismo agradecimiento que imagino sientes quienes fueron ayudados a librarse del horror hitleriano durante la segunda guerra y del totalitarismo soviético durante los años 90.

Comparto la preocupación de los sectores más conscientes de la inteligencia europea y norteamericana por los riesgos que implican el integrismo religioso y el terrorismo islámico para la supervivencia de la democracia liberal de Occidente. Y siento que actitudes como las suyas a favor de sátrapas, déspotas y autócratas como Fidel Castro y Hugo Chávez constituyen una vergüenza para la intelectualidad norteamericana.

Aún así: la tolerancia del establecimiento cultural y político norteamericano hacia posiciones de dudosa integridad como la suya constituye un valor inapreciable.
 
EL OSCURO CORAZÓN DE LAS ENCUESTAS

Sorprende la carencia de preocupación de la élite política e intelectual del país por la ética empresarial y la moral del mercado por los fines, objetivos y propósitos de las empresas encuestadoras nacionales. Una insólita perversión de la política, rebajada a espectáculo digno de estudios de rating y medición de share como si de telenovelas y programas de entretenimientos sabatinos se tratara, ha puesto en manos de los propietarios de dichas empresas privadas un poderoso instrumento de manipulación y enriquecimiento.

En un régimen predominantemente capitalista como el dominante, tal propósito de enriquecimiento no debiera verse cuestionado de manera oficial. Pero las empresas encuestadoras no venden zapatos ni fabrican colchones, objetos cuya bondad no depende de la conciencia del fabricante: venden imaginarias preferencias y fabrican matrices de opinión.

Un terreno, cuando menos, subsumible a la preocupación de la moral ciudadana. Pues podría verse el caso altamente probable que una nación viera manipulada y torcida su voluntad ciudadana gracias a esos instrumentos demoscópicos convertidos en espejos de perversión y distorsión consciente de la voluntad ciudadana. ¿No es imaginable un régimen totalitario legitimado por una voluntad medida demoscópicamente?

Pruebas al canto. Ninguna de las empresas encuestadoras nacionales predijo con una mínima proximidad de puntos porcentuales – y el destino de un país puede depender en determinadas circunstancias de décimas de puntos, como lo acaban de demostrar las elecciones mejicanas – la voluntad abstencionista de los votantes durante el último proceso electoral del 4 de diciembre pasado.

Invito a los foristas a dar con las cifras de abstencionismo que los Sres. Luis Vicente León, Gil Yepes y Seijas le adelantaran a la opinión pública nacional con ocasión de las elecciones parlamentarias, encontrando entonces amplio respaldo mediático, y las confronten con los resultados oficiales dados tanto por el propio CNE como por SÚMATE.

Las diferencias que encontrarán no son de décimas de punto, ni siquiera de 2 o 3 puntos porcentuales, según la norma de fiabilidad con que dichos señores suelen respaldar sus estudios de medición y darle patente de infalible y científica objetividad. Fueron de decenas y decenas de puntos.

¿Con qué autoridad moral pueden vendernos hoy sus estudios de opinión los mencionados señores? ¿Qué correctivos asumieron luego de sus insólitas y vergonzosas predicciones completa y absolutamente ajenas a la realidad? ¿Qué disculpas adelantaron ante la ciudadanía venezolana? ¿¿Con qué derecho nos adelantan hoy sus irresponsables vaticinios?

Nada más adelantar los Sres. Gil Yepes y Luis Vicente León sus últimos resultados, periodistas al servicio del régimen las destacaban en sus titulares de primera página. Para llegar luego vía agencias internacionales a la opinión pública internacional y convertirse en sesudos informes de gobiernos extranjeros.

Un servicio de alta estima, digno de ser debidamente recompensado, que podría facilitar el día de mañana un fraude descomunal contra la voluntad electora de toda una nación. Tal como sucediera el 15 de agosto, cuando estos mismos encuestadores pavimentaran el camino de uno de los crímenes políticos más graves cometidos contra la voluntad ciudadana.

No debemos volver a permitirlo.
 
Opinión
Antonio Sánchez García



A UNIRNOS POR LA LIBERTAD

1
No porque los llamados a la unidad encuentren oídos sordos y asistamos atribulados a la divergencia de caminos que se confabulan en su contra, deja de tener razón quien clama por ver a la oposición venezolana unida como un solo hombre, ya sea absteniéndose unánimemente, como el 4 de diciembre pasado, ya sea participando tras una candidatura única y unitaria, como esperamos suceda el 3 de diciembre próximo.

El 4 de diciembre, cuando el pueblo opositor coincidió en rechazar los cantos de sirena del régimen para participar en un proceso electoral que se sabía engañoso y fraudulento, todos los partidos se inclinaron ante esa voluntad y decidieron marginarse del evento. Fue una sabia decisión colectiva en consideración a la coyuntura, al escenario y al sentimiento popular.

Miente quien niega el devastador efecto que ese impacto abstencionista tuvo sobre las esperanzas del caudillo. Imposible olvidar que un año antes, el 12 y 13 de noviembre de 2004, el autócrata había conminado en Fuerte Tiuna a sus más cercanos seguidores a combatir la abstención como al mayor de los males. ¿Qué revolución es esa que se ejecuta al margen de la voluntad popular? Hizo cuanto estuvo a su alcance por promover la participación: se encontró con una puerta en las narices. La mayor derrota política en su historia.

Hoy, un año después y a tres escasos meses de celebrarse las elecciones presidenciales de diciembre próximo, la situación parece ser la contraria. Y el escenario político otro muy distinto. No se va a elegir un personaje desconocido entre una multitud anónima de candidatos para integrar un parlamento de utilería, sino a expresar la voluntad nacional frente al desastre que sufrimos. Votaremos por quienes representan la continuidad o el cambio, la dictadura o la democracia, el totalitarismo o la libertad.

La sociedad civil se inclina hoy mayoritariamente hacia la participación electoral, porque quiere expresar su rechazo a un régimen humillante, oprobioso, indigno. Ante esa voluntad mayoritaria correspondería la misma obediencia partidista que terminara imponiéndose el 4 de diciembre pasado. Todos los partidos, organizaciones y personalidades que se unieron en el rechazo a la participación electoral debieran hoy suscribir la voluntad electoral de la mayoría opositora y respaldar al candidato que resulte electo como representante de las fuerzas democráticas.

Incluso y a despecho de un hecho incontrovertible: las condiciones electorales son las mismas o incluso peores que las que llevaron al proceso abstencionista en esa histórica jornada. Pero lo que está en cuestión el 3D no son primariamente las condiciones electorales: es la encrucijada entre dictadura y democracia que entonces se expresa. Pues sólo la suma de todas las fuerzas antichavistas puede lograr el objetivo mínimo alcanzable: mostrar la fuerza indoblegable de la oposición democrática y declararle una guerra sin cuartel a los propósitos totalitarios del autócrata.

Y sólo esa unidad, si es capaz de irrumpir en los sectores desencantados por el fiasco chavista, puede obtener el desideratum: una aplastante mayoría imposible de maquillar con un fraude. Y aún así y a pesar de ese fraude: debiéramos construir una fuerza capaz de desenmascarar tales intentos y dar un paso al frente hacia la rebelión popular. Siguiendo el ejemplo de Ucrania, que no debemos olvidar ni un solo instante.

2
Sería un error estratégico persistir en la creencia de que denunciar el gravísimo problema de las condiciones electorales es un pretexto esgrimido por algunos sectores políticos para no medirse electoralmente con el autócrata. Como si quienes han asumido con la mayor radicalidad y consecuencia la oposición al régimen, han sufrido la persecución, el secuestro, el asesinato de sus seres queridos, el destierro y la prisión temieran enfrentarlo en ese o en cualquier otro terreno. Lo cierto es lo contrario: el problema de las condiciones electorales es grave, atenta contra los más elementales derechos constitucionales y debe ser denunciado y combatido sin descanso.

Unir la lucha candidatural con la lucha por condiciones legítimas constituye un ideal. Caer en el absurdo de aceptar tales condiciones como un dato real al que habría que someterse necesaria y casi graciosamente, como lo señalan algunos columnistas en el colmo de la menesterosidad intelectual, es signo de una grave e inaceptable degradación política.

Pero sería también un craso error estratégico no comprender que, a pesar de tales condiciones – hoy tanto o más conculcadas que ayer - una lucha electoral como la que estamos librando puede y debería revitalizar al movimiento opositor, engrosar el caudal de la protesta, permitir el crecimiento del entusiasmo y la esperanza en sectores cada día más amplios que rechazan al régimen y al totalitarismo que pretende instaurar en contra de la tradición democrática de nuestro pueblo.

