| Manuel Malaver
La INTERPOL y el computador de Raúl Reyes Debe haber mucho nerviosismo en Miraflores con relación a los resultados de la experticia que presentará mañana la INTERPOL sobre los documentos encontrados en el computador de Raúl Reyes, porque si no el presidente Chávez-presintiendo lo peor- no se hubiera lanzado a descalificar en el “Aló Presidente” del domingo al cuerpo policial y a su homólogo colombiano, Álvaro Uribe, en los mismos términos que hizo célebres antes del abrazo de los dos jefes de Estado en la reunión del Grupo de Río en Santo Domingo. Ruptura abrupta de una suerte de armisticio no negociado ni firmado, pero posible y esperado y que se pensó sería la plataforma para que las relaciones colombo-venezolanas volvieran al nivel que por 8 años hizo de los dos países los mejores socios comerciales de América del Sur. Por lo menos, así lo pensó Chávez, quien después de amenazar con cruzar la frontera para darle una elección al antioqueño y a su Ejército, dio tal frenazo que dejó en la estacada a los presidentes de Ecuador, Rafael Correa y de Nicaragua, Daniel Ortega, para ofrecerse acto seguido a ponerle fin a los estropicios que el mismo había propiciado. Uribe, de su lado, se mantuvo más escéptico, más distante, y sin negarse a avalar los acuerdos que habían surgido de la alocada cumbre del Grupo de Río en Santo Domingo, se dirigió más bien a comprobar cuán seria era la promesa de los 3 socialistas que de repente cambiaron de opinión y se convirtieron en campeones de la paz. No se equivocó, por cuanto Correa, que ya había hecho una primera vez de títere de Chávez, no quiso hacerlo una segunda, y persistió en criticar y enfrentar a Uribe en la idea de presentarlo como agresor y culpable de que las FARC tuvieran un campamento en territorio ecuatoriano. Lo que siguió después es que, tanto el gobierno colombiano, como sus aliados internacionales, presionaron a Chávez para que por lo menos hiciera callar a su pupilo, pero al no lograrlo, el presionado terminó siendo él. Pero lo peor es que, de la impotencia del líder máximo de la revolución continental y mundial, surgió la sospecha de que pudiera estar de acuerdo con Correa para mantener una suerte de pistola apuntando a la cabeza del antioqueño, siendo que, de lo que realmente se trata es que el desprestigio de Chávez por bravucón se ha elevado a tales niveles que ya ni un jefe de estado insuficiente mental como Correa le para. Y es aquí donde el comandante-presidente empezó a recibir la presión del computador de Reyes, pues se piensa que siendo el único socialista y revolucionario que tiene que dar cuenta por los documentos que de manera tan explícita lo involucran en las actividades terroristas de las FARC, haría un esfuerzo extra para que tanto Correa, como Ortega, honren los acuerdos que firmaron, primero en Santo Domingo y después en la reunión de cancilleres de la OEA en Washington. Y si no, Chávez se verá transitando a partir de mañana por el calvario de que ya no son solo investigaciones periodísticas, ni informes de inteligencia, los que hablan de su cercanía y colaboración con un grupo terrorista como las FARC, sino también una autoridad internacional dependiente de la ONU, con los recursos, experiencias y mecanismos necesarios para pronunciarse, más allá de toda duda razonable, sobre la autenticidad de los documentos encontrados en el computador de Reyes. Y después del pronunciamiento de mañana, no quedaría sino esperar que los organismos multilaterales en las instancias que tienen que ver con la defensa de los derechos humanos, actúen y actuar en este caso es, primer lugar, pedirle cuentas a Chávez de por qué llegó tan lejos en sus relaciones con una organización acusada de la comisión de crímenes contra la humanidad. De modo que tuvo razón Chávez en su pataletera del domingo contra la INTERPOL y Uribe, pues del resultado de las experticias que el cuerpo policial presentará mañana, va a depender que empiece a tratárselo o no como el jefe de un estado forajido. |
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De dictadores vitalicios,continuos y discontinuos por Manuel Malaver domingo, 15 julio 2007
A Elizabeth Burgos…quien anda por ahí. Si de algo no puede ser acusado el chavismo, es de su falta de capacidad para inventar terminejos que no queriendo decir lo mismo, terminan diciendo exactamente lo que no querían decir. Y que se me perdone la cantinflada, pero es que después de pasar 8 años en el reino del escamoteo, el ilusionismo, la ambiguedad y el navegar entre dos o muchas aguas, concluye uno siendo experto del lenguaje de los enésimos o nulos significados. Es también una característica del subdesarrollo extremo que se expresa en violencia verbal, en un no detenerse en sentidos más, sentidos menos, con tal de tomar la fortaleza y hacerse con todo el botín. Sobre todo en circunstancias en que anda suelta por ahí la justicia global, de que a pesar de que se cuente con el “partido interno” del magistrado Cabrera y la magistrada Morales, puede aparecer un togado que mande al violento tras las rejas. El caso del difunto Pinochet es ya emblemático, pero también el de Milosevic, y los de Fujimori y Taylor que aguardan por la instrucción de sus causas. Por eso, no se crean, los dictadores también sufren, pierden el sueño, toman Lexotanil, viven rodeados de internistas y psiquiatras, cuentan con amanuenses que les prueban la comida y los tragos y viven rodeados de guardias, agentes, matones y especialistas de seguridad que los controlan noche y día y les programan hasta los más inofensivos pasos. Pero lo peor es que tienen que cuidar las formas y las fórmulas, que deben actuar con prudencia, como que pasó el tiempo en que el oficio se podía ejercer con toda legalidad e impunidad, de cara a un mundo que los podía rechazar, pero no evitar, y ello, al fin y al cabo, por la fuerza de la costumbre, terminaba haciéndolos coexistibles. De ahí que no sea lo mismo decir “dictadura constitucional” que “dictadura pura y simple”, “gobierno revolucionario” que “gobierno militar”, “dictadura vitalicia” que “dictadura indefinida o continua”, “gobierno de los ricos” que “gobierno de los pobres” y así, tantos sesgos para camuflar, disfrazar y enmascarar al hombre de fuerza que, de otra manera, ya nos tendría a todos encerrados. Por eso la reciente aparición ante los medios de doña Cilia Flores, la dizque presidenta de la Asamblea Nacional, toda retocada y bien plantada ella, sin nada que se le pudiera criticar en cuanto a porte, pero decidida a soltar el abuso que es también un insulto al sentido común y al DRAE, y de lo más grávida, paciente, abordable, educada y muerta de la risa. Como para restregarse los ojos, revisar las hojas del calendario, confirmar en que siglo estamos, si somos del país y continente que decimos ser y no de un pedazo de tierra que llegó vagando por los mares de paisajes remotos y se nos pegó ahí, en el costado, con su tiempo, espacio, especies, cultura y lenguajes extraños, muertos y lejanos. Pero también para despertarnos y volvernos a decir que la cuestión es más sencilla y que simplemente estamos coexistiendo con unos marxistas arribados a nuestras playas después de un naufragio o de una travesía muy larga, enfermos de escorbuto unos, de anemias otros, de delirios y fiebres palúdicas los más, pero conscientes de que se ofrece una oportunidad última de teatralizar aquella farsa muy conocida en el continente por la que unos estafadores llegan a un pueblo y comienzan a vender menjurjes para curar maleficios y picaduras de serpientes, y no solo arruinan a los enfermos, sino que sus víctimas los convierten en santeros, santos mismos y dueños de la iglesia Pero puede que el final no sea tan “realista mágico”, benigno ni barroco, y que de acuerdo a otra corriente literaria muy de moda en el continente, los santeros, santos y dueños de la iglesia pasen a ser gobernantes, y de gobernantes a legisladores, y de legisladores a los dueños de la justicia, la libertad, la propiedad y la vida y hacienda de los gobernados. Extremando creo que se podría recordar a aquel Lope de Aguirre que recaló en las playas de Margarita a mediados del siglo XVI llegado del Perú, después de atravesar el río Marañón, el Amazonas y el océano Atlántico con la intención de tomar Panamá y fundar un reino de su propiedad desde el cual invadir España y destronar al rey Felipe II. Proyecto que, pensándolo bien, no estaba mal, si no hubiera sido porque antes de llegar a Panamá, El Tirano -que es como se le conoce desde entonces-, pasó por los aun no completamente fundados pueblos de Margarita y la Tierra Firme de Venezuela y literalmente los arrasó, los anegó en sangre, asesinando colonos y nativos sin piedad ni fórmula de juicio y sembrando tal espanto que todavía en mi infancia insular los niños nos dormíamos temiendo si no oiríamos en la noche el trote del caballo del también llamado “Peregrino” rozando el empedrado y despertándonos con su grito de: “Garrote vil, horca y cuchillo”. Insisto en que estoy recordando una situación extrema y sin pensar en comparar nada con nada, ni nadie con nadie, pero que es inevitable asome en la penumbra de un paisano de Margarita y de mi generación para quien redención, fundación de reinos y derrota de imperios se hizo sinónimo, desde su más temprana infancia, de muerte, destrucción y violaciones gigantescas de los derechos humanos. Y no quiero decirse con esto que haya que convenir con las injusticias, y cruzarse de brazos ante los imperios y los poderes que niegan la igualdad ante la ley y la defensa de los derechos humanos, sino que al luchar contra ellos, no hay que permitir que la lucha de lugar a poderes más torvos, siniestros e incontrolables, y más “legitimados” en cuanto fundan la tiranía a nombre de la justicia, la igualdad y el bien. Este y otros pálpitos puede confirmarlos cualquiera que haya tenido oportunidad de viajar por la Cuba castrista, o si conoció, aunque fuera de pasada, a la Unión Soviética y a los países socialistas de la Europa del Este, o por postales a la China de Mao o la Corea de los dos Kim, con sus paisajes humanos y geográficos destruidos por la doblez y la ausencia de iniciativa, la muerte de la verdad y del libre albedrío, por la prohibición de la práctica de derechos humanos de primera generación como ir donde a uno le plazca y pensar y decir lo que nos viene en gana. Del mundo que se nos viene encima con los intentos de la presidencia de la Asamblea Nacional, Cilia Flores, de explicarnos por qué no es lo mismo “dictadura indefinida” que “dictadura continua”, por qué la primera quiere decir que dura hasta que Chávez quiere que dure, y la segunda que dura aunque Chávez no quiera que no dure. O sea, que mejor exposición de neopupulismo, neosocialismo y neototalitarismo no puede haber, sistema que ya puede definirse como el arte de tirar la piedra y esconder la mano, puesto que su esencia consiste en hacer lo que hicieron los viejos populistas, socialistas y totalitarios, pero diciendo que se les detesta, que resultaron un fiasco, y se les perseguirá, denunciará y encarcelará si intentan repetir sus fórmulas. Pero ¿cómo si las fórmulas están siendo aplicadas rigurosamente por los neo, si son ellos los propietarios de la patente, de la franquicia y de los títulos de propiedad, si son ellos quienes se declaran abiertamente los herederos y portadores de la piedra filosofal que trasmuta la democracia en dictadura, la propiedad individual en colectiva y los derechos humanos en motivo para construir leyes restrictivas, de desacato, rejas y cárceles? ¿Chávez detenido por Chávez, Carreño acusado por Carreño, Maduro sustituido por Maduro y Rangel mandado al exilio y extrañado del país por Rangel? Pues no se rían, porque ya Chávez se autoderrocó una vez, se encerró en una cárcel, estuvo 3 días en manos de sus enemigos, y también se hizo un paro petrolero, un referendo revocatorio y ha estado siempre dispuesto a abandonar el poder, pero siempre que sea por motu propio y de mentira. Es una desmesurada que jamás se le hubiera ocurrido a Stalin y a Mao, y aun al mismo Fidel Castro. Ah, pero ni Stalin ni Mao habían nacido en los trópicos, y Castro es de los trópicos, pero no llanero. De ahí que no puede extrañar que Chávez, no solo tomara el atajo de la dictadura, sino que diga que el pueblo, en su infinita sabiduría, se le apareció en sueños, se hizo verbo, el verbo se hizo carne, le pidió que asumiera la dictadura, y él, como siempre, obedeció humilde. O sea, que Konrad, Zamiatin, Wells, Orwell y Borges juntos, pero en el Caribe mágico y tropical donde los caudillos republicanos encontraron la fórmula para hacer eterna la monarquía y la colonia… o más bien: la conquista. |
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| Chávez de compras por Moscú, Minsk y
Teherán por Manuel Malaver domingo, 1 julio 2007 -------------------------------------------------------------------------------- Que Chávez abandonara por 15 días Sudamérica para ir a fregarle la paciencia a rusos, bielorrusos e iraníes es sin duda un regalo que no sabemos si agradecer a Dios o al hábil liderazgo brasileño que hizo lo imposible para que “el ultimo castrista” se despechara y fuera a llorar sus penas en brazos de Putin, Lukachenko y Ahmadinejad. La oportunidad vino por el lado de los ataques que hizo Chávez al senado carioca a raíz de la condena al cierre de RCTV y de la decisión de los parlamentarios de no aprobar el ingreso de Venezuela al MERCOSUR a menos que “el líder de la revolución continental y mundial” se disculpara, dando lugar a un reguero de dimes y diretes que alcanzó su clímax cuando Chávez le declaró a una agencia de prensa española que “el ingreso al MERCOSUR ya no era una prioridad para su gobierno”. Pero entonces ¿ a dónde dirigirse, si ya lo habían echado ( o “se” había echado) del ALCA, la CAN, del “Grupo de los 3”, y del “Grupo de los 8”, aparte de hacerle fo en el CARICOM, la UE y de cuanto organismo multilateral cae en cuenta de sus antiguallas y anacronías, de su manía de que lo importante es reordenar política y no económicamente el mundo, de su empeño en dividir la comunidad internacional en países capitalistas y socialistas y del regreso a los caducos y atrasados ideales de revolución y liberación, tal cual fueron planteados por Marx, Engels, Lenin, Stalin, Mao, el Che Guevara y Fidel Castro en el curso de los últimos dos siglos?. ¿Quizá al sur de África, donde “el compadre” Mugabe aplica la receta del finado pero inolvidable Idi Amín Dadá, pero con añadidos de Mobuto y Charles Taylor; o a Asia Oriental donde “el hermano” Kim Jong Il adelanta un programa de fabricación de armas nucleares con marchas y contramarchas, pero no sin antes sacarle miles de millones de dólares de la cartera a surcoreanos, japoneses, chinos y gringos, en el primer caso de chantaje nuclear extorsivo que se conoce en la historia? Pues no… ni tan lejos ni hacia áreas tan confusas e impresentables… siendo que un poco más allá del vecindario, a menos de 10. 000 kilómetros de distancia y sin bajarse del Air Bus, ni dejar de disfrutar las delicias que ofrece su hotel 5 estrellas volante, aguardan “los hermanos” Putin, Ahmadinejad y Lukachenco. Los dos primeros, presidentes de poderosos petroestados, y el tercero, subsidario del primero, pero con agallas para ser reconocido como miembro del club, como que audazmente se agrega a una nueva estirpe de dictadores nacida del auge desmesurado e incontrolable de los precios del petróleo, y a causa del cual, se puede odiar la libertad y la democracia, violentar leyes y constituciones, violar derechos humanos y tratados internacionales, y sin que los países de la comunidad internacional se den por aludidos, pues, si se ponen cómicos, no queda más remedio que cerrarles el grifo y obligarlos a alumbrarse con energía eólica, desechos, estiércol, leña, carbón y etanol...si se consigue. Y, lo que es más importante de acuerdo a la visión apocalíptica y desintegrada del poder que padece Chávez, inmersos “los tres” en el gran juego que desafía imperios, rediseña mapas de países y continentes, habla de conquistas, armagedones y guerras nucleares y vuela a restituir al mundo la gloria perdida con la caída del muro de Berlín y el colapso del imperio soviético y por el que dos grandes fieras, el águila y el oso, se paseaban por el mundo picoteándose, arañándose, amenazándose y confrontándose, pero rodeadas de aguiluchos y oseznos que gruñían y corrían a protegerse bajo sus alas. De ahí que para Chávez, el que hace unas semanas apenas Putin desafiara a Bush en la reunión del “Grupo de los 8 más industrializados” en Alemania, a raíz del empeño del segundo de instalar un sistema defensivo de misiles en Europa Oriental; o Ahmadinejad siga negándose a un acuerdo con la UE y la ONU para el desmantelamiento de su reactor nuclear; o que Lukachenco, sin tener petróleo ni gas, maneje las llaves de los oleoductos y gasoductos por los que viaja la energía rusa a Europa, no podía ser más excitante, y olvidándose de compromisos previos para asistir a la reunión del MERCOSUR en Asunción, o de no perderse en Venezuela algunos de los partidos estelares de la Copa América, se fuera a los rincones más alejados, pero más peligrosos, del mundo occidental, y no precisamente “a turistear”, sino “a guerrear”. De modo que otra oportunidad que ni pintada para decirles a sus socios del subcontinente, a “los hermanos” Lula, Kirchner, Vásquez y Duarte que no son otra cosa que puros y simples mercachifles, preocupados por minucias como la reducción de la pobreza, el combate contra la corrupción, y los esfuerzos por ponerle fin a los aranceles y enfrentar las asimetrías, siendo que lo que hay es estar en el gran juego, dando demostraciones de la auténtica vocación de grandeza y entre los grandes poderes, entre quienes decidieron enfrentar al capitalismo, el imperialismo y la economía global, al Gran Satán que debe de una vez por todas recibir el castigo que decidieron el Destino, Dios y los Cielos. Y para demostrarlo al llegar a Moscú, Chávez sacó de una vez la chequera -la famosa petrochequera-, y se compró de un tirón 10 submarinos 636 y MUR, aparte de encargos para nuevos aviones, helicópteros y cantidades no especificadas de fusiles Kalhasnikov; y en Minks, la capital de Bielorrusia, se hizo de un sistema de vigilancia aérea para aviones de ataques y defensa que nadie se explica por qué no lo compró en Moscú siendo que se trata del mismo sistema TOR de facturación rusa, sin contar camiones, tanques, lanchas y toda suerte de cachivaches con tecnología pre Segunda Guerra Fría que solo sirven para acumular polvo y moho. Menos conocido fue el shoping por los centros comerciales convencionales y nucleares de la industria de guerra iraní, aunque sería bueno que consejeros militares caídos en desgracia como Fernando Altuve Febres (presuntamente detenido en su casa a raíz de un oscuro asunto de comisiones por la compra de los aviones Sukhoi-30), le cuente de la guerra que perdió el Irán de los ayatolas con asistencia militar soviética durante los 80, con las huestes de Saddam Huseein armadas por los Estados Unidos, y cómo el reactor nuclear iraní es producto de los desechos que dejó la caída el imperio soviético y su conversión en lastimosa chatarra. Pero no son detalles que interesen al guerrero petrolero y saudita llegado de los trópicos, y para el cual, muy en la onda postmoderna, la guerra se hace y se gana, no en la realidad sino en los medios, no en los campos de batalla sino en los discursos, no en la esencia sino en la apariencia de cubrirse de símbolos, disfraces y aprestos para gritar que los tiempos son llegados, el Mesías ya apareció o está a punto de aparecer y lo que queda es rendírsele, aceptarlo, alabarlo y obedecerle. Y entretanto allá, en Asunción, Paraguay, un grupo de jefes de Estados preocupados por la situación de pobreza, desigualdad e injusticias que aun reina en sus países se queman las pestañas para reducir asperezas, limar diferencias, solucionar la crisis energética y salir con la buena nueva de que mejorara el crecimiento, aumentara el intercambio y las expectativas de que más y más ciudadanos dejarán el círculo de la pobreza y se incorporaran a la vida civilizada, en bienestar y libertad. Eso sí, cuidándose de terminar cuanto antes y de que no aparezca “el líder de la revolución continental y mundial”, el mismo que se presenta como “libertador de los pobres y salvador de la humanidad”, el que dice que lo importante es la política y no la economía y se declara, por más señas, “hermano” de Putin, Lukachenko y Ahmadinejad. |
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| Pobre
Chávez: Tan cerca de Castro y tan lejos de los estudiantes
venezolanos Fue característico que Chávez corriera a cobijarse en los brazos de Fidel Castro, mientras cientos de miles de estudiantes protestaban a lo largo y ancho de Venezuela por el cierre de RCTV y el giro marcadamente anticonstitucional, marxistoide y neototalitario que adoptó el gobierno después de las elecciones del 3 de diciembre pasado. Tormenta que hasta el momento de escribir estas notas no daba señales de amainar, sorprendió a Chávez sin paraguas ni lugar de refugio, y le dejó tal sabor de desamparo, desconcierto y falencia que pasó una semana para entender qué pasaba y dos para programar qué hacer y dónde dirigirse. Entretanto echó mano al piloto automático y sacó de la manga la manida teoría de las conspiraciones, la conseja según la cual de nuevo lo estaban buscando para matarlo, a él, que es el responsable de las crisis de insomnio que desde hace ocho años padecen George Bush, Dick Cheney, Condoleeza Rice y toda la derecha nacional, continental y mundial y que, con miras a recobrar el sueño, contactó algo así como a un millón de estudiantes venezolanos para que protestaran y prepararan las condiciones que antecedieran al magnicidio. También habló de un “golpe suave”, de aquella táctica de estallidos cívico-militares y manifestaciones continuas que desembocan en la violencia y deslegitiman a un gobierno constitucional, para pasar ha sustituirlo por uno transitorio que simpatiza con la revuelta y prepara las condiciones para que los violentos ganen las elecciones y pasen, entonces, a hacer la revolución por la vía democrática, comicial y pacífica. Que fue exactamente la que le aplicó Chávez a los gobiernos democráticos de Venezuela, Evo Morales a los de Bolivia y Lucio Gutiérrez y Rafael Correa a los de Ecuador, en una orgía de folklorismo etnocentrista, nostalgia postestalinista y militarismo decimonónico que causa asombro en el mundo, no por lo novedoso y original, sino por lo vetusto y antiguo. Y que según Chávez terminó siendo copiada por los movimientos democráticos, populares y de calle que derrocaron a los dictadores Fujimori de Perú, Milosevic de Servia y Yanukovich de Ucraina, siendo que desde que existen dictadores en el mundo que se aferran sempiternamente al poder, el pueblo recurre a la opción de derrocarlos en la calle, enfrentando a sus secuaces, esbirros y cuerpos policiales y arrollando a las fuerzas civiles y militares que los apoyan. Tal como sucedió en Venezuela en los años 28, 36 y 58 del siglo pasado, cuando movimientos estudiantiles y populares se lanzaron a la calle a destruir decenas de años de despotismo, corrupción y oprobio y lo lograron abriendo los únicos dos paréntesis democráticos que ha conocido el país en toda su historia republicana. Y son estos recuerdos, estos pálpitos y estas certezas las que tienen temblando a Chávez desde hace 3 semanas, acosado por la gritería estudiantil y las noticias de que más y sectores, más y más grupos, más y más partidos se unen al que es, sin duda, el más sonado “tente acá” que le han aplicado desde que se estrenó como pichón de dictador Razones más que suficientes para que, no bien pasado el shock, no bien salido del susto, no bien escapado del desmayo, Chávez corriera a hacer las maletas, a abordar el Air Bus, y ordenar “un rumbo a La Habana” para presentarse en la sala de terapia intensiva de un hospital o clínica, donde no se sabe si el dictador Castro vive o muere, si se prepara para recibir la extremaunción o vestir el uniforme para reinstalarse en la presidencia de Cuba. Y les garantizo que la situación no fue nada fácil para el presidente venezolano y líder máximo de la revolución continental y mundial, pues hasta ahora era él, Chávez, quien se presentaba a la sala de terapia intensiva a suministrarle energía al enfermo, a inyectarle optimismo, salud y ganas de vivir, a decirle que no se muriera, pues aún le faltaba ser presidente de Centroamérica, el Caribe, Venezuela, los países andinos, el Cono Sur y Brasil. Y era así como el moribundo volvía a la vida, abría los ojos, sonreía y empezaba a dar síntomas de que una milagrosa medicina se le había suministrado, una que lo regresaba de la muerte y de la cual necesitaba dosis cada vez más fuertes para sobrevivir. Pero el Chávez que se presentó el jueves pasado al mediodía en la sala de terapia intensiva de un hospital o clínica de La Habana, era un Chávez desolado, triste, minusválido, encorvado, doliente, y que ¿quién lo iba creer?, en cuanto vio al Caballo prorrumpió en un llanto copioso, hondo, amargo, como si hubiera venido, no a reencontrarse, sino a despedirse del amigo, padre y mentor. Por lo que esta vez fue Castro quien le ripostó en perfecto venezolano: “Pero bueno, Hugo, ¿y qué vaina es esa? De manera que cada vez que en Venezuela se alzan unos militarcitos, o unos estudiantes salen a las calles a protestar, tú sales corriendo a refugiarte en las sotanas de los curas, o te vienes para La Habana para que yo, un enfermo terminal, te consuele. ¿Y tú eres el mismo que va a derrotar al imperialismo, a enfrentar los ejércitos de Bush, de Uribe y la OTAN, el que va restaurar la construcción del socialismo planetario y la salvación de la humanidad? No me jodas, Hugo. No vale, compórtate, aprende a ser hombrecito, revolucionario y antiimperialista y si no me avisas para llamar a Rangel, Baduel o Germán para que tomen previsiones y se encarguen del coroto”. Y fue así cómo Chávez se repuso, tranquilizó y comenzó a contar sus desventuras de las últimas 3 semanas, cuando, mientras se preparaba a disfrutar de la programación del nuevo canal de televisión TVES que le cocinaron Ramonet, Dieterich, Fernando Carrillo, Lil Rodríguez, Joselo, Willian Lara, y Henry Galué, empezó a oír la aproximación de un rumor, de una ola, de un tsunami que lo fue envolviendo, sitiando, abrumando, un turbión de manifestaciones y protestas que lo tenían ahora sentado al lado de aquel anciano, que a veces lo estrechaba contra su pecho, otras lo regañaba, otras le pasaba la mano por el pelo, pero siempre en el espíritu de arrullarlo y demostrarle que estaba frente un padre confiable, generoso y agradecido. Disertación que escaló su clímax al referirse Chávez a los estudiantes de las universidades, a los cuales acusó de ingratos, malagradecidos, imperialistas, bushistas, oligarcas y golpistas, pues habiéndoles dado todo, desde las cunas donde nacieron, hasta las primeras leches maternizadas que probaron, pasando por juguetes, móviles, y legos, salieron a alzársele y llamarlo dictador, totalitario, y enemigo de la libertad de expresión. “Y todo sin contar querido viejo, con la educación que han recibido. Desde los jardines de infancia, hasta los kinders, la primaria, secundaria y universidad. Con material e instalaciones educativas óptimas, de primera. Hijos, en definitiva, de la Misión Róbinson, de Barrio Adentro, de la Negra Hipólita y de tantas políticas sociales por las que Venezuela está entre los primeros lugares de desarrollo humano en el mundo, en reducción de la pobreza, de la violencia, la inseguridad y la inflación”. “Suele suceder, Hugo; suele suceder, muchacho” comentó Castro. “La gente es muy ingrata y malagradecida. En Venezuela, en Cuba, en todo el mundo. Sobre todo los estudiantes. Por eso yo, desde el comienzo, busqué la forma de meterlos en cintura, de controlarlos, de convencerlos de que no hicieran preguntas indiscretas, ni tuvieran comportamientos inadecuados. Voy a llamar ahora mismo Raúl para que te prepare mañana mismo una reunión con estudiantes de la Universidad de La Habana y aprendas in situ lo que sucede cuando los jefes revolucionarios no andamos con lloriqueos, aplicamos mano dura y sabemos construir un aparato, una estructura que lenta, pero implacablemente, lo va dominando todo”. Y fue así como Chávez se reunió al día siguiente con un grupo de estudiantes de la Universidad de La Habana, fue así como pudo hablar durante horas sin ser interrumpido por preguntas indiscretas ni comportamientos inapropiados, fue así como se explayó en las mentiras de siempre como el paquete de la construcción de una refinería de gas licuado en Cuba cuando Venezuela tiene déficit de gas; pero sobre todo, se desahogó hablando contra los estudiantes venezolanos, acusándolos de golpistas, oligarcas, bushistas, vendepatrias y agentes del imperialismo norteamericano. Por lo que quedó muy satisfecho, gratificado y soñando con el tiempo en que los estudiantes venezolanos sean como aquellos que encontró en la Universidad de La Habana: tranquilos, reposados, silenciosos, quietos, sin preguntas indiscretas, ni comportamientos inapropiados. Sobre todo en un futuro no lejano, cuando ya no exista Castro, ni dictadura cubana. |
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Sacalapatalajá
Sin duda una semana esta que pasó (o está pasando), que hizo retroceder al país a aquellas décadas del siglo XX cuando los dictadores Juan Vicente Gómez y Marcos Pérez Jiménez gobernaron con mano de hierro y en medio del más absoluto silencio; pero también que lo hizo progresar a las protestas estudiantiles de los años 1928 y 1957 que, no solo marcaron el inicio del fin de los gobiernos de fuerza, sino también el risorgimento de una generación de venezolanos más democrática, más transparente, más consistente y más aprendida. Por eso, 7 días para recordar el misterioso y telúrico “sacalapatalajá”, el grito de guerra de los jóvenes que en las postrimerías del gomecismo rompieron el hielo con el que policías represivas, censura, cárceles, torturas, muertes y trabajos forzados convirtieron a Venezuela en el país más atrasado del mundo. Y que consciente o inconscientemente repiten los jóvenes y estudiantes venezolanos cada vez que un sátrapa recoge las miasmas de uno y otro dictador e inicia la marcha que condena a millones de ciudadanos a ser súbditos de un rey redentor, rehabilitador e iluminado. De ahí que siempre es también el nacimiento de una generación, de ese refrescamiento por el que torrentes de ideas y sentimientos recién llegados barren con los hábitos que crean los dictadores y los que permiten que se instalen los dictadores. Fin de un ciclo y comienzo de otro y de una guerra que no termina cuando el esperpento es desalojado del poder, sino que continúa y transfigura en una misión más trascendente, pues de lo que se trata es de deshacerse generacionalmente de quienes, con intención o sin intención, se convierten en los vástagos de la especie en extinción. En cuanto al caso que nos ocupa (que no es otro que el de Hugo Chávez y el de la nueva generación que batalla en las calles por hacerlo retroceder o sacarlo del poder), debe decirse que se trata, no solo de un déspota que fue a buscar al pasado los rituales para someter a los venezolanos, sino que también se cubrió con el peso de cadenas de ideas del siglo XIX que habían fracasado en el XX y ensayar a que lo tomaran como un renovado y creativo vendedor de baratijas. De ahí que combine kepis, botas, charreteras y galones con cadenas de radio y televisión donde pronuncia discursos que pueden durar hasta 7 horas y por esa vía es el primer dictador de la historia en utilizar una tecnología de punta, no solo para aplastar a sus oyentes con información falsa, sino para torturarlos. Un innovador, sin duda; un revolucionario de la milenaria escuela del pensamiento único, la hiperinflación del ego y el poder total que ha ensayado a sintetizar pócimas y conjuros en rituales donde un anciano moribundo le escribe todos los días, desde un país y un periódico de su propiedad, las fórmulas para salir de los caos en los que, de puro disfuncional, lo introduce. Y Chávez muy contento, feliz y triunfador… hasta el día que el grito de los estudiantes de febrero de 1928 retoñó entre los estudiantes del 28 de mayo pasado y empezó a borrarle las muecas, reduciéndolo a un orador de 2 horas de discursos y animador de manifestaciones de utilería que trata por todos los medios de contener la avalancha que lo condena y persigue desde todos los rincones del país y del mundo. Hora de pasar agachado, de hacerse el loco, ver como se gana tiempo y regresar con los delirios pero después que pase el temporal. Pero ¿pasará?...Como otras veces ¿pasará?...Pareciera que no es la intención de la nueva generación que se está proponiendo objetivos políticamente posibles, mientras con la derrota del paquete más grotesco y pestilente del salvador de la humanidad, hace el inventario para que el chavismo vaya desapareciendo como se esfuman los chubascos en el horizonte. Claro, que dejando sequelas de muerte y destrucción, pero también la esperanza de que, por lo menos en el siglo XXI, no tendrán otra oportunidad.
