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Así pensaba un gran hombre Manuel Barreto H. "Dos cosas son infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy muy seguro acerca del universo..." Albert Einstein Albert Einstein tuvo siempre una inclinación hacia la política y al compromiso social como científico, interesándose profundamente por las relaciones entre la ciencia y la sociedad. Cuando, con motivo de una fuerte crítica de Einstein al gobierno nazi, Von Laue le escribió preguntándole si está bien que un físico se involucre en problemas políticos, Einstein le contestó preguntándole a su vez cómo sería el mundo si gente como Bruno, Humboldt, Spinoza o Voltaire no hubieran actuado en asuntos políticos. Fue uno de los fundadores del Partido Liberal Democrático Alemán. Al arribo de Hitler al poder dejó su país y se nacionalizó estadounidense. En plena Segunda Guerra apoyó una iniciativa de Robert Oppenheimer para iniciar el programa de desarrollo de armas nucleares conocido como Proyecto Manhattan. En mayo de 1949, Monthly Review publicó un artículo bajo el título de "¿Por qué el socialismo?" en el que reflexiona sobre la historia, las conquistas y las consecuencias de la "anarquía económica de la sociedad capitalista" , artículo que hoy en día sigue teniendo vigencia. Expresó en más de una ocasión y en diversas formas su insatisfacción por la falta de un clima de libertad intelectual en los países del sistema socialista. Por ejemplo, en el mismo documento escribe: "La economía planificada no es socialismo aún; puede ir unida a una completa esclavización del individuo. El socialismo tiene que enfrentarse con un problema político-social, nada fácil de resolver: dentro de una centralización tan grande del poder político y económico, conseguir que la burocracia no se haga excesivamente poderosa y no se magnifique, y que no se atrofie políticamente al individuo, y con él al contrapeso democrático del poder de la burocracia". Einstein también fue perseguido durante la caza de brujas del senador anticomunista McCarthy por manifestar opiniones de carácter antiimperialista, aunque se salvó por aportar grandes avances científicos de los que el gobierno estadounidense se valió para su expansión armamentística. De origen judío, abogó por la causa sionista, aunque hasta 1947 se había mostrado más partidario de un estado común entre árabes y judíos. Cuando Chaim Weizmann, el primer presidente de Israel y consecuente amigo de Einstein, murió en 1952, Abba Eban, embajador israelí en los Estados Unidos, le ofreció la presidencia. Einstein rechazó el ofrecimiento diciendo "Estoy profundamente conmovido por el ofrecimiento del Estado de Israel y a la vez tan entristecido que me es imposible aceptarlo". La rechazó, según su pensamiento "Porque la política es para el momento. Una ecuación es para la eternidad". En sus últimos años fue un pacifista convencido y se dedicó al establecimiento de un utópico Gobierno Mundial que permitiría a las naciones trabajar juntas y abolir la guerra. En esta época lanzó el conocido Manifiesto Russell-Einstein que hacía un llamado a los científicos para unirse en favor de la desaparición de las armas nucleares. "Mi política ideal es la democracia. Dejar que cada hombre sea respetado como un individuo y que no se idolatre a ningún hombre. Es una ironía que yo mismo haya sido el receptor de una excesiva admiración y reverencia por parte de mis semejantes, sin culpa ni méritos propios. La causa de esto puede ser más bien el deseo, inalcanzable para muchos, de comprender unas pocas ideas a las cuales yo, dentro de mis pocos convincentes poderes, haya podido llegar en mi constante lucha". Estoy muy al tanto que para que cualquier organización alcance sus metas, un hombre debe representar la idea y generalmente cargar con la responsabilidad. Pero esta guía no debe de ser forzada, ellos deben de escoger a su líder. En mi opinión, un sistema autocrítico de coacción pronto degenera; la fuerza atrae a hombres de baja moral... Lo verdaderamente valioso en el espectáculo de la vida humana, me parece a mí que no es el estado político sino la creatividad, el sentido individual y la personalidad que por sí sola crea al noble y al sublime, mientras que las masas como tales permanecen apagadas en sus pensamientos y sentimientos. "La libertad política implica la libertad de expresar la opinión política que uno tenga, oralmente o por escrito, y un respeto tolerante hacia cualquier otra opinión individual". "Este tópico me recuerda el peor afloramiento de la vida de las masas, el sistema militar, al cual aborrezco... Esta plaga de nuestra civilización debería de abolirse a la mayor velocidad posible. Heroísmo a la orden, violencia sin sentido, y todas esas tonterías que van unidas al nombre de patriotismo - ¡cuán profundamente las odio!". Ciencia, intelecto, razón y humanidad son antídotos contra la estupidez y contra la maldad. Respecto a esto, vamos a recordar dos últimos aforismos de Einstein: "La vida es muy peligrosa, no por las personas que hacen el mal sino por las que se sientan a ver lo que pasa" y "El mundo no está amenazado por las malas personas sino por aquéllos que permiten la maldad". Ambas debieran servirnos de revulsivo contra la losa política que nos aplasta. El pensamiento de Einstein nos permite ilustrar el ideal político democrático, el respeto a los ciudadanos y el compromiso de éstos con la política. Pues bien, estaremos certificando estos pensamientos si no actuamos en consecuencia |
