LAS REPÚBLICAS MONÁRQUICAS
Se tiene muy poca información del período de tránsito de la comunidad de cazadores nómadas del Paleolítico a la tribu de agricultores sedentarios del Neolítico y sólo un poco más acerca del paso de las sociedades agrícolas a las sociedades civilizadas. Sí sabemos que los vínculos familiares que unían a los miembros de la comunidad primitiva fueron sustituidos por relaciones jurídicas y económicas y la tradición oral fue sustituida por la ley escrita. También sabemos que surgió un nuevo organismo social encargado de las funciones de gobierno y control, organismo que llamamos “el estado”. Las primeras formas de estado fueron heredadas de los clanes y tribus primitivas. El gobernante era, muy probablemente, un heredero del jefe de los guerreros, como se puede ver en el título del rey de los aztecas, Huey-Tlatoani, que significa “jefe de los guerreros” o en la palabra inglesa “king” (rey) derivada de la antigua palabra germánica “kung” que significa jefe. Estos primeros gobernantes tenían dos características principales. Heredaban el poder de sus padres y disfrutaban de este poder hasta la muerte (natural o violenta). Este tipo de gobierno que calificamos como monarquía existió durante los primeros tres milenios de civilización con diferencias locales de un reino a otro pero con coincidencia en los puntos esenciales. Generalmente se atribuye a estos antiguos reyes un poder absoluto sobre sus súbditos, esto es erróneo. En primer lugar, el poder real estaba limitado por la existencia de una aristocracia formada generalmente por nobles guerreros, y, en segundo lugar, por la existencia de un cuerpo colectivo de asesores que, seguramente, eran los herederos del antiguo consejo de ancianos de la tribu (la palabra latina “senator” deriva de seniore, “anciano”). Además, el nivel técnico de la sociedad, especialmente el carácter primitivo de las comunicaciones y del transporte, limitaba el territorio sobre el cual se podía ejercer un poder efectivo.
Pero, a partir del siglo IV a.C., comenzó a surgir en las ciudades griegas del Mediterráneo Oriental y, posteriormente, en Roma y otras ciudades italianas, una nueva forma de estado. Esta forma de estado se caracterizaba porque el gobernante (o los gobernantes, porque el poder con frecuencia era colectivo) era elegido por la población (o por una parte de la población) y su periodo de gobierno estaba establecido y tenían que abandonarlo al cumplirse el plazo señalado. Estos estados tenían una ventaja evidente sobre la monarquía, las relaciones familiares dejaban de determinar quién tomaba el poder y eran sustituidas por normas legales, por lo que el gobernante se encontraba en el mismo plano legal que los gobernados. Este nuevo tipo de estado recibió el nombre de república (de las palabras latinas “res publica”, la cosa pública). Las primeras repúblicas eran aristocráticas, el poder estaba concentrado en la nobleza. Con el tiempo se produjeron luchas políticas entre el pueblo y la aristocracia que dieron origen a una nueva forma de gobierno, la democracia, cuyo nombre deriva de la palabra griega “demos” (pueblo). Estas luchas se caracterizaron principalmente por ser un intento de la masa de la población por adquirir poder o, como mínimo, la capacidad de influir en el poder. Sería demasiado largo hacer un análisis de estas luchas que duraron muchos siglos, todo el periodo de duración del Imperio Romano en Europa y la primera mitad de la Edad Media. El derrumbamiento del Imperio Romano provocó que se formara en Europa una situación de caos político que dio origen a una serie de pequeños reinos feudales en los que el monarca tenía un poder real muy limitado, primero por la nobleza (cada señor feudal disponía de su propia fuerza militar), segundo por la Iglesia, tercero por la naciente clase de comerciantes e industriales y, por último, por los campesinos que, teóricamente, estaban totalmente subordinados al poder del señor feudal pero que, en la práctica, eran capaces de sublevarse contra este poder. El herrero de la aldea, encargado de fabricar hoces y guadañas para la agricultura también podía forjar puntas de lanza y espadas para la sublevación, por lo que las sublevaciones campesinas fueron una constante desde finales de la Edad Media hasta comienzos de la Edad Moderna (como refleja la literatura española en “Fuenteovejuna” y “El alcalde de Zalamea”).
Al comenzar la Edad Moderna en Europa se produjo un proceso de consolidación del poder real que terminó sometiendo a su voluntad a la aristocracia feudal. Esta forma de gobierno estaba basada en monarcas que tenían todos los poderes legales, por lo que eran llamados “reyes absolutos”. En realidad este absolutismo no era tan total. El rey concentraba la totalidad del poder político en sus manos pero no el poder económico, que estaba en manos de la burguesía. Los aristócratas, aunque habían perdido el poder militar que tenían en la Edad Media, seguían conservando influencia política y la Iglesia mantenía su independencia respecto al estado.