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| Cisneros por Manuel Malaver jueves, 31 mayo 2007 -------------------------------------------------------------------------------- Es como una fatalidad, pero el nombre de Gustavo Cisneros ha sido parte del entarimado de las 3 grandes crisis políticas vividas en el país en los últimos 5 años. En el 2002 el gobierno lo acusó, primero, de estar tras la formación del gobierno de Pedro Carmona Estanga y después de financiar el paro petrolero; el 2004 la oposición dijo que se había aliado con Jimmy Carter para fraguar el fraude del referendo revocatorio; y ahora cuando Chávez decidió bajarle la santamaría a RCTV, portavoces del gobierno y la oposición han estado contestes en afirmar que algún dividendo debió cifrar Cisneros de la más grande agresión sufrida por la libertad de expresión en Venezuela en los 50 años que median entre los dos siglos. Claro, sin pronunciar su nombre, pues ha sido tal la tenebrosidad acumulada por Cisneros durante los sucesos que significaron el anclaje de la autocracia chavista, que hay que tener cuidado al asociarse, aunque sea silábicamente, con semejante exceso. No fue así, sin embargo, en los inicios del chavezato, cuando después de décadas de arrastrar la acusación de ser el promotor del más furioso anticastrismo venezolano y sudamericano, Cisneros temió, sensatamente, que el cabecilla de la izquierda resurrecta, repotenciada, religiosa y borbónica viniera por el ajuste de cuentas. De ahí que venciendo quien sabe que de resistencias, cálculos y escrúpulos (literalmente, “con el pañuelo en la nariz”), Cisneros jugó a ser antichavista primigenio, demócrata de los que no sujetaba los principios a los dólares, y nuevo líder de la antipolítica que con el segundo canal de televisión abierta de mayor ratting en el país y acciones en la primera cadena de televisión por cable del continente, soñaba con rehacer la política, intervenirla, maquillarla, plastificarla y transfusionarla de acuerdo a unas ideas de liberalismo económico, sociedad abierta y empresas globales que le bullían en los bolsillos. Claro que por esos días no faltaron los mal hablados que salieron a decir que más que por inspiración propia, Cisneros, le seguía línea a sus amigos de toda la vida George Bush, padre, y sus hijos Jeff y George W. Bush, y para confirmarlo se referían a las continuas visitas que hacia el primero a un hato que tenía Cisneros en la Gran Sabana, y, donde, aparte de pescar pavón, parece que se hacían planes para la época en que Chávez no sería ni un mal recuerdo en la escaldada memoria nacional. Pero creo que eran especulaciones, que en ésta, como en circunstancias parecidas, la amistad no tiene porque ir pareja a la política, y que hoy, cuando Cisneros es una ficha pura y simple de la revolución bolivariana, debe seguir reuniéndose, dando y recibiendo consejos, configurando negocios, conversando y pescando con los Bush…como si tal cosa. De la misma manera que en la Casa Blanca tampoco tendrían porque extrañarse si les cae un video donde, Cisneros, de alpargatas, franela y sombrero de cogollo aparece un fin de semana en su hacienda de la Gran Sabana aspeando un joropo escobillado con la mismísima…¡Iris Varela! Pero los pocos años que pasó Cisneros en el antichavismo primigenio también le sirvieron para algo más sustancial, permanente y estratégico, como fue sacudirse la polilla de una cierta fama de empresario apache, corsario y salvaje, sin respeto por las reglas de juego y volcado a la práctica de cualquier novedad non santa con tal de salir adelante con un buen negocio, que lo acompañaban casi desde que tuvo uso de razón (si el eufemismo es aplicable). Sobre todo en su relación con los primeros gobiernos auténticamente populistas de la experiencia democrática, con aquellos presidentes que pensaban que la redistribución del ya gigantesco ingreso petrolero, pasaba por la promoción de una burguesía joven, fresca e irreverente que hiciera pactos con la estatocracia para hacer realidad la redención de los pobres. Recuerdo que fue por esos años cuando el inolvidable, fraterno y revolucionario de verdad verdad, Pedro Duno, escribió un libro que hizo época, “Los doce apóstoles”, en el cual Cisneros conoció por primera vez el moldeado de una reseña biográfica, aun cuando Duno, con el calado que le era proverbial, creo que nos dejó más bien su estatua. Colección de reportajes que estoy seguro leyó, estudió, subrayó, apostilló y enriqueció, Hugo Chávez, en aquellas primeras reuniones que, según sus exegetas, sirvieron tanto para juramentar a los conjurados originales, como para formar a quienes 20 años después lo acompañarían en el asalto al poder. Seguramente que con la misma devoción que oía las canciones de Alí Primera, leía “Venezuela Heroica” de Eduardo Blanco, el “Poemario de Luís Edgardo Ramírez”, “El conde de Montecristo” de Alejandro Dumas, “Los Miserables” de Víctor Hugo, “Frente a los Bárbaros” de Vargas Vila, “El hombre mediocre” de José Ingenieros, “La última proclama de El Libertador”, algún que otro ensayo de Simón Rodríguez y “El Mártir del Gólgota”, de Enrique Pérez Escrich. Y aquí vienen las preguntas: ¿Qué hizo Cisneros para convertirse, de factótum del gobierno de Pedro Carmona Estanga y financista del paro petrolero, a empresario consentido de Chávez y la revolución? ¿Cuáles han sido las artes, conjuros o embrujos que empleó para que el líder de la revolución latinoamericana y mundial, no solo no lo incluya en las largas y penosas diatribas donde no se salva ni el Papa Benedicto XVI, sino que habla del entrepeneur neoliberal y global con entero respeto y se refiere a él como “un compatriota, empresario paradigmático en su solidaridad con los pobres, y amigo al cual le falta mucho que hacer por la revolución?”. ¿Eficacia de los rituales de santería a la que dicen son aficionados tanto Chávez, como Cisneros? ¿Influjo de un poder subrenatural que en el caso del presidente de Venezuela no puede ser sino el del presidente de Cuba? ¿Y si jamás existió un Cisneros anticastrista, contrarrevolucionario y anticomunista, así como tampoco existe un Chávez antibushista, antinorteamericano, antiimperialista y anticapitalista? Pero aquí viene la pregunta más enigmática, desconcertante y perturbadora: ¿Qué hizo Chávez para ganarse el corazón de Cisneros y recibir el trato de “hermano” de un individuo con fama de distante, desconfiado y sin inclinación por las zalemas y amapuches? ¿Qué ha juntado a estos dos venezolanos de orígenes tan diversos, gustos tan dispares y preferencias situadas en las antípodas de la política, la filosofía, la cultura, la ideología y la sociedad? ¿Alianza político-mediática, o mediático-política, entente, bendecida por el inefable Jimmy Carter, para que Cisneros construya una gigantesca red de medios a nivel continental y mundial, por la que Chávez avance en el relanzamiento de la revolución marxista y comunista, haga efectivo el testamento por el cual Fidel Castro lo constituye en su heredero, con Cisneros en el papel de aquellos papas de la Edad Media que ungían y coronaban a l reyes y emperadores? ¿Cuántos millones de petrodólares están de por medio, no estará ahí la causa de la caída de las reservas internacionales del país en los últimos 6 meses hasta en un 30 por ciento? Porque vamos a estar claros, ni Cisneros se mete en jugadas donde “el vil metal” no esté lo suficientemente acuñado, ni Chávez se alía con “otro diablo” si no le representa una ganancia en su acumulación del “vil poder”. Máxime cuando los sueños de Cisneros de pasar a ser, en lo que se refiere a influencia mediática y fortuna, un par de los Marinho de Brasil, los Azcárraga de México, y los Perenchio, Saban y Murdoch de Estados Unidos, no es que se esfumaron, se convirtieron en pesadilla. Y para demostrarlo, ahí está Venevisión, el canal 4 de Venezuela, con apenas 20 por ciento del ratting, rechazado, negado y apagado por el 80 por ciento de la teleaudiencia y rodando a ser una versión “light” de Venezolana de Televisión, Vive TV, Telesur y TVES. Y en cuanto a Chávez ¿qué queda de aquel Robin Hood que era visto en el mundo hasta hace 4 años con curiosidad, sino con aprecio, por sus promesas de redimir a los pobres, combatir la corrupción, promover una revolución moral y salvar a la humanidad? Pues un remedo de dictador caribeño y bananero, apto apenas para ilustrar las futuras ediciones de “La Fiesta del Chivo” de Mario Vargas Llosa, disfrazado unas veces de militar en zafarrancho de combate y otras en zafarrancho de disfrute, pero siempre dejando la impresión de que una grotesca impostura se engulle a un país y a una sociedad. Y es en este contexto donde cobra lógica el zarpazo contra RCTV, la marramucia por la cual el caudillo que ya no es más que un retoño de los dictadores latinoamericanos del siglo XIX y el empresario neoliberal y global que fracasó en demostrar que podía hacer negocios sin el paraguas del papa estado, se aliaron para perpetrar una de las peores felonías que se conocen contra la libertad de expresión. Chávez preparándose a promover disturbios que le permitan dispersar y desviar la justa protestar estudiantil, y Cisneros apartando las cámaras y haciendo blackout informativo para que no se sepa que hay una Venezuela dispuesta a ponerle fin a sus días y a los de Chávez. Mientras tanto me cuentan que los socios políticos, mediáticos y capitalistas siguen llamándose, conectándose y felicitándose por el reparto de los equipos, la señal, la teleaudiciencia y la cartera publicitaria de RCTV. Que les aproveche. |
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| Hasta luego RCTV No será una prueba fácil para los venezolanos amanecer el próximo lunes sin el canal de televisión que durante 53 años emblematizó la apertura de Venezuela al mundo, fue el más importante laboratorio para la forja del talento nacional en un oficio típico de la segunda mitad del siglo XX, y que atrajo teleaudiencias de más del 60 por ciento con programas como Radio Rochela, El Observador, La Señora de Cárdenas, Boves, el Urogallo, Estefanía, Primer Plano, Expedición, A puerta cerrada, Gómez, Por estas calles, La Entrevista y Los Chismes de la Bicha, para solo recordar a unos pocos. Una programación que convocó a los venezolanos a visualizar las grandes obras de la literatura nacional con realizaciones y actuaciones que aún se recuerdan y perviven, a denunciar la corrupción, la arbitrariedad y las violaciones de los derechos humanos presentes como remanentes de las pulsiones de un pasado no del todo olvidado ni estigmatizado, a descubrir a Venezuela en la extensión de su geografía física, espiritual y humana y a entretenernos con un clásico del humor como Radio Rochela que era nuestra cita obligada de los lunes dónde estuviéramos, cómo estuviéramos y para lo qué estuviéramos. Glosario de personajes y situaciones del más hondo sentir nacional, de la más intensa pasión venezolana, como que no nos sentimos ni admitimos sin esas ganas inmensas de reírnos de nosotros mismos y de los demás. Y eso es lo que no entiende la revolución malhumorada, con mal de rabia, arisca, simple, aculturada, resentida y vengativa; la nostálgica y sombría en cuanto que sus imágenes preferidas son la guerra, la violencia, los cerrojos, la división y el cobro de cuentas. Todo lo que está, en fin, en contra del presupuesto de la mejor televisión venezolana de todos los tiempos, de las frases, imágenes, historias y argumentos del Ciclo de Rómulo Gallegos, de la telenovela cultural, las miniseries que exploraban las propuestas históricas de Arturo Uslar Pietri, Miguel Otero Silva y Francisco Herrera Luque y de ese andar por Venezuela sin esparadrapos, preconcepciones ideológicas y prejuicios politiqueros que ya tienen programado lo que van a encontrar y revelar. Y aquí es inexcusable no recordar a José Ignacio Cabrujas, Salvador Garmendia, Julio César Mármol, Manuel Bermúdez, Tomás Eloy Martínez, Tomás Henríquez, Doris Wells, Amalia Pérez Díaz, Rafael Briceño, Oscar Martínez, Marina Baura, Gustavo Rodríguez, Miguel Ángel Landa, Carlos Márquez, Eva y Amanda Gutiérrez, Caridad Canelón, Cayito Aponte, Pepeto, Isa Dobles, Luís García Mora, Ilan Chéster, Yordano, Nelson Bocaranda, Marieta Santana, Mimi Lazo, Ibsen Martínez, Dhamelis Díaz, María Alejandra Martín, Gledys Ibarra, Nelson Bustamante, Tinedo Guía, Miguel Ángel Rodríguez, Luisiana Ríos, Isnaldo Bravo, Berenice Gómez y tantas voces, gestos e ideas que se integraron a nuestras angustias, pasiones, tristezas, risas, apuestas y decisión de no cejar en el esfuerzo porque Venezuela sea siempre un país libre, democrático, plural y trenzado a la legalidad. De modo que razón tiene el gorilaje chavista siglo XXI para ir "desbaratando encajes" (Andrés Eloy Blanco dixit) de nuestra formación histórica más íntima, de nuestra identidad más entrañable, para intentar transformar a un pueblo de hombres libres en el rebaño que lo corea y sigue en los incontables sainetes que escenifica cada día. Y para lo cual necesitaba aplastar, borrar y sacar del aire a RCTV, pulverizar su historia, arruinar su material de archivo, destruir sus equipos, cesantear a sus trabajadores, no perdonarle a sus comunicadores, actores, técnicos y empleados su decisión de no pararle a una revolución que más parece un número de circo que un suceso de la historia y la amenaza de condenar a su teleaudiencia a calarse los hórridos productos audiovisuales del canal 8, Vive TV, Telesur y todos los adefesios radioeléctricos que continuará implementando el chavismo mientras sobreviva. Y cuya mejor carta de presentación es esta camada de "creadores" que han corrido a aplaudir, respaldar y participar en el asesinato de RCTV (comunicadores de la escuela de Izarrita, cineastas de unas pocas películas pero todas financiadas por el estado, poetas que reciben premios no tanto por poetas como por haber sabido callar, humoristas joselianos y novelistas, cuentistas, historiadores y filósofos con mano y facturas sueltas para pensar y escribir, pero sin traspasar la liturgia por la que Chávez es loado como "el más grande revolucionario de todos los tiempos". Y si se resbalan, los espera la Confesión del poeta cubano, Heberto Padilla, o los 7 años que pasó en una cárcel coreana el poeta venezolano, Alí Lameda, por haber dicho unas bromas inocentes, el primero contra Fidel Castro y el segundo contra Kim Il Sung. Y es que si bien es cierto que estoy escribiendo estas notas y que las mismas no me llevarán "por ahora" a aquellas "cuatro paredes blancas" de que habla, Joan Manuel Serrat ¿qué duda cabe que ya estoy en los archivos, bien documentado, notariado y notificado y en espera de que me llegue el día, y, bien por una decisión de las policías políticas, o de las bandas de civiles que sitiaron el jueves a FEDECAMARAS y el viernes a Globovisión, reciba "mi merecido" por no haber sabido reconocer el rayo y el trueno que anunciaban la redención de los pobres y la salvación de la humanidad? "Todo tiene su tiempo" parecen decir los "analistas" de la salas situacionales de MIraflores, la vicepresidencia y el MIJ, "y en lo que tarde en aparecer el nuevo modelo de la Audi, la Toyota, Chrysler, o BMW, no habrá más este canal, aquel periódico o aquella emisora,… anótelo ahí compatriota". Porque es bueno saber que el tiempo no se mide entre los burócratas de la "revolución bolivariana" en meses y estaciones del año identificados con las cosechas, la productividad o los sucesos históricos, sino con las marcas y modelos de las camionetas y carros de lujo que salen al mercado y son parte de las pasiones de los socialistas revolucionarios, sauditas y petroleros. Así por, ejemplo, los militantes del grupo Alexis Vive" que sitió el viernes a Globovisión llegaron, tanto en autobuses de una alcaldía oficialista, como en una ristra de los últimos modelos de GM, Ford Motor, Toyota, Nissan y hasta de BMW que sembró el pánico por las cantidades involucradas en términos de dólares, euros y yenes. De la misma manera que en los cuarteles se arenga a los soldados desde los capots y parrilllas de las Hummer y Autana para que no cejen en su empeño de contener a los oligarcas, los imperialistas y los vendepatrias de los periódicos, canales de televisión y emisoras de radio. "Pase usted por un cuartel" me comentaba recientemente un coronel "y verá cómo los soldaditos que antes se empleaban en el cuido de la haciendas y la reparación de las casas de los oficiales, ahora deben lavar, cuidar y reparar las camionetas y carros de lujo de la nomenclatura castrense". Y todo cual explica con creces el pánico que le tiene el gorilaje chavista siglo XXI a todo cuanto implique revelación de sus pequeñeces, mezquindades, miserias, estafas e inutilidades; el miedo a que no se sepa que eso fue lo mismo que instrumentaron rusos, chinos, vietnamitas, polacos, checos, húngaros, rumanos y alemanes del este, pero para correr a desprenderse, renegar y corregir el más catastrófico e irracional error de su historia; a que se ignore que hasta los cubanos esperan con impaciencia la muerte de su longevo dictador para correr a retomar la senda de la racionalidad, la modernidad y la legalidad. Es, en definitiva, "el amor y terror a las palabras" de que habla el filósofo Briceño Guerrero, que es también "el amor y terror a las imágenes", ya que no hay un solo dictador en la historia que no haya pretendido callar a los demás, pero para hablar el solo y sin el susto de que alguien le grite o susurre que está equivocado, que como dijo el libertador, Simón Bolívar: "Todos los pueblos del mundo que han lidiado por su libertad, han exterminado al fin a sus tiranos". Y por todo ello, no adiós, sino HASTA LUEGO RCTV. |
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| Cuando los dinosaurios invadieron
RCTV por Manuel Malaver miércoles, 23 mayo 2007 -------------------------------------------------------------------------------- De los tantos bochornos que hemos presenciado en los últimos días en el marco de la ofensiva chavista contra RCTV, sin duda que el más indignante es un promocional con el sello del MINCI donde se nos da cuenta de la programación del canal que amenazadoramente se llamará TVES. Porque, si lo que el chavismo comunicacional concibe como “televisión de servicio público” es una colección de bodrios donde la burocracia gubernamental se empeña en enseñarle al pueblo el folklore, “su” folklore, y convencerlo de que, como chavista, nacionalista y revolucionario no puede abrirse a otras ventanas, a otras opciones, entonces ya veremos una caída en picada del folklore y el surgimiento del deseo natural de informarse, conocer y acostumbrarse a otras músicas, otras pinturas y otras literaturas sea como sea . Fue lo que sucedió en Cuba durante finales de los 60, cuando la música pop de origen anglosajón y el jazz fueron literalmente prohibidos, pero sin que ello evitara que los Beatles sonaran para las nuevas generaciones y el jazz afrocubano sobreviviera y renaciera con Irakere y los experimentos de Chucho Valdez, Arturo Sandoval y Paquito D´Rivera. Eso en cuanto al “folklore y la música”, porque en lo que se refiere a documentales sobre política e historia, ya asoma la amenaza de versiones ideologizadas de sucesos y personajes en el mismo tono de aquel ministro de Cultura del stalinismo, Zdanov, para el cual, no solo la rueda y el arado habían sido inventados en la Rusia presoviética, sino que el principio de Arquímedes, la ley de gravedad, el cálculo infinitesimal, el primer motor, el primer carro y el primer avión habían estado en los albores del socialismo y el comunismo. O sea, que tendremos una historia al uso de la nueva ideología chavista, nacionalista y revolucionaria, para la cual será imposible admitir que el socialismo del siglo XXI está precedido de 500 años de historia, en cuyo curso tres razas se acrisolaron para trabajar, luchar, progresar y participar con todo derecho en la más grande revolución de todos los tiempos: la revolución tecnológica de los últimos 50 años. De modo que no se extrañen si el próximo año, unos arqueólogos socialistas con financiamiento del ministerio de la Cultura descubren en las cercanías de Sabaneta un petroglifo con unos signos parecidos a una escritura y que rápidamente se pase a considerar si no se trata del primer alfabeto y si sus inventores no están “por casualidad” entre los ascendientes del presidente Chávez. Y todo sostenido por sesudos sociólogos, antropólogos e historiadores que en congresos celebrados in situ, o en la sede de algunas de las universidades bolivarianas, hablarán al mundo para anunciarles que la “historia ha cambiado para siempre”. Pero lo peor serán los documentales, reportajes y entrevistas tipo “años 50” que veremos en el nuevo canal, y a los que seguramente se unirán otros, en la primera cadena de televisión abierta y por cable nacida del seno de una revolución. Y a los que duden que la “televisión de servicio público” rodará por esa plataforma, y solo esa, yo les recordaría que Telesur –el canal con el que Chávez trata de demostrarle al mundo que “es el líder revolucionario de los tiempos de la derrota final del capitalismo y el triunfo definitivo del socialismo”- se inició con un documental donde se afirmaba en tono muy serio “que el Libertador, Simón Bolívar hacia nacido en Capaya, y era hijo de una esclava”. Y como esa, seguramente que otras tantas mentiras y fiascos, como que no basta con proceder de manera ilegal e inconstitucional a apropiarse de una canal privado de televisión, sino también de devaluarlo, degradarlo, subcapacitarlo, sin duda que para hacerlo uno con la revolución postiza y mostrenca y demostrar que el retroceso toca las fronteras de la época de los dinosaurios. |
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| El
carmonazo de Chávez No es fácil explicarlo, pero mientras más reflexiono sobre la reforma constitucional que implementa el presidente Chávez desde que la Asamblea Nacional le aprobó la mega Ley Habilitante, más me convenzo que estamos frente a un replay de aquel superdecreto con el que Pedro Carmona borró de un plumazo, en pocas horas y sin que le quedará nada por adentro, los 350 artículos de la constitución vigente. Y miren cómo han criticado Chávez y sus adláteres aquel “crimen” del más efímero de los presidentes venezolanos de todos los tiempos, cómo han fatigado calificativos, insultos, y decisiones judiciales para condenar al que juzgan un reo de lesa patria porque se atrevió tocar el texto sagrado que había sido aprobado dos años antes para refundar la república y crear las bases que conducirían a su liberación definitiva. Pero solo para imitarlo y superarlo de la manera más audaz y conspicua, pues si la “derogatoria” de Carmona se hizo para convocar una constituyente que redactara una constitución más democrática, libertaria y que respetara la independencia de los poderes, y los derechos y garantías ciudadanas, Chávez se dejó de remilgos y pasó a redactar el mismo un nuevo texto, en el mayor secreto y sin consultar nadie, pues ya había decidido que la jugada era para convertirlo en el primer monarca nacional de origen vernáculo, totalitario y revolucionario. Fíjense si no, en la disposición que establece la reelección indefinida en un país donde los miembros del CNE y del TSJ proclaman que son gobierneros y militantes del partido oficial, así como los artículos que barren o mediatizan la descentralización, la elección de gobernadores y alcaldes y la independencia del movimiento sindical. Y sin contar, que en estos mismos días Chávez está creando un partido único, el PSUV, que seguramente será consagrado en la Carta Magna como el único partido oficial, socialista, honesto y revolucionario, dando inicio al proceso que partirá la sociedad civil venezolana entre quienes se someten al caudillo y pasan por tanto a disfrutar las migajas del estado, y los rebeldes que serán marginados, controlados, perseguidos y forzados al exilio. Cierto es que se podría alegar que la “derogatoria” de Carmona se resolvió en un conciliábulo carente de legalidad y legitimidad, pero, de igual manera ¿una Asamblea Nacional monocolor que se limitó a “carmonizar” a Chávez dándole facultades para tachar 110 artículos de la bolivariana y sustituirlos por otros tantos de su inspiración, es legal, es legítima? Porque okey, Pedro Carmona estaba urgido por darle una salida constitucional a una situación de facto y realmente no podía, ni confiar en una asamblea con mayoría chavista, ni convocar otra en un fin de semana ¿pero Chávez no podía llamar a “sus” asambleístas a legislar y darles el consuelo de que al menos simularan que eran ellos y no organismos ni individualidades infacultas las que asumían tamaña responsabilidad? Y aquí es donde concluimos que la aspiración autocrática de Chávez no tolera siquiera un poder legislativo de papel, y que, así como la nueva constitución podría perfectamente intercambiar con la vieja los calificativos de “bolivariana” por “chavista o chaviana”, también habría que prepararse para que las próximas leyes y constituciones a aprobarse (las revoluciones son fecundas en el ramo) sean producto de la genialidad de tan calificado legislador. Tal cual hacían conquistadores como Napoleón, y libertadores como Bolívar, que no era solo que dirigían grandes ejércitos y derrotaban países e imperios, sino que fundaban repúblicas y las normaban de acuerdo a constituciones de su propia inspiración. ¿Será el próximo paso en la carrera meteórica del Centauro de Sabaneta? …Quién sabe…Pero que se preparen Cuba, Nicaragua, Ecuador y Bolivia |
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| Chávez adora la coca, pero detesta el whisky por Manuel Malaver domingo, 6 mayo 2006 -------------------------------------------------------------------------------- De antiguo es conocida la inmoralidad de los moralistas, el empeño que ponen los predicadores de la moral y las buenas costumbres en condenar las pequeñas transgresiones, mientras aceptan y aplauden las grandes. Práctica que también es de uso corriente entre políticos fanáticos y fundamentalistas, a quienes la moral les resulta una herramienta ideal para poner en dificultades, devaluar y reprimir a los enemigos, en tanto que favorece, ayuda y promueve a los propios, a los amigos, a los partidarios. “Cada vez que alguien quiere ponerle la pata en el pescuezo a otro, lo agarra por la nariz y le habla de la moral” decía Nietzsche, aludiendo al hecho de que no hay dominador, ni dictador, ni conquistador que no funde su imperio en la moral. Y cuando se habla de “moral y dominación” se tropieza uno por fuerza con los revolucionarios marxistas, colectivistas y milenaristas, los cuales han impuesto sus utopías totalitarias en la pretensión de crear una sociedad de santos, mientras entre ellos practican los peores vicios, las más hórridas corruptelas y las más abominables transgresiones. Bueno, lo que ellos llaman “vicios, corruptelas y transgresiones”, que no son más que comportamientos normales del ser humano que se satanizan para usarlos en la lucha política, y desaparecerlos o dejar de mencionarnos, en cuanto su practica pasa a los revolucionarios. Fíjense en lo que ocurre en la revolución chavista con el furor de proveerse de los rústicos más lujosos y caros del mercado, los cuales son literalmente sacados a la fuerza de las ensambladoras, o adquiridos en las concesionarias antes de que aparezcan en venta y exhibidos con orgullo en cuarteles, viviendas de guarnición, casas de familia, carreteras, calles y plazas públicas para que el resto de los mortales, los venezolanos de a pie, pierdan la cabeza o queden sin respiración. Este es el negocio que involucra a las famosas Hummer, el rústico de la GM que es una sensación entre los militares y altos funcionarios de la administración chavista, cuyo costo por unidad alcanza los 360 millones de bolívares (150 mil dólares al cambio oficial de 2158 x dólar). Pero que igualmente incluye rústicos de Chrysler (las increíbles Cherokee y Gran Cherokee que crecen como monte en la Venezuela revolucionaria), de Toyota, Ford Motor, Nissan, Mitisubishi, Mercedes Benz, BMW, Honda y tantas otras maravillas y joyas que aborda tanto revolucionario después que aplauden a rabiar al presidente Chávez en mitines y concentraciones donde recita de memoria el Sermón de la Montaña, cita al Señor Jesús diciendo aquello de que “primero entra un camello por el hueco de una aguja que un rico al reino de los cielos” y a Prudhon en la célebre frase de que “la propiedad es un robo”. Y a las cuales jamás se refiere Chávez en sus sermones, como que no fuera cierto que tamaña desviación por el lujo y el derroche, o se paga con el dinero de los venezolanos, o es fruto del robo y la corrupción que se deriva de actuar como mandamases al margen de la ley, mientras esquilman a los particulares. Chávez, por el contrario, la cogió el jueves pasado en una perorata de más de 5 horas contra unos transgresores menores (pecadores veniales, le diría la Iglesia Católica), los tomadores de whisky, la bebida escocesa que es tan popular en Venezuela como la arepa y contra la cual, según el teniente coronel, debería empezar a implementarse una Ley Seca. No se piense, sin embargo, que la requisitoria del teniente coronel viene por el lado de que al hablar de whisky hablamos de un destilado fuerte de más de 40 grados de alcohol cuya adicción puede ser mortal para el hígado, sino porque ¡horror de horrores!, es producido en un país capitalista que, además, es aliado del imperialista, George Bush. Oigamos a este respecto al propio Chávez, al predicador que no deslinda al bien ni al mal de antiguallas políticas que de tan rayadas y anacrónicas, cuesta citarlas: “Informo” proclamó en la alocución de marras “que el gobierno limitó la importación de whisky, pues considero que esto no es más que un producto del sistema capitalista, previamente implantado en el país. Venezuela es uno de los países que consume más whysky per cápita en el mundo. A mi eso me da pena, me da vergüenza. Eso es la publicidad que nos han metido y ha hecho nacer como necesidades básicas, lo que no es más que necesidades artificiales. Los pobres no son los que toman eso, solo un grupito”. De modo que de ahora en adelante no habrá productos, ideas, equipos, tecnología, servicios, música o literatura buenos o malos, sino una declaración de origen contrôlée para determinar si proceden de los países capitalistas e imperialistas o de aquellos a los cuales Chávez les ha puesto la etiqueta de “amigos, hermanos y socialistas”. O sea, que primero serán definidos en cuanto a su origen y después el estado, o el señor Chávez (que son una y la misma cosa) se tomaran el cuidado de definirlos ideológicamente para luego atribuirles las cualidades que permitan su aceptación o rechazo. Y ello me conduce al detalle de que seguramente entre los productos incluidos en el “index chavista” no estará el habano, un producto que sí es muy perjudicial para la salud, hace estragos en los pulmones de los adictos, es carísimo puesto que una sola unidad de las marcas más cotizadas puede llegar a los 300 dólares y está también muy de moda entre la élite revolucionaria y chavista. Ah, pero que convendrá ignorar, ya que los habanos son fabricados en la hermana República Socialista de Cuba, es uno de los pocos productos de exportación de la revolución, y en su nombre se realiza en este momento una furiosa campaña publicitaria para desplazar a los puros dominicanos, que a su vez desplazaron a los cubanos en los 60 a raíz del embargo norteamericano y de la mano del legendario, Zino Davidoff. Y me pregunto: ¿Será acaso que si los hermanos iraníes deciden regresar a la actividad económica a la que se dedicaron por mucho siglos (y en la cual fueron muy eficientes, según dicen), como es la siembra de amapola y su explotación para la producción y comercialización del opio, habrá que hacerse el loco y promoverla, atacar a la competencia y decir que el opio es bueno para la salud porque viene del Irán islámico, hermano, fundamentalista y revolucionario? ¿Y no podría ser también el caso del hermano Evo en Bolivia, si decide en un momento de su “alocada” revolución que no solo la coca, sino la cocaína, es recomendable para la salud y que debe refinarse y exportarse para mayor gloria de la cultura andina, la economía de Bolivia y la revolución? ¿Habría entonces para Chávez dos tipos de cocaína, una buena, saludable y permisada como es la que viene de la Bolivia del hermano Evo, y la mala rechazada, perseguida y condenada que es la que llega de la Colombia de Álvaro Uribe, el país aliado de Bush, del imperio y del ALCA. Pero si asombro causa la afirmación de Chávez de que el consumo de whysky es malo porque es capitalista e imperialialista (lo cual nos obliga a deducir que si viniera de Cuba, Irán o cualquier otros de los países etiquetados por Chávez como “hermanos” y “socialistas” se mencionaría como bueno o no se mencionaría), verdadera estupefacción produce el hecho de que su adicción la atribuye a otro pecado capitalista e imperialista, como es la publicidad que impone vicios como si fueran “necesidades reales” y no “artificiales”. O lo que es lo mismo: que en las preferencias de la gente no incide la natural tendencia humana a variar el consumo, y a decidirse por aquellos productos que ofrecen las mejores ventajas al gusto, y al bolsillo, sino a las manipulaciones de los creativos de la publicidad, que tal como hace Chávez, convierte las audiencias en simples borregos, en puras marionetas. Y para sacar a Chávez de simplezas que repite como el lorito tropical que es, y le llegan en el mejor empaquetado de los años 60 vía dinosaurios como Jorge Giordani, Aristóbulo Istúriz y Juan Barreto, yo le recordaría que en la Cuba de los 70, 80 y aun los 90, los hombres y mujeres “nuevos y nuevas” de la revolución padecían, daban la vida por un blue jean y eso no era por ninguna publicidad que en Cuba estaba draconianamente prohibida, sino porque los cubanos querían cambiar de forma de vestirse y sobre todo, hacerlo a través de una que era emblemática del imperio, y estaba prohibida por ley. Con lo que quiero terminar es que si el whisky necesitaba de algún empujoncito para convertirse en la bebida nacional de Venezuela se lo acaba de dar Chávez, ya que no hay nada más apetecible que lo prohibido, y si viene de Escocia, mejor. Aquí el lorito Chávez ha olvidado otro detalle: y es que los venezolanos somos expertos contrabandeando wkisky. Y lo digo yo… que soy margariteño. |
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| Idi