Ese es el quid del problema: participar aún a plena conciencia de la insuperable alcabala del CNE, de modo a actualizar, reciclar y engrosar el caudal opositor, poniendo en la agenda de cada venezolano el deseo por ponerle fin a este régimen de oprobios y abrir los cauces para la democracia del siglo XXI, único proyecto alternativo al dictatorial y esperpéntico del llamado socialismo del siglo XXI puesto en el tapete por un trasnochado líder revolucionario.

Visto desde esta perspectiva, la coyuntura electoral abierta por las elecciones presidenciales del 3 de diciembre permite un relanzamiento de nuestros ideales, de la discusión acerca del país que nos merecemos: moderno, democrático, próspero, pujante, solidario. Un proyecto alternativo que se opone necesaria e inevitablemente al proyecto retrógrado, conservador y totalitario del caudillismo chavista.

Un proyecto auténticamente modernizador y revolucionario que, precisamente por estar a la orden del día en la era de la globalización, encuentra la más feroz oposición desde el fondo de las tinieblas cuarteleras, militaristas y caudillescas venezolanas, representada por la figura decimonónica del teniente coronel.

La campaña electoral debe ser el escenario en que se debatan ambos proyectos de nación: uno condenado irremediablemente al fracaso, a la ruina, a la desolación. El otro a la espera de encontrar un liderazgo capaz de llevarlo a cabo. Ese es el desafío de diciembre. Debemos asumirlo.

3
De modo que nos parece de histórica necesidad superar la falsa controversia entre abstencionismo y participación. La unidad de los sectores que hoy representan ambas tendencias enriquecería el esfuerzo mancomunado de la oposición, fortalecería la naturaleza democrática de dichas tendencias y ofrecería un poderosos y temible frente de combate contra el totalitarismo.

Obviamente, para favorecer dicha unidad estratégica, debe partirse por superar los malentendidos, las sospechas mutuas, las desconfianzas recíprocas. El temor que abrigan los sectores mal llamados abstencionistas tiene que ver con la desgraciada experiencia del RR, cuando la dirección política de la Coordinadora Democrática dejara en la estacada a una ciudadanía que acababa de dar una de las pruebas más notables de unidad, sacrificio, paciencia y espíritu de lucha.

La sensación de haber vivido una suerte de traición por un sector de la CD fue alimentada por quienes no sólo insistieron en convalidar el triunfo del caudillo sino en negar la existencia de un fraude. Tal hecho y la reacción en su contra que ha alimentado hasta hoy el desencuentro de ambos factores pasó por alto lo más significativo y relevante: que independientemente de tales resultados y la legitimidad de los mismos, una oposición provista de tan potente y movilizada ciudadanía es una oposición que no puede ni debe permitir el acorralamiento totalitario.

Es una oposición con capacidad para imponer la vigencia de la institucionalidad democrática, la soberanía de la constitución y la plena vigencia de las leyes. Ese es el hecho político relevante que una inútil discusión ha encubierto durante estos dos lagos años.

Lejos de comprender la gigantesca fortaleza que la respaldaba, la dirigencia política opositora abandonó el campo de batalla, bajó los brazos, se sumió en la apatía y alimentó la catalepsia política que hemos sufrido desde entonces. Apenas alterada por la abstención del 4 de diciembre. Pero tampoco el abstencionismo supo capitalizar esa histórica jornada y convertirla en la llama que encendiera la pradera. Hoy el hecho electoral es incontrovertible: volverle la espalda, una necedad que puede acarrearnos graves consecuencias. La unidad es una necesidad histórica.

Es la hora de zanjar ese grave menoscabo. De superar la bizantina discusión entre abstencionistas y participacionistas, para situar el problema en su justa dimensión: unirnos para combatir el salvaje totalitarismo reinante y el sistémico por venir. A riesgo de ser incomprendido por aquellos que pretendo expresar desde ese malhadado 15 de Agosto: vencer el 3 de diciembre es primordial. Pero más importante es vencer nuestra apatía y nuestra catalepsia y disponernos a impedir el avance del totalitarismo en todos los terrenos.

Del candidato y quienes conforman su comando de campaña depende transmitirle al pueblo opositor esa voluntad de combate. Sellar el compromiso de asumir la lucha futura por la restauracióin de nuestras libertades. Sin una gota de debilidad, de complicidad ni transigencia. Bastará en cambio un solo signo de debilidad, para que el difícil empeño en que estamos vuelva a rodar cerro abajo. No importa quien resulte finalmente el candidato de la libertad: debe abrir su pecho y representar nuestros anhelos libertarios. Y si necesario fuere, brindar sus mejores esfuerzos en el combate por la democracia. Hasta el 3D y más allá, la lucha por la libertad bajo su liderazgo debe constituir un compromiso irrenunciable. Nuestra vida está a su servicio.

EL BRILLO DE UNA AUSENCIA
Acción Democrática, el partido de la democracia venezolana y al que le debemos gran parte de la obra modernizadora del último medio siglo venezolano, acaba de arribar a sus 65 años de vida. Entra de lleno en su tercera edad. Que en política representa la conquista de la madurez, la sabiduría, la ponderación y el equilibrio. Al precio de ingentes sacrificios. ¿U olvidaremos que AD puso alma, corazón y vidas en construir la patria que, a pesar de los pesares, seguimos siendo?

Dudo seriamente que el partido único que el caudillo pretende fundar en el 2007 – no importa donde se encuentre para entonces – llegue a tal edad. Representará ya al nacer fuerzas obsoletas, polvorientas, añejas y ultrapasadas, propias del siglo diecinueve. Ante de nacer ya es un feto muerto. ¿Qué habría de representar ese partido único de los seguidores del teniente coronel que no sean las monstruosas, las delirantes, las megalomaníacas ansias de Poder de su fundador? Desaparecido éste, desaparecería como por encanto tal monstruo contra natura. Pues tras de Chávez no hay más que esa espantosa enfermedad congénita del subdesarrollo llamado populismo estatólatra y caudillista. Una especie en extinción. Del socialismo totalitario que lo nutre, ni hablar. Es un fósil de antiguallas devaluadas.

Pasa hoy Acción Democrática por una de sus más graves crisis. Que las ha conocido y ha sabido superarlas en el pasado, testimonia su rica y envidiable historia. Volverá una vez más a superar la que hoy enfrenta. En 2008 se cumplirá el centenario del natalicio de su fundador, Rómulo Betancourt. Y sería de esperar que su partido convierta ese año en un año lustral. Debiera convocar a su celebración en gloria y majestad. Ojala dedicándole el renacimiento de nuestra recién recuperada democracia. O poniéndose a la cabeza de la lucha por la resistencia contra el totalitarismo, como lo hiciera Rómulo durante la lucha contra la tiranía de Pérez Jiménez.

Brilló la ausencia del candidato Manuel Rosales en esa celebración. Un desliz innecesario. Rosales fue un adeco y si logra el liderazgo opositor por el que hoy combate con vigor y entusiasmo envidiables lo será porque habrá sabido sacarle lustre a la mejor tradición acciondemocratista que lo singulariza: esa capacidad de comunicarse en un lenguaje llano, sencillo y emotivo con los pobres de nuestra patria. Protagonistas de primera línea en nuestras justas libertarias.

Hubiera sido un acto de grandeza verlo departir con quienes lo adversan, aún perteneciendo a su misma familia. Dios ayude a superar esas diferencias. En bien de nuestra democracia.
 
La oposición en la encrucijada
por Antonio Sánchez García
jueves, 31 agosto 2006


“…sea usted muy circunspecto en las órdenes, proclamas y decretos que se hayan de publicar, y mucho más en las que hayan de imprimirse, así apruebo mucho que no se imprima la que ha dado usted últimamente en Santafé. En semejante caso un bando de una autoridad subalterna produce el mismo efecto y no se compromete la autoridad suprema. Un papel acalorado suele descubrir el estado de un gobierno o de los gobernantes.”

Simón Bolívar a Francisco de Paula Santander, 1º de noviembre de 1819.

Ya los historiadores de estas menudencias bolivarianas tendrán el tiempo suficiente como para explicarnos si el “acalorado papel” de las expropiaciones de Barreto desenmascaran la verdadera situación por que atraviesa el gobierno – un caos, una guerra de todos contra todos, un sálvese quien pueda - o si, en su defecto, Barreto debe ser considerado un funcionario subalterno que recibe desde Pekín el encargo de poner la plasta sin salpicar el buen nombre de los funcionarios alternos, como Diosdado Cabello y José Vicente Rangel. O incluso el del mismísimo presidente de la república, que si a ver vamos, todos los infrascritos cojean del mismo cáncer: son revolucionarios y se entienden.