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El Carabobeño El verdadero adversario Manuel Barreto H. En tanto que la libertad política pareciera ser -al menos en teoría- universal e irrestricta, la socioeconómica vendría a ser una resultante del poder adquisitivo; se podría plantear que la libertad no consiste en el permiso para hacer las cosas, sino en el poder de hacerlas. A raíz del reciente resultado electoral, se empieza a consolidar la idea de que la participación ciudadana no se puede improvisar y se hace necesario desarrollar nuevos conceptos metodológicos e instrumentos técnicos que orienten las nuevas prácticas participativas con la ciudadanía. Pero en este camino, el de construir métodos y técnicas para poner en práctica la participación ciudadana, los primeros pasos no son ni tecnológicos ni metodológicos, sino políticos. La madurez política, la modernización, el encaminarse en este acelerado siglo XXI dentro de los parámetros democráticos, exigen paciencia, tiempo, trabajo sostenido y sobre todo, un considerable nivel de compromiso. Ya quedó evidenciado que el régimen ha logrado articularse con ese estrato enfermo de frustración, pobreza y hambre, sector que en su desesperanza escuchó y creyó en su prédica reivindicatoria. Esas familias humildes, marginales que nunca han tenido, por su misma condición, acceso ni al trabajo, ni a la educación, han venido recibiendo las dádivas de la misiones; pues esas familias han sido incondicionales con el gobierno. La renta petrolera, repartida con generosidad y dentro de un sistema donde los controles del erario nacional funcionan poco, cumplió a cabalidad con su cometido. Una vez más el pueblo, que se considera servido, ha sido enajenado, pues se ha generado un proceso hacia la dependencia, que conlleva a vastos sectores de la sociedad hacia una postura demandante y acrítica; tal vez por tal razón el régimen pretende que nunca se desprendan de su amparo, tal vez por tal razón regalan pescados y no cañas de pescar. Así las cosas, resulta que el real y verdadero adversario no es el régimen, es la marginalidad, es la pobreza, pues mientras tengamos ese estrato tan deprimido y con tantas carencias, pues siempre existirán regímenes como el actual. Ahora bien, tenemos el ejemplo de muchos países que nos han demostrado que el principal instrumento para el cambio ha sido su gente. Han sido las personas las que han cambiado, y al realizar tal cambio, han logrado cambiar el estado de las cosas. A ese cambio, se le considera cambio educativo, pues, para que las cosas cambien, debemos educarnos colectivamente; porque estamos hablando del cambio de la gente. La educación (el cambio) es en valores, en actitudes, en formas de relacionarse (tanto en la cooperación como en el conflicto) y sólo es posible desde la práctica: es la práctica cotidiana la que, nos guste o no, nos educa. Es por aquí por donde se empieza a construir lo nuevo, por donde se transforma lo colectivo. Se hace impostergable emprender el cometido. Entender los procesos participativos como procesos educativos es para nosotros de una gran trascendencia, pues nos obliga a fijar la atención en aspectos del proceso que muchas veces no son tenidos en cuenta. Nos referimos a los aspectos más cotidianos. Por ejemplo se requiere un aprendizaje para trabajar colectivamente. Uno de los puntos de partida debe ser aprender a escuchar al otro, considerando que ningún proceso educativo puede ser vivido como un sacrificio, o como un castigo. Eso quizás valga para el adoctrinamiento, pero no vale para la educación. El pueblo tiene las capacidades para discernir, tiene el talento para optar, pero necesita ser informado, necesita tiempo para estudiar las propuestas, necesita un clima de serenidad y sosiego, necesita ser respetado como comunidad de personas libres y diferentes en sus formas de pensar, de actuar, de creer; requiere dejar de ser manipulado, ni por un lado ni por el otro, para salir de las coyunturas difíciles no por la puerta de la confrontación y la violencia, sino por la puerta del diálogo, la paz y la reconciliación. Necesitamos, cada vez con mayor urgencia, una formación ética y ciudadana. |
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