Amín en Caracas o el Gran Hermano te amenaza En los cuatro meses y días que median entre el 17 de diciembre pasado y la noche de abril en que escribo estas notas (26 o 27, me parece), Hugo Chávez se ha convertido en la máquina de amenazas más conspicua, recurrente e intimidante de que tenga memoria la historia reciente de Venezuela y América latina. Un fabricante de rayos, truenos y lava ardiente que empieza a eclosionar sin piedad, ni motivo aparente en cuanto los primeros rayos del sol se desparraman sobre la superficie de la atribulada República Bolivariana de Venezuela. El enigma es: ¿Y cuál es la causa de semejante furia, tormenta, vendaval? ¿Por qué este presidente prioriza su conversión en un MP3 omnisciente, ensordecedor y de más de un gigabyte de memoria para no darse alivio, en vez de trabajar y hacer algo por un país que literalmente se le cae a pedazos? ¿Acaso una inminente invasión de enemigos secretos que se comunican con Chávez en sueños y le cuentan sus planes de dominio, destrucción y muerte? ¿O será tal vez que muy en la onda del Idi Amín de Giles Foden, Kevin Macdonald y Forest Withaker anda por la vida con una corte de espíritus que lo protegen y alertan de inminentes peligros, atentados y agresiones? O ¿ por qué no pensar que Venezuela está sencillamente al borde de una guerra civil, con una oposición con ejércitos en el oriente, sur y occidente del territorio que capitaneados por señores de la guerra como Oswaldo Álvarez Paz, Oscar Pérez, Antonio Ledezma, Ernesto Alvarenga y la Negra Rosaura se disponen a una toma de la capital, mientras multitudes y grupos de comando perpetran actos terroristas, saqueos, ocupaciones y tomas de cuanto se les ocurre y condiciona el clima para una decisión final? Pues no, nada de eso es lo que percibe cualquier observador que hojea los medios, habla con viajeros que se desplazan por uno y otro rincón de la geografía nacional o sale a caminar por Caracas o ciudades del interior que de comportarse con la visión apocalíptica del líder máximo de la revolución latinoamericana y mundial, crepitarían en las llamas o yacerían bajo los escombros. Hay sí una guerra, pero es la del hampa organizada, semi organizada, o desorganizada contra los 26 millones de venezolanos, contra los hombres y mujeres de a pie que salen a las calles con la certeza de que frente a feroces asesinos armados no tienen otra protección que la de Dios, pues Chávez y sus ejércitos están ocupados en la guerra de los discursos, en el teatro de los aplausos, las arengas y las complacencias donde multitudes uniformadas juran que dejarán familias, afectos, trabajo y religión para seguir al jefe, al comandante en jefe. De modo que ya Giles Foden y Kevin Macdonald (autor el primero de la novela sobre el dictador ugandés, y el segundo director de la película que corre exitosamente en este momento por el mundo), tienen argumento para su próximo trabajo conjunto, que no es otro que la historia de un militar tropical y caribeño que toma el poder por las malas, inventa que carga el mandato histórico para hacer una revolución y salvar a la humanidad y se dedica hacer guerras, conquistar países, enfrentar imperios, y desafiar a mortal combate a cuanto cristiano coloca en la lista de sus enemigos… pero claro… siempre desde las tribunas. O sea, que el auténtico pathos, la verdadera tragedia de la próxima colaboración Foden- Macdonald consistiría en focalizar esta máquina de palabras entre patética y desolada que usa y abusa del poder para hacerse oír y temer, mientras la mayoría de sus seguidores le viven la parte, la oposición hace esfuerzos para tomarlo en serio, y, del resto de los venezolanos, la mitad lo ignora y la otra mitad corre a protegerse del ruido. Es, en definitiva, una prueba del impacto de las nuevas tecnologías de la comunicación sobre una sociedad reacia a apartarse de sus rutinas, y criminalmente usados y disparados por un ególatra empeñado en fabricarse una historia heroica que comenzó cuando un golpe de suerte (que en el argot político de América latina se conoce como golpe de estado), crearon la magia de despertarlo un día en el poder, en el propio centro poder. De la misma manera que aquel policía regordete, boxeador de todos los pesos, pinche de cocina, tribal, militaroide y amañado en los oficios de la magia negra se hizo con el control de aquella Uganda que durante casi una década crujió de terror, fue sometida al escarnio de sus desfachateces y aun hoy lo recuerda con un miedo reverencial que esquiva traerlo aunque sea a la vida de las palabras. Amenazas de invasión a Inglaterra y derrocamiento de la reina Isabel II y la monarquía inglesa, fin del pontificado de los papas y del estado del Vaticano, guerra contra el estado de Israel y sus aliados, toma de la ONU y de la OUA para postrarlas a los designios de su dictadura, reinterpretaciones de la Biblia, el Corán y el resto de los textos sagrados, versiones “a su manera” de la historia de Uganda, África y el mundo, utilización de miedos ancestrales para el descoyuntamiento, desconcierto y desarticulación de los enemigos y anuncios de una cruzada con la cual liberaría a los oprimidos y pobres del mundo, para luego pasar a constituirse en el rey o emperador del Universo. Y sobre todo insultos, denuestos, agravios, ataques, denuncias y acusaciones a todo el que osara oponérsele, contrariar, discrepar o dudar del destino manifiesto que ya estaba escrito en las disposiciones de la historia y los arcanos del tiempo y de los cielos. O sea, todo un material para escribir no una sino 10 novelas, para filmar no una película sino seriales de cine, radio y televisión, para aprender de la historia y recrearse en noches en que el stress, la contaminación y la inseguridad nos avientan a los hogares con la esperanza de conciliar el sueño… sino fuera porque entre amenazas y amenazas, entre extravagancias y extravagancias, Idi Amín Dadá tuvo tiempo para dar cuenta de la vida de 500 mil ugandeses. Porque era que el hombre, a diferencia de otros dictadores del siglo XX, y de algunos del siglo XXI, no era muy apto, (“muy faculto” dicen en mi tierra), para las palabras y entonces se tomó mucho menos tiempo en hacer realidad sus amenazas. Pero habría que considerar también que en la década de los 70 las tecnologías de la comunicación no se asomaban siquiera a su estado actual tan apropiado para distraer a dictadores del Tercer Mundo, ya que los hace sentirse los reyes de la galaxia cuando no son mas que locutores o conductores de programa afortunados que viven “sus 15 minutos” de fama. De ahí que hasta cierto punto el engolosinamiento de Chávez y sus huestes con más y más programas de radio y televisión, con más y más horarios estelares, con más cámaras y más micrófonos es una ventaja, pues no es peregrino suponer que infatuados en el poder virtual, se olvidan del real. Pero ahí está él (él y sus huestes), amenazando, insultando, hostigando, sitiando, arremetiendo, atacando, llamando e incitando a que la pesadilla bullente y sangrante que hasta ahora es un alarido de la “banalidad del mal” de que hablaba Hannah Arendt, pase a ser la primera gran tragedia histórica del siglo XXI. Por ahora sé que periodistas y dueños de medios, oficiales y soldados, gobernadores y alcaldes , actores y sindicalistas, jugadores y dueños de loterías, adolescentes y trasnochadores, católicos y protestantes, gringos y estados de la OEA, acaparadores y comerciantes, médicos y dueños de clínicas privadas, jueces y magistrados, productores de petróleo y de etanol, son blanco de los cañones verbales de este vástago de los trópicos que se inventó una revolución, una guerra y una historia para su uso personal, familiar y tribal. Una figura patética, desolada y risible en definitiva, sino fuera por que es un disparatario armado y ya sabemos que con las armas no se juega. Y si no que lo cuenten los ugandeses de la década de los 70, y los de la novela de Giles Foden y la película de Kevin Macdonald y Forest Withaker. |
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| Patria, socialismo y Hummer Cada revolución socialista tiene su carro emblemático y sin duda que el del socialismo del siglo XXI es un rústico norteamericano fabricado por General Motors con la extraña, pero eufónica etiqueta de Hummer. Por eso en cuarteles y ministerios, en misiones y consejos comunales, en gobernaciones y alcaldías los chuscos en que es tan rica la política venezolana de todas las Repúblicas, cambian a todo dar la consigna patibularia y cubanoide de “Patria, socialismo o muerte”, por la risueña y más venezolana de “Patria, socialismo y Hummer”. Y no es que todas las fichas de tan extensa fronda burocrática tengan su Hummer, sino que jefes muy connotados de la nomenclatura ya accedieron a tan preciado bien, y los que no, no hacen sino pensarlo, soñarlo, acariciarlo. Un amigo oficial del Ejército habitué a los berrinches que el líder máximo de la revolución latinoamericana y mundial arma a troche y moche en Fuerte Tiuna, me trajo al otro día el rumor de que si se pela el oído lo que se oye entre los miles de soldados y cientos de oficiales que son conminados por el comandante en jefe a corear el pavoso dicho, sí bien es la muletilla de origen castrista y guevarista, viene entrecruzada, confundida y matizada con la que el ingenio venezolano hace más cónsona con un socialismo que nada en petrodólares y se siente más cerca de los príncipes sauditas que de los guerrilleros caribeños de los 60. Y la verdad es que he parado la oreja, que he grabado los zaperocos de Chávez para captar una y otra vez la mortuoria consignita y…y si no me atrevería a confirmar la información del oficial, tampoco me atrevería a negarla. De ahí que me conformaré por ahora con describir el fenómeno que es el comentario obligado entre oficialistas y oposicionistas, revolucionarios y contrarrevolucionarios, emeverristas y pepetistas, chavistas y didalquistas y que no es otro que la atracción fatal que existe entre la Hummer y los líderes de la revolución bolivariana o bonita. Una máquina, como ya dije, norteamericana, salida de las cadenas de ensamblaje de GM, estrenada en la “Operación Tormenta del Desierto” que dio cuenta en cuestión de semanas del invasor de Kuwait y asesino de los pueblos kurdo e iraní, Saddam Hussein, de diseño entre civil y militar y para mi gusto obtusa, ambigua y sin encanto, pero que está cumpliendo a cabalidad la misión en que fracasaron por lo menos 4 embajadores estadounidenses en Caracas, 3 subsecretarios de estado para América latina, y analistas y periodistas de diversos rango y género: ablandar a lo más granado y combativo del liderazgo bolivariano no más ve pasar, o tiene en frente, este ícono del capitalismo gringo más salvaje, consumista y agresivo . El mismo amigo oficial del Ejército me cuenta que, frente a una Hummer, al revolucionario bolivariano más “patria o muerte” le entra algo así como una calambrina, se le caen las medias, entra en estado de trance, se medio paraliza, enmudece y solo después de minutos despierta a la fría y cruel realidad de no tenerla, de no poseerla. Lo demás es deambular durante días, semanas y meses tras el espejismo, y por supuesto, hacer los trámites, las conexiones, los barajos para buscar los cobres que lo eleven a tal clase de status. Porque es bueno señalar que no se trata de un vehículo como aquel Lada que al parecer intentó fabricar Stalin para los obreros soviéticos, ni tampoco el Wolkswagen con el que Hitler fundó una dinastía automovilística tratando de que el pueblo alemán tuviera su automóvil, sino de una nave que supera en costo y suntuosidad los oscuros pero legendarios Cadillac de los 50, y aun a leyendas contemporáneas como el Ferrari, el Alfa Romeo y el Masserati. Porque es que para pavonearse en una Hummer se necesitan algo así como 350.000.000 millones de bolívares, y un adicional de 100 millones para el seguro, el blindaje y los accesorios que para un carro tan caro, tienen también que ser muy caros. O sea, un total de 210.000 dólares al cambio oficial de 2150 bolívares x dólar que incluso un magnate de las finanzas, un capitán de empresa de este o cualquier país del Tercer Mundo, dudaría en tirar en dos pares de ruedas. Y con los cuales puede construirse un consultorio médico, una escuela primaria, un campo deportivo, un parque infantil y tantas necesidades que va dejando, no solo un gobierno que es una fábrica de pobres, sino que los deja a la deriva mientras auspicia los lujos típicos de la “high society”. La gran pregunta es: ¿Dónde y cómo pueden hacerse los revolucionarios del socialismo del siglo XXI con tanto dinero? ¿Acaso en inversiones de la bolsa de Nueva York, o quizá de la misma GM, o tal vez de empresas petroleras que se echan de Venezuela, pero se apoyan cuando la codicia indica que pueden redituar jugosos y crecientes beneficios? ¿ Y por qué no de una forma más simple, líquida y efectiva : la corrupción? Preguntas cuyas respuestas dejamos al comandante en jefe, Hugo Chávez, si es que en su próximo berrinche de Fuerte Tiuna tiene tiempo de recordar que en cada Hummer viaja también la negativa a darle a los pobres de Venezuela más educación, más salud, más entretenimiento, más deportes y más caminos vecinales. |
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| Tal día
como hoy Cinco años para precisar el significado exacto de la más grande manifestación popular de la historia política de Venezuela, y la verdad es que a pesar de los ríos de tinta derramada y de las miles de horas-hombre fatigadas en espacios de radio y televisión, pareciera temprano para descubrir que pasó, y por qué pasó lo que pasó aquel misterioso día. Era claro ¿se acuerdan?, fresco, alegre; y no obstante estar precedido de la crisis que llevó a Hugo Chávez a intentar defenestrar a la gerencia de PDVSA, parecía que, aparte de una manifestación de protesta convocada el día anterior, no traspasaría los discursos y las condenas ya usuales en estos casos. Hora y media después, sin embargo, según arrancaban los primeros grupos de la Plaza Francia de Altamira y se robustecían con los miles de ciudadanos que venían de todas las direcciones y de todos los caminos, se hizo claro que la historia se había puesto en movimiento y que acontecimientos no previstos ni calculados tatuarían el 11 de abril del 2002 para siempre. Y aquí son pertinentes las preguntas que aún rondan en las mentes, estudios y libretas de analistas políticos, historiadores y comunicadores: ¿Qué hizo posible que un día aparentemente de rutina se transfigurara en una fecha sin posibilidad de desalojo de la memoria colectiva, y quiénes fueron los responsables de que de repente se nutriera de la carga que por el solo hecho de estar, de ser, produjo la salida de Chávez de Miraflores? Para comenzar por la última: Fue el pueblo, la sociedad civil, los ciudadanos (o como quiera que se les llame) quienes produjeron la decisión de arreglar cuentas de una vez con una situación que a partir de diciembre se les volvió intolerable; y regresando a la primera: la lucha por la libertad había nacido, acababa de nacer, y ya en la calle era imposible que volviera a recogerse. Y fueron estos dos valores de la ecuación los que concluirían en el choque de Puente Llaguno, en la tragedia que significaría la ruptura entre las dos Venezuela que desde entonces hablan sin oírse y se desplazan en un péndulo que de repente pareciera sacar de juego, ya a una, ya a la otra. Son 5 años en el aula de la cátedra de política viva más compleja de la historia contemporánea de Venezuela, pero que aún no ofrece todos sus misterios, todas sus sorpresas, todas sus opciones. Y con muchos 11 de abril del 2002 en perspectiva, como que las luchas por la libertad son inagotables y también los tiranos que surgen de la nada, parecen de repente remontarse a las nubes, pero solo para caer como si nunca hubieran existido. Para solo hablar de los más próximos: Pinochet, Milosevic, Taylor, Fujimori, Hussein, Mariam, unos condenados, otros enjuiciados, otros fugitivos, pero todos victimados por el desprecio de quienes no les perdonan su intento de ser los únicos, los solos, los omnipotentes, los todopoderosos. “El totalitarismo no es una tendencia política, es una enfermedad” decía recientemente el psiquiatra, hombre de letras, y amigo cercano, Franzel Delgado. Y solo tendría que agregar que es una enfermedad contagiosa, por lo que la profilaxis, antes y después de la propagación, es una responsabilidad que incumbe a toda la sociedad, a todos los hombres y mujeres incompatibles aun con la existencia in vitro del virus. El 11 de abril del 2002 fue, por tanto, la primera vacunación masiva y casa por casa de la sociedad civil contra la pandemia totalitaria, por ponerse al abrigo del contagio del flagelo, por aislarlo, debilitarlo, derrotarlo, e inmunizarse para regresar a la vida donde todos somos iguales porque decidimos serlo y no porque nos lo manda, nos lo ordena, nos lo impone un mandamás. Y si bien es verdad que la inmunización no llegó a todos, sí alertamos a los contaminados y por contaminarse de su malignidad. Pero lo que es más importante: más de la mitad de los venezolanos se puso a resguardo de la peste y hacen los esfuerzos necesarios para que toda Venezuela recupere la salud en un contrato social donde haya igualdad ante la Ley, independencia de los poderes, pluralidad, tolerancia, diversidad e instituciones que se hagan respetar. De todo lo que quiso promover y rescatar la más grande manifestación popular de la historia política de Venezuela, aquel 11 de abril del 2002 que todavía está rodando, gritando, sangrando. |
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| El etanol o el fin del chantaje energético del castrochavismo Sería interesante que tanto el presidente de Cuba, Fidel Castro, como el de Venezuela, Hugo Chávez, explicaran a sus seguidores por qué si para Castro los acuerdos entre Estados Unidos y Brasil para el aumento de la producción de etanol “significan la internalización de un genocidio”, y para Chávez “hay razones éticas para oponerse a la producción de etanol”, Cuba y Venezuela firmaron el 28 de febrero pasado en La Habana “un acuerdo marco para la instalación en Venezuela de 11 plantas de etanol y el desarrollo de la producción cañera con esos fines”. La noticia apareció en el diario oficial “Granma” del día siguiente y merece recordarse, no solo porque está respaldada por una foto donde aparecen el escasamente visible vicepresidente Raúl Castro, y los ministros de Energía y Petróleo de Venezuela, Rafael Ramírez, y el de Inversión Extranjera y Cooperación Económica de Cuba, Martha Lomas, sino igualmente por una entusiasta declaración donde se afirma que “dicho acuerdo forma parte de los empeños conjuntos por preservar el medio ambiente, reducir el consumo de combustibles fósiles y fomentar fuentes alternativas de energía”. Pero antes del acuerdo de La Habana, las estatales petroleras PDVSA de Venezuela y Petrobras de Brasil habían firmado en agosto del 2006 otro acuerdo para “el abastecimiento de etanol a largo plazo como sustituto fiable de gasolina” y siempre bajo el patrocinio del presidente Chávez, quien en un encuentro de empresarios brasileños y venezolanos presidido por Lula y Celso Amorín y celebrado en Caracas el 5 de febrero del 2005, se refirió en términos elogiosos, y hasta exultantes, a la producción de etanol. Oigámosle: “Y sobre todo ese acuerdo para que Venezuela se integre con Brasil en la producción de etanol. Vamos. Nosotros necesitamos cerca de 30 mil, solo para el consumo interno de gasolina necesitamos 30 mil barriles diarios de etanol. Estamos usando algo, además, contaminante todavía, el tetraetilo de plomo, importado todo, y no de Brasil, sino generalmente del norte. De modo que necesitamos cerca de 30 mil barriles diarios de etanol para inyectarle a la producción de gasolina que está por aquí cerca de 300 mil barriles diarios. Después está la industrialización. Estamos, Lula, instalando allá en los llanos de Barinas un Complejo Azucarero, tecnología brasileña con apoyo cubano también, la experiencia cubana, la experiencia brasileña y la experiencia venezolana. Y allí mismo nosotros aspiramos instalar la planta de producción de etanol en esos llanos tan ricos. Además, me informan que necesitaríamos casi duplicar la actual producción de caña de azúcar para el proyecto etanol y nos ahorraríamos miles de dólares en importación de insumos, entre ellos, tetraetilo de plomo y otros más…”. La pregunta es: ¿Cómo si entre el 2005 y el 2007 Chávez dijo discursos y firmó acuerdos, primero con Brasil y después con Cuba, para la producción de etanol, sale ahora haciendo comandita con Castro para poner en el banquillo a su socio en el mismo propósito, Lula da Silva y acusarlo de que está “internacionalizando un genocidio” y actuando “al margen de la ética”. ¿Pueden dos jefes de estado responsables de “la salvación del mundo” cambiar de ideas tan repentina y abruptamente, como si siempre las hubieran adversado y jamás se les ocurriría apoyarlas? ¿Y qué se les dice ahora a los equipos cubano-venezolanos que se fajaron durante meses y años a estudiar y trabajar para la viabilidad del proyecto que como en toda sociedad autoritaria provino de la inspiración y sabiduría de sus jefes? Porque es bueno recordar que solo en el proyecto del Complejo Azucarero de los llanos de Barinas, el CAAEZ (“en esos llanos tan ricos”), se despilfarraron 750.000 millones de bolívares (unos 300 millones de dólares al cambio actual), en un central agroindustrial y azucarero que nunca arrancó, que dejó en la estacada a miles de campesinos que fueron animados a participar, y quienes se desincorporaron por el estallido de un sonado escándalo de corrupción donde salieron implicados un ministro, un general, un coronel y un mayor del Ejército y un grupo de asesores cubanos cuyo papel nunca estuvo claro. Pero no fue solo el CAAEZ, sino la inclusión del “Proyecto Agroenergético Etanol Combustible” dentro del Plan Siembra Petrolera de PDVSA de abril del 2006, para, entre cosas, “apoyar la independencia agroalimentaria”, “contribuir al desarrollo productivo del Eje Norte Llanero”, y “dar cumplimiento a compromisos internacionales como el Protocolo de Kyoto”; y la providencia administrativa para hacer realidad “la construcción de 17 plantas de producción de etanol, con la disposición de que tanto como 320 mil hectáreas fueran definidas como nuevas áreas a cultivar de 10.196 MDA de Etanol”, según la Gaceta Oficial N° 345.718 del 27 de febrero del 2006. Pero una vez más ¿qué le picó entonces a Chávez para semejante cambiazo, para que después de tanto esfuerzo, inversión y entusiasmo descubriera que “no es ético” producir etanol y que en cuanto se reúna con Lula va a disuadirlo de perpetrar tan despreciable crimen? Pues sencillamente que el presidente Lula en ejercicio de la soberanía a que lo obliga la constitución de su país, y por recomendación de sus asesores en materia económica y energética, decidió firmar dos acuerdos (uno en Brasilia y otro en Camp David), con el presidente norteamericano, George Bush, para impulsar la producción de etanol en Estados Unidos y Brasil y dar inicio a una cooperación que sin duda será fundamental en la sustitución de los combustibles fósiles por energía más ecología, más eficiente y no contaminante. Pero es todo de lo que no quieren oír hablar los caudillos líderes de la izquierda náufraga, residual, religiosa y borbónica (“ni aprende, ni olvida”), y tal como si enfrentaran a un réprobo, o estuvieran ante la comisión de un pecado capital sin perdón en este ni en otro mundo, salieron a condenar a Bush, a Lula y a la producción de etanol “por antiética” y porque “internacionaliza un genocidio”. Y aquí cabe preguntarse si reacción tan irracional, robótica y desproporcionada es exclusivamente por razones políticas, ideológicas y teológicas y no porque los dueños de la producción petrolera venezolana, los caudillos Castro y Chávez, vieron de repente en Lula un competidor en el mercado de crudos de los Estados Unidos y salieron como buenos neoliberales a defender a dentelladas el nicho que piensan es de su personal usufructuo. A este respecto no debe olvidarse que se trata de un país que consume 20 millones de barriles diarios de crudo, el 15 por ciento de los cuales sale del territorio venezolano, y cuyos ingresos (el año pasado alcanzaron los 70 mil millones de dólares) garantiza la salud económica de Venezuela y la terapia intensiva de Cuba, aparte de gastos gigantescos en armas, equipos de represión policial y la compra de lealtades a los “vivos” como Ortega, Correa y Evo Morales que simulan acompañar a los caudillos en la cruzada para hacer la revolución y derrotar al capitalismo, el imperialismo y a los Estados Unidos. De modo que si Lula y Brasil incursionan en el mercado de los combustibles con una energía más barata, más eficiente y más ecológica -y ahora con el apoyo de la plataforma tecnológica de la primera economía del mundo- entonces olvídense en el corto y mediano plazo de los ingresos de 70 mil millones de dólares al año, y de la compra de armas, equipos de represión y lealtades. Y también del chantaje energético o petroterrorismo con que algunos presidentes radicales de la OPEP quieren poner rodillas a la comunidad internacional, ya que si no aceptan cruzarse de brazos ante las tropelías que llevan a cabo en sus países, los amenazan con quitarles el suministro de petróleo y gas. Casos emblemáticos los de Chávez y Ahmadinejad, convertidos en dos tiranuelos del oro negro que a partir del auge de la producción de etanol deben ir pensando que otro chantaje inventan ahora que la producción de energía promete ser más diversificada, eficiente, no contaminante y barata. Claro, Ahmadimejad ya tiene montado el chantaje de la bomba nuclear y quién sabe si Castro y Chávez se unen al mismo… Nunca es tarde cuando el chantaje es bueno. |
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| Castro prepara su domingo de
resurección
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| Chávez contra Cabrera o el fin de la
Sala Constitucional Manuel Malaver Domingo, 25 de marzo de 2007 Sobran indicios para pensar que el choque que podría significar dentro de poco que un grupo de magistrados de la Sala Constitucional del TSJ sea juzgado por el Poder Moral y separado de sus funciones por la Asamblea Nacional tiene su origen, no tanto en la modificación de un artículo de la Ley de Impuesto sobre la Renta que reduce la base impositiva al salario neto de los contribuyentes, cómo en el giro marcadamente anticonstitucional que le ha impreso el presidente Chávez al llamado proceso después de las elecciones del 3 de diciembre pasado. Y que ha encontrado un crítico feroz en el magistrado, Jesús Eduardo Cabrera, quien ha dicho en reuniones privadas, y conversaciones de pasillo, que después de la mega Habilitante, y de la reforma constitucional para sancionar la reelección indefinida, el presidente Chávez se coloca flagrantemente al margen de la Ley. Y por tanto, en sujeto proclive a una medida de deslegitimación por parte de la suprema sala, como que es imposible que un presidente “interdictado” aspire a seguir al frente de los destinos de la República. Pero hay otro detalle en el cambiazo o acelerón promovido por Chávez, tan pronto se sintió con los votos suficientes para avanzar en el proyecto socialista y autoritario, que no se le ha escapado a Cabrera -y del cual es un obsecuente denunciador entre sus colegas de la Sala Constitucional y de otras salas del TSJ-, como es el hecho de que después de la emergencia del jefe de Estado como centro de un poder ejecutivo vitalicio, y con un dominio pleno sobre el resto de los poderes, la Sala Constitucional del TSJ, tal como ha sido establecida en la constitución vigente, desaparecería de un todo, o sería reformada de tal manera que, de ser la intérprete de la legalidad o ilegalidad de los actos constitucionales en curso, pasaría a ser una herramienta que sancione como “absolutamente ajustada a la Carta Magna” la instauración del poder del Único. De modo que una “guerra a muerte” ha sido declarada entre la Sala Constitucional y el Poder Ejecutivo, o mejor dicho, entre Jesús Eduardo Cabrera y Hugo Chávez , y en la cual el último ha comenzado golpeando primero y lanzando al ataque sus unidades especializadas en guerra sucia, que no han dudado en acusar a Cabrera de “mafioso”, amenazando, de paso, a los magistrados que se le solidaricen, con la cárcel de Uribana (el centro penitenciario en el que se han sucedido los peores asesinatos entre reclusos de los últimos meses). Porque es que de otra manera no se explicaría que por un incidente menor que pudo ser enmendado en una simple revisión, y que ya había sido aceptado por el SENIAT, como fue la modificación del Artículo 31 de la Ley de Impuesto sobre la Renta - que restituía, además, el derecho de los contribuyentes a que no se les afectaran impositivamente sus emolumentos más allá de sus salarios netos- se convirtiera en un área de discordia que comienza con el pase de los miembros de la sala, de magistrados a unas piezas de cacería que en semanas podrían ir a la cárcel, al exilio o al anonimato que es también una especie de muerte física y moral. Pero que fue interpretado por Chávez y sus adláteres como una decisión tomada a trancas y barrancas para proteger las primas y bonificaciones de los magistrados del TSJ que se habían rebajado los sueldos en diciembre (por una exhortación-orden del jefe de Estado), de 28 a 14 millones de bolívares mensuales, pero aumentando los ingresos “extras” para compensar las pérdidas “ordinarias”, siendo que en buena ley no se puede desvalijar al contribuyente de un derecho para engordar los recursos del Estado. Y de un derecho cuya modificación tiene que ser hacia arriba y no hacia abajo, o sea, hacia una retribución mayor y no menor, pues la constitución establece que los derechos “progresan” y no “retroceden”, y que cualquiera que lo haga o instigue, se coloca al margen de la Ley. De modo que por donde se mire, la modificación del Artículo 31 de la Ley de Impuesto sobre la Renta se ajusta a derecho y por ningún respecto puede ser calificada de “mafiosa y delincuencial”, como es la opinión de connotados voceros del régimen como son los asambleístas, Carlos Escarrá e Iris Valera. Pero que es un pretexto ideal para debilitar y hostigar la posición de los miembros de la Sala Constitucional en general, y del magistrado Cabrera en particular, y para ello se están calculando las pérdidas del Fisco -al hacer extensiva la modificación del “Artículo 31” a lo que deberían pagar los altos funcionarios de la administración y los grandes ejecutivos de la empresa privada a partir del 2008- en un faltante de cerca de 600 millardos de bolívares anuales que en ningún caso podría significar la quiebra del estado más rico de América latina. Pero que permite alegar que la Sala Constitucional y Cabrera actuaron para proteger los intereses de los pulpos de del capitalismo privado que de ahora en adelante, siguiendo el ejemplo del TSJ, se rebajarán los sueldos netos pechables, para después aumentarse las primas y bonificaciones no pechables, y así estafar a la República, al SENIAT y a la Ley de Impuesto sobre la Renta. Y aquí la diputada, Iris Varela, ha soltado la especie de que Cabrera redactó la ponencia que modifica el “Artículo 31” en complicidad con una alta funcionaria del Ministerio Público y una abogada de un reconocido bufete de Caracas, las cuales actuaron por encargo de burócratas del estado y empresarios privados de altos sueldos, y que según informaciones confiables, no son otras que la Fiscal, Luisa Ortega Díaz, y la profesional del derecho, Esther Bigott de Loayza. Ahora bien, un poco de memoria nos permite aterrizar en el detalle de que se trata de una Fiscal y una abogada ligadas al recién defenestrado exvicepresidente, José Vicente Rangel; al también alma en pena exministro de Educación, Cultura y Deportes, Aristóbulo Istúriz; al igualmente agónico magistrado expresidente del TSJ, Omar Mora Díaz; al siempre triste, vapuleado y confuso Fiscal General de la República, Isaías Rodríguez; y a un jarrón chino que en otro tiempo fue un todopoderoso ministro del Interior y Justicia, pero ahora es un burócrata sin habla, ni función relevante: Jesse Chacón Escamillo. Todos miembros de la pandilla que asesinó política y moralmente al exmagistrado, Luís Velázquez Alvaray, dijeron ellos que por actos de corrupción, pero en realidad para pasarle factura por un folleto de su autoría donde se proponía por primera vez la reelección indefinida de Chávez. Y puras fichas del fenómeno que el mismo exmagistrado, Velázquez Alvaray, denunció como “chavismo sin Chávez”; y un periodista especializado en las interioridades del proceso como Miguel Salazar, denuncia en el semanario que dirige, “Las Verdades de Miguel”, como los autores de una estrategia a mediano plazo que haría del chavismo un grito muerto, fallido y sin ninguna trascendencia a efectos de la historia venezolana presente y futura. O sea, un conjunto de sombras, sospechas e improbabilidades que resultan tanto más ciertas, cuanto parecen más increíbles, pero que suenan muy aptas para estimular el apetito de un degustador compulsivo del dulce de lechoza como Hugo Chávez, que dicen disfruta las delicias de las recetas anticipadamente y antes de que salgan del horno. Ojalá no se les atraganten. |
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| Aló
Presidente, Ciudad Bendita y Prueba de Amor Cómo no fue anunciado el regreso de Aló Presidente a su horario habitual de los domingos, me cuento entonces entre el tumulto de venezolanos que se enteró de la reaparición del “talk show” por los extras de los canales privados de televisión. Todo lo cual no me impide hacer algunas conjeturas sobre las causas que provocaron el nuevo cambio en el día y hora de trasmisión del programa y de cómo no es verdad que por tratarse de Hugo Chávez, el todopoderoso comandante en jefe de los medios venezolanos, es indiferente desplazarlo de un punto a otro del espacio radioeléctrico para que su teleaudiencia siga contándose de a millones. En cuanto al primer asunto, es evidente que el cambio de Aló Presidente del horario dominical sin duración preestabecida (algunas veces llegó a quemar hasta 8 horas), al de los jueves en la noche con hora y media de duración, se debió a una caída estrepitosa en el rating, y a una búsqueda desesperada por recuperar el share sin el cual, un jefe de estado para quien las multitudes y los aplausos lo son todo, se ahoga. Pero de igual manera podría decirse que el cambio del domingo, el del regreso del jueves al horario habitual, se debió a que los puntos no llegaron, que después de un mes de recuperación fallida, la teleaudiencia estaba tan, o más desenganchada, que antes. Y aquí cabe reflexionar en cómo no se necesita ser un Renny Ottolina, un Amador Bendayán, ni un Gilberto Correa para campear en un horario que en el caso de los domingos, no tiene platos fuertes del peso de las telenovelas, los noticieros, los programas de opinión, o temas que desplieguen al polarizado ambiente político nacional. Todo lo contrario a lo que ocurre en el horario estelar de los jueves en la noche, en el hueso duro que corre de 8 a 10, y donde el presidente se encontró atravesadas, como espinas en la garganta, a la antropológica “Ciudad Bendita” de Leonardo Padrón en el 4 (Venevisión) y/o a la transgresora “Prueba de Amor”, del brasileño Tiago Santiago en el 10 (Televen), dos tramas sin relación posible, pero que en la inspiración de dos grandes escritores dejan un tapiz de la Venezuela y el Brasil actuales, muy diferente del que nos traducen, vía arrebatos políticamente incorrectos, Hugo Chávez y Lula da Silva. Pero era todo cuanto se necesitaba para volver añicos el tan alardeado rating de Chávez, del comunicador que presuntamente nació para demostrar cómo se conduce y ancla un programa, pues según mediciones confiables, ni en un solo día del mes que pasó con el bacalao a cuestas, superó los 13 puntos. Pero dejemos que sea el propio Chávez quien, by the way, nos cuente que fueron los números los que dinamitaron al fallido experimento: “Yo me río mucho” contó el domingo en el Aló Presidente recambiado “yo me río mucho porque hay quienes hicieron apuestas de que el Aló Presidente de los jueves no duraría un mes. ¿Cuánto duró? Duró un mes, me convencieron, hicieron encuestas, le preguntaron a la gente y nadie o casi nadie defendía el Aló Presidente de los jueves y como yo estoy cuadrado con ustedes, pues estamos aquí en el Aló Presidente de los domingos, el número 276”. O sea, en el “talk show” que es casi emblema del presidente y su revolución, entre cosas porque transcurre sin límite de tiempo, disgrega sobre los temas sin detenerse en nada, es diván del paciente y del psiquiatra, y usa y abusa de la técnica telenovelérica, que, desde Félix B. Caignet, hasta José Ignacio Cabrujas, se considera inescapable para pegar un dramón: la cenicienta que humillada, maltratada y ofendida por madrasta y hermanastras va de incognito al baile, consigue su príncipe azul, se lo levanta y después regresa implacable a pasar factura. Claro que en política la técnica debe administrarse, simularse, maquillarse, y no hacerse tan evidente, burda, descosida, ni frecuente, pues corre el riesgo de ser aplastada por las reinas de los espacios estelares, sobre todo si son escritas por ingenios de la originalidad y diversidad de Leonardo Padrón y Tiago Santiago. |