Sea como fuere, un alterno acaba de poner en su lugar al subalterno porque, sin querer queriendo provocar el devastador efecto que suscitara en sus propias filas, el decreto edilicio excretado por Johnny Barreto ha venido a poner de manifiesto el comprometido papel en que se encuentra el gobierno del ausente teniente coronel Hugo Chávez. Precisamente cuando más frágil es el piso político de su gobierno, en plena campaña electoral. Y en su momento de máxima debilidad, que es cuando se halla ausente. Y es lógico que esa ausencia le pegue y duro: nadie se pasa uno de cada tres días viajando o hablando por cadena nacional sin comprometer no sólo su buen nombre, sino el futuro del régimen que preside y el del país que desgobierna. Que es la razón del por qué salta esta liebre expropiatoria y se le comienza a echar leña a la candela.

Quien haya tenido el ocio suficiente como para dedicarse a seguirle la pista a los procesos electorales desde que Chávez asaltara el Poder, tendrá que reconocer un hecho palmario: sus éxitos estuvieron precedidos de mensajes pacificadores, de acercamientos gentiles y convincentes hacia las clases medias, de bajarle la presión a las amenazas y vestir la piel del cordero: por lo menos en las cercanías a los hechos electorales mismos.

¿Qué ha cambiado, entre tanto, como para que Barreto modifique la señal y desate las iras y las furias más temidas por esos sectores? ¿Qué es lo novedoso como para que el terror reemplace a la seducción, el amedrentamiento a la simpatía y la ofensa, la diatriba y el insulto al buen entendimiento?

Más complejo aún: ¿qué está pasando en las filas de la nomenclatura como para que Juan Barreto rompa lanzas contra Diosdado Cabello y José Vicente Rangel se vea obligado a terciar en nombre de una política que parece cogida con pinzas? Huele por los predios de Miraflores, y no precisamente a rosas.

2
Cuando todos tienen la razón pero están en desacuerdo es que algo muy profundo está fallando. Chávez, cómodo en su bonapartismo, tendrá que terciar. Lo hará a favor de Barreto en cuanto a la esencia. Lo hará a favor de Diosdado y José Vicente en cuanto a la forma. De lo que se trata es de la circunstancia. Barreto cree que llegó la hora de apretar a fondo, arrinconar a la oposición, desbancar a Rosales y aplastar por la calle del medio cualquier atisbo de disidencia. Cree expresar el más íntimo sentimiento del castro-chavismo. Las revoluciones no usan guantes blancos. Y él, montonero de barrio abajo, no es de los que se limpian las botas para no manchar la alfombra.


Es perro fiel a la posición del chavismo con Chávez: patear el tablero de una vez y sin ninguna conmiseración. Aplastamiento sangriento de la oposición, cárcel y destierro para los renuentes, expropiación absoluta y control total de la sociedad en manos del Estado. Pero deseos no preñan: el horno no está para esos bollos. Diosdado, por su lado, considera que aún no ha sonado la hora de decretar el totalitario imperio revolucionario. No están dadas las condiciones. Cabe incluso la duda acerca de sus propias dudas existenciales: ¿es Diosdado Cabello bolchevique o menchevique? ¿Coincide su proyecto político personal con el revolucionario proyecto de Chávez? ¿O tiene el suyo propio como para osar desbancar al caudillo y esperarlo en la bajadita?

Bolívar, siempre afectuoso con un Santander mezquino, roñoso y miserable le recomendaba prudencia. Que la imprudencia muchas veces desenmascara el estado calamitoso de los gobiernos que recurrían a “papeles acalorados”. Aunque a la larga la razón histórica – no siempre la razón de los mejores – estuvo de lado de Santander, no de Bolívar.

El escenario no es el mejor para el chavismo con Chávez. Tampoco para el chavismo sin Chávez. Obligado a medirse electoralmente, los vientos parecen serle aparentemente favorables: la gente comienza a tomarle el gusto a presentarse a las urnas. Lo cual se compadece con su proyecto de legitimación por la vía comicial. La gente parece dispuesta a votar incluso consciente de que las condiciones son turbias y pantanosas – por decir lo menos. Lo que para el chavismo con Chávez es miel sobre hojuelas. Pero la gente, por esa vía, comienza a alimentar una gigantesca aspiración a salir de Chávez electoralmente. Contaminando incluso a los sectores aledaños al chavismo que también sienten ganas de terminar con la pesadilla este mismo 3 de diciembre. Arrastrando en su anhelo a amplios sectores de la clientela electoral chavista, que luego de ocho años de promesas incumplidas aún no terminan por verle el queso a la tostada. Asediados ahora por los cantos de sirena de Rosales y el Conde del Guácharo, que hablan su lenguaje. Lo que comienza a aterrar a los cogollos chavistas de toda condición. Imaginamos a sus sectores más concientes temiendo ser barridos en diciembre. Bueno el cilantro electoral, pero tampoco tanto como para arriesgar la botija.

Es en ese contexto de advertencia y preocupación ante la ofensiva política que parece encontrarse por ahora en manos de los candidatos opositores – Rosales y Rausseo – y el efecto disolvente que están teniendo sobre las bases sociales del chavismo, que salta la liebre de Barreto y el escándalo que suscita en el seno del MVR y las altas instancias de gobierno.

Lo grave, lo gravísimo de la situación es que se está poniendo buena. El trámite electoral comienza a coger carne y color. Aunque en el seno de la oposición tampoco la situación luce todo lo claro y diáfano que se quisiera.


3
La oposición tendrá que resolver una grave contradicción y al más corto plazo posible si quiere llegar al 3-D en elementales condiciones de triunfo: acompañar al sentimiento popular aprestándose a participar del proceso electoral, pero hacerlo sin hipotecarse a un CNE tramposo y sometido a condiciones electorales no sólo desventajosas sino muy posiblemente amañadas y fraudulentas.

Suena a cuadratura del círculo: ir a votar sabiendo que el voto en Venezuela no elige. Insistir en reiterar las tristemente célebres jornadas del 15 de agosto de 2004. Aunque esta vez confiando en que se hará lo que entonces no se hizo: denunciar el fraude urbi et orbe, exigir un conteo manual y voto a voto de los resultados electorales, paralizar el país de ser necesario. A riesgo de desatar una guerra civil. Como en Ucrania. Incluso como en el México de López Obrador.

No es lo que promete el candidato Rosales, que muy posiblemente termine alzándose con el derecho a representar la ofensiva opositora. Es, en cambio, lo que promete el candidato Rausseo: pasar por caja y exigir se le pague lo que ganare en buena lid. ¿Aguaje?

La clave secreta del 3-D – unidad a todo evento - sigue en manos del abstencionismo y los sectores políticos que lo han representado. En el liderazgo de AD, de Alianza Popular, del Movimiento 4 de Diciembre, de Alianza Bravo Pueblo, del Frente Nacional de la Resistencia, de Verdad Venezuela y de todos aquellos grupos y personalidades que reclaman condiciones de transparencia y legitimidad electoral hoy más que dudosos.

Rosales o Rausseo, cualquiera que resulte el candidato único y unitario, necesita de ese acopio electoral que sin duda hará la diferencia. Una oposición unida podría representar un enemigo invencible, sobre todo si animada en alma, corazón y vida por un nuevo sueño de país. Pero para lograr esa unidad con el abstencionismo en buena lid debe el eventual candidato sellar con esos sectores un compromiso de irrestricta defensa a los derechos electorales hoy conculcados. Debe comprometerse a participar, vencer y cobrar. Dirigiendo las luchas por la defensa del triunfo con sangre si es preciso.

Pues una cosa es decir ahora, como lo hacen los voceros de Rosales, que hay que aceptar las condiciones impuestas por el CNE, pues aún bajo dichas condiciones el triunfo es posible y está al alcance de la mano. Y otra cosa muy distinta es salir la noche del 3 de diciembre a reconocer el triunfo de Hugo Chávez dándole un espaldarazo a una victoria posiblemente lograda por los caminos verdes del fraude.

Un Rosales que hubiera renunciado a la gobernación tendría una carta de legitimidad en su mano. Haberse convertido en candidato con el espaldarazo del CNE, que le garantiza una salida por la puerta trasera con una derrota negociada, poniéndolo de regreso en la gobernación del Zulia, ha dejado un mal sabor en el ambiente.