Pero, por debajo de la capa visible de instituciones políticas, existía un mundo de realidades técnicas y económicas que limitaban aún más el poder del monarca. Ningún rey podía enviar un mensaje con una velocidad mayor que la que desarrollaba un hombre a caballo. Ningún rey tenía un sistema organizado para cobrar impuestos, por lo que tenía que depender de los préstamos de la burguesía. Ningún rey podía organizar un ejército sin depender de los impuestos que pagaban los burgueses de las ciudades. Ningún ejército podía moverse a una velocidad superior al paso de un hombre (porque la caballería no podía separarse de la infantería) y ningún rey podía pasar por alto los intereses y las opiniones de la aristocracia y de la Iglesia.
Durante toda la Edad Moderna se desarrolla una lucha política entre las principales clases sociales: aristocracia, burguesía y campesinado a la cual se une en el siglo XIX una nueva clase, el proletariado industrial, lucha que después de un complicado proceso de revoluciones, guerras civiles, dictaduras y golpes de estado terminó por producir un nuevo sistema político, la democracia moderna.
Este sistema en algunos casos es una monarquía constitucional en la que el rey tiene sus poderes limitados por una constitución y en su forma más desarrollada es una república que, como las ciudades griegas o la Roma anterior al Imperio, es gobernada por un ciudadano elegido por el conjunto de los ciudadanos. Originalmente sólo los hombres libres votaban, posteriormente el voto se extiende a todas las clases sociales al eliminarse la servidumbre y la esclavitud y ya en el siglo XX se extiende a ambos sexos. El gobernante tiene sus poderes limitados por la constitución y los tribunales y por la existencia de organizaciones independientes del estado, partidos políticos, sindicatos obreros, organizaciones patronales, etc., y, lo más importante, su poder está limitado en el tiempo.
Este modelo de sociedad no ha tenido un desarrollo tranquilo, los golpes de estado, las dictaduras y las guerras civiles han sido frecuentes, pero, a pesar de todas las interrupciones, el modelo ha tenido un desarrollo continuo hasta alcanzar un notable grado de estabilidad a comienzos del siglo XX.
Durante los siglos XIX y XX el desarrollo técnico y científico fue paralelo al desarrollo político y económico. El telégrafo, el teléfono y la radio permitieron enviar información, mensajes y órdenes con carácter prácticamente instantáneo. El barco de vapor y el ferrocarril permitieron transportar la fuerza militar con velocidad nunca vista antes, pero que fue superada en el siglo XX por el tanque y el avión. Más importante que la potencia de fuego del tanque era su capacidad para llegar a casi cualquier parte y a donde no podía llegar sí llegaba el helicóptero. Estos medios de comunicación y transporte permitieron que el estado pudiera ejercer su poder con una rapidez y potencia nunca vistas en el pasado. Al mismo tiempo surgió una nueva forma de transmisión de información, la radio y la televisión que sustituían parcialmente a la palabra escrita. Por sus características técnicas el estado podía obtener el control de la radio y la televisión con más facilidad que el de la antigua prensa escrita. En resumen, el estado del siglo XX tenía una capacidad nunca vista antes para imponer su poder, pero esta capacidad estaba limitada por la estructura legal del estado y por la posibilidad de resistencia de las organizaciones independientes del estado. Esta capacidad exigía, para poder ejercerse de forma absoluta, la disolución de todas las organizaciones independientes del estado. Este proceso comienza con la Primera Guerra Mundial. Las dos guerras mundiales y la gran crisis económica de 1929 representan un conjunto de catástrofes nunca vistas antes, catástrofes que ponen a la civilización al borde del abismo y crean la oportunidad para que un aventurero suficientemente audaz pueda tomar el poder absoluto, es decir, crear el estado totalitario moderno.
El término estado totalitario tiene origen en un discurso de Mussolini en el que afirmó “todo dentro del estado, nada fuera del estado, nada contra el estado”. Esta es la definición perfecta del estado totalitario o también llamado estado policíaco.
En todas sus formas anteriores, aun en las peores dictaduras o en los estados autoritarios como el Imperio del zar ruso o del sultán turco, existía un margen de libertad en la vida privada de los habitantes del país, por pequeño que fuera, y existía un margen para la existencia de organizaciones independientes del estado. En el nuevo estado totalitario esto no existe. La tradicional división de poderes desaparece, el gobernante es el único que puede decidir, los poderes ejecutivo, legislativo y judicial están en sus manos. Esto lleva a la eliminación de toda organización independiente, todos los partidos políticos son eliminados excepto el partido gobernante, el cual en realidad no gobierna, sólo transmite las órdenes del amo absoluto. El estado totalitario tiene también una ideología que lo justifica (marxismo, fascismo, nazismo, etc.), pero esta ideología no tiene importancia real. Los habitantes del país están obligados a aceptar esta ideología y cualquier crítica a esta ideología se castiga, como mínimo, con la cárcel. Pero el gobernante tiene libertad para “interpretar” esta ideología de la manera que estime conveniente. Por esta razón, Hitler pudo firmar un pacto con Stalin en agosto de 1939 e iniciar una guerra contra Stalin en junio de 1941.