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| Regular
para expropiar Y a no hay ingenuos que crean que hay un átomo de buena intención en eso de establecer que hay una escasez de alimentos y una alza en los precios producto de la especulación, y que entonces, para resolver una y otra, se decreta un control de precios, pero aclarando, que quien no cumpla con la regulación es un vulgar delincuente que no merece otro castigo que perder su negocio a través de una expropiación. El detalle es que a precios regulados, el negocio de la compraventa de alimentos opera a bancarrota, y los cientos de miles de venezolanos que dependen del menudeo o el mayoreo para vivir, tienen que decidir entre: o aceptar la expropiación a cambio de unos pocos bolívares, o bajar la santamaría para incursionar en otra profesión. Alternativa extremadamente difícil esta última, pues con la reducción dramática que ha sufrido la economía no oficial en los primeros ocho años de la autocracia chavista, ya se sabe las peripecias que tendría que hacer el desempleado para que le toque algo de la torta que comparten buhoneros, misioneros y empleados de la administración pública. Y todo sin contar que de tocarle, no se le "concedería" sino después de presentar pruebas incontrastables de chavista, revolucionario y bolivariano viejo o nuevo. Y ahí es donde no queda más remedio que admitir que tanto la escasez como la inflación, son provocadas desde el alto gobierno, y todo con la intención de suministrarle al autócrata pretextos para darle más dentelladas y más dentelladas al sector privado de la economía. En este caso,enunáreaque es fundamental para todo autoritarismo que se proponga el control total de la economía, como es la producción, distribución y expendio de alimentos, y lo cual le permitiría a Chávez hacer realidad la política que Trotsky atribuía a Stalin: "El que no obedezca, no come". De modo que ni sorpresas ni emboscadas en una estrategia que, es verdad, desafía las leyes del mercado al colapsar la economía privada y sustituirla por el mamotreto que llaman "modelo de desarrollo endógeno", pero en la idea de que un fracaso y otro justifican medidas y decretos como los que Chávez acaba de aprobar, para que, tratando de salvar a los pobres, no se haga otra cosa que hundirlos en la escasez crónica que es consubstancial al socialismo. Y cuya mejor carta de presentación es la tristemente célebre libreta de racionamiento, que aparece para quedarse desde los primeros años de establecimiento de la sociedad "nueva" y llega a ser tan propia y entrañable al sistema, que son una y la misma cosa. Y con el racionamiento, llegan igualmente las colas, la conversión de la vida en una búsqueda desesperada de insumos para sobrevivir y el espectáculo tan graficado en la URSS, China, los países del este y Cuba, de las filas de ciudadanos que pernoctaban para, contando con mucha suerte, procurarse un mendrugo que les permitiera despertar al otro día. Estado físico y de alma que no puede describirse sino como de indefensión extrema ante el todo poderoso Estado que derepente aparece, no sólo como el único productor de comida, sino igualmente el único que la distribuye y mercadea. Y cuyas consecuencias no pueden ser más funestas para la libertad del individuo y la sociedad, ya que sin ninguna clase de miramientos se les pediría fidelidad política para que accedan primero al trabajo, y después al derecho de estar alimentado. Círculo feroz, inhumano, antihistórico que es lo que explica la permanencia de los totalitarismos y la guerra que desde su establecimiento decreta entre el Estado y los ciudadanos. No hace falta describirla, porque no han sido pocos los historiadores, politólogos, filósofos, comunicadores y ensayistas que la han escriturado en todas sus formas, pero que si precisa algún retazo de historia viva que la ilustre, no haría falta otra cosa que acordarse de Cuba y Corea del Norte. O de tantas señales con que se anuncia en Venezuela, como pueden ser la incautación de la señal de Rctv,la multa al vespertino Tal Cual y las expropiaciones a productores, distribuidores y expendedores de alimentos que Chávez ni vende, ni deja producir. |
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| En el país de los empleados del
Estado por Manuel Malaver miércoles, 14 febrero 2007 -------------------------------------------------------------------------------- Una consecuencia de la ola de estatizaciones que, según declaraciones de altos funcionarios de la administración chavista, apenas comienza con las compras de CANTV y ELECAR, es que en poco menos de un año la nómina del Estado podría alcanzar hasta los 4 millones de empleados. O sea, una cantidad que se acercaría al total de trabajadores formales e informales de la economía privada, pero situándose en la perspectiva de que, a la vuelta de un año, o quizá dos, la planta de empresas industriales, de manufacturas, comercio y servicios pase a ser constituida por puros y simples burócratas. Ciudadanos que con un pésimo control de su actividad productiva (porque la empresa ahora no es capitalista, sino socialista y de justicia); sin actualización tecnológica, profesional, laboral ni de ningún tipo (porque esos son puros inventos imperialistas); y sobre todo, sin estímulos materiales como mejoras en los salarios, prestaciones sociales y calidad de vida (porque Lenin, Mao, Fidel y el Che dijeron que eso es vil metal y cochino egoísmo), verán sus días transformarse en una agobiante rutina, donde, sin otra preocupación que ir a retirar 15 y último lo que les toque de la cada día más menguada renta petrolera, solo tendrán tiempo para ver, impotentes, como se apaga el brillo y encanto de la vida. Claro, todo eso sí no están inscritos en la nómina de las cadenas de trueque de las empresas de producción social, las cooperativas y fundos zamoranos, pues entonces no tendrían tiempo de nada, ya que los días se les escaparían acarreando cochinos para un lado, y trayendo pollos y gallinas para otro. Productos de la dieta diaria o básica que cada día estarán más caros y escasos, ya que los camaradas que debían producirlos, como estaban hartos de comer cochinos los unos, y pollos y gallinas los otros, pues este año se las echaron al hombro y ahora habrá que esperar que mejoren los precios del crudo a ver si se pueden importar de Brasil, Uruguay y Argentina. ¿Y a quién quejarse y cómo, si los antes aguerridos y terribles camaradas sindicalistas, se reconvirtieron en mansos corderos que dicen que protestar es una desviación burguesa y que hay que apoyar y seguir en todo a quienes desde arriba, por puro amor, nos programan hasta los detalles más nimios e insignificantes del día a día? Pura rutina, conformidad y desidia solo interrumpidas cuando hay que ir a un mitin, manifestación, caravana, o marcha a protestar contra el imperio que después de 15 años insiste e invadir la patria socialista y no entiende que sin luz eléctrica, sin comunicación telefónica, ropas, medicinas, comida, pero mucho trueque, aquí hay un pueblo digno y heroico que les propinará una fulminante derrota. Entonces, digamos, que en cuestión de minutos, de segundos, es como si se soltara un resorte o dispositivo, y sin que se sepa cómo ni cuándo, los millones de soñolientos, los que tenían meses sin venir a trabajar, los enfermos, los descontentos, los indiferentes, se ponen en movimiento y ahora son una masa enardecida que grita sin parar: “Chávez seguro, a Rangel dale duro”, o “Cilia, traidora, Hilary es tu señora”, o “Jesse, bandido, eres nuestro enemigo”. Aclaramos que estos nombres ahora tan vilipendiados, fueron hasta ayer no más los amados del líder, pero dicen que fueron comprados por el imperio, y, al parecer, se pasaron a sus filas. “Si vos hubierais estado conmigo en Utopía…Serías el primero en admitir que jamás habías visto un país tan bien organizado”, se lee en “Utopía” de Tomás Moro, y la verdad es que por muchas cosas se podrá condenar la sociedad que quiere legarnos el presidente Chávez, pero jamás por su incapacidad para trasladar millones de personas de un estado a otro, de una ciudad a otra, de un pueblo a otro, digamos a votar, manifestar, o participar en maniobras y ejercicios militares para derrotar al enemigo. Después, claro, hay que volver a la rutina, a ver pasar los días, a sentir el acecho de los millones de burócratas cuyo deber sagrado es programar a los ciudadanos, contarlos, chequearlos, movilizarlos, amenazarlos, castigarlos, premiarlos y pagarles sus 15 y último. Mejor dicho: a fingir que les pagan, mientras ellos, por su parte, fingen trabajar. Es el resultado de la hiperinflación, el trueque, el desabastecimiento, de la ruina creciente, inevitable y total de la economía… que es la vida. * Artículo publicado en el vespertino El Mundo. |
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| Domingo rojo en Los Próceres Dicen algunos políticos que esta misma semana acudirán a la Fiscalía a “denunciar al presidente Chávez y a los ministros de la Defensa, Raúl Baduel y de Comunicación e Información, William Lara, por considerar que en la celebración del 4 de febrero realizaron apología del delito e instigación de delinquir al exaltar un golpe de estado”. Iniciativa que considero oportuna y ajustada a derecho, aunque dudo que pueda ser acogida por el Fiscal, pues sí bien es cierto que la Constitución Bolivariana y el Código Penal vigente no dejan dudas en cuanto a la calificación del 4 de febrero como un golpe de estado, no lo es menos que se trata de un delito político y que, como tal, no es fácil denunciar, juzgar, ni condenar en los tribunales de este o cualquier país. De ahí que al seguir paso a paso los actos de conmemoración de los 15 años del golpe de estado del 4 de febrero del 92, me fijara en otro ilícito más flagrante, explícito y confeso que la apología del delito y la instigación a delinquir, pero éste sí tipificado en la Constitución Bolivariana y condenado por el Código Penal y el ordenamiento jurídico castrense. Me refiero a la utilización de la FAN, sus símbolos, sus efectivos e instalaciones en la celebración de un acto de naturaleza eminentemente política y partidista, siendo que la Carta Magna en el Tit: VII (De la Seguridad de la Nación). Cap: III (De la Fuerza Armada Nacional). Art: 328, establece: “La Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional, sin militancia política, organizada por el Estado para garantizar la independencia y soberanía de la Nación y asegurar la integridad del espacio geográfico mediante la defensa militar, la cooperación en el mantenimiento del orden interno y la participación activa en el desarrollo nacional, de acuerdo con esta Constitución y con la ley. En el cumplimiento de sus funciones, está al servicio exclusivo de la Nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna…”. Ahora bien, los actos celebrados el domingo en Los Próceres para exaltar el golpe de estado del 92, es evidente que contravienen tan capital disposición, ya que, de una parte, involucran a la FAN en una actividad política y partidista, y de la otra, la convierten en instrumento de las propuestas políticas de una persona que, además, no representa a todos, sino a una parcialidad de los venezolanos. De modo que en este caso, no estamos solo ante el ilícito de la apología del delito y la instigación a delinquir, sino ante la comisión del delito mismo, pues no respetar la Constitución en tema tan fundamental, es claro que lo menos que debería generar es una inhabilitación para el ejercicio de la función pública. Chávez cree, por el contrario, que son estas ilegalidades las que lo cualifican para aspirar a convertirse en el primer jefe de estado vitalicio de los 500 años de la historia nacional, y ahora sabemos por qué quiere también reformar la Constitución, hacer las leyes que corresponden a tal reforma, e iniciar un proceso mediante el cual a través del control de todos los poderes, Venezuela pase a ser una monarquía con sucesión dinástica y todo. Y es en la perspectiva de este país cuyo presidente y ministros violan la Constitución sin consecuencias, en el cual un hombre de uniforme asume la facultad de legislar y anuncia que hará reformas y leyes para hacerse reelegir indefinidamente; donde, además, la institución que debe velar por la integridad territorial y la seguridad de todos los venezolanos, es presentada como un partido político, como deben verse los actos que el domingo pasado en Los Próceres hicieron retroceder las agujas del reloj a los tiempos de las peores dictaduras de los siglos XX y XIX. Y muy en especial de la más fresca, la del general Marcos Pérez Jiménez, que también hacía sus desfiles en Los Próceres, tenía su Socialismo del Siglo XXI en el Nuevo Ideal Nacional, reunía en un haz soldados con empleados públicos y contaba con un ingreso petrolero que, como consecuencia de la guerra del canal de Suez, convirtió al estado venezolano en el más rico de América latina. Tiempos también de Laureano Vallenilla Lanz, Pedro Estrada, Fortunato Herrera, Rafael Pinzón, y de otros que no se veían en aquellos ni en este desfile y son, los que sin dar la cara, disfrutan verdaderamente del aspaviento militar. |
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| Chávez y la disidencia endógena por Manuel Malaver domingo, 28 enero 2007 -------------------------------------------------------------------------------- Aunque es temprano para pulsar hasta donde crecerán los brotes de disidencia que día a día estallan en el seno del bloque oficialista que se define como chavista, no hay duda que se trata de un suceso que, no por predecible, deja de generar perplejidades e interrogantes. Claro que sin esperar que, por las especiales características del proceso que Chávez presenta cada día, cual hijo bastardo, con nombres y apellidos distintos, conduzca a las purgas y persecuciones que desde sus inicios tiñó de sangre a la generalidad de las revoluciones socialistas del siglo XX, pero sí para presumir que un forcejeo inédito, oscuro y violento dejará ilusiones maltrechas, ofendidas y cojitrancas, y, más temprano que tarde, predispuestas a pasar facturas. Pero tampoco es pronosticable que en ninguno de los rounds del pugilato que a partir de ahora suministrará los titulares a la crónica roja del chavismo, surjan aquellos debates ideológicos ciclópeos que quizá fueron el aporte más sustancial de las utopías marxistas a la historia de las ideas, con figuras del pensamiento como León Trotsky, Nicolai Bujarin, y Liu Shao Chi (para solo nombrar unos pocos), exponiendo sus ideas, defendiéndolas y muriendo por ellas, sino algo más rupestre, casuístico y trivial, con escarceos en los medios impresos sobre tesis y antítesis que de tan conocidas se hacen intragables, protestas puntuales en radio y televisión como las que ya aparecen en los noticieros, y artículos, ensayos, folletos y libros escritos quizá con epígrafes de la letra de aquel bolero imprescindible de Consuelo Velásquez, “Amar y Vivir”, que canta en un momento a “ lo que pudo haber sido y no fue”. Porque es que si existe una revolución en la historia de las revoluciones que se haya manejado con ideas gruesas, elementales y sin brillo, esa es la revolución bolivariana; sin originalidad, creatividad, ni nada parecido a un descubrimiento que contribuya a aclarar zonas oscuras de la Venezuela eterna, colgada de slogans de la más estrecha publicidad política como ese último de “Todo el poder para los soviéticos” (en al versión nacional “para los concejos comunales”), o de frases felices de pensadores como Gramsci en aquello de “Cuando lo viejo no ha terminado de morir y lo nuevo no ha terminado de nacer”; pero sobre todo y básicamente, extrayendo con pinzas frases de las “Cartas, Discursos y Proclamas” de un pensador liberal, demócrata y civilista como Simón Bolívar, que ha sido adulterado, retroquelado, rematrizado y reempaquetado con la etiqueta de “Solo para engañar incautos”. Igual que ha sucedido con unos pensadores que no existen y que literalmente han inventado, como serían unos supuestos ideólogos de la llamada “Revolución Federal o Guerra Larga”, cuyo teórico fundacional sería un filósofo de la historia del cual no se conoce una línea, una frase, una carta, un discurso, y mucho menos un ensayo o libro, pero con el cual Chávez habla al parecer, no se sabe si a través de unos manuscritos secretos (como los del Mar Muerto, o los Protocolos de los Sabios de Sión), o de alguna intervención mediúnica: Ezequiel Zamora. Pero de cuya refacción ha desenterrado el arsenal de fábulas, mitos y analectas armadas para buscar relaciones y equivalencias con episodios y personajes de las revoluciones del siglo XX (porque los venezolanos tenemos que suscribirnos a una tradición revolucionaria a juro), pero deducidas en realidad de frases y epigramas dejados por los ultrarradicales de la Guerra Larga en su afán de agitar a los más pobres, de gente como Martín Espinoza y Valentín González que cumplida la fase propagandística del proceso fueron fusilados por Zamora, quien sabe si para dejar pruebas de que era otro demócrata y liberal sin nada que ver con Emiliano Zapata, Lenin y el socialismo. Pero lo peor en este contexto es que sin pensadores nacionales que de alguna manera avalen que en este país hay una revolución y que Chávez es su profeta, jefe y caudillo, y que precisamente “por nacionales” no son proclives a dejar pasar los trucos, contrabandos y adulteraciones que vienen en el contenedor de la revolución bolivariana, entonces “el líder máximo” no ha tenido empacho en exportar “teóricos” de otros continentes y países que en una grotesca operación de recoloniaje intelectual repiten el papel de aquellos monjes de la conquista que llegaron a “civilizar” y “cristianizar” a los nativos para que accedieran al reino de los cielos. O sea, otro fiasco del eurocentrismo, pero fundamentado ahora, no en los evangelios ni en las filosofías de origen aristotélico y tomista, sino en las ideas de un profeta ateo y materialista, Carlos Marx, que de libertador de los obreros industriales de Europa y Estados Unidos, fue reconvertido en el redentor de los “buenos salvajes” de indo y afro América. Es así como Venezuela ha conocido los nombres de Heinz Dieterich e Ignacio Ramonet, alemán que reside en México el primero, y gallego que reside en Francia el segundo, o sea, dos especímenes de una especie en vías de extinción, el europeo “lúcido, bueno y santo” que descubre que su misión en este mundo es ir a independizar las colonias, y que con suerte varia va dejando una estela de heroísmos fallidos, arrepentimientos, recurrencias y pésimas “memorias”. Pero que han fascinado a Chávez por lo arcaicos, y porque le permiten, sin una brizna de crítica, seguir adelante con la primera monarquía absolutista y dinástica establecida en tierras colombinas después de la bancarrota del imperio español y del super poder que aun no suelta desde sus mandíbulas moribundas, pero feroces, Fidel Castro. Pero que, sobre todo, han actuado como constrictores, yuguladores y castradores de un pensamiento revolucionario endógeno y nacional, venezolano y americanista, que corte las amarras con las que Chávez se ata más y más a un laberinto de anacronías que lo tiene rodando, literalmente, hacia la comisión de crímenes de lesa humanidad. De las ideas que pudieron aportarle teóricos como la historiadora, Margarita López Maya, el economista, Edgardo Lander y el sociólogo, Julio Escalona, con credenciales, no solo en el campo académico, sino en una práctica política de años donde los intereses de Venezuela brillaron siempre limpios de polvo y telarañas. Pero que no son ciertamente las voces que Chávez quiere oír, los índices a los que dejaría señalarlo y disentir, porque para ellos, como para cualquiera que se atreva a decir “NO”, Chávez tiene la orden de “cuadrarse”, el “atención firm” que espera a los que son reacios a ponerse los anteojos o coger las muletas para que cumplan a cabalidad el entrenamiento para la sumisión. Y lo mismo será para quienes en el campo propiamente político se nieguen a aceptar que llegó la hora de esfumarse, de anonimarse, de autoinmolarse, de ceroizquierdizarse, ya que cualquier presencia, cualquier voz, cualquier idea, por el simple hecho de existir, se torna intolerable. Llegó entonces la hora de callar, de desaparecer, de rumiar, de dejarse suplantar, de emigrar para ver si en otros escenarios y en otros públicos, es posible decir lo que está vedado en casa. Pero no sin antes dejar claro que no todo sucedió sin resistencia y que así como una vez se le dio el beneficio de la duda al jefe, también se tuvo el coraje de gritar cuando todo pareció inevitable. De resistir y denunciar cuando en la Asamblea Nacional se acabaron los derechos de palabra y la facultad de legislar pasó a ser considerada molesta, peligrosa, sustituible y transferida a Chávez. De luchar por la señal de RCTV en fin, que es el preludio de la desaparición de todas las señales y su sustitución por la sombra de un robot en uniforme para el cual lenguaje debe reducirse porque para mandar solo se necesitan monosílabos. Es la fábula mil veces vivida, sufrida y contada del zorro que engaña a los pollitos con el cuento de que el cielo se está cayendo, de que hay que protegerse a la brevedad y los lleva, en una maniobra salvadora y redentora, a esconderlos en una cueva, pero solo para engullírselos a sus anchas y de unos pocos bocados. Y que los venezolanos se empeñaron en representar de una manera tan real, idónea, cumplida y dramática. |
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| Ideas desde el salón de baile del
Titanic por Manuel Malaver miércoles, 17 enero 2007 -------------------------------------------------------------------------------- Es una imagen manida, que reaparece sin excusas cuando otro grupo de seres humanos que disfruta de una situación especialmente deleitosa, se niega aceptar la aproximación de una tragedia que arruinará la fiesta y cambiará para siempre sus vidas. De ahí que resulte imposible no asociarla a los minutos finales en el salón de baile del Titanic después que el trasatlántico chocó con el iceberg, comenzaba a filtrar aguas hacia la segunda y tercera clases, pero sin que ello preocupara a los happy-few que en la primera bailaban a los acordes de una rumbosa orquesta, brindaban con champagne y descorchaban otras inolvidables horas. Y de pronto el estrépito, la oleada invasiva, la furia helada e incontenible arrasando con mesas, sillas, manteles, platería, copas, botellas, violines, partituras, atriles, ceniceros, cocteleras, y con quienes hasta segundos antes no habían tenido ojos ni oídos para sentir lo que ocurría a su alrededor. De lo que siguió apenas se tienen unas pocas fotografías tomadas por los marineros de un barco, el Carpathia, que llegó horas después a rescatar a los náufragos de las turbulencias del Atlántico; y de unas decenas de pies de película rodadas cuando los sobrevivientes recalaron a respirar aire tibio a Nueva York, reencontrarse con la realidad y contar la primera tragedia en ser reseñada casi en vivo y directo y vías microondas de la humanidad. Con tal golpe de efecto que se cuentan por cientos de miles los materiales que se han escrito, filmado y radiado para reproducirla, y es un éxito de taquilla cada vez que un cineasta inteligente como James Cameron logra un buen casting y lleva a las pantallas la tragedia siempre revivida, reciclada, revisitada, y nunca aburrida. Y muy sugestiva, terrible y obsesivamente sugestiva, como que una y otra vez rondó por mi cabeza según me sumergía en las fiestas de la Navidad y el Año Nuevo venezolano, con plazas, calles, ríos, quebradas, casas y edificios vibrantes de luces, discotecas cuyos sones y algarabías competían con los motores de los carros último modelo, bares, pubs y restaurantes a reventar, y una sensación de goce último y total que es quizá, a efectos antropológicos, la nota realmente trascendente del fenómeno. Porque era que desde la noche del 3 de diciembre, y más específicamente, desde el 17, podía decirse que la sociedad venezolana había chocado con un iceberg, y no era para que se suspendieran las fiestas, las luces, los bailes, y los brindis, pero si para que una o varias voces responsables alertaran a los viajeros sobre el naufragio. Todo lo contrario, a diferencia del capitán, Edward Smith, y del segundo de abordo, William Murdoch, que a pesar de haber cometido errores e imprevisiones que seguramente contribuyeron al desastre, no abandonaron el mando ni a sus pasajeros, los tripulantes de la oposición venezolana estaban lejos, muy lejos, algunos vacacionando por las siempre atractivas playas y ciudades del Caribe, y otros confundidos con las luces, fiestas y brindis que podían recordar también a las bengalas con que la super nave, a punto de hundirse, clamaba por ayuda. Y con ellos, con los tripulantes, el resto del liderazgo político y empresarial, definitivamente sordo ciego a la colisión y posterior inundación, como si las músicas y ritmos, el tintineo de copas y joyas, las órdenes a mesoneros y barmans, fueran lo suficientemente dulces y confortantes para abrigar de cualquier amenaza. Desde luego que es una exageración comparar minuto a minuto el naufragio de un trasatlántico con el naufragio de un país, sobre todo si los reducimos a escalas del número de víctimas y de duración de las fases en el tiempo, y dado que en los casos que nos ocupan, las dos horas y media durante las cuales se hundió el Titanic, en términos de una sociedad pueden contarse en meses y hasta años. Pero ¿serán suficientes para que nuestro capitán Smith, su segundo al mando, Murdoch, y demás miembros de la tripulación, dirigentes como Borges, Blyde, Barboza, Ocariz, Marquina, etc, reaccionen? ¿No se hará necesario relevarlos en medio del desastre? ¿No tienen que darle una explicación a los 26 millones de venezolanos de por qué algunos, muy connotados, no estaban en el país cuando en diciembre pasado Chávez dijo sus discursos en el Panteón Nacional, y en la Escuela Militar, y ni siquiera en enero cuando anunció la tragedia del inicio del socialismo del siglo XXI, y otros, en vez de estar unidos, quieren llevarnos a los pasajeros a otra división? Son respuestas que dejo a los lectores, y a quienes habiendo tenido el respaldo de 6 millones de sufragantes en las elecciones pasadas, ahora corren el riesgo de quedarse sin el apoyo de uno solo. * Artículo publicado en el vespertino El Mundo. |
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| Chávez: De la indiferencia a las
lágrimas por Manuel Malaver domingo, 14 enero 2007 -------------------------------------------------------------------------------- Creo que buena parte del estupor que dejó en el país y en el continente los discursos de Chávez estrenándose como profeta armado restaurador del socialismo del siglo XX, no proviene tanto del miedo que tal atropello contra natura pueda provocar, como del hecho insólito de que en la primera década de la nueva centuria un caudillo patético por su vesania e irresponsabilidad piense que tal esperpento tiene alguna viabilidad. Y es aquí donde Chávez tiene asegurado un lugar en la historia como auténtica curiosidad psíquica, ya que difícilmente puede rastrearse en los 5 mil años de curso y decurso de la humanidad, otro personaje que tan consciente y arrogantemente actúe para perjudicarse a sí mismo y a quienes dice favorecer. Los millones de pobres y desamparados de Venezuela verán, en efecto, cómo en la mediación de pocos años, no solo los pocos bienes materiales que lograron juntar durante décadas de trabajo y sacrificios les serán reducidos rápida e implacablemente a la nada, sino que su propia dignidad humana pasará a ser una mercancía a tasar en el mercado donde el caudillo redentor y salvacionista comprará apoyos y lealtades por una sobrevivencia cada día más precaria y lamentable. En cuanto a Chávez mismo, ya lo veremos pasar de un caudillo tropical, desequilibrado y procaz, pero bien intencionado, inofensivo y hasta simpático, a un chafarote con ridículos delirios de grandeza y cuyo diagnóstico médico habla otra vez de una mente inmadura empeñada en retrotraer el tiempo y la historia poniéndoles la camisa de fuerza de un sistema político, económico y social cuya capacidad para generar miseria solo se compara a la esclavitud. Y de manera tan poco original y creativa, como que su proyecto revolucionario no es más que un engrudo o sancocho de todas la recetas utópicas que se intentaron cocinar con resultados indigeribles y vomitivos por lo menos en los últimos 80 años y en 46 países, y cuyas secuelas operan de manera tan devastadoras que quienes las sufrieron, aun de lejos, no quieren ni repetirlas, recordarlas, ni mencionarlas. Implementado, además, con los peores métodos del peor capitalismo, pues en esencia se trata de utilizar los jugosos recursos de la factura petrolera venezolana para comprar apoyos y respaldos de dentro y fuera del país, de modo que ya no quedan gobiernos ni individuos de los que se acercan a celebrar al jeque dadivoso y dador, que no salga con la cartera bien proveída. Lo vimos hace dos días en Managua en la toma de posesión de Daniel Ortega, donde este exsocialista, exrrevolucionario y exantiimperialista que proclamó en cuanto fue electo su adhesión al ALCA, la economía de mercado y la reconciliación con los Estados Unidos, no tuvo empacho en suscribirse igualmente al proyecto de Chávez -un delirio que llaman el ALBA-, pero mientras éste declaraba que casas, refinerías y petróleo eran la recompensa por tan taimada deserción. Pero antes sucedió con Brasil y Argentina, los dos gigantes sudamericanos en problemas de equilibrio macroeconómico en razón de la incapacidad de sus actuales líderes para desprenderse del autoritarismo populista, pero prestos a beneficiarse con el manirrotismo del hermano petrolero rico y generoso que ha tirado cerca de 12 millones de dólares en compra de bonos chatarra de la deuda argentina y de contratos a empresas mixtas brasileñas cuyos principales accionistas, los estados de uno y otro país, tratan a Chávez con el lema de: “el cliente siempre tiene razón”. Eso a escala internacional, porque en lo nacional también vimos en diciembre pasado una operación de gran aliento y de excelente uso de los petrodólares venezolanos para que más y más votantes, llegados en su mayoría de los sectores más pobres, pero también de la clase media, y de grupos empresariales, financieros y tecnocráticos, corrieran a sufragar por el caudillo redentor, porque lo importante no es detenerse en miedos lejanos, si lo que hay ahora es una sociedad de bienestar, con altísimos niveles de consumo y un acceso irrestricto a cuanto disfrute material creó el Señor en este valle de lágrimas. Es así como los índices de venta al menudeo que registraron comerciantes, importadores, contrabandistas, y trabajadores informales en diciembre pasado, se colocaron entre los más altos de la historia económica de Venezuela y de cualquier otro país de América latina, con una fiebre consumista que aún se siente en calles, mercados y centros comerciales de Caracas y ciudades de interior. O sea, que se trata de la primera revolución en la historia impuesta a realazo limpio, con la persuasión de que si me apoyas te doy petróleo gratis, o te lo vendo barato, te inscribo en las misiones y tienes tu 15 y último, y si no, retrátate en el espejo de Miguel Insulza, monseñor Luckert, Alán García, y todos los que de antes y de ahora tuvieron la osadía de desafiar la arrogancia del saudismo petrolero y tropical. Porque se trata, además, de una revolución sin héroes, mitos ni leyendas; sin historietas que graficar sobre la rendición de enemigos poderosísimos que cayeron ante la magia de capitanes de la espada y la pluma del rango de David, César, Napoleón, Bolívar, Troski, Mao y Guevara; sin frases de gigantes ante un tropel de enanos en fuga; sin estrategias tomadas a medianoche y como inspiradas por el dios de las batallas que hacen de preludio a la toma de ciudades a caballo y entre multitudes que aplauden en tal estado de frenesí y adoración que rayan en el espasmo. No, hablamos de algo más vulgar y corriente, de la implementación de una cadena de golpecillos de estado de técnica lamentable y resultados falaces, que, no obstante, dan ingreso a un asalto al poder, vía electoral, y todo porque la casta sacerdotal guardiana del templo de la democracia había decidido jubilarse y retirarse a disfrutar los dividendos de otra bonanza petrolera. Pero por eso mismo un proceso en estado y espera de la oportunidad que permita troquelar héroes y leyendas, no importa si se forjan en escenarios propios o extraños, en países de América, Asia y África, con tal que el comandante en jefe pueda retratarse con la doble canana de Pancho Villa, mientras proclama en frases altisonantes y actos públicos que él también tuvo sus batallas de Mogadiscio y de Cuito Canavale. De modo que no fue el caudillo redentor y profeta armado quien terminó de hacer el trabajo de la toma del poder, sino una traílla de lobos viejos y desdentados, pero terribles y diabólicos de los dos bandos que, unos por la jubilación, y otros por los emolumentos, corrieron a entregar a la nueva élite una presa esquilmada de la cual siempre se piensa, sin razón, que no le queda gota que ordeñar. En definitiva, una revolución cuya génesis es la negación de toda revolución y que solo a punta de gritos y no de hechos pasados y presentes, intenta establecerse como realidad, viabilidad y posibilidad. De ahí que sea también el fenómeno político con un uso más abusivo y repulsivo de los medios de comunicación de masas, con una escala de penetración en calles, casas, escuelas, cuarteles, hospitales, selvas, llanos, desiertos, montes y sabanas que deja pálidos a los que se intentaron en tiempos de Stalin, Hitler, Mussolini, Mao y Castro. Una cruzada para imponerse con la violencia del ruido que fue experimentada por primera vez por las tropas norteamericanas que invadieron Panamá en 1989, pero que después ha sido de uso corriente entre los pichones de dictadores que han tratado de ponerle la bota a sus países en las últimas dos décadas. Gente del tipo Slobodan Milosevic, Saddam Hussein, Alberto Fujimori, Charles Taylor y Mengistu Haile Mariam. |
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| LA BATALLA POR RCTV
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Por qué cayó
Rangel Puede parecer
una ironía, pero después del 3 de diciembre pasado, José Vicente
Rangel, era el funcionario del alto gobierno menos dispuesto a secundar
a Chávez en su delirio de reformar la constitución para hacerse elegir
presidente vitalicio a través de la reelección indefinida.