La oposición dura tendrá que saber tasar el precio de su respaldo. Los candidatos tendrán que asumir un juramento de sangre. Cortés quemó las naves. Bolívar declaró la guerra a muerte. ¿Qué pruebas nos darán Rosales o Rausseo para convencernos de que dar la vida por su elección no será una inútil causa perdida? ¿En qué sueños nos empatamos? ¿Cuál será nuestro juramento de sangre?

Clío, la diosa de la historia tiene la palabra.

TODOS CONTRA BARRETO

Los hechos, si cabe descifrar la maraña en que se encuentra el chavismo en esta su más difícil coyuntura electoral desde el 15 de agosto, parecen ser los siguientes. Hondamente preocupado por un bajón considerable en las encuestas que habrían registrados sus peores números en los últimos catorce meses, Chávez habría ordenado polarizar para volver a calentar su tibia clientela electoral, infestada de abstencionismo a niveles altamente peligrosos. Un Barreto celoso por el trato desconsiderado recibido del caudillo, que lo marginó de los actos proclamatorios, habría decidido picar’alante y ganar puntos en el favor del caudillo atacando al corazón del enemigo. Creyendo matar dos pájaros de un tiro: radicalizar, por un lado, y hacerse imprescindible, por el otro.

Pero al parecer el tiro le salió por la culata. De una plumada y según muy confiables encuestas relámpagos, Chávez habría perdido tres puntos entre sus propios seguidores. Puntos de oro que habrían corrido a cobijarse bajo el alero de Manuel Rosales. Miles de octavillas impresas con la debida celeridad por el comando de campaña del gobernador zuliano afianzaron la tendencia.

El remezón consiguiente ha sido tan considerable, que Barreto ha logrado tres milagros: unir en su contra los criterios de José Vicente Rangel y Diosdado Cabello, otrora enemigos jurados; reconciliar también en su contra a Tarek William Saab y Jesse Chacón, discretos aunque recalcitrantes enemigos; y, last but not least, acordar también en contra suya a García Carneiro con Desirée Santos Amaral, que no es que se admiren mutuamente. El chavismo en pleno ha puesto el grito en el cielo contra el matón de El Valle. La opinión en esos predios alcanza unanimidad nacional: Johnny Barreto ha puesto una soberana plasta.

Ya llegará Hugo Chávez a santificar los entuertos y a darle a cada uno lo que es suyo. Pero no encontrará el mejor de los mundos. Se encontrará con un panorama muy complejo. Si la oposición se une tras un candidato único e impone el criterio de dar la vida por resultados electorales limpios y transparentes podría hacer realidad un sueño anhelado: despertar de la pesadilla. Así sea luego de montar una monumental operación Ucrania. Barreto habrá ayudado a lograrlo. Nadie sabe para quién trabaja.

 

 
Rosales y los estrategas de la derrota

“No hay peor ciego que el que no quiere ver”
Refranero popular


1

15 DE AGOSTO, PARTE 2


Como si la incapacidad para asimilar, metabolizar y enriquecer las propias experiencias a través de los errores del pasado fuera un mal endémico de la sociedad venezolana, henos aquí reciclando para nuestra infinita desgracia una de las vivencias políticas más frustrantes del pasado, la del 15 de agosto de 2004. Y tras de ellas el mal de una sociedad infestada hasta la médula de populismo estatólatra e inmediatismo electorero. Que me perdonen los viejos amigos de la izquierda venezolana: el comando de campaña del gobernador zuliano Manuel Rosales huele a Movimiento al Socialismo en todas sus variopintas versiones – y hay que ver la camaleónica potencialidad del partido fundado por Teodoro Petkoff y Pompeyo Márquez como para que después de darle piso político al teniente coronel golpista en 1998 se desgajara en dos vertientes: una con el régimen, la otra con la oposición o se multiplicara, como los panes testamentarios, en tantas ONG’s aparentemente inofensivas y humanitarias como cabe en el imaginario político. Pero no sólo al MAS de nuestros infortunios: también huele al viejo y ya desvencijado petro-estado populista, a tramoya cuarto-republicana, a politiquería de viejo cuño.

Tal pareciera que estamos en vías de reeditar las tristemente célebres hazañas de la CD. Como si aquí, entre el 11 de abril de 2002 y el 4 de diciembre de 2004, no hubiera pasado absolutamente nada. Provoca escribir un Elogio de la ceguera. Con perdón del inefable, consuetudinario y soporífero José Saramago.

Que quede claro desde un comienzo que no estuvimos en contra de la lucha cívica y democrática por revocar al presidente de la república. Muy por el contrario, respaldamos las luchas por el Referéndum Revocatorio con todas nuestras fuerzas y hasta el último segundo. El que precedió al lamentable derrumbe de la Comisión Política de la CD aquella aciaga madrugada del 16 de agosto de 2004, tras conocerse los fraudulentos resultados que se nos impusieran a sangre y fuego desde el CNE.

Como tampoco estamos en contra de la lucha por enfrentar a Hugo Chávez en el terreno electoral para este 3 de diciembre de 2006, según pauta la constitución. Pero estuvimos entonces y estamos ahora por comprender esas luchas libradas en el terreno electoral como momentos de un enfrentamiento a fondo mucho más amplio y general, sin claudicaciones y hasta el último aliento contra el totalitarismo del caudillo, encubierto tras la mascarada de estratagemas electoreras, en donde el voto es un artilugio manipulado a los fines de la legitimación de un régimen ilegítimo.

Estuvimos y estamos por enfrentar a Chávez y sus afanes totalitarios en todos los terrenos, el electoral incluido, sin olvidar que vencerlo y erradicar las taras que lo hacen posible es una obligación de moral republicana y democrática.

Pero sin dejar jamás de tener presente que no estamos tan solo ante un mal gobierno: estamos ante un proyecto dictatorial y totalitario que es preciso combatir sin descanso y hasta sus últimas consecuencias.

2

O ELECCIONES LIMPIAS O CAOS Y DESINTEGRACIÓN


No nos cansaremos de afirmarlo: las elecciones constituyen un campo de combate de inapreciable importancia, si bien en circunstancias excepcionales como las que vivimos en la Venezuela chavista no agotan la acción política. Pueden coadyuvar al desarrollo de las condiciones sociales y políticas que permitan una gran acumulación de fuerzas democráticas para enfrentar y derrotar al autocratismo reinante. Pero bajo una condición irrecusable: siempre y cuando no sirvan de trámite formal para montar un fraude legitimatorio. Como sucediera, por cierto, con la interminable y agotadora tramoya del RR – desde su atribulada partida con el Firmazo el 19 de agosto del 2003 hasta el pesadillesco 15 de agosto del 2004 - y lo que podría volver a ocurrir con el proceso electoral de diciembre si se cumple bajo los mismos predicamentos que condujeran casi inexorablemente a la tragedia del RR: aceptando imposiciones capciosas, violentas y extra legales, así como reglas comiciales absolutamente inconstitucionales. O rechazando de partida la movilización popular generada por la marea electoral a los fines de imponer, por la fuerza del movimiento democrático y popular, la restauración de nuestra dañada y perturbada tradición democrática.

En otras palabras: cometeremos un error infinitamente más grave que el ya cometido durante el largo proceso fraudulento que culminara el 15-A si desconocemos que nuestro problema es existencial y atañe a la esencia de nuestra vida republicana. No está en juego la presidencia de la república: está en juego nuestra vida democrática. No está en juego un cargo en Miraflores: está en juego la libertad de la nación.

No están en juego determinados porcentajes matemáticos, manipulados a la discreción de empresas encuestadoras cómplices del juego gobiernero: está en juego la historia, la vida, el honor de Venezuela.

Si tuviera que señalar los dos más graves errores que condujeron a la prolongada y evitable tragedia del 15-A, señalaría dos imperdonables: la desbordada autosuficiencia de sabernos mayoría y creernos invencibles, de una parte; la descomunal ingenuidad de creer en la buena fe del chavismo y rechazar de antemano la posibilidad de caer víctimas de sus manejos fraudulentos, de la otra.

En buen cristiano: creímos con fe de carboneros que arrasaríamos electoralmente – lo que no estaba en absoluto lejos de la verdad – y que el proceso electoral mismo, sin importar las marramuncias de Jorge Rodríguez & Cia. con su parafernalia de Smartmatic, estaba blindado a favor de una plena e inocultable objetividad electoral – lo que constituyó un crimen de lesa estupidez.