En resumen, el estado totalitario moderno se caracteriza porque el poder total está en manos de un solo hombre. Este hombre ejerce el poder hasta su muerte (natural o violenta) y justifica su poder absoluto por medio de una ideología fabricada a la orden.
En los últimos años del siglo XX surgió un fenómeno nuevo. Anteriormente, cuando el jefe de un estado totalitario moría se producía una lucha por el poder entre sus sucesores que terminaba cuando uno de éstos se apoderaba del mando, como sucedió cuando Kruschev sucedió a Stalin o cuando Den Tsiao Ping sucedió a Mao Ze Dong. Ahora, la sucesión en el mando está comenzando a convertirse en una sucesión hereditaria. Ya tenemos el caso de Corea del Norte en que Kim Il Sung fue sustituido por su hijo Kim Yon Il y el caso de Siria en que Hafez el Assad fue sustituido por su hijo Bashir el Assad. Hassan Hussein planeaba dejar el poder en herencia a uno de sus hijos y si no lo logró fue por causas que estaban fuera de su control, es decir, la invasión norteamericana. Mohamed El Gadafi está planeando dejarle el poder a su hijo y Fidel Castro, al verse obligado a abandonar el poder por enfermedad, se lo entregó a su hermano menor Raúl Castro.
Por lo tanto, vemos que estas repúblicas, que tienen frecuentemente los apelativos de popular, democrática, socialista, bolivariana y otros, poseen las características fundamentales de las monarquías antiguas y medievales: a) el gobernante tiene el poder absoluto, b) el gobernante ejerce el poder hasta su muerte y c) el gobernante deja el poder en herencia a su hijo o a otro miembro de su familia. Pero hay una diferencia importante, el poder absoluto de muchos reyes y emperadores era más teórico que real mientras que el poder de los jefes de los estados totalitarios modernos es absoluta y completamente real aunque no aparezca en la legislación y, mucho menos, en la propaganda.
Resumiendo, las características principales del estado totalitario moderno son: a) la prohibición absoluta de partidos políticos o instituciones independientes del estado; b) la existencia de una policía política encargada de vigilar a todos los habitantes del país y con poder, legal y real, para reprimir cualquier actividad de oposición; c) el control de todos los medios de comunicación por el estado; d) el control de la educación desde la enseñanza primaria hasta la universidad; y e) la elevación del gobernante a un nivel casi divino (parecido al de los faraones de Egipto, que eran considerados hijos de Horus) y que no pueden ser criticados en ningún aspecto porque la más mínima crítica equivale a un ataque al estado, a la nación y, en resumen, es un sacrilegio.
El poder de estos estados totalitarios es tan grande que las formas antiguas de lucha no se pueden utilizar eficazmente contra ellos. Uno de los elementos esenciales del estado totalitario es que el gobernante debe conseguir un importante apoyo popular para tomar el poder y ese apoyo popular sólo puede conseguirse presentándose como salvador del país en una crisis extremadamente grave (como Hitler durante la crisis de 1929). Esto es uno de los puntos fuertes del estado totalitario. Pero este apoyo popular dura muy poco tiempo. Por su propia naturaleza, el estado totalitario es incapaz de resolver ninguno de los problemas que enfrenta una sociedad moderna y termina por derrumbarse a consecuencia de una derrota militar (nazismo, fascismo) o de su descomposición interna (comunismo soviético). Desgraciadamente, el proceso de descomposición interna puede ser largo, muy largo, en Rusia duró 74 años. Por tanto, es esencial que todos aquellos que luchen contra el estado totalitario moderno sean conscientes de que esta lucha debe desarrollarse desde el primer momento cuando el estado aún no ha consolidado los mecanismos del poder, ya que una vez que el estado está consolidado su derrocamiento será extremadamente difícil. Para el jefe de un estado totalitario es necesario proceder a la eliminación de todos los obstáculos en el plazo más breve posible. Mussolini, Hitler y Fidel Castro consolidaron su poder en un plazo de dos o tres años. Franco y Mao no tuvieron que esperar porque llegaron al poder por medio de una guerra civil. Chávez ha llegado al poder por medio de un proceso legal y desde su llegada a la presidencia ha comenzado la labor de desmantelar todos los obstáculos legales y políticos que se oponen a sus propósitos, pero se ha demorado demasiado. Los adversarios de Chávez deben tener en cuenta que Chávez necesita eliminar rápidamente los últimos espacios de legalidad en que pueden moverse. Derrotar el proyecto político de Chávez y evitar la implantación de un estado totalitario en Venezuela es posible, en otros países se ha podido derrotar al estado totalitario, pero cada día que pasa se hace más difícil. Los venezolanos implicados en esta lucha deben tener en cuenta que el tiempo es escaso, y el enemigo (a pesar de su aspecto ridículo) es implacable. La lucha debe realizarse sin tregua desde ahora porque no se puede esperar a que Chávez consolide el sistema de estado policíaco.
Fernando Mantiñán Romero |