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| Chávez
y la tentación totalitaria De los peligros que acechan a Hugo Chávez a días de comenzar su segundo período presidencial, ninguno tan devastador y terminal como el que el filósofo francés, Jean-Francois Revel, llamaba “la tentación totalitaria”. Síndrome que ataca con especial énfasis a líderes con aguda debilidad por el personalismo y la concentración de poder, y aptos para todo, menos para llevar adelante una obra de gobierno eficiente que contribuya a mejorar la suerte de los que menos tienen. Hugo Chávez tiene a este respecto la más descollante historia clínica de la América latina contemporánea y quien sabe si de todo el mundo occidental, pues si bien hay pacientes que pueden ser objetos del mismo diagnóstico, como son los presidentes de Argentina, Néstor Kirchner, de Bolivia, Evo Morales, de Nicaragua, Daniel Ortega y de Ecuador, Rafael Correa, ninguno logra, sin embargo, presentar un cuadro sintomático tan avanzado y alarmante. El venezolano tiene en efecto 8 años, no luchando, sino habituándose a la enfermedad, sintiéndose a veces tentado, ya de ser el nuevo Fidel Castro, ya de replicar a Mao Tse Tung, ya de reclamar la herencia que dejó Perón en Buenos Aires un día de julio de 1974, pero controlado a duras penas con una dosis que incluye vigilancia de la comunidad internacional, lucha de la oposición y la sociedad civil venezolanas por la defensa de la democracia, y la reacción tibia, pero disuasiva de algunos de sus parciales para que no ejecute el golpe final. Anticuerpos que no le han impedido, sin embargo, que después del hoy moribundo presidente de Cuba, Chávez sea el jefe de estado de América latina que ha logrado una mayor concentración de poder, con los poderes públicos (CNE, Legislativo y Judicial) reducidos a apéndices del Ejecutivo, un ejército que se comporta como su guardia pretoriana, una industria petrolera que actúa cual taquilla donde el caudillo se provee de recursos para llevar adelante sus funambulescos planes revolucionarios, y una ofensiva en el campo de las políticas sociales y del clientelismo político que procura que más y más organizaciones e individuos sean simplemente piezas de la estructura del gobierno. De modo que solo en áreas como las libertades de expresión, sindical, religiosa, universitaria, cultural y deportiva podría decirse que se ha detenido el avance del virus totalitario, si bien puede vislumbrarse que dado el cúmulo de poder con que sale el enfermo de las recientes elecciones, no es imposible que estas zonas pasen también a ser contaminadas. Una prueba de ello es la prisa que se ha tomado Chávez en estos días decembrinos cuando todo el mundo esperaba que los dedicase al descanso, la meditación, la oración y la paz navideña, en declarar la emergencia para la creación de un partido único, envenenándole las hallacas a aliados como los secretarios generales de Podemos y el PPT, Ismael García y José Albornoz que ya se sentían corregentes del nuevo período presidencial. Y vaya si habían ganado puntos para aspirar a tal fantasía, Albornoz haciéndole el trabajo sucio al oficialismo como fue la persecución que hace unos meses emprendió contra la directora de SÚMATE, María Corina Machado, aparte de las que antes había perpetrado contra Patricia Poleo, Ibéyise Pacheco y Marianella Salazar ( ejemplos no de su fanatismo revolucionario, sino de su misoginia); y García, tragándose el burro muerto de salir a apoyar políticas que en el fondo no compartía, pero que juzgaba indispensables para hacerse presentable a los ojos del chavismo. Pero contribuyendo con sus organizaciones a que el presidente aumentará su volumen electoral en 2 millones de votos, que por más que diga Chávez “son míos, porque votaron por mí”, yo sostendría que tal afirmación por lo menos es a medias, porque había un partido que si era de Chávez (que también desaparecerá en enero) y por el cual no votaron. De modo que se trata de un maltrato incalificable contra dos aliados, que tendrán que escoger entre dos muertes: o pasarse a la oposición porque ya no son necesarios, o integrarse al nuevo partido, PSUV, donde desaparecerán como briznas aplastados por los jefes originales de la revolución. Gentes de malas pulgas, impacientes e incapaces, como buenos exmilitares, de conocer y tratar las complejidades de la política, tales Francisco Ameliach, Pedro Carreño, Diosdado Cabello y Jesse Chacón que jamás le han perdonado a García y Albornoz haberse embarcado tarde, muy tarde, en el autobús de la revolución. Pero la tentación totalitaria también podría esconderse tras la renuencia de Hugo Chávez a sentarse a discutir una zona de distensión con la oposición, un espacio en el cual, más allá de la fuerza electoral de unos y otros, se piense en normalizar las relaciones entre el gobierno y la oposición (o las oposiciones) para que unos gobiernen y otros critiquen. En este orden de ideas habría que estar pendientes de la reacción de Chávez al reciente documento que le acaba de enviar la Conferencia Episcopal Venezolana, CEV, y en el cual, si bien lo felicita por el triunfo electoral del 3 de diciembre, lo conmina a que como mayoría respete a las minorías y se comprometa agenciar un modus vivendi democrático con ellas. Acuerdo macro que debe contemplar una discusión tendente aprobar una amnistía para todos los presos políticos, respetar en todos sus términos la libertad de expresión, y crear mecanismos para que ni los derechos humanos, ni las libertades, ni la constitución, ni el estado derecho puedan ser violentados a nombre del exclusivismo, ni la retaliación política. En conjunto, una receta clásica, si se quiere casera y tradicional, pero de repente la menos ensayada para curar la peste por la que Venezuela pasaría a ser la más nueva de las repúblicas bananeras, y actuar en beneficios de todos, como que recuperaría la paz que el país perdió durante los últimos 8 años. Claro que tratándose de un paciente cuyo mal pareciera estar en un estado avanzado, no nos hacemos ilusiones en cuanto a la posibilidad de que Chávez la acepte y se la autoaplique, pero Raúl Castro dijo recientemente que Cuba no se negaba, sino que deseaba, sentarse a negociar con los Estados, Evo Morales acaba de llegar a un arreglo con los departamentos bolivianos que aspiran a que la constituyente les respete sus autonomías, y Rafael Correa, su otro aliado en Sudamérica, estuvo a mediados de semana en Caracas guardando distancias con cualquier prédica incendiaria y tumultuaria. De su lado, el recién electo presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, ha dicho en diferentes escenarios y oportunidades que no aspira a repetir ni en los más remoto la experiencia del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y que su finalidad en el gobierno es respetar la democracia, las buenas relaciones con todos los países, y llevar adelante el Acuerdo de Libre Comercio, CAFTA, que conjuntamente con otros países centroamericanos, firmó el anterior gobierno nicaragüense con los Estados Unidos. O sea, que hay esperanzas, si vamos a guiarnos por la forma como están respondiendo al tratamiento otros líderes latinoamericanos que alguna vez estuvieron contaminados por el virus de la tentación totalitaria, o de los que dieron síntomas que podrán haberlo contraído. Claro, habría que esperar a diagnosticar si las tendencias de Chavez son tan incurables como destructivas, y están en lo que se conoce clínicamente como fase terminal. |
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Los cuervos de Rangel El signo más desconcertante de las revoluciones que se perpetraron durante el siglo XX, y por extensión, de la que aquí se ha dado en llamar “bolivariana”, es sin duda el proceso mediante el cual un grupo de hombres y mujeres que irrumpieron en la política con la pretensión de ejecutar la rebeldía extrema, la de derrocar el sistema de gobierno imperante, terminaron, después de lograrlo, convertidos en un atajo sumiso, impotente, doblegado y devoto de un jefe afortunado que la usa y abusa en la idea de amasar su poder, su inmenso e incontrolado poder. Y sin detenerse a respetar su condición ni derechos humanos, sin tomar en cuenta los méritos que un día acumularon para contribuir a que fueran, no objetos sino sujetos de la historia, haciendo posible el resultado atroz por el cual, ya no son más nombres, sino números en la mano de hierro del autócrata. O sea, que es todo lo contrario, pues mientras mayor es el aporte de los números en el establecimiento del nuevo orden de cosas, entonces más incentivan el desprecio del caudillo castrador, que no pierde oportunidad de ningunearlos, vilipendiarlos y deshacerse de ellos. Eso por lo menos es lo que cuenta los historiadores que hurgan en los días de Stalin, Mao, Kim Il Sung, Caucescu, Pol Pot y Castro, y novelistas, periodistas, sociólogos y antropólogos que se acercaron, olfatearon o rondaron al lado de los jefes de que habla Regis Debray en “Alabados sean nuestros señores”, y salieron con alguna estima para analizarlos, diagnosticarlos y exorcizarlos. Intermediación que no ha sido necesaria en la Venezuela bolivariana, ya que contando con la primera revolución de la época de las Tecnologías de la Información y la Comunicación, TIC; pero sobre todo, teniendo a mano una versión del jefe especialmente apta para maltratar, insultar y humillar a sus segundones, entonces hemos seguido en vivo y directo, y sin que nadie nos lo estuviera escribiendo, el fenómeno que graficó magistralmente Arthur Koestler en “El Cero y el Infinito”. Fue el domingo pasado, el 17 de diciembre, un poco después mediodía y cuando el gobierno se preparaba a conmemorar el 176 de la muerte del Libertador, Simón Bolívar. Un acto que tradicionalmente se celebra en el Panteón Nacional y debe comenzar antes de la una de la tarde, de tal manera que haya tiempo de hacer un minuto de silencio a la 1 y 7 minutos, hora en que expiró el Padre Fundador. Pero el presidente Chávez llegó tarde, por lo menos con 15 minutos de atraso, el embajador de Bolivia también y el acto con toda su solemnidad progresó hacia una anarquía lamentable que literalmente dejó a todo el mundo sin saber qué hacer, qué decir, ni dónde ubicarse. O lo que es lo mismo, una falla en el protocolo que no es extraña en este ni en otro gobierno, que debió corregirse sobre la marcha y simularse en lo posible para beneficio del buen nombre del país, del gobierno y del acto mismo. El caudillo Hugo Chávez, sin embargo, no lo vio así, y en el mismo duelo que normalmente es motivo para la reflexión, la oración y la unión la tomó contra el vicepresidente, José Vicente Rangel, y el ministro del Interior y Justicia, Jesse Chacón que fueron insultados en cadena de radio y televisión y tratados como números ineficientes, indisciplinados, contumaces, y conminados a dejar la administración. En fin, toda una catarata de impropiedades, desafueros y atentados contra la educación y el buen trato que se debe a todo ciudadano, que en otro país provocaría una crisis con renuncias de los funcionarios maltratados e investigaciones del poder legislativo y judicial con miras a poner en claro por qué el jefe del poder ejecutivo perdió lo estribos y expuso al desprecio público a dos de sus funcionarios más cercanos, pero que en la Venezuela del pensamiento único, del partido único y del jefe único se asume con la rutina del terror, con el silencio del miedo que cunde en el reino donde Ubú Rey es amo y señor de todo cuanto respira a su alrededor. Uno de los momentos más tristes y desolados de un país que una vez ejemplarizó en el ejercicio de la libertad y la democracia en el continente y hoy retrocede estupefacto viendo como es remitido al nivel de una república bananera. |
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| América del Sur y la muerte de Pinochet
Cómo siempre soñé con un día en que los latinoamericanos dejáramos de hablar de dictaduras y dictadores, entonces pueden imaginarse mi incomodidad al no poder escapar al díctum de tener que referirme a la muerte del dictador chileno, Augusto Pinochet. Y lo que es peor: de tener que ocuparme dentro de poco del deceso de otro dictador, y quien sabe si durante los próximos 10 años o más mantenerme atareado entre dictadores que aparecen, desaparecen, o reaparecen en una suerte de ritual de abominación de la muerte, la violencia y la fatalidad que a marchas forzadas nos estrecha en su círculo de hierro. Porque es que, contrario a lo que pensaron los hombres de mi generación y de otras generaciones, la materia prima para la formación de dictaduras y dictadores en América del Sur no se agotó con Pinochet,y sus congéneres de Brasil, Uruguay y Argentina durante los 70 y 80 y más bien como en un magma silente pero bullente se mantuvo a la espera de las condiciones que la hicieran irrumpir a flor de tierra. Y estas llegaron como consecuencia de la impaciencia por los resultados de la modernización económica que se inició después de la caída del muro de Berlín y el colapso del socialismo real, cuando pareció viable que con el efecto de demostración de la catástrofe del fin del mundo comunista, todo cuando de le igualaba o semejaba (socialismo, autoritarismo, colectivismo, populismo y totalitarismo) pasaban al invernadero de la historia. El caso fue que alentados por los náufragos que se resistían a morir, hábiles demagogos venidos, unos del mundo militar, otros de la universidades, y otros de las etnias indígenas, se dispararon a agitar e incendiar la pradera de los justos resentimientos por la lenta distribución de la riqueza que generaban las reformas económicas, creando la mayoría electoral que en elecciones democráticas, limpias y transparentes garantizaba el ascenso de los neo dictadores. O sea, que está naciendo (o ya nació) el dictador que no viene de las asonadas cuartelarias, la guerra de guerrillas y las insurrecciones populares, sino de la participación en procesos electorales y de mayorías de votantes circunstanciales que prestan su concurso para que el personalismo recién acuñado desmonte la constitucionalidad vigente, cree otra marcadamente autocrática y avance rápidamente en la ruta para que “su majestad” se convierta en dictador vitalicio. Desde luego que este es el mapa por el que se ha guiado hasta ahora la neodictadura de Hugo Chávez en Venezuela, pero que igualmente, aunque con suerte variada, se está tratando de implementar en Bolivia y lo más seguro es que en el Ecuador de Rafael Correa. Lo importante a destacar de todas maneras, es que la oportunidad de que el subcontinente marchara como un todo en el establecimiento de un espacio democrático donde el bienestar económico, la revolución tecnológica y la igualdad social marcaran la pauta para la inserción en el siglo XXI, se está esfumando y ya pocos dudan de que América del Sur se precipita a constituirse en una de las zonas más atrasadas del planeta. Atraso con dictadores mesiánicos, ideas anacrónicas de la justicia social, institucionalidad que se arma y desarma para atender la demanda del mandamás de turno e implementación de un modelo económico alternativo que es el mismo que fracasó en el socialismo real y significará una pérdida enorme de recursos, tiempo y energía para todo el continente. De modo que si bien cabe celebrar que los dictadores más longevos y terribles de América no serán dentro de poco sino un recuerdo para abominar y olvidar, nuevos retoños de la especie están naciendo, y quien sabe si mejor dotados para hacer daño y retroceder las agujas del reloj histórico a un tiempo incomprensible porque sus signos hace tiempo que pertenecen al lenguaje fósil. Son los hechos que están determinando que América del Sur sea una región que cada día se borra más del mapa mundial, siendo sustituida por países como India y China, de la cuales ya se auguran serán las estrellas del siglo XXI. No por algo en una reciente visita a India, el presidente de China, Hu Jin Tao, en un discurso que hará historia afirmó que “El siglo XXI será un siglo asiático”. |
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| Hacia un final de fotografía No es tanto por las encuestas que siempre tienden a encontrar los números que les interesan a los clientes que las pagan, sino por las movilizaciones que se desparraman a lo largo y ancho del país, por lo que podría anticiparse que las elecciones del 3 de diciembre terminarán con un final de fotografía. Método que también podría objetarse diciendo que presencia en manifestaciones no significa necesariamente intención de voto, o que por mucha gente que asista a una concentración no alcanza nunca al 10 por ciento de los votos que se necesitan para ganar, pero que en cualquier caso no tiene porque ser más o menos confiable que encuestas alimentadas por el miedo que siempre contribuye a sesgarlas. La manifestación, por otra parte, no termina en la manifestación misma, y es por lo general precedida y poscedida por un clima de opinión que es como los ventarrones que sacuden al ambiente antes y después que pasan los ciclones. Y ese clima no revela otra cosa que si Rosales supera a Chávez, o Chávez a Rosales antes de una semana y media del 3-D, no es por más de 2 o 3 puntos. Medición que, es cierto, podría alterarse a favor de uno u otro en los 12 días que faltan, pero dependiendo de la capacidad de Rosales o de Chávez para convencer a los indecisos. Ahora bien, según el experto, Douglas Shoen, de la encuestadora “Penn, Shoen and Berland”, los indecisos se deciden a votar mayoritariamente por los candidatos de la oposición, por lo que podría decirse que si ese fuera el caso, serían votos que se agregarían al caudal de Rosales. Otro tema es el referente al abstencionismo duro, que podría estar afectando tanto al candidato oficialista, como al de la oposición, por lo que no es descartable que los 12 días finales se utilicen para redoblar los esfuerzos hacia este segmento. De modo que si a estas alturas no se suscita un fenómeno conmocional como el que volteó en horas los resultados de la últimas elecciones para la presidencia del gobierno español, y puso a ganar al perdedor, José Luís Rodríguez Zapatero, entonces es previsible que si no un empate, una ventaja por pocos puntos, sean los números finales del 3-D. La pregunta es: ¿Podrá en ese caso el candidato perdedor tener el coraje suficiente para decir que perdió y transformarse en apagafuego ante tanto radical que de lado y lado no querrá aceptar lo que es el final de una contienda electoral que por muy interferida que sea por la mano negra oficial, es siempre la oportunidad para que unos avancen y otros retrocedan, o más bien, para que unos ganen perdiendo, y otros pierdan ganando? Y aquí tenemos que referirnos a la esencia agonal de la democracia, que es por sobre todo el juego político visto en una dialéctica de tiempo y espacio, donde los triunfadores de hoy, pueden ser los derrotados de mañana. Bien está que en la situación venezolana puede decirse que, en todo sentido, el gobierno de Chávez no es democrático y que se trata de un caudillo autoritario que usa la democracia con un carácter instrumental que valida, solo cuando contribuye a fortalecer el poder del jefe, e invalida cuando su dirección es para proteger el poder de las mayorías que controlan al jefe. Pero es que aun así no se debe desechar la política de imponerle la democracia a los antidemocráticos, de obligarlos a contarse, y convertir a las autocracias en un remedo de sus fines perversos, y una posibilidad para que sus adversarios, en cualquier momento, la destruyan de a poco, o de un solo envión. O sea, dentro del juego que es también paz y guerra, avance y retroceso, tormenta y calma, pero todo incidiendo y coincidiendo con un resultado que no puede ser otro que la democracia, la libertad y la civilidad anclen de manera definitiva, y para no volver a perderse, en el país. Insisto que en este sentido los resultados del 3-D pueden ser una prueba que fortalezca, o contribuya de manera muy importante, al rescate de la democracia, ya que, como en los juegos normados, y constitucionalmente reglamentados, todo puede reducirse a una frase: el que haga fraude, pierde. |
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| Alán García, Chávez y la revolución
No cree el presidente de Perú, Alán García, que Hugo Chávez esté haciendo una revolución, y mucho menos que, si tal fuera el caso, ello lo autorice a inmiscuirse en los asuntos internos de otros países. Es un disenso que empezó cuando Chávez apoyó abiertamente a Ollanta Humala en las elecciones peruanas de abril pasado que ganó García, y que, con decibeles más, decibeles menos, cubrió la ruta de estos últimos 7 meses. Pero que dejó algo muy claro: si Chávez habla fuerte, García habla más fuerte aún, pasando a convertirse para el primero en un eco respondón que, tanto intimida, como atormenta. Sobre todo en circunstancias de que, bien por razones ideológicas, o intereses políticos y económicos, no han sido pocos los jefes de estado latinoamericanos que se han comido la lengua ante un Chávez que no ha tenido empacho en devaluarlos, maltratarlos y carajearlos, porque y que no hacen su trabajo como patriotas, nacionalistas, antiimperialistas y revolucionarios. Desplante o coup de theatre en que eran duchos jefes revolucionarios y guerreros del siglo pasado como Musolini, Stalin, Hitler, Mao y Castro, pero que le queda mal al presidente de un pequeño país tercermundista electo de acuerdo a la más irreprochables reglas de la democracia, no ha librado una sola batalla, comandan un ejército que en mas de 2 siglos no sabe lo que es una guerra internacional, y no es capaz de hilar un discurso medianamente coherente a la hora de plantear a dónde va y qué es lo quiere. Pero nada que arredre a Chávez, que en revancha tiene el poder que brinda ser el jefe de Estado de un país petrolero en una época en que los precios del crudo se han ido por las nubes, la amenaza de una crisis terminal de energía no acaba de despejarse, y puede darse el lujo de usar el garrote de la energía barata o regalada para atraer y callar a presidentes rebeldes, o reacios a aceptar sus diktat. No es el caso del Perú de Alán García, con importantes reservas de crudo y gas, capacidad para satisfacer la demanda interna y exportar, emergiendo con Bolivia como la otra potencia energética del subcontinente, y haciendo planes para armar y liderar el Anillo Gasífero del Sur. Por tanto, con malas pulgas para calarse los arrebatos del teniente coronel venezolano, soportar su soberbia e intromisiones y que ande por el mundo descalificando a cualquiera que no aplauda y comparta al que dice es el pensamiento de la nueva era, de los nuevos tiempos. Porque es que el Alán García que gobernó al Perú a mediados de los 80, se negó a pagar la deuda externa más allá del 10 por ciento, intervino la economía a extremos que recordaban a Velazco Alvarado, nacionalizó o intentó nacionalizar la banca y terminó siendo repudiado por una marejada electoral que llevó al poder a Alberto Fujimori, sabe muy bien lo fácil, cómodo y buena nota que resulta ser “nacionalista, antiimperialista y revolucionario” con un precio del crudo que en julio pasado llegó a cotizarse a 78 dólares el barril. Por eso en la versión de Alán García, Chávez no es más que un hijo de los trópicos buchón de petróleo en una época de extrema escasez, arrogante y nuevorrico, frívolo y pantallero, irresponsable y guapachoso, que tiene por hobby decir que es patriota, nacionalista, antiimperialista y revolucionario. Bravata que no se le perdonaría si no tuviera la llave del grifo que permite enviar millón y medio de barriles diarios de crudo a los Estados Unidos, y otros tantos en ayuda a países sin combustible de América y el mundo, donaciones de diversa índole, contratos mil millonarios en dólares a Brasil para la fabricación de puentes, y repetidos aportes a Argentina para la compra de bonos basura de su deuda. Señalamientos que ya son como una chapa, se oyen en el palacio de gobierno del Perú o en la sede de la cancillería inca cuando menos se piense, y actúan como la marca de fábrica que se le construye desde el exterior a una revolución que quiso conquistar el mundo pero a punto de barriles de petróleo, petrodólares y bravuconadas. |
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| Tiempo
de terrorismo electoral La campaña de terrorismo electoral iniciada por el gobierno desde mediados de la semana pasada contra oficiales de la FAN y trabajadores de PDVSA, no debe tomarse como un hecho aislado y pasajero dentro de los lógicos enfrentamientos que surgen cuando dos candidatos radicalmente opuestos luchan por la presidencia de un país. Al contrario, pienso que, tanto la intervención de Chávez el miércoles en la noche en el auditorio del Círculo Militar ante la alta oficialidad de la FAN, como el discurso del ministro de Energía y Petróleo, y presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, a un grupo de gerentes, técnicos y trabajadores de la estatal petrolera -dado a conocer en un video que circula ampliamente desde el jueves-son el anuncio, no solo de que el mes que queda de la campaña electoral estará signado por el miedo, el chantaje y la intimidación a que obliga la búsqueda forzosa y desesperada del voto, sino igualmente, de una política que continuaría a un Chávez triunfante el 3 de diciembre y lanzado definitivamente por el atajo de la represión, la exclusión, el acoso y la consolidación de un régimen autocrático y totalitario. Fíjense que en uno y otro caso, el de Chávez en la FAN y el de Ramírez en PDVSA, el recurso básico utilizado atañe a la violación de derechos constitucionales como son el derecho al trabajo, y la coacción a los electores para que no elijan al candidato de su preferencia, pero prefigurando que de de fallar este primer paso de la ofensiva, se pasaría pura y simplemente al expediente que ya involucraría la pérdida del trabajo, la libertad o la vida. Y es aquí donde conviene no llamarse a engaño, y tanto opositores como seguidores de Chávez, tanto los oficiales de la FAN, como los trabajadores de PDVSA, y de todo el sector público y privado de Venezuela, deberían anotar que se les está amenazando con una guerra, con las cadenas, herrojos y patíbulos en que concluyen siempre los experimentos políticos que portan la vara mágica para salvar a la humanidad. Claro que en los discursos reseñados, y particularmente en el de la FAN, la amenaza de exclusión, acoso, exilio y muerte, no vino sin una operación de ablandamiento, como fue el ofrecimiento de Chávez a un grupo de ciudadanos que no salían de su asombro, de que también traía las alforjas llenas, la botija repleta, la bolsa a reventar y que estaba dispuesto a derramarla, repartirla y rematarla, pero siempre y cuando los presuntos beneficiados le garantizaran lealtad, entrega, obediencia, disciplina y complicidad. Fue sin duda el suceso más lamentable de cuantos sucesos lamentables han presenciado los venezolanos de los tiempos del disparatario chavista, por cuanto, pocas veces se había visto en público a un jefe de estado rebajándose para rebajarse a los otros, pocas veces se había visto a una mediocridad inflada y enloquecida por procurarse un lugar de honor en la comisión de ridiculeces en la historia, tentando a través del lucro y las ventajas materiales a quienes no están obligados por otro juramento que no sea el del respeto y defensa de la constitución y las leyes. Oficiales a quienes Chávez ofreció villas y castillos, el oro y el moro, con asignaciones de dinero para la comproa de casas, carros, tarjetas de crédito sin límites de gasto, bonos, préstamos y de todos los bienes a los cuales puede con justicia pretender acceder cualquier profesional de clase media que piensa que su trabajo deben ser bien remunerado. Pero que es justamente lo contrario de cuanto Chávez ofrece, promete y recomienda a jóvenes estudiantes de menores recursos que son prácticamente conminados a que hagan votos de pobreza, que no vivan para el lucro, las comodidades y la acumulación de riqueza y dediquen sus vidas, como en un apostolado medioeval y monástico, a los que tienen hambre y sed de justicia. Que no es por cierto el caso del teniente coronel y presidente de Venezuela, quien pasa sus días en el fausto, el derroche y el lujo extremos, disponiendo a discreción de las reservas y recursos del país, usufructuando de las ventajas de contar con un avión privado pagado por los venezolanos, habitante en hoteles cinco estrellas de 1000 dólares la noche, huésped de emperadores, príncipes, reyes, presidentes y primeros ministros, y vestido, alimentado, y enjoyado por algunas de la firmas más celebradas del ramo. Y decidido como cualquier otro dictador a quien la fama y la fortuna sonrió de repente lanzándolo a la lista de los “ricos y famosos”, a no entregar el poder sino por la fuerza, a violentar la constitución y las leyes, a concusionar y defraudar si la voluntad de una mayoría de venezolanos se activa para poner fin a su mandato. Pero sin que la posibilidad de torcer la voluntad de los electores, ponga fin al plan del dictador de convertir a Venezuela en una isla del terror, persecución y muerte, y que al igual que como ya se vio en el Caribe durante los tiempos de Trujillo, Somoza, Duvalier y Castro, cierre para la libertad, la democracia y los derechos humanos a 26 millones de venezolanos que pasarían a padecer una vida de esclavos. Es lo que también se percibe en las palabras propias por lo escueto de un político de los bajos fondos, de los que se forman en las lides del gansterismo y las mafias, del ministro de Energía y Petróleo y presidente de PDVSA, Rafael Ramírez, quien tuvo que necesitar presentarse a un acto rodeado de matones armados hasta los dientes, para hilar las únicas palabras coherentes que ha dicho en su vida. Una antología del terror, tanto más peligrosa como que vienen de un burócrata que no se ha distinguido por nada más en la vida, y dicha en el tono del asaltante que temblando por el miedo y el trauma mismo del asalto le dice a su víctima: “Tu voto o la vida”. Que no tardará en convertirse, si es que Chávez gana en las elecciones del 3 de diciembre próximo en un:“O me apoyas, o te haré pagar tu desamor, desprecio y rechazo con cárcel, exilio o muerte”. Nada desde luego diferente a lo que se ha vivido y sufrido en otros regímenes autocráticos y totalitarios del mundo, pero sin duda que instrumentado por burócratas, agentes represivos, y matones de oficio que por lo menos tenían la prudencia de callar. De modo que Venezuela, no solo está a las puertas de lo que puede ser única y última satrapía totalitaria del siglo XXI, sino perpetrada, además, por mastines escandalosos que se agitan y hacen ruido como para que su vesania no se olvide. Sobre todo durante los 31 días que restan para las votaciones del 3 de diciembre que deben convertirse en la encrucijada para que las mayorías nacionales decidan si quieren vivir en libertad, o convertir al país en los auditorios en que Chávez y Ramírez les gritaron a oficiales de la FAN y a los trabajadores de PDVSA: “Tu voto o la vida”. |
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La lección de Lula Pienso que si hay alguna razón para que el recién reelecto presidente de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, merezca un sitial en la historia del siglo XXI, es por percibir que la era de la revoluciones ha terminado, que el socialismo pasa a ser capitalismo pero con vocación social y que ningún cambio social es posible si la lucha de las mayorías contra la pobreza, la desigualdad y las injusticias no van pareja al establecimiento de una sociedad democrática, libre, plural y anclada en la defensa de los derechos humanos. Fue una lección que sin duda aprendió de la caída del muro de Berlín, el colapso del imperio soviético y el desplome del socialismo real que tatuaron en la práctica de los revolucionarios sinceramente preocupados por mejorar la suerte de los menos favorecidos, que no era una sociedad sometida al imperio de caudillos ebrios de poder y poseídos de exultación carismática, la más apta para hacer realidad la aspiración de un mundo de bienestar, igualdad y justicia, pero en democracia, libertad y estado de derecho. Todo lo contrario a lo sucedido en la URSS, China Comunista, Europa del Este, Vietnam, Cuba y Corea del Norte, en los países del sistema del jefe, partido y pensamiento ÚNICOS, en lo que también se llamó y llama totalitarismo, donde solo se oyen las voces de mando, las que llamaban a la división, la guerra y la violencia, las que proclaman que primero es la separación, la segregación y la discriminación, y después la liberación. En otras palabras, con todo lo que tenía que romper el obrero metalúrgico brasileño, Luiz Inacio Lula da Silva, nacido a la política en la lucha contra los dictadores militares de los 70 y los 80, quienes a su manera también quisieron hacer un país de jefe, partido y pensamiento únicos, y de ciudadanos sin rostros, nombres, ni derechos. Para demostrarlo, los muertos, presos, exilados, perseguidos y torturados que fue el saldo de los años de las dictaduras militares. De modo que no era mucho lo que necesitaba Lula para darse cuenta de las equivalencias entre el socialismo real y las dictaduras militares de derecha también reales, muy reales, ya que resultaban, si no idénticas, muy parecidas en el afán de mandar, guerrear, dividir, atropellar y reprimir. De ahí que no sea exagerado afirmar que los 4 años que acaba de pasar Lula en la presidencia de Brasil, y cuyos resultados le garantizaron la reelección, fueron para gritar que no cree más en antiguallas revolucionarias y socialistas, que prefiere un gobierno normal, tranquilo, eficiente, y pacífico y que trabaje por la unión y la reconciliación de todos, que uno pendenciero, incompetente, dicaz, violento y empeñado en promover el odio, caos y la inestabilidad dizque como la “vía rápida” para promover la revolución. Lula, en efecto, trabajó desde la presidencia para que los empresarios brasileños aumentaran su productividad, accedieran a la última tecnología, ampliaran sus mercados y profundizaran una política de exportación que hacen de Brasil la tercera economía del continente americano y la séptima del mundo. Y todo sin satanizar las ganancias, sin estar restringiendo la esfera de influencia del sector privado, sin promover invasiones de tierras, ocupaciones y tomas de fábricas y que para “salvarlas” de la “quiebra” y la “voracidad” de los hombres de negocios. En cuanto a los sectores de menores recursos, trabajadores, campesinos y clases medias, Lula comenzó por controlar y reducir la inflación, mejorar las oportunidades de empleo, e impulsar un programa de políticas sociales que rápidamente ha incidido en cambios sustanciales a favor de los pobres del campo y la ciudad que han visto mejoras notables en su calidad de vida. De ahí que no puede extrañar que al lado de México, Perú y Chile, Brasil sea el otro país de América latina que está reduciendo la pobreza. Y con la pobreza, las opciones a favor de la violencia, la conflictividad, la confrontación, y la guerra civil y de todas las tenciones que agitaban los revolucionarios de antes y de ahora para hacer posible la tan sangrienta, como inútil revolución. Por eso el gobierno de Lula es una apuesta contra la revolución y por la democracia, para que los pobres y las clases medias no terminen convirtiéndose en pasto de dictadores y élites arrogantes y mesiánicas que alegan que la esclavitud es el precio a pagar por la liberación. La columana de Manuel malaver, también se publica en: www.elmundo.com.ve |