Ello fortaleció dos garrafales y contumaces malentendidos: o saldríamos de Chávez transitando la ruta electoral o no saldríamos de Chávez, fue el primero de ellos.

El segundo de ellos y su necesario correlato, hecho ley de la comisión de estrategia de la CD: todo plan B era innecesario y contraproducente. Comprendiendo como “ruta electoral” la subordinación de todo enfrentamiento político al estricto campo electoral.

Entendiendo por Plan B, el desarrollo estratégico de acciones complementarias orientadas a defender las instituciones, los valores y los derechos constitucionales, desde la desobediencia civil hasta el conjunto de acciones tácticas garantizadas por el artículo 350 de la constitucional nacional.

Posibilidad ejemplar de ese Plan B: paralizar al país de manera indefinida en una operación Ucrania si se nos impedía contar el cien por ciento de las papeletas y se nos pretendía imponer – como se nos impuso – un fraude descomunal.

Ambos graves errores estratégicos, manejados por las mismas personalidades y la misma dirigencia que hoy constituye el comando de campaña de Manuel Rosales, nos entregaron atados de pies y manos a los designios del totalitarismo chavista. El precio ha sido muy caro.

Pueda que de todos los peligros que acechan los empeños de la candidatura pretendidamente unitaria de Manuel Rosales – todos legítimos, si son comprendidos como un incentivo de movilización y de lucha contra el totalitarismo que late en las entrañas del enemigo a derrotar – el más grave consista en la reiteración de los errores del pasado, además de una flagrante carencia de Plan B: sobreestimación de las fuerzas democráticas y subestimación de la capacidad de manipulación, fraude e imposición autocrática del chavismo.

Y de esos errores, el más peligroso: desechar el peso definitorio del control de la maquinaria electoral en manos del régimen, así como su inagotable capacidad para imponer los resultados que convengan a sus intereses.

De no enfrentarlos desde ahora mismo montando la más soberbia operación de control comicial voto a voto y urna a urna, la mesa está servida para el más grave traspié de la oposición luego de sus monumentales errores del 11 de abril y del 15 de agosto, cuando teniendo en sus manos la resolución de la crisis sucumbió a su congénita debilidad: la incapacidad de resolver el estado de excepción existencial que hoy sufrimos.

Pues el combate ha de librarse, para ser exitoso, en dos frentes: acumulación y desarrollo exponencial de nuestras fuerzas en torno a una candidatura auténtica y verdaderamente unitaria, por una parte; y construcción de un sólido frente de defensa de las condiciones y los resultados estrictamente electorales, por el otro.

Pudiendo y/o debiendo ambos elementos conjugarse en una masiva movilización popular contra el fraude el mismo 3D.

A seguir el ejemplo que los chilenos durante el plebiscito y Toledo durante sus elecciones, dieron. Nuestro respaldo a cualquier candidatura opositora debe enmarcarse en el planteamiento que ya hiciera hace un año Marcel Granier: o elecciones limpias, o caos y desintegración.

3

LA ESTRATEGIA DE LA DERROTA

Desde luego, llama a la reflexión la alarmante ingenuidad – por decir lo menos – y la falta de previsión frente a la maquinaria fraudulenta del CNE, presentada por el jefe de estrategia del comando de campaña de Manuel Rosales, Teodoro Petkoff. Según sus declaraciones de este lunes 21 de agosto a EL NACIONAL, es el momento de “no distraerse demasiado en pretextos, que lo único que pueden hacer es alimentar el abstencionismo”.

Desde luego, rebajar a “pretexto” – Dios sabrá de qué carencias – la honda preocupación de amplísimos sectores opositores por la función fraudulenta de los artilugios electrónicos del organismo comicial así como la putrefacta composición del REP, demuestra un error de apreciación estratégica verdaderamente descomunal.

Además de pasar por alto un hecho de tanto bulto como la abstención del 83% de electorado el 4 de diciembre pasado provocada por dichos "pretextos" menospreciando de paso a los muy gravitantes sectores políticos que reivindican con plenos derechos el logro de tal gigantesco reclamo electoral.

La forma del planteamiento teodorista es nueva, la sustancia es la misma que infestara a la comisión política de la CD: no importan los medios de que se sirva nuestro enemigo, el asunto es insistir en enfrentarlo con nuestra buena voluntad y vencerlo con el respaldo de eventuales mayorías por la ruta democrática. ¿Cómo? Magia pura. He allí la interrogante. Sólo falta el colofón que hiciera historia a semanas del fraude del 15-A: “El RR está blindado”. ¿Les suena conocido?

Un segundo aspecto que debiera hacernos reflexionar sobre la fragilidad del piso estratégico y político de la llamada candidatura unitaria es la ausencia de ese inmenso caudal político y electoral, a saber, el de AD, AP, 4-D, el Frente Nacional de la Resistencia, ABP, Verdad Venezuela y todos aquellos sectores políticos que se mantienen fieles al mandato del 4-D de enfrentar al chavismo sin escatimar esfuerzos ni restringiéndonos a determinados y muy trillados senderos.

Sin considerar la omnímoda y ubicua presencia del gran ausente, Carlos Ortega, factor preponderante del actual escenario político. ¿O nos haremos los pendejos?

Para el jefe de estrategia de Rosales, no hay más política ni otros políticos que la de aquellos que apuestan a las elecciones tras la bandera del gobernador zuliano: “Creo que este rescate de la política, de lo político, es uno de los gestos más importantes que se han dado en Venezuela (sic). Es de gran significación que se haya podido obviar unas primarias que constituyeron el último intento de los poderes fácticos de naricear a los políticos, como lo han hecho a lo largo de estos siete años. Hicimos un acuerdo entre políticos para reivindicar la política.”

Como si la Coordinadora Democrática no hubiera sido el primer y fallido rescate de esta misma política, aunque ahora recortada y chucuta – para usar un término caro a Petkoff - por la ausencia de factores claves, como Acción Democrática.

Es, desde luego, indigno de un viejo y experimentado político como el actual editor de TalCual reducir “lo político” al ámbito electoral y constreñir el vilipendiado gremio de la política a los señores Petkoff, Borges y Rosales. Sin considerar la innecesaria ofensa a SÚMATE y a María Corina Machado, absolutamente inoportuna y fuera de lugar.

¿Candidatura unitaria bajo tales conceptos? Yo te aviso, Chirulí. Lenguaje más excluyente, imposible. Sin un vuelco de 180 grados en la política de alianzas de esa o cualquier otra candidatura, el fracaso está asegurado. Petkoff, un político curtido en derrotas, debiera presumirlo.

Vuelve, pues, a revitalizarse la sospecha de que estamos frente a una candidatura perdedora sin otras intenciones que la de coexistir pacíficamente con el régimen administrando un tercio del electorado bajo control de una micro fracción del pasado, tal como lo afirma el mismo Petkoff en las declaraciones que comentamos y según las cuales la obra de ingeniería política que tanto alaba, tendría por función trascendental “mantener un acuerdo unitario que trascienda, cualquiera que sea el resultado electoral”. ¡Vaya entusiasmo combativo!

Vivimos, qué duda cabe, una Coordinadora Democrática, parte 2. Con la notable ausencia de importantes sectores que han sentido el imperativo categórico de deslastrarse de las viejas taras del izquierdismo estatólatra y populista venezolano que nos llevara a los desastres del 15-A.

La ausencia de Acción Democrática, de Carlos Ortega y de las emergentes fuerzas políticas de centro derecha pesará como una loza sobre una candidatura que nace con plomo en el ala.
No le alquilo las ganancias.

O Rosales, Petkoff y su comandita comprenden la circunstancia histórico-política que vivimos y subordinan sus esfuerzos a la conformación de un gran frente de movilización anti totalitario, auténticamente unitario y verdaderamente democrático, que trascienda de lejos lo estrictamente electoral y apunte verdaderamente hacia el futuro de una nueva Venezuela, o estas elecciones serán el más grave, posiblemente el último traspié de la oposición democrática.

Que Dios nos agarre confesados.
 
RISAS Y LLANTOS
Antonio Sánchez García
Noticiero Digital

No es la primera ni será la última vez que en medio de una profunda crisis de identidad nacional la farándula se apropie de la política. O la política se convierta en farándula. Por cierto, siguiendo el consejo ancestral del buen gobierno: pan y circo. Sin ir tan lejos: el loco Chávez - fabulador, delirante y logorreico declamador y cuatrista -, llega al poder montado sobre la ola de la telenovela Por Estas Calles, los profetas del desastre y una ex Miss Universo candidateada por Herrera Campins y Donald Ramírez para desfilar por la pasarela de Misia Jacinta. Fue cuando con CAP I el ágora se desvió de la ruta prefijada por lo mejor de la generación del 28 – la primera generación venezolana en tomar la política en serio – yendo a dar a los extramuros del espectáculo. Cuando los disc jockeys se convirtieron en jueces de la moral pública y los canales de tv en alcabalas de gobierno. Como que un animador de televisión sin otro pedigrí que beber el agua estancada que demostraba estar perfectamente reciclada por el producto que anunciaba, decidió lanzarse de candidato a la presidencia de la república. Pagando el absurdo intento con su vida. Ya entonces la Venezuela política era un prostíbulo.

Es tal la degradación de la vida pública venezolana, que poco importa quién pretenda conquistar la primera magistratura. Comparar la situación venezolana con los Estados Unidos, donde un mediocre protagonista de películas de vaqueros llegó a ocupar la Casa Blanca y un Mister Universo austriaco conquistara la gobernación de uno de los más importantes Estados de la Unión es un despropósito. Los Estados Unidos son una país de verdad, la primera potencia del mundo, no un zarrapastroso campamento minero. De modo que hasta puede seguir su rumbo inquebrantable sin que nadie ocupe dichos cargos. La sociedad americana está sustentada en instituciones sólidas y funcionales estructuradas a partir de una gran cultura dominante, que nada ni nadie desencaja con la facilidad con que un atorrante pudo desencajar la nuestra, escondido entre unos anaqueles del museo militar.

Veo muchas diferencias entre el actual presidente de la república y el último de los candidatos que se asoma a la palestra política. Que insisto: de política apenas si tiene el nombre. Con absoluta seguridad es muchísimo más culto y preparado. No se le puede achacar un solo hecho de sangre. No ha destrozado un país ni lo ha dividido en dos pedazos irreconciliables. Nadie puede culparlo de la responsabilidad directa o indirecta por los más de ochenta mil asesinatos que ensangrientan nuestra patria desde que ocupa su alto cargo. Ni haber dilapidado los dineros de nadie. Además ha sido un empresario exitoso.

Y la más definitoria de todas ellas: mientras quien nos desgobierna ha hecho llorar a millones y millones de sus compatriotas, hundidos en la desesperación suscitada por un verdadero cataclismo provocado por su monstruosa irresponsabilidad, el recién asomado ha hecho reír hasta las lágrimas con su humor desenfadado, sencillo, criollo y profundamente simpático.

Lo que no quita que su candidatura vuelva a recordarnos el grado de bajeza al que hemos llegado. Como diría el gran poeta republicano Gabriel Celaya: estamos tocando el fondo, estamos tocando el fondo.
 
TOTALITARISMO O DEMOCRACIA

VENEZUELA EN LA ENCRUCIJADA
Antonio Sanchez García
 

1
LA TRAICION DEL PPT


En sus multiples denuncias al totalitarismo que se cierne sobre nuestro pais, Teodoro Petkoff ha destacado un hecho de gravisimas implicaciones: los principales ejecutores del montaje de un regimen totalitario en Venezuela son una media docena de cuadros politicos, absolutamente insignificantes electoralmente, pero que ante el horroroso vacio de inteligencia entre los seguidores del caudillo han tenido la siniestra habilidad de apoderarse de los puestos de comando del proceso politico que nos conduce al totalitarismo. Hablamos de la jefatura del PPT.

Basta nombrar a quienes detentan las palancas claves de la educacion, la cultura, el deporte, la economia, las relaciones internacionales y el petroleo en la Venezuela chavista para comprender la magnitud del da#o que los conspiradores de esa micro fraccion le esta inflingiendo a la nacion. “La sociedad venezolana esta en vias de cambiar de naturaleza” ha dicho Petkoff. Y le asiste toda la razon. El cuerpo social esta gangrenado por la corrupcion, la violencia y el terrorismo, males inducidos desde la presidencia de la republica para facilitar el montaje de un estado totalitario. El cerebro de este proceso de desnaturalizacion tiene nombres y apellidos: Ali Rodriguez Araque, Bernardo Alvarez, Jose Albornoz, Aristobulo Isturiz y Maria Cristina Iglesias, entre otros.

Tal cofradia es digna del grupusculo de Röhm, Goebbels, Strasser y sus secuaces, quienes a la vera del caudillo Adolfo Hitler y un partido marginal e insignificante como el NSDAP llegaron a apropiarse de Alemania conduciendo al Estado nacionalsocialista, a la Segunda Guerra Mundial y al Holocausto. ¿Que tiene de extraordinario ese grupete como para haberse hecho con las palancas claves que estan convirtiendo a Venezuela en una sociedad totalitaria? Fanatismo, espiritu de cuerpo, oportunismo integral, cultura de cuadros, inescrupulosidad militante y lazos indestructibles con Fidel Castro y el castrismo. Bajo la silenciosa, discreta, diestra y ferrea conducción de Ali Rodriguez Araque han conformado la quinta columna de Fidel Castro en Venezuela. Cuyos efectos disolventes y destructivos ya son evidentes. Esta a punto de coronar con exito la que fuera una misión imposible para las guerrillas de los 60, en las que Rodriguez Araque fungiera de comandante Fausto: apoderarse del petroleo venezolano, esclavizar a sus ciudadanos y prenderle fuego a un continente siguiendo la consigna martiana, segun la cual habria llegado la hora de los hornos.

Lo que Marti no imagino es que sus hornos se convertirian en crematorios totalitarios. En Cuba cumplieron su mision a cabalidad. Solo restan cenizas. En Venezuela comienzan su faena final. Ahora mismo estan cremando las ideas y la cultura democratica – mision de Aristobulo Isturiz y Farruco Sesto -, cremando la empresa y el factor laboral – faena a cargo de Maria Cristina Iglesias – y cremando la libertad, magna obra de Ali Rodriguez Araque, Jose Albornoz y sus conspiradores castro-fascistas.

El caudillo, entretanto, se disfraza de comando de elite y juega con el globo terraqueo. Empollando ademas un monstruito descerebrado y corrupto llamado MVR. ¿Las Fuerzas Armadas? Muy bien gracias. Ya escancian la consigna impuesta por nuestra Quinta Columna castro-fascista: Patria o Muerte. Bolivar se estara revolviendo en su sarcofago.

2
VENEZUELA EN LA ENCRUCIJADA


Ese y no otro es el problema crucial que enfrenta Venezuela hoy: liberarse de la dictadura de un teniente coronel desaforado y ambicioso, destructivo y letal, o caer en las garras de su regimen totalitario. Como lo señalaramos en un libro que publicaramos en 2003, precisamente bajo el titulo DICTADURA O DEMOCRACIA: VENEZUELA EN LA ENCRUCIJADA.[1] Proceso que ha avanzado inexorablemente en estos ultimos tres a#os y que ha terminado por clausurar toda esperanza a que pueda ser revertido obedeciendo a su legalidad inmanente. Es loable que el editor de TalCual haya advertido el fenomeno y plantee la urgente necesidad de constituir un Frente Nacional en Defensa de la Democracia y contra el Totalitarismo. Iniciativa que hacemos nuestra.

Es en este contexto que debemos analizar la pertinencia de elecciones primarias, subordinadas a las elecciones presidenciales pautadas para el 3D, y la pertinencia de estas elecciones mismas. Hemos se#alado que si aquellas no se subordinan de manera diafana y categorica a la exigencia y cumplimiento de condiciones electorales apegadas al espiritu y la letra de la constitucion, verificandose con la misma limpieza, transparencia y rigor con que se estan efectuando todos los procesos electorales en America Latina, no tienen el menor sentido. Por el contrario: servirian objetivamente a pavimentarle el camino a un proceso electoral programado bajo la mision de entronizar al presidente de la republica y terminar de cerrar – bajo la seudo legitimacion electoral y el falso tapabocas con licencia internacional – todos los resquicios democraticos que aun nos permiten sobrevivir.

Pues de celebrarse dichos comicios bajo el imperio de este REP envenenado, serviran de tampon a toda disidencia nacional e internacional, liquidaran todo reclamo opositor y abriran definitivamente las puertas al imperio del totalitarismo en nuestro pais. Y seria verdaderamente tragico que la institucion mas prestigiosa surgida del seno de la oposicion democrática venezolana, capaz de adelantar iniciativas verdaderamente pioneras con el objetivo de dotar a la ciudadanía democratica de instrumentos de autodefensa y organizacion social, como los llamados Congresos Federales, terminara sirviendo objetivamente a los fines de esa entronizacion mediante unas primarias que hubieran perdido su sentido primigenio: servir de catalizador unitario y de instrumento de seleccion de un liderazgo auténticamente vinculado a las luchas por una Venezuela democratica, moderna, justa y prospera.