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| Rosales
en la recta final El mes de noviembre que comenzará mañana no será cualquier mes en la historia de Venezuela, pues podría pasar a recordarse, o como aquel en que las libertades democráticas se recuperaron después de 8 años en franco deterioro, o como aquel en que se eclipsaron por un período previsiblemente largo y después del cual ni el país ni sus habitantes volvieron a ser los mismos. Desiderátum tanto más paradójico, cuanto que ha desaparecido de la agenda del 95 por ciento de los países del mundo, y cabía esperar que si existía alguno con méritos para escapar al círculo de hierro de su espectro, era precisamente la Venezuela que vivió 45 años en democracia y en medio de un auge económico que activó una auspiciosa promoción social. Pareciera, sin embargo, que fue precisamente la combinación de democracia y economía petrolera la que dio lugar al proceso que podría culminar el 3 de diciembre con la dictadura abierta, militarista, monocrática y totalitaria del teniente coronel. Hugo Chávez, acelerando el retroceso que hace 8 años nos aventó medio siglo atrás, y que de mantenerse, nos lanzaría el próximo año a una noche tan hórrida, abysal y sangrienta como la que vivieron los países que después de la primera y segunda guerra mundial sufrieron la “revolución comunista”. Es un sistema de gobierno firmemente anclado en el poder del estado, por lo que también se conoce como estatocracia; con una economía colectivista a partir de la cual se esfuman los derechos individuales; una sociedad reducida al imperio de un partido y pensamiento únicos; y una burocracia estatal arrogante e incontrolable que rápidamente empieza a comportarse como una nueva clase, también conocida como “burguesía roja”. Y donde la ruina, la pobreza y la miseria extremas es el caldo de cultivo que nutre las bases del totalitarismo, de un sistema personal de gobierno con un solo jefe, un solo comandante y un solo caudillo, y que fija a voluntad, y por parámetros que tienen que ver básicamente con la lealtad al régimen, quién trabajaba y quién no trabajaba, quién come y quién no come, quién es esclavo en la cárcel, y quién en la calle. Es la tragedia que León Troski graficó diciendo que Stalin había convertido el principio marxista de que “quien no trabaja, no come”, en la política totalitaria de que “quien no obedezca, no come”. Una sociedad, en fin, sin libertad individual, derechos civiles, partidos e instituciones; sin libertad de expresión ni de movimiento; en la cual los delitos se convierten en mera expresión de la política; sin pluralidad, diálogo y tolerancia, y dirigida, no al bien común, sino al disfrute de los pocos que están dispuestos a convertirse en agentes, militantes, policías, soplones y soldados de la autocracia. De ahí que es un experimento social que ha sido comparado no pocas veces con el infierno, con la peor de las situaciones extremas a que pueden someterse los seres humanos, y que aún después de liquidada, colapsada y sepultada, sigue produciendo heridas en el espíritu y la piel de aquellos que la sufrieron. De modo que en la recta final de la campaña electoral, en el mes que significa la elección entre la libertad y la dictadura, la democracia y la pérdida del estado de derecho, la pluralidad o el partido y el pensamiento únicos, la inclusión o la exclusión, la tolerancia o la intolerancia, pensamos que más allá de la “Tarjeta Mi Negra”, del rescate de los niños de la calle, de la construcción de 3 millones de viviendas en 6 años, y los programas de lucha contra la inseguridad, la corrupción y la pobreza. Creo que el candidato de la oposición democrática, Manuel Rosales, debe insistir igualmente en cómo, una equivocación a favor de Chávez, propiciaría el ingreso a una suerte de edad oscura, de experiencia medioeval, inquisitorial y teocrática en la cual la desaparición de los derechos humanos, de la sociedad civil y las libertades individuales conllevarían a un a un período de inestabilidad sin fin, guerra civil y anarquía de resultados impredecibles. Y frente a la cual será imposible que esté ausente la comunidad internacional democrática y global, con sus leyes e instituciones, lenta algunas veces en reaccionar y aplicar las sanciones que corresponden a los infractores del estado de derecho, pero a la espera de los consensos que siempre llegan para que los también llamados “estados forajidos”, sientan el peso del repudio que imponen la civilidad, la pluralidad y la ley. Creo a este respecto que las sanciones que acaba de imponer la ONU al régimen vetusto, monástico y criminal de Corea del Norte, así como las que aplicarán dentro de poco a Irán si insiste en llevar adelante su programa de enriquecimiento de uranio, es un libro abierto que obliga a pensar en lo que sucederá con un gobierno chavista continuista, fraudulento y al margen de la constitución. Pero igualmente con las derrotas que durante el año en curso, ha ido acumulando el teniente coronel en el pasivo de su política exterior y que son la mejor prueba de que, no solo los gobiernos, sino los pueblos, lo han puesto en la lista de regímenes que deben desecharse, vigilarse, controlarse, y denunciarse para que, o se ajuste a las normas del derecho internacional, o desaparezca. Caso entre estos últimos el de las recientes elecciones de Ecuador, donde el candidato presidencial de la izquierda, Rafael Correa, llegó a darse como seguro ganador con más de 40 puntos en las encuestas. Pero que según fueron conociéndose sus vínculos, admiración y tutelaje de parte del teniente coronel y presidente Chávez, fue desmoronándose en las preferencias populares, para terminar de segundo con un 22 por ciento que lo fuerza a concurrir a una segunda vuelta que, con toda seguridad, perderá. Pero es que igualmente en las elecciones mexicanas de julio pasado, otro candidato que llegó a tener 20 puntos en las encuestas y se daba como seguro ganador, Andrés Manuel López Obrador, fue cayendo según los otros candidatos denunciaron que seguía instrucciones desde Caracas, para suceder lo que parecía impensable meses atrás, que López Obrador terminó siendo rechazado por otro electorado que decidió cualquier cosa, menos que Chávez ejerciera el tutelaje sobre su presidente que hoy tiene sobre, Evo Morales, el presidente de Bolivia. Posibilidad de la que también se apartaron en abril los electores peruanos, prefiriendo a Alán Gracía a Ollanta Humala, un candidato presidencial de la izquierda que también se acercó a Chávez, pero sin calcular que el teniente coronel venezolano que ya se sentía el nuevo libertador del sur. Se inmiscuiría en las elecciones peruanas, haría campaña abiertamente a favor de Humala y amenazaría al Perú con la horca y el cuchillo si era que los peruanos no elegían al candidato de las preferencias del caudillo tropical e incontinente verbal. Amenazas que lógicamente no fueron sino un estímulo para castigar al candidato de la izquierda que al igual que López Obrador y Correa, tuvo los puntos necesarios para ganar, pero luego se convirtieron en agua y sal según se acercaron a la nefasta influencia, que los venezolanos llamamos “pava”, del siniestro personaje. Pero es que igualmente los gobiernos de todo el mundo han terminado haciendo el diagnóstico apropiado con relación al heredero de Fidel Castro y su proyecto. En las últimas dos semanas hemos visto como una sólida mayoría de países representados en la ONU, han preferido a Guatemala para un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad, antes que al país cuyo jefe promueve la guerra, el socialismo, la estatocracia, la violación de los derechos y su canonización como salvador de la humanidad, en el mismo sentido que alguna pretendieron Lenin, Stalin, Mao, Pol Pot, Kim Il Sung y Fidel Castro. La gran pregunta es: vistas las derrotas de Chávez en la ONU, Ecuador, México y Perú; dado el repudio que cada día generan sus políticas tanto fuera como dentro del continente; pero sobre todo, dados los resultados de sus 8 años de gobierno en un país que prácticamente ha sido reducido a la ruina, la inseguridad y la corrupción generalizada ¿votarán los venezolanos por la continuidad de un gobierno que, además, amenaza con imponerles el socialismo, el totalitarismo y un presidente dinástico y vitalicio? ¿Optarán por el: “¡Vivan las cadenas¡”, antes que por el: “¡Viva la libertad¡”. Apostamos a que no, aunque también debe decirse que, dada la naturaleza e ideología de la burguesía roja, Chávez tiene como burlar otra vez la voluntad popular. Y aquí, no solo el pueblo debe evitarlo, sino también un candidato que en el mes de la recta final debe alertar al país sobre los peligros que lo cercan y cómo evitarlos. Manuel Rosales tiene la palabra. |
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| Chávez
y el miedo a debatir Es típico…pero yo creí que el padre de la democracia participativa y protagónica, el fundador del socialismo del siglo XXI y el único venezolano destinado por la providencia a conducir el país por los próximos 25 años, bajaría de su pedestal y debatiría con un simple mortal como Manuel Rosales. Sobre todo en circunstancias que tiene 8 años gobernando, y dice que cuenta con más del 60 por ciento en las encuestas y el liderazgo necesario para conducir los ejércitos planetarios a la derrota de las huestes infernales que dirige George Bush. Sin embargo, el líder de la revolución latinoamericana y mundial arrugó ante la invitación de Rosales a debatir; tembló, huyó, se escabulló frente un desafío infinitamente más modesto, frente una voz del pueblo que le va a pedir cuentas de su gestión, a dejarlo en evidencia frente a sus fiascos, y demostrarle, cifras en manos, que sencillamente la realidad marcha en sentido contrario a los resultados que dice haber logrado. Y ahí es donde caemos en cuenta cómo los liderazgos en los regímenes populistas, autoritarios y de izquierda son literalmente prefabricados, forjados y falsificados en operaciones fraudulentas de laboratorio que, dirigidas por especialistas en el ramo, dan los pasos para que surjan estos robots de la vacuidad y de la nada. A este respecto siempre me he preguntado lo que habría sucedido si en la Cuba de los 60, no en los periódicos sino en los mitines, asambleas y manifestaciones que convocaba Castro, alguien hubiera alzado la mano para decirle que estaba equivocado, que nada de cuanto afirmaba se relacionaba con la verdad y que lo retaba a un debate donde los dos defendieran sus posiciones. Igual en la China de los años 50 cuando Mao impuso el Gran Salto Adelante, o en la Rusia de finales de los 20 cuando Stalin fue liquidando la vieja guardia bolchevique para seguir adelante con el socialismo en un solo país y la colectivación, o en la Alemania de los 30 cuando Hitler maniobró para que el pueblo alemán aceptara y participara en una conflagración que casi lo hace desaparecer. Pues que no habrían existido los “grandes líderes”, los caudillos indiscutidos, los profetas de la historia, los comandantes y timoneles que hasta ahora hacen llorar a los militantes de los partidos prelógicos, borregiles y tribales. Por eso los caudillos, los jefes, los comandantes de las revoluciones quieren hablar solos, sin que nadie les interrumpa, quieren llevar siempre la única e incontrovertida voz, como si fuera los dueños de las palabras y los demás apenas oídos para oír y manos para aplaudir. De modo que al negarse a debatir con Manuel Rosales, Chávez no solo y principalmente está pensando en los puntos que puede ganar o perder en las encuestas, sino en este ejercicio que se le debe negar a los otros, en este “atrevimiento” que no se le debe permitir a un simple mortal. Debatir con él, el líder que adoran, veneran y adulan Noam Chomski, Hans Dieterich, Ignacio Ramonet, Danis Glover y Harry Belafonte, el que se reúne con el Papa Benedicto XVI, Valdimir Putin, Hu Jintao y Jacques Chirac, el único que ha visto 5 veces a Fidel Castro en su lecho de muerte y tuvo el coraje, la valentía y el genio de desafiar a George Bush desde su podio en la ONU. Muy difícil, le queda grande a Rosales, tendría que graduarse primero, debatir con un niño de 8 años a ver si le gana, tomar el camino de la diferencia que solo marcan los líderes, los genios, los grandes, y olvidarse de que él, por ser ciudadano, venezolano, maracucho y hombre de a pie va inclinarse donde solo se acercan los nacidos para hacer historia. Puro totalitarismo pues, que es como decir miedo a la democracia, a la pluralidad, al diálogo, a la libertad de oír a los demás, que es la forma más hermosa y funcional de la libertad. |
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| Desirée
Santos para Miss Venezuela El miércoles pasado la diputada y segunda vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Desirée Santos Amaral, le declaró al periodista, Hernán Lugo Galicia, de “El Nacional”: “El Jefe del Comando es Ameliach; lo demás son especulaciones, son informaciones que ponen a circular para afectar la unidad; eso es como decir que yo me voy a lanzar al Miss Venezuela”. Informaciones que no tengo ninguna razón para dudar, si bien me atrevo a apostar que si el jefe máximo de la revolución latinoamericana y mundial, el presidente Hugo Chávez Frías, le pide a Santos Amaral que tire la parada y se presente como candidata al Miss Venezuela, pues bien deja la curul y se lanza a desfilar por las pasarelas. Me baso para sostener tan audaz, audacísima predicción, en lo féreamente disciplinada que es la diputada Santos Amaral, en su calidad de revolucionaria ciento por cien, y en su convencimiento, demostrado en oportunidades como el 11 de abril, el paro petrolero y el referendo revocatorio, de que siendo Chávez un revolucionario que tiene detrás a Jesucristo, Bolívar, Zamora, Lenin, Mao, el Che y Fidel, no hay posibilidad de que deje fracasar a su candidata. Máxime cuando podría con una mínima presión (que digo “presión”, con insinuarlo apenas) cambiar los reglamentos del concurso, o amenazar con una apelación en el TSJ contra cualquier decisión del jurado que no favorezca a su favorita, sin contar con estruendosas, multitudinarias y combativas movilizaciones que le torcerían el brazo a quien intenten burlar la voluntad popular. Acciones de calle que irían paralelas al pronunciamiento de filósofos, politólogos, historiadores, antropólogos, críticos de todo pelaje, poetas, cineastas, pintores, actores, modistos y modistas, top models, gente del tipo Galiano, Ramonet, Dieterich, Lanz, Hernández Montoya, Chalbaud, Azpúrua, Quintana Castillo, Rudy Rodríguez y Patricia Velásquez que no dudarían en afirmar que la revolución bolivariana ha llegado con un nuevo ideal de belleza, con el ícono a partir del cual empezará a identificarse la belleza latinoamericana y mundial, representado en los ojos, piel y cabello raigalmente indígenas y afrovenezolanos de esta Señorita Venezuela que abriría el primer capítulo de la estética del Socialismo del Siglo XXI. Guerra asimétrica nacional que será la antesala a otra, la internacional, la planetaria, la que respaldaría la presencia de Santos Amaral en el certamen del Miss Universo, en el teatro de la madre de todas las batallas por la corona de la belleza mundial, pero claro, no sin antes que el presidente Chávez pase otro año viajando por el mundo, con la generosa chequera de petrodólares venezolanos en ristre, y convenciendo a emperadores, príncipes, presidentes y jefes de Estado que la salud de la revolución global y la salvación de la humanidad pasa porque la República Bolivariana de Venezuela se estrene como refugio de la exclusiva belleza venezolana y latinoamericana. Y vaya si podrá lograrlo, con tanto país sediento de petróleo barato, gobiernos deudores maulas y al borde del default, economías colapsadas y abarrotadas con productos nacionales malos y caros, o simples vividores como el presidente argentino, Néstor Kirchner, que asume compromisos con sus aliados extranjeros, pero contando con los petrodólares del jeque venezolano. Todos estos pálpitos, que no me atrevo a llamar ideas, se me han venido a la cabeza siguiendo las reuniones en las cuales la Asamblea General de la ONU ha tratado de elegir un nuevo miembro no permanente al Consejo de Seguridad que, según decisión de los países centroamericanos, grupo de cuyo seno debía salir el seleccionado, era Guatemala. Y era de tal peso, justicia, calidad y oportunidad la decisión a favor del escogido que la habían tomado desde hacía dos años, fecha que fue el inicio también para que los guatemaltecos empezaran a cuadrar los votos, de modo de acceder a un privilegio que no les había correspondido nunca. Pero he aquí que se les atravesó en el camino la furia, la arrogancia y el desprecio por los países pequeños e independientes del jefe de la revolución bolivariana, Hugo Chávez, y alegando que se trataba, no de una decisión centroamericana ni guatemalteca, sino del mandamás del imperio y cabeza del capitalismo, George Bush, entonces él, el líder de la revolución latinoamericana y mundial lo desafiaba a mortal combate, jurando, de paso, por el Dios de sus padres, que le propinaría una ominosa derrota. Anotemos que como miembro del grupo de países sudamericanos que acababa de agotar el período que le correspondía con la representación argentina, que no había sido postulado por ningún país ni grupo de países y que, además, ya había sido 4 veces miembro no permanente del Consejo de Seguridad, Venezuela no tenía literalmente velas en ese entierro, por lo que debió limitarse, o apoyar a Guatemala, o abstenerse, o darle su voto a quien le saliera. Pero no, hacía falta el show, el espectáculo, la exhibición, el circo y viendo la oportunidad de convertir durante 2 años la Asamblea General de la ONU en el teatro Teresa Carreño, y a Nueva York en el Balcón del Pueblo chavista, el presidente venezolano se dio durante casi un año a recorrer el mundo para procurarse los votos, pero de la única forma que sabe hacerlo, con la magia de los números de la chequera petrolera que después de cuantiosas ayudas, donaciones, regalos, empréstitos sin contratos y créditos sin intereses, dejaron las reservas internacionales con 1.500 millones de dólares menos. O sea, una suerte de mercado globalizado del peor estilo neoliberal y competitivo, ya que al aparecer el comprador de los votos con sus petrodólares, tuvo que enfrentar una escasez artificial de la oferta, pagando cada vez precios más altos para satisfacer la insaciable demanda. Y en este market-time ya ustedes pueden imaginar quienes se llenaron, quienes estimularon la presión de la demanda sobre la oferta, ofreciendo de repente los votos para después hacerlos difíciles, y terminar negociándolos, pero solo cuando los precios se iban por las nubes, no podían seguir subiendo y amenazaban con desplomarse. Y era así como Chávez se iba al Cono Sur y anunciaba desde Buenos Aires o Montevideo “ahora conseguí 5 votos”, y seguía para África y declaraba en rueda de prensa, “ahora súmenle 14”, y en el Medio Oriente, al salir de una reunión con Ahmadinejad o Al-Asad, “cuente 15 más”; y en China, Rusia, Bielorrusia, Malasia, Vietnam, y etc, etc, etc, todo se volvió estas matemáticas que le permitieron proclamar una tarde: “Ya tengo los votos, ya soy el próximo miembro no permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU, Bush, Calderón, Berger, Alán García, y demás traidores, pónganse las alpargatas que lo que viene es joropo”. Pero llegó el día de la elección en la Asamblea General de la ONU entre el país “representante de los pueblos del mundo” y el país “títere del imperialismo norteamericano”, y he aquí que los votos no aparecen, que apenas alcanzan unos 75 votos promedio que están muy por debajo de los 110 que casi siempre respaldan la aspiración de Guatemala. Y aquí explota el escándalo de que simplemente una fracción notable de los países “hermanos y amigos” que habían vendido sus votos a precio de oro al jeque petrolero venezolano, terminaron después dándoselos a Guatemala, no se sabe si en una operación de reventa, o porque quisieron jugarle una mala pasada al caudillo tropical. Porque es que también se ha descubierto que muchos de los gobiernos “amigos y hermanos” que habían mercadeado sus votos, buscaban la oportunidad de pasarle factura a Chávez, pero no sin antes hacerse pagar para hacerlo quedar en ridículo. Así, por ejemplo, Lula quería cobrarle la vaina que le echó con la nacionalización del gas boliviano, Kirchner por el desprecio público a que lo expone cada vez que aumenta la compra de bonos basura argentinos, Raúl Castro por presentarse como heredero de su hermano Fidel, y Rusia y China por declararse admirador de Stalin y Mao, sus verdugos. Pero en conjunto todos, revolucionarios y contrarrevolucionarios, antigringos y progringos, americanos, europeos, africanos y asiáticos que se pronunciaron contra el caudillo enfermo de incontinencia verbal que aprovecharía la coyuntura de tener un puesto no permanente en el Consejo de Seguridad para presentarse en Nueva York a contar cuentos ramplones, archisabidos, kilométricos, incoherentes y sin un ápice de respeto por los oyentes. Pero lo más insólito de Chávez y sus seguidores es que mientras más palos llevan en la ONU y queda claro que jamás alcanzaran los votos para el miembro no permanente en el Consejo de Seguridad, más se autoaplauden, celebran entre ellos mismos y dicen que harán morder el polvo de la derrota al imperialismo, Bush y los Estados. Estafa, ficción o trampa de la fe contra la cual alerto a la diputada y segunda vicepresidenta de la Asamblea Nacional, Desirée Santos Amaral, no sea que derrotada, abucheada y rechazada en el Miss Venezuela o el Miss Universo, lea después un decreto de Chávez, refrendado por Rangel, Maduro y la Asamblea Nacional, ordenando que es “la señorita más bella del mundo”. |
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| Chávez: entre el rojo y el azul por Manuel Malaver domingo, 15 octubre 2006 No comparto la opinión de algunos colegas periodistas que afirman que el cambio de estrategia que transfiguró a Chávez, de agresivo halcón en mansa paloma, obedece a la urgencia de conectarse con votantes de clase media que podrían potencialmente aumentar su caudal electoral para conseguir al menos la mitad de los 10 millones de votos. No la comparto porque sería ingenuo aspirar a juntar el agua y el aceite, a los polos que signan la fractura de la política venezolana actual, a la pareja que protagonizó uno de los matrimonios más cortos e incompatibles de la historia, con cada uno de sus extremos pasando a emblematizar lo que el otro rechaza. Y esto lo saben menor que nadie los estrategas electorales chavistas, algunos de ellos auspiciadores de la tesis de que la cultura política de la clase media es refractaria con la revolución, y convencidos de que, en una campaña electoral tan corta, lo menos que debe hacerse es aventurar. O lo que es lo mismo: que para que Chávez volviera a conectarse con la clase media como realidad política tendría que dejar de ser lo que es; o, a la inversa, que para que la clase media se moviera en la idea de reconsiderar su rechazo a Chávez, tendría que dejar de ser clase media, y eso, ya sabemos, no está en el futuro inmediato de unos y otros. Todo lo cual no puede sino llevarnos a la conclusión de que el cambio de estrategia electoral en el candidato del gobierno, tiene necesariamente que dirigirse a apuntar a los vastos sectores populares que hasta poco tiempo constituyeron los bastiones del teniente coronel presidente y candidato, pero que hoy desertan, desaniman o dudan en repetir una experiencia que hasta ahora solo les ha significado pobreza, desempleo, inseguridad, muerte y destrucción. Como prueba las concentraciones electorales chavistas del último mes y medio, donde unos pocos miles de manifestantes silenciosos, somnolientos, y más propensos a reclamar que aplaudir, se medio acercan al presidente candidato, una buena parte de ellos presionada por el control fascistoide de “si no vas no hay empleo, ayuda, o beca” y la otra con la esperanza de oír alguna medida urgente, viable y desesperada que les permita salir del infierno en que mal viven. Distanciados, además, por hoscos anillos de seguridad con guardaespaldas armados hasta los dientes, que no permiten que el presidente candidato baje de una carroza o Chávezmovil, de una suerte de podio o pináculo, del cual habla como desde una atalaya, o púlpito. Pero solo para repetir las promesas de hace 8 años, los sermones del profeta que arengaba a los pobres de los barrios a la conquista del paraíso terrenal, a emprender el éxodo hacia la tierra prometida, y construir la vía para tener acceso a viviendas dignas, empleos estables, servicios eficientes y una vida segura. Promesas y sermones que seguramente oyeron al lado del padre, del hijo, del hermano, tío, sobrino o amigo que ya no están porque en 8 años fue imposible salir del barrio, mejorar las condiciones de vida, y una noche, o día cualesquiera, de una balacera entre bandas rivales salió el proyectil que les quitó la vida. Y es que, en su sentido más gráfico, en esta escena de horror, sangre y muerte concluyó el paraíso terrenal chavista, la tierra prometida y el reino de Dios en la tierra, en una proliferación exponencial y terrible de bandas rivales que ya cuentan 100 mil asesinatos en 8 años, de grupos de exterminio y de mafias de sicarios que justamente se ceban entre los sectores más pobres, vulnerables y populosos, como que han sido dejados de la mano de Dios, sin control ni vigilancia policial que eviten su conversión en el teatro preferido para la perpetración de tal danza del horror y la muerte. Y pienso yo que será por eso que el cambio de estrategia electoral también involucra la erradicación del color rojo, o por lo menos la desidentificación del candidato del gobierno con el color de la sangre, ya que para los habitantes de los barrios, y en general para todos los venezolanos, el rojo no puede sino representar e invocar la violencia, la guerra y la muerte, la pesadilla que los ha llevado a convertirse prácticamente en una comunidad asolada y diezmada. Y que no podrán evitar recordar al momento de depositar su voto el 3 de diciembre próximo, pues se tratará sencillamente de optar por la vida o la muerte, por la guerra o la paz, por un sistema de libertades ciudadanas donde cada quien tendrá garantías para articular sus preferencias de vida, y otro en el cual las actividades más mínimas estarán relacionadas con la violencia, el rojo y la confrontación, en un país que no tendrá otro futuro que devenir en el cuartel que previó el Libertador, Simón Bolívar, en la Carta de Jamaica. De modo que zamarra y ladinamente los estrategas electorales chavistas nos traen ahora un Chávez “in blue”, en azul (“El amor es azul” ¿se acuerdan?), un comandante en jefe que se desgrana, se deshace en una versión de su biografía signada por el amor, y otra vez en promesas electorales que parecen dichas por un líder del movimiento hippie de los 60, o el abad de alguna congregación religiosa inspirado desde el más allá para hacer del amor terrenal y divino el centro de sus ruegos y oraciones. Y digo yo si no pensarán los electores, ¿caramba y este no es el mismo individuo que lleva 8 años convertido en el campeón de la violencia, diciendo que los revolucionarios tienen que armarse para derrotar a los contrarrevolucionarios, declarándose neutral ante el conflicto armado colombiano, justificando a los terroristas porque y que protestan por las injusticias en el mundo, dotando a la FAN de armamento moderno y sofisticado, y llamando a la formación de milicias y fuerzas de reserva, de millones de hombres y mujeres que deben dormir con el fusil al lado y preparados para entrar en combate? ¿No es el mismo que desde hace 5 años predica la guerra asimétrica, la más cruel, sangrienta y vandálica forma de guerra que ha conocido la humanidad porque es la guerra no sujeta a leyes, códigos ni convenciones; el mismo que obligó a la FAN a adoptarla como estrategia de seguridad y defensa, y cada mes promueve ejercicios donde presuntamente soldados, miembros de la reserva, la milicia o simples civiles se entrenan para tan feroz carnicería? ¿No es el mismo que se enorgullece de su amistad, alianza y solidaridad con los presidentes de Irán, Mahmoud Ahmadinejad y de Siria, Shapour Al-Asad, señores de la guerra moderna que también llaman terrorismo que estuvieron tras los sucesos que condujeron al reciente conflicto entre Israel y Hezbolá? ¿No es el mismo, en fin, que hace un mes no más pronunció un discurso en la ONU insultando a tirios y troyanos, pero en particular al presidente de los Estados Unidos, y reafirmando su condición de líder de una supuesta cruzada que a través de un nuevo Armagedón conduciría a la humanidad a la liberación definitiva? Creo que la respuesta no deja lugar a dudas y que conducirá a los electores de los sectores más vulnerables del país a dar otro paso en el desenmascaramiento de un hegemón que no conoce límites en su ambición desmesurada y, pasa en días, de la ferocidad a la cursilería, de la tragedia a la comedia, de la ortiga al olivo, del rojo al azul, de todo lo que simbólicamente revela que estamos en manos de un maquiavelista irresponsable para quien ni los principios, ni las palabras, ni la vida valen nada. El mismo que hemos visto durante estos años ahincado, es cierto, en la idea fija de la guerra, la muerte y la destrucción, pero sin empacho en reunirse con líderes de la comunidad internacional para quienes el bien supremo es lograr un mundo más seguro, más reconciliado, y conducido por las reglas y normas de un estado de derecho garante de la paz. De ahí que no sea exagerado afirmar que estamos en el acto final de la hipocresía y la impostura, en el momento en que el pueblo venezolano, y fundamentalmente sus sectores más pobres y vulnerables, votarán mayoritariamente contra Chávez y darán paso a otra Venezuela donde predominen la verdad, el bienestar, la igualdad, la justicia y la seguridad. El país que les fue arrebatado bajo engaño y ahora es un infierno cruzado de fusiles y cañones que apuntan, tanto contra los deseos de una comunidad que quiere trabajar, estudiar y vivir en paz, como contra otros países que han visto sus espacios políticos y sociales invadidos y subvertidos por un caudillo cuya misión, dice, es restaurar la utopía marxista en la que fracasaron Lenin, Stalin, Mao y Castro. Una aberración, un extravío, una pesadilla que anda ahora cantando “El amor es azul”, pero antes, hasta hace una semana no más, gritaba “Oligarcas, temblad”, y el “Que asome la cabeza duro con él”. Una prueba más del cambio de escena que pueden instrumentar quienes no tienen otra finalidad que conquistar y dominar y no se detienen en inventar lo que sea para conseguir reclutas para la cruzada de la muerte. Pero que será el último, o por lo menos un tramo menos en la carrera que le permitirá a Venezuela ser el país moderno, pacífico y civilizado que una vez fue y merece volver a ser. Creo que el 3 de diciembre próximo será decisivo en este sentido, ya que si Chávez lograr permanecer será en condiciones que no le permitirán avanzar, sino retroceder |
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| ROSALES
BAJA A CHÁVEZ DE LA CARROZA Un primer efecto en la contienda electoral tuvo la avalancha de Manuel Rosales y fue bajar a Chávez de la carroza que usa como repelente antipueblo desde que se estrenó como candida to del gobierno hace poco más de mes y medio. Lo vimos el domingo en la tarde en la caravana que le prepararon sus seguidores en la parroquia El Valle, donde, si bien es cierto que repitió su exhibición desde el también llamado Chávezmóvil, al final decidió bajarse y caminar unos 50 metros, pero para después escabullirse. Dicen algunos analistas que porque ya no soportaba, primero los ruegos y después las amenazas del Comando Miranda para que descendiera del miedo, pero otros que para tratar de animar unas manifestaciones de calle que más que electorales, parecen velorios. Procesiones de enlutados que se dirigen a un entierro, al de un régimen militar disfrazado de revolución que ha hecho más que ninguno otro para empobrecer a los más pobres y usarlos como pretexto para justificar una dictadura que se dirige a instaurar la primera presidencia vitalicia de la historia republicana del país. Todo lo cual es de suponer que tiene al candidato a la reelección incómodo, maquinando añagazas que vendan tan deleznable baratija y tratando de neutralizar un estilo electoral como el de Rosales que prefiere la calle a las carrozas, los venezolanos humildes a los guardaespaldas, el abrazo franco del hombre de la calle a los escudos protectores y la voz recia de los pobres que llega airada a reclamar sus derechos, a las zalemas de los burócratas adulantes que se regodean en doblarse y horizontalizarse. Pero no es fácil después de ocho años instalado en Miraflores, las nubes y el mundo, viajando en un avión privado de 66 millones de dólares con lujos de un hotel cinco estrellas volante y cupo para 70 invitados, alojado en palacios, casas de gobierno, residencias oficiales y hoteles de 1.000 dólares la noche y recibido por príncipes, emperadores, presidentes, jefes de Estado, y altos dignatarios de la Iglesia, las academias y los organismos multilaterales. Venezuela entre tanto es un país asolado por el hampa, transido de pobreza extrema, con los servicios públicos colapsados, el desempleo creciendo de manera exponencial, la inflación más alta de América Latina y una corrupción galopante que vuela a colocarse entre las más rentables, impunes e incontrolables del planeta. Un país de millones de pobres que esperan que el Presidente regrese para pedirle cuentas, para exigirle que construya viviendas, que deje definitivamente de tomar al país como un lugar de vacaciones y se dedique a gobernar y a cumplir con la constitución y las leyes. Pero Chávez continúa con sus viajes intermensuales y si regresa es para atrincherarse en una carroza desde cuyas alturas saluda a manifestantes que son controlados por una organización casi militar que pasa lista, transmite órdenes y tarifa su participación. Todo lo contrario a lo que sucede en los mítines, caravanas y manifestaciones de Rosales, con su color variopinto, sus hombres y mujeres que pueden vestir, decir, gritar, opinar, preguntar y responder lo que les da la gana como que la idea es volver a rescatar la Venezuela donde todos hablaban, todos oían, todos preguntaban y todos respondían. Una algarabía que hace deslucir y pone en evidencia al estilo y pensamientos únicos de los actos de calle de Chávez sin más voz, oído, preguntas y respuestas que la del caudillo presidente y candidato, del mismo que dice es el único capacitado para dirigir los destinos del país y aspira -colmo de colmosa convertirse en presidente vitalicio fundador de una dinastía. De ahí que como dice Manuel Rosales, todas las ideas de Chávez, todas sus propuestas, todas sus pretensiones, y Chávez mismo, son fenómenos del pasado, hechos vetustos, sacados literalmente del basurero, que de no ser porque ocurren ante nuestras narices, cabría pensar que los segrega la máquina del tiempo. Un caudillo cuyo símbolo electoral es la lejanía, la carroza, el podium, el pináculo, la cueva donde se guarece de las manos, de los ojos, de las voces de 26 millones de venezolanos para quienes también es la grafía de la estafa, la burla y la frustración. Un candidato corredizo que ensayó el domingo hacer política popular acercándose a una pareja, saludando a un niño, pero para salir corriendo, como si ante su solo contacto hubiera sentido el anuncio del final. |
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| Una ONU para Chávez No ha merecido suficiente atención la propuesta de Chávez de mudar la sede de la ONU a alguna capital de América Latina como La Habana, Caracas, o La Paz; o en su defecto, proceder a fundar una nueva ONU que se convierta en una alternativa de la otra, y sea un organismo que "sí" represente los intereses de los países pobres del mundo y de los pueblos del sur. Fíjense que dijo "La Habana, Caracas y La Paz", y ni por casualidad mencionó a Ciudad de México, Ciudad de Panamá, Bogotá, Lima, Santiago, por no citar sino unas pocas de las capitales que por "pobres y sureñas" también merecerían estar en la lista del reformador. Pero pienso yo que debe ser porque son sedes de gobiernos democráticos y plurales, abiertos a las más amplias y activas influencias, y difícilmente disponibles para permitir que una ONU alternativa sea algo así como un anfiteatro donde Chávez, alguno de los hermanos Castro, y Evo Morales monten espectáculos como el que hace unos días vimos en Nueva York. O lo que es lo mismo: que la preocupación del caudillo venezolano por los "países pobres" y "pueblos del sur" no llega sino hasta tres gobiernos confesamente de izquierda y revolucionarios, militantes del socialis mo más ripioso y anacrónico y empeñados en que la buena nueva del neopopulismo y el autoritarismo se haga oír por el mundo. De modo que ya veremos a la ONU alternativa transformada en una suerte de púlpito, podium o estrado desde el cual sólo se oirán las voces de Chávez, Morales y alguno de los Castro y siempre para cantar las glorias del socialismo de los siglos XX y XXI y caerle a piñazos verbales a enemigos, indiferentes y neutrales que duden de profetas tan imparciales. Pero no solamente para tan importante obra catequística habrá nueva ONU, sino también para que los últimos vástagos del socialismo mundial y latinoamericano encuentren el respaldo internacional necesario en su obra de salvación de la humanidad, la refundación de las repúblicas y la continuidad de la cruzada que desaparecerá de la faz de la tierra al capitalismo, el imperialismo y los Estados Unidos. Porque no debe olvidarse que en la ONU alternativa también estarán representados el Irán de Ahmadinejad, la Siria de Bachar al-Asad, el Zimbabue de Mugabe, la Corea del Norte de Kim Jong Il, el Miammar de los militares, y quién sabe si hasta el Afganistán del Mula Omar, el Líbano de Hassan Nasralah, la Co lombia de Manuel Marulanda, el México de López Obrador y el Perú de Ollanta Humala. En breve, todos los Estados socialistas y forajidos establecidos y por establecerse, de modo que esta entente del bien, la justicia y el hombre nuevo pueda ponerse al abrigo de las sanciones que la otra ONU, la de los países democráticos, plurales y civilizados, insista en imponerle. Y por esa vía aterrizamos en el fin práctico y de explosiva actualidad de la proposición chavista, ya que si a simple vista podría parecer que de lo que se trata es de ampliar el escenario donde Chávez y sus compinches tendrán de ahora en adelante sus shows, básicamente estamos frente a una medida de alta política mediante la cual los al margen de la ley, se crean su propia ley. Sobre todo en circunstancias de que el novo orden no podrá marchar sin un ordenamiento jurídico en el cual, aparte de la propiedad colectiva, el pensamiento único y el partido único, la inamovilidad de los funcionarios, y la presidencia vitalicia, se resuelva el problema de la sucesión que no puede estar sujeta a improvisaciones, sino a leyes que especifiquen quién es el heredero del trono después la muerte de su legítimo dueño. O sea, que nada de lo que pasó recientemente en Japón con la Ley Sálica y la prohibición de que las mujeres puedan asumir la conducción del país, sino algo más flexible como la tradición inglesa en la cual pueden heredar, tanto hombres, como mujeres. Es lo que parece sucederá en Corea del Norte con la posible sucesión de Kim Jong Il por su hija mayor, y con Raúl Castro -si se confirma que sucederá a Fidelcon una hija que se dice es una jurista con innegables dotes presidenciales y sucesorales. Y ¿por qué no? en Venezuela, el país de las misses, donde, aparte de mujeres muy bellas, también las hay inteligentes y con unas ganas inmensas de mandar. Dejemos entonces a la nueva ONU legislar y apoyar a las nuevas legislaciones, esas que a través de socialismo del siglo XXI nos regresarán a la Edad Media. la preocupación del caudillo venezolano por los "países pobres" y "pueblos del sur" no llega sino hasta tres gobiernos confesamente de izquierda |
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| El comediante en jefe Manuel Malaver Domingo, 24 de septiembre de 2006 No puede ser más significativo que la reciente ola de retórica guerrerista que Hugo Chávez explaya por el planeta haya seguido el curso de la caída en los precios del petróleo y que, según el desplome se hacía más pronunciado e incontrolable, el llamado a la conflagración y choque de los mundos del teniente coronel venezolano, adquiría tonos y colores que seguramente no se oían desde que Hitler se preparaba a invadir a Polonia o darle luz verde a la “Operación Barbarroja”. Auténtica espiral de ruido y furia alimentada por reportes llegados a su avión privado (un Airbus ACJ que le costó a los venezolanos 60 millones de dólares, con plazas para 70 pasajeros, y cocina, y bañera, y cava, e Internet y etc, etc, etc.) o a las suites de los hoteles 5 estrellas donde generalmente se aloja, desde Wall Street, la AIE y la oficina de la OPEP en Viena, con cifras de que el crudo marcador se alejaba de los 77, 03 dólares que llegó a ostentar a mediados de julio pasado para colocarse en menos de 60 a comienzos de la semana en curso, y era el combustible para que el caudillo caribeño pasara, de involucrarse en los enfrentamientos entre Hizbolá e Israel en el sur del Líbano, a reunirse con Ahmadinejad en Caracas a fin de convencerlo de que la invasión de Irán por Estados Unidos era inminente y el comienzo de una Tercera Guerra Mundial, inevitable. O sea, que el mismo síndrome (la enfermedad de los precios bajos) que, según me contó un historiador y periodista argentino de la vieja guardia, invadió a Perón cuando después del fin de la Segunda Guerra Mundial percibió que los altos precios del trigo y la carne sureños en los mercados mundiales llegaban a su fin, y se dio a desear de todo corazón una tercera conflagración, a atizarla con el aumento de la retórica y las “acciones revolucionarias”, siendo que lo que buscaba desesperadamente eran agrodólares para mantener el nivel del gasto público, la política clientelar, la formación de alianzas y compra de silencios, la exportación de la “revolución”, el lujo y el dispendio sin los cuales no hay modelo populista que sobreviva. “Habría que situarse” acota el historiador y periodista “en el año o meses crepusculares del peronismo, cuando ni siquiera la guerra de Corea significó una mejora en los precios del trigo y la carne, y el general se dio a hablar en todos los escenarios, a subir los decibeles, a arreciar los ataques contra el imperialismo y la oligarquía y esperar si por ahí venía la chispa que incendiaría la pradera. Y con el mismo tono, la misma arrogancia y la misma insensatez que le acabo de oír a Chávez en su discurso en las Naciones Unidas”. Conozco muy de oídas la historia del peronismo y hasta soy alérgico a todo cuanto se relaciona con la incalable Evita, pero por no desdeñar el marco teórico de mi amigo, el historiador y periodista, me doy a relacionar fechas, palabras, cifras, y, ¡sorpresa!, descubro que Perón también usó el ejército y las elecciones para fundar un movimiento político que, vía el clientelismo, se insertó entre los sindicatos obreros, las capas medias y los sectores más pobres rurales y urbanos, atizaba una retórica revolucionaria, nacionalista y antiimperialista, dividió el país en buenos y malos, honestos y deshonestos, ricos y pobres, revolucionarios y contrarrevolucionarios y auspició un modelo de desarrollo autóctono, endógeno y justicialista con el que, presuntamente, iba a acabar con el capitalismo. Pero lo más sugestivo es que, después de haber arruinado a la industria y la agricultura argentinas para abrirle paso a su “modelo de desarrollo colectivista, estatista y paternalista”, Perón, como Chávez en la actualidad, se dio a vivir de las rentas de la realización de una materia prima con altísima cotización en los mercados internacionales, y a soñar que esta jamás terminaría, que, al contrario, su destino era hacia más y más dígitos y a partir de ellos, establecer una tiranía mundial que heredarían sus hijos, nietos, y aún sus biznietos. Una satrapía que es también teatro o gran guiñol del lujo, del fasto, y el manirrotismo, de la imitación de los peores vicios de la clase burguesa y que ya había sido anotado por V.S. Naipaul en su visita a Buenos Aires en 1973, al señalar en un comentario a la autobiografía de Eva Perón, que el peronismo jamás había significado una nivelación de los pobres hacia arriba, sino más bien un agudo deterioro en sus condiciones de vida, e igualación de la élite peronista con el boato y riqueza de los ricos y famosos de la época. De la misma manera que en la Venezuela del ciclo alcista de los precios del crudo que le ha caído a Chávez del cielo, no son los pobres quienes están mejorando su calidad de vida, solucionando sus problemas de vivienda, educación, transporte y seguridad personal, sino la casta de nuevos ricos revolucionarios, rojos y arrogantes, que se instalan en los grandes condominios del este de Caracas, viajan y residen en las grandes capitales del mundo capitalista y coleccionan autos, aviones privados y yates de última generación. Pero hay otros hechos y cifras que resaltan según se cruzan las experiencias del populismo peronista de los años 40 y los 50 y el chavista de la Venezuela de los 2000, y uno muy importante tiene ver con el detalle de que al momento de iniciar sus retóricas apocalípticas, ni el caudillo sureño ni el caribeño, contaba con un complejo militar-industrial que respaldara su amenaza de incursionar por el mundo en plan de conquistadores o de apoyar conquistadores. O sea, que ni ejércitos, ni aviación, ni armada, ni portaaviones, ni submarinos, ni soldados, ni milicianos, ni reservistas, estaban y están detrás de estos señores de la guerra que en su afán de refundar sus países destruyeron su infraestructura, su industria, sus instituciones políticas, su paz social y el equilibrio cultural que son indispensables para que cualquier fuerza armada mantenga y mejore su apresto operativo. ¿Simple afán, entonces, de jugar al mito de David y Goliat, de ofrecerse desnudos e inermes como víctimas propiciatorias y dar ingreso a una orgía de sangre donde los capitalistas e imperialistas lleven la peor parte, pues no podrán evitar ser percibidos como agresores y matones que invaden países y arrasan con pueblos, campos, hospitales, caminos y ciudades enteras? ¿O más bien la búsqueda de la brecha para que la humanidad aprecie el coraje, la disposición y las dotes de estos grandes conductores de pueblos nacidos, crecidos y formados en tiempos de paz, pero decididos a aprovechar la oportunidad y demostrar que pueden ser los nuevos mariscales de la revolución, los nuevos estrategas de la liberación de los pueblos, como alguna vez fueron Buduny, Frunzel, Tujachesvki, Stalin, Zuhkov, Mao, Cheng Yi, Limpiao, Tito, Castro y tantos otros que forman el panteón de hazañas que resuenan en mentes simples que abstraen las crisis de la historia de circunstancias que en otros contextos y perspectivas habrían resultado irrelevantes? Puede ser… que el laberinto de los guerreros sin batallas ni condiciones para lucir los uniformes galantes y barrocos de la muerte, es inmenso e insondable como las noches en el círculo polar ártico, …pero mi insistencia es y será de que se trata de pura y simple adicción a los altos precios de los agrodólares y los petrodólares, de contar en caja con el efectivo suficiente para contar con una base clientelar segura y barata, aliados que al simple guiño de la chequera estén dispuestos a voltear la cara y pasar sobre los desplantes, groserías y excentricidades, pero sobre todo, de acceso al lujo, dispendio y manirrotismo y al poder decir a los malditos ricos que les salió competencia y tendrán que habérselas con unos recién llegados que pueden ser tan soberbios, dispendiosos y extravagantes como ellos. El extra que al fallar en el caso de Perón significó su salida del poder, y en el caso de Chávez, pasar de ser el comandante en jefe, al comediante en jefe, como vino insinuándose en los últimos tiempos, y explotó sin remisión en la sesión de la asamblea general de la ONU donde el pánico por la caída de los altos precios del crudo lo hizo hacer el ridículo de su vida. ¿Pero se sostendrá la caída del ciclo alcista o se recuperan los precios para que Chávez siga siendo el revolucionario confianzudo, agresivo y arrollador que vimos en los últimos años? No sabemos, pues los problemas estructurales que determinaron el alza del último quinquenio están lejos de ser corregidos, pero no hay dudas de que al menos una etapa de alzas y bajas, de creciente volatilidad se aproxima y que veremos al teniente coronel venezolano pasar de la depresión a la exaltación, de la euforia a la tristeza, del optimismo al pesimismo…que revoluciones sin materias primas y altos precios de las materias primas…no se han visto jamás. manumalm912@hotmail.com |
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| Chávez y la guerra de Ahmadinejad por Manuel Malaver miércoles, 20 septiembre 2006 Según el Chávez que acompañó el lunes al presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, en una rueda de prensa en Caracas, “la invasión de Irán por Estados Unidos es inevitable, cuestión de tiempo, y Venezuela será el primer país del mundo en hacer causa para defender el sagrado territorio iraní” Afirmación tan apresurada como extravagante, pues desconoce el hecho de que, ni el gobierno de Irán se niega a ceder en una negociación sobre su programa nuclear que involucra a las Naciones Unidas y no solo a Estados Unidos; ni Estados Unidos ha dicho otra cosa que las sanciones, en caso de aplicarse, deben ser responsabilidad de la comunidad internacional en general y no de ningún país en particular. Sanciones que, además, difícilmente llegarán al caso extremo, la invasión y solo después de un largo periplo de años en el cual se haga evidente la decisión de Irán de agredir a un país, o grupo de países, pasará a mayores. ¿De dónde entonces la impaciencia de Chávez por la guerra, por qué esos deseos irrefrenables de que el mundo se vea envuelto en una conflagración mundial y Venezuela participe en un suceso desgraciado en el cual decididamente no está invitado porque, ni Venezuela está situada en el Medio Oriente ni Irán en América Latina, ni las relaciones históricas entre el país de Bolívar y el de los ayatolahs ha traspasado otra frontera que no sea la del conocimiento mutuo? ¿Acaso la oportunidad para que el teniente coronel de Sabaneta de Barinas irrumpa en el escenario bélico mundial, luzca las dotes que se le quedaron en el tintero durante el golpe de estado del 4 febrero de 1992 y de los sucesos del 11 de abril del 2002 y el mundo conozca que un nuevo Saddan Hussein, u otro Osama Ben Laden u otro Aymán Al-Zahuahiri acaba de aparecer con vocación de hacer historia? Puede ser, ya que de los delirios de Chávez está hecha la historia venezolana y latinoamericana de los últimos 8 años, aunque personalmente me siento más inclinado a atribuir los aprestos guerreros del teniente coronel, a la urgencia que tiene de que una nueva crisis en el Medio Oriente volatilice los precios del petróleo, y vuelva a percibir ingresos de hasta 100 millones de dólares diarios que fue la botija con que contó hasta ahora con el barril a 78 dólares. Suma colosal que no se piense está invirtiendo en los reclamos que tiene Venezuela de que un gobierno responsable resuelva los problemas de la pobreza, la desigualdad y las injusticias sociales, las necesidades de más y mejores viviendas, educación, salud, transporte, agricultura y seguridad personal, sino en la creación de una alianza política y militar internacional que enfrente al capitalismo y al imperialismo y haga morder el polvo de la derrota a los Estados Unidos. O sea, en todo lo que fracasaron Alemania, Japón e Italia durante la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética y sus satélites durante la Guerra Fría y el terrorismo islámico en los últimos años. Ingresos que son también la causa de que Chávez lleve casi un decenio paseándose por el mundo en un avión privado de los más lujosos del mundo, desde cuyas instalaciones, comparables a las de hotel 5 estrellas volante, da órdenes, dispone de ejércitos, libra batallas y hace la revolución mundial. Y sin los cuales, el teniente coronel volvería a la tierra, al rincón donde los seres humanos, y en particular los jefes de estados, son tratados de acuerdo a su valor real, que en el caso de Chávez ya sabemos andan en sentido inverso a su promoción personal y oficial. Cuán urgido anda el coronel venezolano del ciclo alcista del crudo lo vimos en la reciente reunión de la OPEP en Viena, cuando su ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, fue el único funcionario en promover un nuevo recorte en la producción del cártel cuyos precios habían caído de 78 a 64 dólares el barril en menos de 3 semanas. Proposición que fue rechazada por el resto de los países miembros y pospuesta para una reunión en diciembre, pero solo en caso de que el desplome de los precios se haga incontrolable. Pero nada que disuada a Chávez, quien tiene bajo la manga la carta Ahmadinejad, la posibilidad de que el presidente de Irán coja casquillo, se embarque en una crisis y el venezolano y su corte, como los reyes de la Europa absolutista, sigan percibiendo ingresos provenientes del extranjero para que el gasto dedicado al lujo y la extravagancia fluya sin cesar. * Artículo publicado en el vespertino El Mundo, 20 septiembre 2006 |
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| Chávez: fundador del telepopulismo o
populismo mediático por Manuel Malaver domingo, 3 septiembre 2006 Se le escapó a Chávez decir en los últimos minutos del mitin realizado el sábado en la Plaza L’Oleary de la Urbanización El Silencio, que “su” revolución era un “proyecto nacional y socialista”, lo cual evidentemente fue un lapsus, si bien dio lugar a preguntarme si el líder máximo de la revolución mundial no hablaba en serio y, a propósito, estaba destacando los rasgos que podían identificar “el proceso” con los movimientos políticos que cubrieron de sangre las décadas 20, 30 y 40 del siglo XX. Por lo menos los que podían resaltarse en aquel acto donde rodeado de unos 15 o 20 mil partidarios que celebraban el regreso del caudillo de un periplo de 12 días por países de Asía y África, estaban ahí, exaltándose y exaltándolo, inspirándose e inspirándolo y comportándose como un vasodilatador que le subiera la adrenalina y activara sus potencias más agresivas, excluyentes y feroces. Se trataba, in stricto sensu, de un “toma y dame”, desplazándose en un sentido y otro, retroalimentándose, y lanzando de aquí “hurras, vivas y aplausos” y de allá un bolsón del cual sacaba Chávez promesas de votos, inversiones, tratados, un satélite en miniatura, y misiones, misiones, muchas misiones. O sea, que la masa se había reencontrado con el líder, el impulso, el caudillo, el mandamás, el numen, el comandante en eje, el icono o tótem indispensable para ordenar sus pensamientos, palabras y acciones, y sin el cual, evidentemente, no podía respirar. Con la fuerza con que se toparon los italianos y los alemanes a comienzos de los años 20, aquellos Benito Musolini y Adolfo Hitler que pasaron rápidamente a aprovechar sus ventajas comparativas, a convertirse en ejes de la política nacional, continental y mundial, a crear una tendencia histórica que desaparece y reaparece como el ave fénix, y abonar el camino que condujo a la humanidad a una tragedia que continúa siendo espanto y abominación de las generaciones. Con el déspota, en definitiva; con el sabelotodo y el puedelotodo que en las condiciones de las postrimerías de la sociedad postindustrial del siglo XX, pasó de ser la réplica de los monarcas sagrados y por mandato divino del absolutismo, del líder “popular, constitucional y democrático” ungido por el pueblo, y “legitimado” por las mayorías en plebiscitos, referendos y elecciones amañadas y fraudulentas que no de dejan dudas de que los pobres han conseguido un salvador, un héroe, un dios. Por eso la aparición y conexión de Chávez con su público, con la masa que se electrizaba y lo electrizaba, no fue en absoluto ajena a las órdenes y los mandatos, a la transmisión de tablas de la ley y códigos de comportamiento que se traducen en las tácticas y estrategias políticas que deben aceptarse y ejecutarse ciegamente, sin discusiones ni replanteos, de modo que fluya el magma, el carisma que tan magistralmente describió Elías Canetti en “Masa y Poder” e intuyó, José Ortega y Gasset en la “Rebelión de las Masas”. Pero hubo también adulteraciones, trucajes, medias verdades y medias mentiras, como esas de que China es “el país más grande del mundo”, Damasco “la ciudad más antigua”, y Pablo de Tarso un nativo de este portento de vetustez y antigüedad, pero que son irrelevantes a la hora del fluido del mensaje divino por el profeta que proclama ser su portador. Tal como hacían Musolini y Hitler en sus mítines y apariciones públicas, y Marx, Engels, Lenin, Stalin y Mao en los textos doctrinarios que deben leerse como verdades reveladas, en actitud reverente e idolátrica, como letra canónica y sin quitarle puntos ni comas que generen sospechas y den lugar a la actuación de inquisidores y heresiarcas. De ahí que el mitin de la Plaza O`Leary de la Urbanización El Silencio fuese también un acto de fe o religioso, uno en el cual el profeta, el sanador, el mesías, se plantó frente a los fieles, y, por la magia del verbo, o el artilugio de los gestos, puso andar a los cojos, ver a los ciegos y hablar a los mudos. Pero no se piense que para que salgan al mundo a hacer su voluntad, a reconstruir sus vidas, estudiar, trabajar, y formar una familia, sino a incorporarse a las filas de la revolución, militar en la religión que debe sembrar la buena nueva por el mundo, integrarse al ejército que debe imponerla, y, sobre todo, hacer parte de las legiones de adoradores del caudillo. En otras palabras: que promesas de bienestar a granel, y misiones, y salud, y educación, y transporte, pero cuidando que no lleguen a los incrédulos, renegados y conversos, sino solo aquellos que han tenido el acierto de iluminarse, comprender la palabra del profeta, ofrendarle sus obras y pensamientos y estar decididos a seguir el mandato de:“Coge tu cruz y sígueme”. Crisis, tensión, conflicto, suspenso y solución que igualmente pueden verse y seguirse en programas de la televisión norteamericana donde un predicador que tiene enorme influencia y penetración se reúne con sus cofrades, predica, canta, abjura, condena, salva y articula lo que sin duda es una reposición de aquellos autos sacramentales conque la inquisición española “salvaba” herejes, “quemándolos” para mayor gloria de Dios. Porque es que Chávez, y el mitin de la Plaza O’Leary de la Urbanización El Silencio, serían inconcebibles sin la televisión, sin las cámaras y micrófonos que solo hablan de imágenes heroicas, del sonido que amplifica y retumba, y del video grabable y regrabable que permiten, a través de las repeticiones, que los gestos y palabras del caudillo no se los pierda nadie. De igual manera que Hitler y Musolini fueron inconcebibles sin la radio, ni Fidel Castro con aquel primer desarrollo de la televisión que, sin tener los recursos de hoy día, logró que la imagen, doctrina, hechos y días del cubano viajaran por todos los rincones del mundo. De Chávez, por el contrario, se puede decir que es el primer vástago de la tríada Hitler-Musolini-Castro en hacer un uso irrestricto, extensivo y abusivo de los medios audiovisuales de la aldea global, de la época en que la radio y la televisión productos de la revolución electrónica y de las TIC, emergen como un poder en si mismo, inevitable e incontrolable, y con capacidad de virtualizar, desvirtualizar, o anular los fenómenos. De trasmitir lo que quieran aquellos que se los apropian y utilizan con fines perversos, y en la vía contraria a los objetivos para los que fueron creados, que no son otros que hacer invulnerables la democracia y los derechos humanos y propiciar que la libertad sea un bien accesible y al alcance de todos. De ahí que de Chávez se haya dicho que es el fundador del “ telepopulismo o populismo mediático”, de la revolución que se impone, no tanto por la significación intrínseca de su gestor, sino por los atributos que pueden agregarle a su pobre currículo buenos micrófonos y mejores cámaras, recursos para difundir sus imágenes por el mundo y disposición para proveerse de leyes para reducir a los medios privados e independientes y reservarse para si mismos todos los espacios y horarios del espectro radioeléctrico. “En cuanto a fenómeno populista” escriben el politólogo chileno, Andrés Benavente Urbina, y el historiador argentino, Julio A. Cirino, en un texto imprescindible, “La democracia defraudada” (Editorial Grito Sagrado. Buenos Aires. 2005) “el chavismo en particular cuenta con dos motores: el carisma mesiánico del presidente y la fuerte crisis de legitimidad por la que atraviesan los partidos políticos tradicionales. En tal contexto, Chávez aparece como ‘el salvador’. De otra parte, su pretensión de democracia directa se fundamenta en el llamado ‘telepopulismo’ que le facilita una comunicación directa e inmediata con la población. A diferencia de los populismos clásicos, Chávez usa a su favor la presencia de los medios de comunicación. Así, los seguidores incondicionales están cautivos de un liderazgo altamente personalizado que se asemeja al rol de los iluminados religiosos mesiánicos”. “Seguidores incondicionales cautivos” en circunstancias que no hay “marcha sobre Roma”, “putsch de la cervecería”, ni “Sierra Maestra” que contar, sino una intentona golpista mediocre y fallida que fue la causa de un milagroso éxito político y de un más milagroso ascenso al poder. Pero que es innecesario en la época de las TIC y de la revolución electrónica, “puesto que el medio es el mensaje” y en si mismo puede lograr que un estafador chapucero e irrelevante se transfigure en un omnisciente Mago de Oz. Por eso también se ha dicho que sin escribir un libro, decir un discurso remarcable, ni pronunciar una frase afortunada, Chávez es hoy un caudillo tan conocido como los genitores de la triada. Y en disposición de desencadenar otra tragedia como la que fundamentó las guerras calientes y frías del siglo XX, que aún penden como estigmas de la humanidad y cuyas secuelas parecieran inútiles para contener al epílogo, al continuador. |
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| Hezbolá,
Chávez y la guerra asimétrica Manuel Malaver NoticieroDigital Siguiendo la incursión del ejército israelí al sur del Líbano y sus choques con la única fuerza armada que se había preparado y entrenado para resistirla, las milicias del Hezbolá, cae uno en cuenta de porqué Hugo Chávez se refirió al inicio de las hostilidades con mal disimulado entusiasmo y se apresuró a condenar a Israel y apoyar las huestes del llamado “partido de Alá”. Y es que se trata de la primera oportunidad que surge, después de las invasiones de Estados Unidos y sus aliados a Afganistán e Irak, de observar in situ y tiempo real un ejemplo de guerra asimétrica, de un teatro en el que con toda premeditación y alevosía se provoca a un ejército regular para colocarlo en la disyuntiva, o de ignorar la provocación y exponerse a otras, o de enfrentarla, pero pagando el enorme costo que representa inferirle innúmeras y dolorosas bajas a la población civil. En otras palabras, que estamos ante una de esas pocas oportunidades en la política y la guerra en que las opciones son “perder o perder”, y se requiere estar frente a una situación límite de supervivencia para optar por lo que más conviene al provocado, y no al provocador. Todo lo cual no evita que el provocador comience el conflicto con la ventaja inicial de toda guerra asimétrica, que no es otra que deteriorar la imagen de quienes, optando por enfrentarlo, terminan por ser señalados como “asesinos” e incursos en “crímenes de guerra”. No es ocioso detenerse al respecto en el modus operandi de la guerra asimétrica, o de cuarta generación, tal como se observó durante la invasión de Afganistán y se observa en el curso de la post guerra irakí y en las primeras dos semanas del conflicto entre Hezbolá e Israel: Primero, se empieza constituyendo una fuerza armada irregular paralela al ejército regular de un país. Segundo, se infiltra a los irregulares en la población civil, vía programas sociales y/o propaganda ideológica. Tercero, se provoca a un enemigo externo para que en su afán de enfrentar y desarmar a los provocadores se vea forzado a causar bajas en la población civil. Cuarto, se llama a la más amplia cobertura de los medios, y en especial de las cadenas globales de televisión, para que a través de imágenes desgarradoras se induzca a una movilización contra la guerra y contra los “agresores”. Quinto, a su correlato, a un cese al fuego y conversaciones de paz para que, con pocas bajas de los ejércitos regular e irregular, pero con cientos o miles de muertos de la población civil, los terroristas puedan salir lo mejor librados en la continuidad de imponerle a la sociedad un modelo fundamentalista, excluyente, teocrático y milenarista. Puede decirse que ya Hezbolá logró los dos primeros ítems de esta agenda, que se prepara a avanzar en el tercero y cuarto y que el quinto también está a la vuelta de la esquina, según el clamor por el cese fuego y una negociación de paz es universal. La cuestión está en saber si la comunidad internacional representada en la ONU, la EU y la Liga Árabe, van a establecer o no que antes que nadie, Hezbolá debe ser puesto en la banquillo de los acusados, desarmado y obligado a aceptar un acuerdo de paz y relaciones pacíficas con Israel. Pero una futura conferencia internacional sobre la paz en el Medio Oriente debe también condenar a la vesánica y criminal guerra asimétrica, a la estratagema asumida y auspiciada por grupos de violentos irreductibles que derrotados en la guerra regular, en la guerra de guerrillas y las insurrecciones populares que promueven en los países con altos niveles de pobreza y desigualdad, recurren a una guerra terrorista por excelencia, inmoral y colocada al margen de toda legalidad y cuyo objetivo no es provocar bajas al enemigo, sino a la población civil. Y al lado del Sheikh Hassan Nasrallah, Osama Bin Laden, Mahmoud Ahmadinejad y Aymán Al-Zahuahiri, colocar al pintoresco y folklórico presidente venezolano, Hugo Chávez, quien por la sola razón de dársela de guerrero y hacerse temible y notorio ante los poderes mundiales, se ha convertido en un fanático y verborreico propulsor de la guerra asimétrica. Lo vemos a diario en Venezuela y en los países donde lleva su discurso criminal, vesánico y destructor. |