Es el gran temor que nos atenaza, ante candidaturas como las de Borges y Rosales, que solapan la exigencia por condiciones, desvian la atención ante el mas grave y crucial problema que nos amenaza, como lo es el de la legitimacion de un régimen totalitario el 3D o sirven a ambiciones estrictamente personales, contrapuestas a la verdadera realidad que vive la democracia venezolana.

3
ENFRENTAMIENTO O COLABORACION


Asombra, en efecto, que salvo Petkoff ninguno de estos precandidatos se asome siquiera a comprender este tragico contexto y eluda enfrentar al regimen ante el grave peligro con que nos amenaza. Es de imaginarse el resultado devastador que podria acarrearle al regimen un frente opositor anti totalitario denunciando ante las democracias del mundo la flagrante carencia de condiciones electorales en nuestro pais. Quien esta quemando sus naves por la coheteria norcoreana, las pretensiones nucleares de los iranies y las amenazas del terrorismo integrista tendria serias dificultades a la hora de explicarle al mundo las razones por las que la oposicion democrática venezolana no acepta participar de un fraude consumado. Exigiendo el mismo derecho que Chavez le reconoce a su aliado López Obrador: conteo manual de todos y cada uno de los votos. En elecciones manuales. Derecho constitucional que les niega a quienes considera sus subditos. ¿Por que Rosales y Borges no asumen la iniciativa de Petkoff y encabezan la iniciativa de conformar un Frente Unitario contra el totalitarismo y en defensa de la democracia, asumiendo la exigencia por condiciones autenticamente democraticas e igualitarias como su mas apropiada bandera de lucha?

Como no parece haber trazas de que esa iniciativa pudiera prender en ellos, y dada la evidencia de todos estos hechos, dichos precandidatos tendran que explicarnos con toda claridad y cuanto antes por las razones que los llevan a pretender competir con el teniente coronel en diciembre bajo condiciones absolutamente inaceptables. Pasando por sobre estas consideraciones de Perogrullo y sin ningun respeto por el mayoritario sentimiento opositor de boicotear dichas elecciones si no se cuenta con un REP espulgado de fantasmas, resucitados, nacionalizados chimbos, multiples identidades, ancianos bicentenarios y partos populosos. Pues no se trata de "graves deficiencias que no afectan la naturaleza de los comicios presidenciales", como en un giro verdaderamente inexplicable fuera expresado recientemente por nuestras tres mas importantes universidades, sino de un atentado monstruoso a unas elecciones que cuentan con, a lo menos, cuatro millones de electores chimbos.

El caso más complejo de esta enfermiza candidaturitis es el del gobernador Manuel Rosales. Es de imaginar que si insiste en su candidatura es porque ha negociado con el regimen las condiciones que hacen viable su participacion: cese de la persecucion judicial con que se le amenazaba para obligarlo a candidatearse e intangibilidad de su cargo de gobernador de resultar derrotado. Es imposible no pensar que se presta a la comedia electoral perfectamente consciente de que bajo estas condiciones no podra suscitar un autentico y mayoritario respaldo opositor. Pues una inmensa mayoria opositora no esta dispuesta a ensuciarse las manos en un proceso eleccionario fraudulento, ya consumado. Y que por lo tanto NO ganara en dichas elecciones.

¿Por que se presta entonces a la comedia? La unica explicacion posible es que – clasico representante de la politiquería de la Cuarta al fin y al cabo – pretende aprovecharse de la circunstancia para montar su propia plataforma nacional en vistas a liderar la oposicion a futuro. Si asi fuera demuestra no estar plenamente consciente del albur que corre ni de las circunstancias que enfrenta. Pues un regimen totalitario como el que el o Borges estan a punto de avalar para su eterna desgracia – y la de nuestra patria – no permite la coexistencia a futuro: juega al todo o nada. Y no tiene el menor escrupulo en cortarle el pescuezo a quienes pretendan competir en el viejo, tradicional y desusado estilo democratico. Asi se hayan mostrado solicitos y obsecuentes, pensando en su propio provecho. Como parece ser el caso de los Sres. Borges y Rosales.

Los juegos estan hechos: o aceptamos jugar y ser derrotados con cartas marcadas, o nos unimos para enfrentar el totalitarismo. La respuesta ya no solo depende de los precandidatos, sino tambien de SUMATE. Seria hora de conocerla.

EN RECUADRO
[b]EL HITLER DEL TROPICO[/b]

Ninguno de quienes sienten un estremecimiento cercano al orgasmo ante la sola aparicion del Hitler del Tropico podra argumentar ignorancia. Los horrendos crimenes contra la humanidad del despota cubano han sido rese#ados con lujo de detalles. Quien no quiera enterarse de las decenas de miles de asesinatos debidos a su inclemente maldad: el paredon a sus enemigos, los fusilamientos a sus pares, las purgas intestinas, los miles y miles de aherrojados en sus mazmorras por motivos futiles, los millones de desterrados, las decenas de miles de fugitivos devorados por los tiburones, el hambre y la esclavitud de sus siervos no tiene mas que hacer cuenta de una cifra verdaderamente estremecedora: Tiene ochenta años; gobierna desde los 30. Cerca del 80% de la poblacion bajo su omnímodo arbitrio nacio bajo su reinado y no ha conocido otro sistema politico y otro jefe de Estado que el Caballo. Ha transcurrido cerca de una docena de presidencias democraticamente electas en todos los paises del mundo y ha reinado tres Papas, mientras el, EL SUPREMO, ha estado atornillado imperterrito en su trono, dirigiendo su indice feminoide, esqueletico y u#oso a quien debia ser espiado, expurgado, encarcelado o asesinado.

No lo diferencia de Hitler o Stalin – las dos figuras se#eras de la crueldad politica de su siglo - el tama#o de su maldad sino la insignificancia de la insula que le toco en suerte. Hitler vivio 56 a#os; goberno 13. Stalin vivio 75 a#os; goberno 30. Castro tiene 80, lleva gobernando 47 a#os. Si se mira a ambos despotas totalitarios desde la personal perspectiva que babea a los democratas que idolatran a Castro, Hitler bien pudo haber vivido hasta los 100 años y haber gobernado a una triunfante Alemania nazi rodeado de la admiracion y la idolatria hasta hace apenas una decada. Tenía tanto derecho a ser idolatrado por los democratas babosos como Fidel Castro: la diferencia entre ambos es asunto meramente cuantitativo, no cualitativo.

De alli el asco que provocan esos politicastros – entre los cuales presidentes en ejercicio -, esos comunicadores, esos fanaticos del subdesarrollo que lloran y les tiembla la voz ante el anuncio: ¡Hosanna, Hosanna!: ¡Fidel vive! ¡Llego Fidel! Pobres democracias babosas. Se merecen el subdesarrollo que las aplasta.
 
 
¡AUXILIO, ROSALES! ¡PAPÁ ENTUBADO Y EL MUNDO SE ME VIENE ENCIMA!
Antonio Sánchez García
Noticiero Digital

1

Según todos los indicios y rumores Fidel Castro volvió a sufrir otro de sus severos accidentes cerebrales y estaría haciendo mutis de la escena política. No sería la primera ni será la última vez que en caso de dictadores con un pie en la sepultura el entorno recurra a la supervivencia artificial mediante una costosa y compleja batería de entubamientos. Embalsamándolos en vida. Si fue el expediente usado para mantener artificialmente con vida a Francisco Franco o a Mao Tse Tung de modo a parapetear algunas precarias fórmulas de recambio, ¿por qué no hacerlo con quien es el patriarca invernal de un régimen que se desmorona a pedazos, pues depende de la vida del autócrata?

De allí los extraños movimientos en torno al traspaso de Poder a sus eventuales herederos. Los Estados Unidos han abierto de inmediato la chequera para apaciguar los espíritus, el canciller Pérez Roque ha convocado a todos sus embajadores para preparar el discurso a seguir urbi et orbe cuando llegue la hora de las exequias, el PCC se remoza para servir de puente de transición hacia esa ignota tierra de nadie que le espera a una famélica y sufrida familia cubana que de pronto se verá en la más espantosa de las orfandades. La del patriarca ausente. Muerto o silenciado por incapacidad cerebral, lo que viene a ser lo mismo.