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| Los funerales de
Castro Manuel Malaver Está muy de moda, no Fidel Castro, sino los preparativos para la sucesión de un caudillo que se aproxima a los 80 años y no disfruta al parecer de la salud que todos deseamos a cualquier anciano que le toca la hora de dar cuenta en instancias no terrenales de su paso por este mundo. De ahí que tanto en medios nacionales como internacionales le den amplia cobertura a los funerales anticipados de una de las figuras más controversiales de la historia de la segunda mitad del siglo XX. En consecuencia, signándola de interrogantes, de miedos, hipótesis, misterios, de todo cuanto corresponde al final de quien, habiendo detentado uno de los poderes más desmesurados y abusivos de la contemporaneidad, se presume seguirá ejerciendo algún impacto aún después de lucir la mortaja. Pienso, sin embargo, que en lo tocante a este punto deberíamos andar con cuidado, pues personajes tan o más poderosos que Castro abandonaron la escena en circunstancias parecidas, pero sin que su deceso provocará otras reacciones que no fueran las propias de estos casos. Citaríamos, en primer lugar, el ejemplo de José Stalin, sin duda un líder que llegó a compararse con ventajas a Pedro El Grande y Napoleón Bonaparte, del cual se dijo plantaría tienda en la historia por los siglos de los siglos y, sin embargo, hoy es un mal recuerdo aun para quienes lo idolatraron. Mao Tse Tung también ocupó en términos nacionales y mundiales un espacio sobredimensionado y en todo sentido superior al de Castro, e igualmente hoy día, para chinos y extranjeros que alguna vez oficiaron en sus altares, es una anécdota a la que no se refieren ni siquiera en términos piadosos. Y aquí concluimos que es tanto el daño que promueven los autócratas revolucionarios, socialistas y totalitarios durante las decenas de años en que despotizan a un país, que una vez acaecida su muerte sus connacionales no desean otra cosa que emplear las energías que le restan en desterrarlos de su afectividad de una vez y para siempre. Pasan a integrarlos a la nada, al vacío, a una zona muerta donde las sensaciones sólo se mueven hacia el olvido. De ahí que un Castro difunto, pero con algún arraigo en la Cuba del siglo XXI puede ser más un deseo de periodistas y analistas con cerebros democráticos, pero corazones castristas, que una realidad con la cual tenga que luchar ab infinitum el pueblo cubano. Yo insisto en que pueden tratarse más bien de huracanes, que por la destrucción tan colosal que provocan lo que queda es sepultarlos bajo la construcción de una sociedad que no los maldecirá... porque ni eso merecen. A este respecto es difícil predecir lo que ocurrirá con los sucesores de Castro, que si será Raúl, Pérez Roque o Carlos Lage, o si uno será más reformista o conservador que los otros, si trabajarán por continuar dándole vida artificial a un sistema que hace tiempo murió, o emprenderán políticas que de alguna manera abrirán las puertas de Cuba hacia otro destino, hacia otra realidad. Pero, en lo que no me cabe duda es en que el pueblo cubano no estará ausente de tal desiderátum, que no va de nuevo a dejarse arrebatar su destino y que tomará la muerte del dictador como la ocasión de apostar para siempre a la libertad y la democracia. Ocasión que no es otra cosa que sacudirse el imperio de ingenieros sociales que a nombre de reformas y revoluciones proceden a hacer letra muerta de los derechos humanos, mientras “sus” paraísos terrenales devienen en satrapías frente a las cuales no hay cobijo ni piedad. Y aquí es donde los días finales y la sucesión de Castro tienen un mensaje muy especial para los venezolanos, que deben, no solamente contribuir a la liquidación del castrismo de afuera, sino de adentro. Porque casos se han visto en que especies incapaces de prosperar en un hábitat que devastaron, trasladan su simiente a otro, y éste, pleno de recursos, es el escenario del inicio de una nueva etapa de destrucción, aniquilación y depredación. De modo que no es menos la responsabilidad de los venezolanos que la de los cubanos en la decisión de desarraigar al castrismo de una vez y para siempre y aquí si conviene decir, como una vez asomó Martí, que unos y otros parecemos hermanados por la naturaleza y la historia para empeñar las mismas luchas por la libertad, la democracia y la justicia. |
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| Chávez en guerra por Manuel Malaver domingo, 16 julio 2006 Fue una gran suerte que Chávez no le declarara la guerra a Israel durante el discurso que pronunció el viernes en el patio de honor de la Academia Militar con motivo de la transmisión de mando al nuevo ministro de la Defensa, general Raúl Baduel. Así como que desistiera de un viaje a Pyongyang en circunstancias de que al parecer Kim Jong Il le había tendido una “gentil invitación” para que presenciara el lanzamiento de los misiles nucleares de corto y mediano alcance conque acaba de aterrorizar a Asia. Había igualmente un viaje a Siria -también aplazado-, y quien sabe si hasta una visita secreta al Líbano, a los cuarteles generales del propio Hezbolá, o encuentros con delegaciones de Hamás, de la Jihad Islámica o de la resistencia iraquí. De lo que sí no se va a privar es de la no se cuanta visita a la República Islámica de Irán, en la cual tendrá oportunidad de conversar largo y tendido, y al estilo revolucionario tropical y caribeño (unas 8 horas promedio) con Madmud Ahmadinejad de la marcha de los acuerdos políticos, económicos, tecnológicos y militares firmados entre Venezuela y el país de los ayatolas, y a lo mejor hasta una visita furtiva, pero en ningún sentido secreta, a las instalaciones donde es fama y preocupación de la comunidad internacional, los científicos iraníes ya lograron el enriquecimiento de uranio. De paso habrá una visita a Rusia y Bielorrusia; la primera, para reuniones con Vladimir Putin y empresas armamentistas (a las que antes llamaba José Vicente Rangel “los perros de la guerra”) y sellar la compra de 30 aviones Sukhoi-30 que, según el recién destituido ministro de la Defensa, Orlando Maniglia, “son el futuro de la aviación, una oda a los cielos y los paladines del espacio aéreo”; y la segunda, para abrazar personalmente, estrechar lazos y aprender de Aleksandr Grigorievich Lukashenko (también conocido como “el último dictador de Europa”), y quien se le adelantó en la creación de la fórmula para llegar al gobierno a través de la democracia, pero para después defenestrarla, perseguir y destruir “constitucionalmente” a sus adversarios que llama enemigos y hacerse elegir presidente vitalicio en tres elecciones y un referendo en los cuales se hizo con el 80 por ciento de los votos. Y last, but not least, una visita a la República Democrática de Vietnam que recientemente llamó “Vietnam del Norte”, seguramente que como todo nostálgico a pedir que le recuenten las historias de cómo aquel pequeño país de Asia Oriental, pobre, revolucionario y socialista derrotó al imperio más poderoso de la tierra, y los vietnamitas queriendo explicarle más bien el presente en que luchan por dejar de ser pobres, revolucionarios y socialistas, insertarse en la economía capitalista, competitiva y global y ser socios comerciales de todos los países exitosos del planeta, y primero que ninguno, de los Estados Unidos. En definitiva, otro periplo de casi 20 días que transcurrirán entre los espaciosos salones del Airbus privado que le sirve de alfombra mágica, rodeado de un personal de edecanes, guardias de seguridad, consejeros, expertos, periodistas, empresarios y simples viajeros alegres del entorno presidencial que pueden alcanzar la cifra de 150 personas; y los hoteles 5 estrellas y palacios de huéspedes donde dignatarios de todo el mundo reciben a este visitante tan pintoresco, como retórico. Y en el cual, aparte de los gastos de viaje propiamente dichos (transporte, alojamiento y seguridad) se transará la compra de aviones y equipos militares, que aunada a la incontenible tendencia del presidente a regalar, donar y ayudar puede significar un dispendio para el erario público venezolano de no menos de 4.000 millones de dólares. Porque es bueno subrayar que este extraño y peculiar jefe de estado venezolano, es el único que anda por el mundo regalando lo que no tiene y sin que se lo estén pidiendo, sin firmar un solo acuerdo comercial que represente en el corto, mediano y largo la recuperación del capital invertido y en los cuales los bienes que pertenecen a todos los venezolanos son rematados a bajísimos intereses y plazos de calendas graecas. E igualmente en intercambios en los cuales se evita que entre la variable “dinero”, ya que Chávez es un enemigo jurado del vil metal, y prefiere el trueque, transar el petróleo y su derivados por trabajo de médicos y entrenadores deportivos cubanos, vaquillas, búfalos y ganado Holstein argentino y uruguayo, soya y granos de Brasil y Paraguay, y plátanos y nuez moscada de Grenada. Pero el periplo de casi 20 días también es ocasión ideal para observar in situ y pleno desarrollo al Chávez de las mil máscaras, y los mil discursos, ya que tratándose de visitas a países con sistemas, gobiernos y políticas tan diferentes, ya veremos como en unas partes Chávez se pone el hábito talar de los mulás y muecines, en otras el del cumplido gerente capitalista que anda por el mundo predicando la buena nueva del libre comercio, en otras el de un guerrero ensoberbecido, socialista y antiimperialista que no tendría empacho en desafiar a los Estados Unidos incluso a una guerra nuclear y en otros el de guerrillero nostálgico de los 60, pero guerrillero al fin, con boina, barba y pelo largo a lo Che, para hablar del tío Ho, Mao, Guyen Giap y de los tiempos en que envidiaba a Douglas Bravo, Gabriel Puerta, Alí Rodríguez, y al comandante Elías. Eso si, cuidándose de no levantar ronchas ni sospechas, pues sabe que Ahmadinejad no gusta hablar del marxismo, ni de otra revolución que no sea la teocrática que un día desató el Imán Jomeini; en Rusia y Bielorrusia ¡cuidado con mencionar a Stalin, o Beria o Breznev!; y en Vietnam tomando con pinzas las referencias a la guerra, el socialismo, la revolución y los Estados Unidos ya que, como ya dijimos, se trata de un país cuyos líderes dicen que prefieren hablar de un presente pacífico, pero que les permite reducir la pobreza, que de un pasado heroico, pero atroz. Pero unos y otros anfitriones, iraníes, rusos, bielorrusos y vietnamitas se preguntarán: ¿Bueno y que hace por aquí este presidente de un pequeño país sudamericano, de apenas 27 millones de habitantes, que hasta hace poco disfrutó de una paz social y política envidiable, que al parecer, y hasta pruebas en contrario, no está en guerra ni con vecinos ni con no vecinos y que más bien debería preocuparse de los agudos problemas que aquejan a todo país monoproductor, tercermundista y subdesarrollado. ¿No están los precios del petróleo acercándose a los 80 dólares el barril y no es el momento de aprovechar la época de vacas gordas para invertir en salud, educación, transporte, vialidad, tecnología y todo cuanto contribuya a alejar a Venezuela de la pobreza extrema y también de las extremas desigualdad e injusticias sociales? ¿Y no vive Venezuela un período de paz saludable e inmejorable con sus vecinos, y con los menos vecinos, y todos los disensos y discrepancias no se reducen a quienes le aconsejan deje de inmiscuirse en los asuntos internos de otros países, promoviendo una fulana guerra y una fulana revolución que solo existen en su imaginación, y metiéndose en camisas de once varas y buscando lo que no se la perdido, y jugando con fuego, ya que como dijo hace 2500 años el sabio chino Lao Tse que tanto estudian los generales chavistas: “Quien juega con fuego difícilmente podrá evitar quemar sus propias manos?” Y aquí seguramente será encontrarse con preguntas sin respuestas, con acertijos cuya solución, lejos de contribuir a comprender, aclarar, convenir y tranquilizar, lo que hace es hundir más en la incertidumbre, en la confusión y la perplejidad. Porque es que se trata de un caso, no para la sociología sino para la antropología, no para la psicología sino para la psiquatría, no para la historia sino para la psicohistoria. Estamos, en definitiva, frente a un adolescente tardío, aquejado del síndrome de Peter Pan (el niño que se negó a crecer) y empeñado en tener su propia guerra, en ver cómo se inserta en un teatro de operaciones donde pueda exhibir sus grandes dotes militares y luego de provocar miles de muertos, cientos de miles de heridos y desaparecidos y millones de seres afectados por traumas y secuelas de difícil diagnóstico y tratamiento, retirarse a casa…como si nada. Si a ver vamos, es lo que hizo Fidel Castro en las guerras de África, pero sin abandonar casita; Saddam Hussein en la Primera Guerra del Golfo y los todavía fugitivos mulá Omar y Osama Ben Ladem después de precipitar a Afganistán a la desolada guerra del 2002. |
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| La lección de México por Manuel Malaver domingo, 9 julio 2006 Es conocido el papel relevante que jugó en los resultados finales de la reciente campaña electoral mexicana, la estratagema del comando de campaña del hoy presidente, Felipe Calderón, de “identificar y vincular” al otro candidato, al ex-alcalde de Ciudad México y líder del PRD, Andrés Manuel López Obrador, con el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Astucia corriente en los debates electorales de hoy día en América Latina que podría cuestionarse en el caso mexicano por cuanto jamás vimos un López Obrador ungido por Chávez, ni afirmando que aplicaría sus recetas, pero que demuestran el giro que está tomando la lucha entre autoritarismo y democracia en América latina, entre populismo y economía abierta, entre estado forajido o semi forajido y estado de derecho y cómo después de contar con el factor sorpresa para empezar a desmontar a través de “procesos electorales” los gobiernos democráticos en la región, los populistas, estatistas y socialistas se enfrentan más y más a mayorías de electores que harán lo que sea para no dejarse arrebatar el sistema que garantiza la libertad, la pluralidad, la productividad y una justa distribución de la riqueza. Venezuela y Chávez son justamente un libro abierto en este orden de ideas, pues el teniente coronel, después de fracasar en un intento de tomar el poder por la armas, lo hizo participando en unas elecciones donde se abstuvieron casi el 50 por ciento de los votantes, y desde entonces, paso a paso, lenta pero implacablemente, ha ido arrasando con las instituciones, fraguando un experimento neopopulista, autoritario y militarista y convirtiendo a la que fue una vez la democracia más antigua de la región, en un país escindido, acosado, monocrático, estatizado y con altísimos índices de desempleo, desigualdad, inflación y pobreza. Pero lo peor es que orgulloso de haber patentado tan novedosa y exitosa fórmula, Chávez, contando con la indiferencia y hasta complacencia de los gobiernos democráticos de América y Europa, no sólo la predica y promueve, sino que igualmente no tiene empacho en financiar y hacer campañas por los candidatos de su preferencia en otros países, siendo manifiesta su vocación de que la aventura que llama “revolución bolivariana” se haga extensiva al continente y al mundo. Los recientes ejemplos de las elecciones boliviana y peruana, en las cuales Chávez actuó como jefe de campaña y financista de Evo Morales y Ollanta Humala, trazan la pauta de los resultados diversos que arrojaron una y otra contienda, pero también de lo que acaba de ocurrir en México, donde una movilización pocas veces vista de electores se presentó en las mesas de votación y liquidó el auge inicial de la candidatura de López Obrador. En otras palabras que, o la indiferencia y abstencionismo de los electores democráticos permite que pase el contrabando del neopopulismo y del neoautoritarismo para a través de las reglas de juego de la democracia desmontar a la democracia misma o los electores democráticos se movilizan hacia los campos de batalla electorales y derrotan la más grande amenaza que ha sufrido la democracia continental en las últimas 2 décadas. De modo que al reaccionar los votantes contra propuestas electorales no lo suficientemente claras, en el término medio entre libertad y control, democracia y autoritarismo, estado forajido y estado de derecho; pero sobre todo, al no manifestar los candidatos un deslinde preciso con el “profeta” que dice y demuestra que su misión en este mundo es acabar con la democracia y la economía abierta, global y competitiva, no es de extrañar que nunca como antes millones de demócratas luchen en la urnas por no dejarse arrebatar un sueño que en el caso del pueblo mexicano tardó 70 años en hacerse realidad. Y tampoco que en las campañas electorales hablen de Chávez como el ejemplo a no seguir, que lo señalen como el demagogo irresponsable y sin escrúpulos que anda por la tierra atizando el odio y el resentimiento de los que menos tienen porque presuntamente lo necesitan para restablecer la “edad dorada”, pero en realidad para convertirlos en esclavos y cautivos de una estructura de poder que asombra por lo desmesurada, inviable y ridícula. Es el regreso del padrecito Stalin, del presidente Mao y del caballo Fidel, y de todos aquellos que, bien desde la izquierda o la derecha convirtieron al siglo XX, y quieren convertir al siglo XXI, en laboratorios de experimentos sociales destructores, hórridos y sanguinolentos. Y cómo los pueblos de este y de otros continentes cuentan ya con la suficiente información para ubicar a la Rusia Soviética, la China de Mao y la Cuba de Castro fuera de la leyenda y percibir, sentir y sufrir las catástrofes humanitarias que promovió el sistema que, por confesión propia, es el modelo de Chávez, entonces podemos explicarnos el rechazo tumultuario que está provocando. Y aquí aterrizamos en la conclusión de que, lejos de ser un motor que alentara y auspiciara la recuperación de la izquierda en América latina, Chávez está haciendo de su doctor Frankestein y Terminator, liquidando quizá para siempre una segunda oportunidad que pudo haber sido un regreso sin pena, pero con alguna gloria. Y todo ello por haber confundido la excepción con la regla, por no aceptar en su universo de adolescente tardío y de niño afectado por el “síndrome de Peter Pan” (el niño que se negó a crecer), que la sorpresa venezolana no se repetiría, y que su vigencia dependía más de estar escondiendo sus propósitos, de estar jugando con el disimulo y el barajo, que de estarlos pregonando, exhibiendo y vociferando. Chávez, por el contrario, lleva 8 años proclamando infantiladas como el “Socialismo del Siglo XXI”, gritando que su misión es encabezar una suerte de alianza universal para acabar con la democracia, el neoliberalismo y los Estados Unidos y perpetrando cuanta irreverencia se le ocurre contribuye a hacerlo terrible y aborrecible entre los países que odia y teme. Ayer mismo anunció que se prepara a visitar en los próximos días a Corea del Norte, gesto tan inútil como infantil, pero que piensa lo rankea para las grandes luchas que aspira a conducir. Pero es que igualmente gasta miles de millones de dólares en los obsoletos equipos militares rusos, los mismos que mordieron el polvo de la derrota en Afganistán e Irak, en buques de guerra de pasadas generaciones o que dependen de tecnología norteamericana para operar, y fusiles cuya mejor época ya ha pasado y pueden ser anulados en cualquier tipo de guerra. De igual manera luce como campeón de la Guerra Asimétrica o de Cuarta Generación, la misma que ha promovido matanzas y violaciones de los derechos humanos sin parangón en Los Balcanes, la ex Unión Soviética Transcaucásica y el África Subsahariana, pero no se piense que afectando a los ejércitos del enemigo, sino a cientos de miles de inocentes cuya tragedia se usa con fines mediáticos para obligar a la otra parte a ceder. Y todo ello en medio de grandes aspavientos, de una exposición sobre saturada en medios públicos y privados venezolanos bajo el control de Chávez, dicen algunos que para disuadir a los Estados u otros países si intentan invadir a Venezuela, pero otros para obligar a George Bush a un tipo de confrontación (pero siempre sin que la sangre llegue al río) que lo ranquee y coloque en los primeros puestos del hit parade de la subversión y la transgresión, quizá antes, o inmediatamente después, de Kim Jong Ill, Mahmoud Ahmadinejad, Osama Bin Laden y Aymán Al-Zahuahiri. Solo que es una estratagema tan vieja como Fidel Castro y que el cubano llevó adelante en tanto los Estados Unidos lo tomaron en serio y pensaron tenía capacidad para imponer el socialismo en la región. No lo harán con Chávez, cada día más aislado, cuyos únicos aliados son Castro y Evo Morales y con los ejemplos de Perú y México demostrando que por cualquier vía podrán los neopopulistas y neototalitarios tomar el poder…menos disfrazándose de demócratas y simulando que juegan limpiamente en los procesos electorales. |
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LOS TIEMPOS DEL GENERAL BADUEL
Raúl Baduel es sin duda el “más militar” de entre
las camadas de oficiales “revolucionarios” que a comienzos de los 80
decidieron iniciar una larga marcha para poner fin al poder civil en
Venezuela y en los últimos 6 años han rubricado de su puño y letra una
aventura política tan exótica como anacrónica y en circunstancias
cuando se apostaba que, después del colapso del comunismo y el imperio
soviético, tales engendros desaparecerían de la escena mundial de una
vez y para siempre.
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CASTROCHAVISMO,
DEMAGOGIA Y PETRÓLEO
por
Manuel Malaver domingo,
25 junio 2006 Se
comprende la indiferencia con que los diputados que asistieron el
jueves a la Asamblea Nacional panameña con motivo del 180 aniversario
del Congreso Anfictiónico oyeron al invitado especial, presidente de
Venezuela y líder de la revolución mundial, Hugo Chávez, deshacerse en
promesas que iban, desde la construcción de una refinería, al
emplazamiento de un gasoducto, pasando por un llamado al país del canal
a incorporarse a Petrocaribe. Quincalla
retórica, de tarantín de de abalorios y espejismos que empieza a
esfumarse cuando uno se pregunta ¿bueno y dónde tiene la revolución
bolivariana y su jefe los recursos financieros, la tecnología y el
capital humano para llevar a cabo tan magnas obras? ¿Y por qué si los
tiene, no los dirige más bien a recuperar la ya deteriorada industria
petrolera venezolana que, no solo en refinación, sino en producción y
transporte, da síntomas alarmantes de
obsolescencia? ¿Cuenta
Venezuela con los volúmenes de producción y reserva de crudos que
Chávez anuncia a troche y moche por el mundo y no se trata más bien de
un productor modesto, del llamado rango medio, como Libia, Argelia,
Nigeria e Indonesia que vuela, como advirtió recientemente Luis Giusti
en el Senado norteamericano, “a convertirse en un exportador marginal”?
¿Y puede el jefe de estado de cualquier país de comienzos del siglo XXI
comprometer por su cuenta y riesgo, “a su manera”, los recursos de un
país como si fuera su dueño, exponiéndose, a que en cuanto salga del
poder, los nuevas autoridades declaran los caprichos del caudillo
ilegales, y por tanto, no sujetos a cumplimiento?
¿Cómo
quedarían entonces los usufructuarios de las refinerías, los oleoductos
y gasoductos? ¿ Acaso con unas instalaciones que deben pagar a sus
precios o devolver, o a medio construir, en abandono, y en trance de
convertirse en chatarra? ¿No se trata de un caso para la nueva justicia
globalizada que debe perseguir y castigar a dictadores que proceden con
los recursos de sus países como si fueran su hacienda, su propiedad
exclusiva y personal? Fueron
las preguntas que no se hicieron, por cierto, los hoy decepcionados y
trasquilados ex-aliados y ex-hermanos de Chávez, los presidentes de
Brasil y Argentina, Lula da Silva y Néstor Kirchner, con un sartal de
acuerdos en sus cancillerías que no se cumplen por lo copioso,
proyectos que apenas alcanzó a oír el viento y planes para compra y
venta de bienes tan irracional, fabulosa y Saudita que de haberse
realizado, habría abarrotado la vasta extensión de los tres
países. Pero
es que aunque los acuerdos se hubieran cumplido, y en efecto el
comercio entre Venezuela, Brasil y Argentina estuviera amenazando el
PIB del intercambio entre Estados Unidos, Canadá y México, habría que
restar del superávit las pérdidas argentino-brasileñas por la
nacionalización del gas boliviano, que involucran, no solo aumentos del
precio del gas hasta un 60 por ciento, sino la incautación de los
activos de las empresas estatales Petrobrás y
Repsol. Y
todo ello a causa de los “buenos oficios” del ex-aliado y ex-hermano
Chávez, quien en medio del jolgorio que lo convertía en socio pleno del
MERCOSUR, y de los planes para construir el gasoducto del sur, así como
del suministro de diesel, benzoil y gasolina de por vida, apareció en
La Habana, La Paz y Puerto Iguazú como apuntador de Evo Morales en el
proceso de nacionalización que transformó a PDVSA, la empresa estatal
de Chávez, en la usurpadora y heredera de las operaciones que acababan
de abandonar Petrobrás y Repsol. De
modo que caras tristes, desengaños, empresas incautadas, precios del
gas no consultados y reglados muy a lo libre mercado, y sobre todo, más
dependencia energética, es el saldo de la alianza Lula, Kirchner,
Chávez, que comenzó hace 3 años cuando el aumento persistente de los
precios del crudo reveló que estábamos frente a una crisis estructural
de energía e hizo posible que un socialista light como Lula y un
populista agresivo pero inexperto como Kirchner, cayeran en la red del
revolucionario caribeño, marxista y totalitario, delirante y anacrónico
que proclama estar dispuesto a hacer lo que sea para restaurar el
socialismo, liberar a la humanidad y hacer morder el polvo de la
derrota al capitalismo, al neoliberalismo y al imperialismo
norteamericano. Retórica
cansina y cansona que estoy seguro no hizo mella en Panamá, país que
tiene uno de los mejores desempeños económicos de la región, cuenta con
un sistema democrático representativo estable y funcional y un
presidente como Martín Torrijos que lucha ardorosamente porque el istmo
se inserte en la economía de mercado, la modernidad y la
globalidad. Y
con políticas económicas exitosas de mercado abierto, cuyo gobierno
discute la firma de un tratado de libre comercio con los Estados
Unidos, y con los recursos suficientes para comprar el petróleo a
precios de mercado, y no con los “descuentos” de un jeque que se los
cobrará a la postre con apoyo a sus alocadas
políticas. Pero
es que, además, los líderes panameños deben conocer de primera mano lo
que sucede con la industria petrolera venezolana, con la reconversión
de PDVSA, de una empresa que estuvo colocada de 5ta en el ranking
mundial de los consorcios energéticos, en una agencia social y política
interesada en todo, menos en inversión, productividad y rentabilidad y
dirigida por un autócrata que decide cuáles son sus precios, mercados y
volúmenes de producción y reserva. Pero
sobre todo, instrumento de una política de expansión revolucionaria que
se usa con fines chantajistas y de presión, en el mismo sentido que
antes se usaban los ejércitos, las bombas atómicas y nucleares y los
embargos y los boicots, ya que su objetivo central no es contribuir al
bienestar del pueblo venezolano, ni de otros pueblos, sino de forjar
alianzas que conduzcan a un mundo donde la gloria de Chávez, el
salvador de la humanidad, sea reconocida por los siglos de los siglos y
de los siglos amén. Y
aquí tenemos que admitir que Chávez puede estar innovando la mohosa y
añeja teoría revolucionaria, al intentar construir el socialismo en las
condiciones de un país petrolero con precios en alza, que permiten, no
solo los recursos para tener a una sociedad sometida a la “felicidad”
de la revolución, sino amenazar con el corte del suministro de energía
a aquellos que no acepten formar las alianzas socialistas y
revolucionarias para destruir al capitalismo y a los Estados
Unidos. Realidad
espeluznante que se integra más y más al clima político contemporáneo,
como quedó demostrado en el caso de las recientes elecciones peruanas
donde Chávez intervino para que los electores eligieran al candidato de
su preferencia y ya había experimentado el expresidente chileno,
Ricardo Lagos, el cual vio atónito como Chávez desempolvaba el
expediente del diferendo limítrofe chileno-boliviano porque el chileno
no era complaciente con su retórica populista, caudillista y
tercermundista. Y
es también el tema central en reuniones de palacios de gobierno,
cancillerías, parlamentos, cumbres, y simposios internacionales, ya que
pocas veces, o nunca, se había visto, que el jefe de estado de un país
por el solo hecho de contar con un recurso mineral escaso y de
excelente cotización en los mercados, lo usara para imponer su voluntad
y buscarse aliados para fines políticos inviables y
deleznables. Lo
dijo el jueves en una audiencia del senado norteamericano, el senador
Richard Lugar, con palabras más, palabras menos: “Hugo Chávez ha
tratado de utilizar el petróleo venezolano para sacar partido político
en el hemisferio. Su retórica inflamable y sus acciones, aunada a la
precipitada nacionalización del gas en Bolivia, subraya la
vulnerabilidad de Estados Unidos a la manipulación política de la
energía”. Señalamiento
en el que también coincidieron, el senador, Ken Salazar, y el ex
ministro de Finanzas argentino, Domingo Cavallo. “Las
decisiones altamente politizadas y provocadoras de Chávez” dijo el
primero “vienen a la mente cuando se piensa en la energía en la región,
y lo mismo sucede con la nacionalización de Morales. En el hemisferio
occidental, el control de los recursos energéticos se puede traducir en
cierto tipo de control político” Para
Cavallo, por su parte, “las políticas bolivarianas que se tildan de
integracionistas están destruyendo las ventajas comparativas que el
Cono Sur ha desarrollado en la última década”. Pero
Lugar insistió en el que sin duda es el verdadero nudo de la política
petrolera venezolana y que tiene poco que ver con precios y políticas
chantajistas, como es la cuestión de la producción y el deterioro
acelerado de una industria petrolera venezolana que corre a un virtual
colapso: “Lo
más preocupante con relación a Venezuela” dijo “es el hecho de que la
producción petrolera venezolana enfrenta serios retos que podrían
impactar el precio del crudo y la economía estadounidense. Esto es
consecuencia de que la industria haya permitido que su experiencia
técnica y material se deteriora y de que haya fallado en invertir lo
suficiente en mantener los campos”. Luís
Giusti, expresidente de PDVSA y experto petrolero venezolano, corroboró
esta preocupación: “A
menos que la incertidumbre prevaleciente y los frecuentes obstáculos
que impone el gobierno se disipen, Venezuela continuará siendo
importante, pero su crecimiento como exportador petrolero será apenas
marginal”. Pero a menos también de que los altos precios se desinflen, que es lo que se prevé en el mediano plazo, y las ínfulas, la soberbia y las fantasías del jeque socialista venezolano se reduzcan a su exacta proporción que es mínima y Chávez opte, o por ser un revolucionario jubilado a lo Castro, o el presidente dictador que promueve la tragedia de otro país tercermundista más. |
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