El caballo está entubado. Y los efectos de su desaparición se sentirán de manera brutal sobre quien ha fungido de ventrílocuo parlante y pagante del anciano: el ínclito teniente coronel. Pues una cosa es contar con un paño de lágrimas, un consejero y una Sibila presta a poner al servicio del modesto caudillo toda la sapiencia del más siniestro de los dictadores latinoamericanos, y otra muy distinta no tener cerca a más nadie que a un estafador de poca monta como el áulico de palacio. Chávez conocerá, por primera vez en su vida, la terrible soledad en que queda quien pierde a un padre. Así sea putativo.

Aparentemente, el hombre que le dictó su proceder paso a paso el 11 de abril – desde el uso de pistoleros mafiosos y francotiradores de élite para espantar a las multitudes hasta su entrega negociada a los fantasmas del Estado Mayor – y que le volvió a sacar las patas del barro el 15 de Agosto montándole toda la Operación Identidad, la corrupción del REP y el fraude electrónico – guardará silencio para siempre. La primera y mayor prueba de fuego de su vida. Ahora le tocará apechugar a él solito, sin un apuntador tan inescrupuloso y de tanta genialidad. Que Dios lo pille confesado.

2

La tragedia se le viene encima cuando el cerco internacional se le estrecha cada vez más. En América Latina el giro hacia la derecha parece incontrovertible. López Obrador y Ollanta Humala estarán odiándolo por haberles arrebatado de las manos un triunfo seguro con su intromisión avasalladora, bocona y prepotente. Lula estará estremeciéndose de sólo pensar que en un futuro inmediato puedan achacarle el inconfesable respaldo del petróleo venezolano para ganar la presidencia del Brasil. Evo Morales ha comenzado muy temprano a pagar el precio de ese apoyo. Adiós constituyente.

En el Medio Oriente sus socios integristas del Hezbolá han comenzado a conocer el amargo sabor de la bíblica sentencia del Ojo por Ojo, Diente por Diente. Con el agravante de que el Estado de Israel ha sabido adecuarla a los nuevos tiempos. No detendrá su inclemente maquinaria de guerra hasta limpiar el Líbano y Palestina de toda traza de terrorismo integrista. Por ahora es perfectamente capaz de librar esa guerra en dos frentes: Líbano y Gaza. Pero también de ampliarla a Siria e Irán, si fuere necesario. Y lo será. Pues son la punta de lanza en esta guerra a muerte no sólo contra la sobrevivencia del propio Estado de Israel, sino de la democracia y la modernidad que se libra en esa parte del mundo. Y en el mundo entero, pasto de la confrontación entre modernidad y regresión, globalización o barbarie. Como lo estamos experimentando en carne propia los venezolanos.

Chávez ha sabido entrometerse en asuntos de alta política mundial y ganarse un espacio en donde roncan Al Qaeda, los norcoreanos y el integrismo iraní. Pero se equivoca si cree que los Estados Unidos le permitirán meter sus maquinitas electoreras en la Casa Blanca, manoseándole de paso el trasero al Pentágono. De allí estos extraños giros políticos que comienzan a advertirse en nuestra región. José Sarney, uno de los más destacados políticos brasileños, comienza a alertar contra el armamentismo venezolano. Transmite la preocupación de la primera potencia militar de la región. Que a diferencia de los ejércitos argentinos y uruguayos, duramente golpeados y acomplejados por su lucha contra el terrorismo de izquierda en los 70 y 80, se encuentra intacta. Como las fuerzas armadas chilenas, que tampoco permitirán se asome siquiera el riesgo de conflictos armados con Bolivia, país al que ya le han asestado dos tremendas e históricas derrotas. Desde Colombia, un presidente ambiguo envía equívocas señales. Pero en su más inmediato entorno se encuentran halcones de la más pura cepa antichavista, como Santos y Londoño.

Hace apenas un mes, Lula aventajaba por más de 30 puntos a su rival. La ventaja se ha reducido a no más de 10 puntos. De aquí a las elecciones podría perfectamente reeditarse el fenómeno mexicano y el peruano, con dramáticos repuntes de última hora que aguaron las fiestas de quienes juraban que ya tenían la sartén por el mango. O Lula comienza a distanciarse en serio y de manera muchísimo más clara de su otrora aliado y promotor, o también podría terminar saboreando el polvo de la derrota.

La respuesta que encuentre en el próximo tiempo la aspiración chavista a sentarse en el Consejo de Seguridad será la más clara señal del tiempo que le espera al próximo huérfano de Miraflores. Ya Chile decidió que no le dará su aval. Las gratuitas y estúpidas ofensas de José Vicente Rangel a Soledad Alvear deben estar pesándole como una loza: la recién electa presidenta de la DC chilena acaba de imponer dos nuevos ministros claves sacados de su propio equipo. Michelle Bachelet no tiene ya ni la autonomía, ni los bríos ni las alas de la campaña. Se debe a los partidos de la Concertación. Y la DC y el PPD se niegan a respaldar al teniente coronel.

¡Qué broma! Le entuban a papá y comienzan a cerrársele los créditos. A él, que tanto le gusta regalar lo que no es suyo. Escríbalo: le esperan malos tiempos.

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Asombra que ninguno de los precandidatos se asome siquiera a comprender este favorable contexto internacional para la lucha en pos de las condiciones electorales de diciembre. Es de imaginarse el resultado devastador que podría acarrearle al régimen un frente opositor anti totalitario denunciando ante las democracias del mundo la flagrante carencia de condiciones electorales en nuestro país. Quien está quemando sus naves por la cohetería norcoreana, las pretensiones nucleares de los iraníes y las amenazas del terrorismo integrista tendría serias dificultades a la hora de explicarle al mundo las razones por las que la oposición democrática venezolana no acepta participar de un fraude consumado. Exigiendo el mismo derecho que él le reconoce a su aliado López Obrador: conteo manual de todos y cada uno de los votos. En elecciones manuales. Derecho constitucional que les niega a quienes considera sus súbditos.

Por ello mismo y dada la evidencia de todos estos hechos, los precandidatos tendrán que explicarnos con toda claridad y cuanto antes por las razones que los llevan a pretender competir con el teniente coronel en diciembre bajo condiciones absolutamente inaceptables. Pasando por sobre estas consideraciones de Perogrullo y sin ningún respeto por el mayoritario sentimiento opositor de boicotear dichas elecciones si no se cuenta con un REP espulgado de fantasmas, resucitados, nacionalizados chimbos, múltiples identidades, ancianos bicentenarios y partos populosos.

El caso más complejo de todos ellos es el del gobernador Manuel Rosales. Es de imaginar que si insiste en su candidatura es porque ha negociado con el régimen las condiciones que hacen viable su participación: cese de la persecución judicial y seguridad sobre su gobernación. Es imposible no pensar que se presta a la comedia electoral perfectamente consciente de que no podrá suscitar un auténtico y mayoritario respaldo opositor. Que una inmensa mayoría no quiere ensuciarse las manos en un proceso eleccionario fraudulento. Y que por lo tanto NO ganará en dichas elecciones.

¿Por qué se presta entonces a la comedia? La única explicación posible es que – clásico representante de la politiquería de la Cuarta al fin y al cabo - pretende aprovecharse de la circunstancia para montar su propia plataforma nacional en vistas a liderar la oposición a futuro. Si así fuera demuestra no estar plenamente consciente del albur que corre ni de las circunstancias que enfrenta. Pues un régimen totalitario como el que está a punto de avalar para su eterna desgracia – y la de nuestra patria - no permite la coexistencia a futuro: juega al todo o nada. Y no tiene el menor escrúpulo en cortarle el pescuezo a quien pretenda competir en el viejo, tradicional y desusado estilo democrático. Así se haya mostrado solícito y obsecuente, pensando en su propio provecho. Como parece ser el caso del Sr. Rosales.

Esa es la primera lectura a nivel nacional que cabe hacer de este favorable contexto internacional en que vivimos. La segunda es todavía más dolorosa: sería verdaderamente lamentable que SÚMATE terminara legitimando una movida electorera para diciembre. Que en lugar de haberse convertido en el muro infranqueable contra el totalitarismo – a través de la lucha por las condiciones - hubiera fabricado un puente de plata para llevarnos al cadalso de diciembre. Y que sus primarias, en lugar de legitimar un auténtico liderazgo nacional legitimen a un maniobrero.

Pero esa, aunque del mismo jaez, es harina de otro costal. Ya volveremos sobre el tema.